Yo confieso
Confieso que nunca he sentido la necesidad de aprender el vascuence. Confieso que, no creo que (en esta vida) consiga saber hablar vascuence. Y confieso -¡que le vamos a hacer!- que no siento ningún remordimiento por ello.
Confieso que no comparto esa idea que tienen algunos por la cual tu lengua determina lo que debes pensar y/o ser.
Confieso que, cuando escucho las razones que esgrimen los defensores del aprendizaje del vascuence, siempre me llama la atención que oculten delibradamente el hecho de que el vascuence no tiene prácticamente utilidad comunicativa alguna.
Confieso que me parece poco razonable estudiar una segunda lengua, con todo el esfuerzo que eso supone, para terminar hablando y entendiéndome con los mismos con los que antes de empezar a aprenderla ya lo hacía. Confieso, además, que no lo entiendo (lo siento)
Confieso, que algunos personajes y grupos que se ponen al frente de la defensa de vascuence me generan una, más que comprensible, prevención hacía el propio mundo cultural que dicen representar. Sí, confieso que dejar a mis hijos en manos de no sé sabe qué personajes, que ¡como es conocido! utilizan el vascuence, no para comunicar, sino como medio iniciático para construir la esquizoide nación vasca, no me hace ninguna gracia
Y, confieso que me molesta sobremanera que a los que hemos elegido libremente otra opción lingüística que la de estudiar vasco se nos llame, desde ese mismo mundo, con total impunidad por ejemplo genocidas culturales o se nos coloque interesadamente bajo el potencial pim, pam, pum de los que todos sabemos. Pocas bromas.
En fin, también confieso, que a mis hijos los estoy educando en castellano –que es su lengua materna, la mía- y también (si no se me tuercen antes) en francés e inglés.
Y, confieso que si he decidido que aprendan francés e inglés, es fundamentalmente porque me parecen dos idiomas muy útiles para su futuro personal y profesional. Mucho más útiles que el vascuence por supuesto. Es más, confieso que para mí el inglés hoy en día, me parece tan necesario como las matemáticas o, si me apuran, más que, por ejemplo, la tabla periódica de elementos. (Yo fui de letras).
Confieso, en definitiva, que me molestaría que la personalidad de mis hijos se viera condicionada por el hecho de estudiar, saber y utilizar un determinado idioma u otro. Confieso que me importa mucho lo que digan o dejen de decir mis hijos , desde luego cómo vayan a ser en el futuro como personas, hablen en el idioma que hablen. Eso de las indentidades colectivas vinculadas a las lenguas me parece un cuento chino
...
Los comentarios para este post están cerrados.
Como abuelo de tus hijos, mis nietos, me interesaría también el idioma con el que puedan rezar.
El latín, añadido al francés, puede facilitar el aprender otras lenguas y hacerlo -la oración en cristiandades varias- en el amplio campo de las lenguas romano-itálicas (italiano, portugués, gallego, etc. y el mundo cultural anglo- germánico y filológico, etc)
En vascuence hay canciones religiosas preciosas, aunque no se entiendan, como ocurre con la música anglosajona.
que el euskera no sive para ccmunicar? por favor, cuanta ignorancia!
Domingo, 27 de mayo
Pedro Fernández Barbadillo
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Manuel Molares do Val
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel
Josep Carles Laínez
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
José Pómez