Lo más relevante de la primera sesión del debate de los presupuestos de Navarra en el Parlamento Foral fue la inclusión de una disposición adicional nueva, añadida al articulado de la Ley, por la que se aprobó la inaplicación de la legislación foral de contratos para no impedir la recepción y gestión adecuada de los famosos 107 millones de euros que corresponden a los Ayuntamientos navarros del Fondo estatal de Inversión Local que aprobamos en el Congreso de los Diputados hace no más de dos semanas.
La nueva enmienda incorporada de urgencia (in voce) a los Presupuestos no tuvo oposición de ningún grupo, ni para su tramitación ni para su incorporación posterior a la Ley Foral de Presupuestos (creo). Todos de acuerdo.
Su aprobación pasa casi inadvertida para la prensa oficial. Pero la relevancia del hecho no puede ser ocultado, silenciado o pasado por alto sin un mínimo comentario.
Algunos dirán que lo que el Parlamento Foral ha hecho es renunciar al fuero, y otros recordarán que no es la sociedad Navarra la que debe adaptarse a lo prescrito por la ley (sea foral o no) sino al revés.
El sistema de gestión del Fondo de Inversión local que, como sabemos, repartirá 8.000 millones de euros entre todos los Ayuntamientos españoles (en función del ratio de población de cada uno sobre el total), está establecido en el propio Real Decreto Ley de creación del Fondo. En él se regula un sistema de contratación ex novo, cuyas notas definitorias son: la discrecionalidad, la eliminación de trámites y su carácter nacional.
Todos estamos de acuerdo en que la excepcionalidad del momento requiere determinación en la toma de decisiones y en la implementación de medidas extraordinarias para “desfibrilar” nuestra economía. Lo que a algunos les puede sorprender es la flexibilidad del régimen foral para adaptarse a una situación excepcional, y la capacidad de nuestros políticos para ponerse tan discretamente de acuerdo en lo que hay que hacer. Aunque sea renunciando al fuero.
Si la personalidad política de Navarra es el fuero (cuya esencia consiste en ser límite, libertad, autodeterminación y pacto) y si, como dice Zapatero, la esencia del juego democrático consiste en “tener cintura”, ayer en el parlamento foral se escenificó una combinación casi perfecta de ambos.
Seguramente 500 años de autonomía son los que pueden explicar, porqué todos los grupos, repito todos (nacionalistas vascos extremosos incluidos), estuvieron de acuerdo en mantener en estado de hibernación temporal nuestra singularidad foral en materia de contratos para no impedir el fin último que es no perder ni euro de los famosos 107 millones. ¿Ha pasado algo? No. ¿Algún reproche? Ninguno
¿Fuero o huevo? En este caso, huevo.
Convendría, a mi juicio, aprovechar estos “momenticos” para hacer pedagogía política sobre nuestro régimen foral.
¿Cuál es la esencia del fuero?
¿El fuero es una singularidad de quita y pon?
¿El fin -no perder en este caso las ayudas estatales - justifica los medios- renunciar al fuero-?
¿El derecho a la autonomía incorpora un correlativo deber de lealtad?
¿La “autonomización” de la organización de la administración del estado es un camino de ida y vuelta o sólo de ida? ¿Su positivización como derecho en la Constitución de 1978 impone una carrera descentralizadora irreversible?
¿Qué otras medidas o políticas estatales podrían ser beneficiosas o requerir la suspensión temporal del fuero? ¿En qué materias? ¿Educación por ejemplo? ¿Unidad de mercado?
…¿Flexibilidad, adaptabilidad, maleabilidad foral?
curioso
...aún a tiempo de nuevo os deseo Feliz Navidad,
salud, trabajo y libertad para 2009.
Domingo, 27 de mayo
Pedro Fernández Barbadillo
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Manuel Molares do Val
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel
Josep Carles Laínez
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
José Pómez