El gobierno es el máximo responsable de la situación actual de la justicia. Hace cinco años existía ya una hoja de ruta, existían unas bases sólidas y razonadas para asentar unas reformas necesarias, se mantenían unos puentes de diálogo abiertos entre los dos grandes partidos nacionales y el mundo judicial, y se manifestaba una voluntad política compartida. Todo ello de golpe y porrazo desapareció.
Es hora de recuperar los consensos perdidos. Es hora de pensar en los demás. Es hora de abandonar la ceguera del que todo lo quiere porque todo lo puede. Es hora de racionalizar los problemas. Hora de confiar en el otro.
No hay otra solución. Y la solución, vista así, pasa sencillamente por quererlo arreglar.
Y arreglarlo sólo pasa por escuchar a los protagonistas del mundo judicial. Por entender sus problemas, que son los nuestros. Y ponerlos en el contexto de una “nueva era de la responsabilidad” como ha pedido el Presidente Obama, en la que todos pongamos los medios para que la justicia funcione. Analizando los cuellos de botella, sustituyendo la obsolescencia de los medios con los que cuentan los juzgados por nuevas herramientas informáticas compatibles en todo el territorio nacional; controlando la “ociosidad” y falta de productividad de algunos; premiando el sobreesfuerzo de muchos otros, ampliando las plantillas; implantando (¡de una puñetera vez!) la oficina judicial o descargando y racionalizando la actividad juzgadora.
Los retos parecen insuperables, pero no lo son.
Pero falta voluntad y talante, y sobra soberbia y partidismo. Se pudo hacer mejor y no se quiso. De aquellos polvos estos lodos.
Pero seguimos siendo un país admirable (cuando queremos). Y si la mayoría nos ponemos manos a la obra y “tiramos del carro”, todos juntos lo solucionaremos. Porque no es verdad que estemos condenados a polemizar por todo y de todo.
Alguien ha escrito que las crisis ocultan grandes oportunidades. Y tiene razón. Es el momento de afrontar con humildad este reto para conseguir que la Justicia cumpla la sagrada función que le corresponde, que no es otra que dar a cada uno lo suyo.
No se trata de aprovechar el momento para eliminar un contrapeso necesario, ni para arrinconar a la oposición, ni tampoco para atacar sin razón al gobierno. Ni el momento ni la cuestión lo ameritan. En mi modesta opinión, se confundirá el que actúe movido por estos objetivos cortoplacistas.
En fin, a trabajar.
Domingo, 27 de mayo
Pedro Fernández Barbadillo
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Manuel Molares do Val
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel
Josep Carles Laínez
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
José Pómez