El blog de Carlos Corral

LOS PARTIDOS CONFESIONALES ¿PIEZAS DE MUSEO? [BLOG.218]

13.12.10 | 11:32. Archivado en Derecho internacional eclesiástico
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- por RAFAEL Mª SANZ DE DIEGO, SJ. Universidad Pontificia Comillas. Madrid -

En los museos encontramos con frecuencia piezas valiosas aunque antiguas. Su presencia allí indica su valor, aunque hoy no se utilicen. Pero en otro tiempo fueron importantes. Algo de esto me parece que ocurre con los partidos confesionales. Hoy la mayoría de nuestros contemporáneos no apuesta por ellos y tampoco el Magisterio de la Iglesia. Pero durante años la discusión sobre su conveniencia apasionó y dividió. Por otra parte aunque como solución no haya sido viable, quisieron responder a un problema que sigue siendo actual.

Tras recordar sumariamente lo que es un partido confesional, pasaré revista a varios modelos que se han dado en España en los siglos XIX y XX y me detendré finalmente en la posición de la Jerarquía de la Iglesia ante ellos. Este camino puede llevarnos a algunas conclusiones.

I. ¿Qué es un partido confesional?

Dos historiadores ─Oscar Alzaga y Jesús Martín Tejedor— hace años y recientemente varios, coordinados por José Mª Magaz, han descrito lo que caracteriza a estos partidos. Con palabras distintas coinciden en señalar como básica la intención de los dirigentes y afiliados en apoyar los intereses de la Iglesia precisamente por ser eclesiales y la aceptación por parte de la sociedad de este propósito. Los partidos confesionales se distinguen de los llamados “de inspiración cristiana”, que no pretenden la confesionalidad y de otros, cuyo programa es católico pero esto no es lo distintivo de estos grupos respecto a otros.
El problema no es sólo español: hay partidos democristianos en varios países. Ni sólo católico, aunque aquí hablamos más bien de Estados confesionales: en el anglicanismo la Reina es la cabeza de la Iglesia y en el mundo musulmán no son claras a veces las fronteras entre lo civil y lo sacro.
Ahora me fijo sólo en los partidos españoles: la Constitución vigente en España (1978) aboga en su artículo 16 por una aconfesionalidad del Estado, que mantiene especiales relaciones, por razones históricas y sociológicas, con la Iglesia Católica. Esta situación ha sido aceptada por la Jerarquía que, a la vez, reclama el derecho a mantener asociaciones e instituciones católicas (centros de enseñanza, hospitales, MCS) como consecuencia de la democracia, no como privilegio eclesiástico.

En la España de los últimos 180 años han existido varios modelos de partidos confesionales, que, de forma sucinta, enumero cronológicamente, aunque a veces agrupe modelos que han existido en tiempos diferentes, pero han tenido características semejantes. Los recuerdo ahora.

II. Los partidos confesionales en España

El primero cronológicamente fue el carlismo final del primer tercio del XIX), aunque casi nunca se llamó partido. Pero su cuádruple lema –Dios, Patria, Fueros y Rey y muchas concreciones lo explicitan con claridad.
La Unión Católica (1881) —el segundo— fue un modelo integrador. Frente a un carlismo en oposición declarada al liberalismo, especialmente por la unidad católica de España, Alejandro Pidal pretendió que los tradicionalistas se integraran en el partido de Cánovas del Castillo, en muchos aspectos favorable a la Iglesia.
De otro signo fueron los modelos defensivos, que pretendían defender a la Iglesia de los ataques liberales. Fueron tres:
La Asociación de Católicos (1868) nació tras La Gloriosa. Sin ser partido ni tener intereses partidistas, luchó por conservar la unidad católica en España y logró presentar en las Cortes Constituyentes más de tres millones de firmas en este sentido. Era la primera vez que los seglares defendían corporativamente los intereses de la Iglesia aceptando la democracia.
• El integrismo fue la respuesta de parte de la Comunión Tradicionalista a loa afanes integradores de la Unión Católica. Más bien pensaban que un católico que aceptase la doctrina papal íntegra (de ahí el nombre) no podía aceptar el liberalismo condenado por los Papas. Al ser moral su apuesta, dividió increíblemente a toda la Iglesia española a partir de la década de los 80 del siglo XIX.
Los intentos finiseculares de crear un partido católico surgieron en la órbita de la pérdida de las colonias (1898). Aunque auspiciados cada uno por un obispo, no lograron cuajar.

Fueron tres también los modelos innovadores.Los denomino así porque, sin inventarlas, introdujeron novedades en la conciencia católica española: la cuestión regional y la social. Fomentaron el regionalismo un partido vasco (el PNV, a final del XIX) y dos catalanes (La Lliga Catalana y Uniò Democrática de Catalunya, hoy unida a Convergencia Democrática, que acaba de triunfar en las elecciones autonómicas), ambas al final del primer tercio del siglo XX. Lo social lo impulsó el Partido Social Popular (1922), con el que acabó la dictadura primoriverista.

Lo que no se logró entonces se consiguió ocho años después, recién nacida la II República. Por indicación vaticana (Pacelli) y por el realismo de Ángel Herrera Oria se creó Acción Nacional, más tarde Acción Popular y posteriormente, con otras alianzas, la CEDA, Confederación Española de Derechas Autónomas. Pueden llamarse modelo mixto por la procedencia de sus miembros y por aglutinar a tres derechas: la de los ideales, los modos y los intereses. Creo que aquí radicó su fuerza y su debilidad.
Ya en la Transición (a partir de 1975) existió un modelo testimonial y residual, Izquierda Democrática de Joaquín Ruiz Giménez, que pese a su origen democristiano y a la fe de sus principales dirigentes, por presión del cardenal Tarancón acudió a las urnas como aconfesional.

III. La jerarquía ante estos modelos

* Los obispos españoles nunca han apoyado directamente a ningún partido político. No se tomaron en serio al carlismo, no bendijeron unánimemente al grupo de Pidal y le retiraron su parcial apoyo inicial cuando se convirtió en una corriente del canovismo. Vieron naturalmente con buenos ojos a la Asociación de Católicos, que no era partido, se sintieron mayoritariamente molestos (a diferencia de buena parte del clero regular y diocesano) con el integrismo y no secundaron las iniciativas finiseculares. Los modelos innovadores contaron con apoyos de sacerdotes y religiosos, pero no de obispos. Pese a su origen vaticano, a la cercanía de planteamientos y a que eran quienes, con los tradicionalistas, defendían los intereses de la Iglesia en los años republicanos, no fue explícita la ayuda episcopal (tampoco era precisa) al modelo mixto. Y el Cardenal Tarancón se opuso al intento confesional de Ruiz Giménez.

** A nivel supranacional, hasta el Vaticano II la Iglesia aceptó la confesionalidad que, si en el Imperio Romano bendijo, más tarde le fue impuesta en Westfalia y por el Absolutismo, después combatida desde el Liberalismo, el Marxismo y los Totalitarismos. Gaudium et Spes y Digntatis Humanae no pidieron confesionalidad ni privilegios y reclamaron libertad religiosa para todos. Ya en el siglo XXI, Juan Pablo II y Benedicto XVI han hecho una apología decidida de la laicidad positiva.

*** Antes, en 1986, los obispos españoles, en su Instrucción Los Católicos en la Vida Pública, precisaron con claridad y solidez su postura ante diversos supuestos:
Instituciones católicas en enseñanza, hospitales, MCS. Deben seguir la enseñanza de la Iglesia, aunque ni están dirigidas sólo a católicos ni se cierran a que otros católicos estén presentes en iniciativas semejantes. Se desean, porque son medios necesarios para lograr objetivos de acción en la sociedad, que sin ellas no podrían conseguirse.
Partidos de inspiración cristiana, es decir, grupos de católicos que actúan unidos en política, basándose en la enseñanza de la Iglesia, pero sin pretender ser la única opción posible para un católico ni comprometer a la Iglesia con sus decisiones. Es opción que aprueban.
Asociaciones confesionales (partidos o sindicatos). Una sociedad democrática no debe impedirlas. Dependen de la voluntad de sus miembros y del juicio de la Iglesia, responsable de la imagen católica. No son bien admitidas socialmente ni por la Iglesia hoy. Ésta no desea que se la asocie a decisiones que no son la única posibilidad para un católico, al no deducirse claramente del Evangelio. Y no quiere que siembren división entre los católicos, que no están ligados a un solo partido ni a un sindicato.

IV. Algunas lecciones de esta historia

Puedo sintetizarlas en cuatro
• Ha habido católicos que antes han recorrido este camino con rectitud de intención, aunque a veces se hayan mezclado motivaciones menos nobles.
• Pese a ello el resultado ha sido negativo. La mera sucesión de modelos indica que el anterior no servía. En ocasiones han dividido y han creado odiosidad hacia la Iglesia. Y aunque han conseguido logros, se han quedado lejos de mejorar moralmente el mundo de la política.
• Con todo la mirada a estas historia nos hace ver que bastantes estereotipos sobre la Iglesia no son ciertos: los católicos no se han desentendido de la política, han sido a veces dialogantes, los obispos no han estado en contra de la democracia, la Iglesia no ha sido siempre poderosa, ni influyente ni conservadora, los políticos no han sido siempre aprovechados, los católicos han sido en ocasiones dialogantes, y no han sido los únicos causantes de las divisiones. Para que haya paz religiosa, éstos deben ser dialogantes y sus adversarios deben evitar posturas exigentes. En la convivencia política los cristianos no deben sólo aspirar a un mínimo para que haya paz: pueden y deber proponer sus ideales.
• Aunque los partidos confesionales no hayan sido una solución válida, el problema que los ocasionó sigue actual. Es preciso cristianizar la política. Quizá la fórmula deseable sea no “partidos católicos”, sino “católicos en los partidos”, aunque somos conscientes de la dificultad de que los intereses partidistas y el poder de la maquinaria de los partidos permitan realizar este ideal. Que además de necesario es posible: los cuatro padres fundadores de la Unión Europea: Konrad Adenauer, Alcide De Gasperi, Robert Schuman y Jean Monnet eran católicos practicantes.

Referencia bibliográfica: más ampliamente con la justificación y aportación de bibliografía adecuada: R. Mª SANZ DE DIEGO, S.J., “Partidos confesionales españoles: siete modelos fallidos”: Razón y Fe 1.345 (noviembre 2010) 251-274.


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Comentarios
  • Comentario por Jailbreak 06.05.11 | 20:24

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    Mas claro el agua "católicos en los partidos" esperemos que no diluidos, a veces tenemos un ímpetu que ¡válgame Dios!

  • Comentario por Esperanza 15.12.10 | 13:18

    Muy esclarecedor y muy necesario. Gracias y con mucha esperanza.

  • Comentario por G.Inés 15.12.10 | 12:22

    De nuevo el padre Corral nos regala un estupendo blog 218. Ya era hora de hablar claro sobre el tema de los partidos confesionales. Estoy de acuerdo con el planteamiento del autor prof. Sanz de Diego, y resalto especialmente lo siguiente:..."católicos en los partidos"...,"en la convivencia...los cristianos no deben aspirar a un mínimo para que haya paz,pueden y deben proponer sus ideales". Y por último, es digno de elogio que haya recordado que los fundadores de la Unión Europea fueron "católicos practicantes". Gracias, Carlos.

  • Comentario por carmina 13.12.10 | 18:03

    Ha sido, personalmernte muy interesante y esclarecedor este post, Dr. Corral escrito desde la perspectiva bastante análitica de un miembro de SJ, esencialmente, me ha gustado mucho este enunciado.

    "Para que haya paz religiosa, éstos deben ser dialogantes y sus adversarios deben evitar posturas exigentes".

    Enhorabuena, para quienes los escriben o bien transcriben.

    Carmina

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