
- por Leandro Sequeiros, Catedrático de Paleontología, Miembro de la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Zaragoza -
Ante el Discurso del Papa a la Academia Pontificia de las Ciencias (28-10-2010)
Desde los lejanos tiempos de la Revolución Científica, la Iglesia católica se ha interesado por los problemas de las ciencias. Eran los años de Copérnico, Kepler y Galileo. Se dibujaba una nueva imagen del mundo que se alejaba del viejo cosmos aristotélico. En el año 1603 fue creada en Roma la que fue llamada Accademia dei Lincei (Academia de los Linces) con el patrocinio del Papa Clemente VIII y del príncipe romano Federico Cesi. Desde 1936, en tiempos de Pío XI, se denomina Academia Pontificia de las Ciencias.
- La Academia dei Lincei (Academia de los Linces) tuvo desde su fundación un líder indiscutible: el matemático y físico de Pisa Galileo Galilei (1564-1642). La Academia se disolvió después de la muerte del Papa, pero luego fue refundada por el papa Pío IX en 1847. Entonces recibió el nombre de Pontificia Accademia dei Nuovi Lincei (Pontificia Academia de los Nuevos Linces).
Y- a en el siglo XX, el papa Pío XI volvió a refundar la Academia en 1936 y le dio su nombre actual, Academia Pontificia de las Ciencias. Pío XI la dotó de estatutos que posteriormente fueron actualizados por Pablo VI en 1976, y por Juan Pablo II en 1986.
- Desde 1936 la Academia Pontificia de las Ciencias se ha ocupado tanto por la investigación de temas científicos pertenecientes a disciplinas individuales como por la promoción de la cooperación interdisciplinar. En estos años, ha aumentado progresivamente el número de sus Académicos y el carácter internacional de sus miembros.
- La Academia es un órgano independiente dentro de la Santa Sede y disfruta de la libertad de investigación. A pesar de que su restauración fue promovida por el Romano Pontífice y está bajo su protección directa, organiza sus propias actividades de manera autónoma en consonancia con los objetivos establecidos en sus estatutos.
La Academia Pontificia de Ciencias tiene como objetivo la promoción de los avances de la matemática, física y ciencias naturales, y los relacionados con el estudio de las cuestiones epistemológicas (Estatutos de 1976, art. 2, § 1). Sus deliberaciones y los estudios a que se dedica, al igual que la composición de sus académicos, no están influidas por factores de un grupo nacional, políticas o de carácter religioso. Por esta razón, la Academia es una valiosa fuente de información científica objetiva que se pone a disposición de la Santa Sede y de la comunidad científica internacional.
II.- Miembros de la Academia
- Los nuevos miembros de la Academia son elegidos por el cuerpo de Académicos entre hombres y mujeres de toda raza y religión basándose en el alto valor científico de sus actividades y su alto perfil moral. Son entonces oficialmente nombrados por el Papa.
- La Academia se rige por un Presidente, designado de entre sus miembros por el papa, que es ayudado por un consejo científico y por el canciller. Inicialmente compuesto por 80 académicos.
- Durante sus varias décadas de actividad, la Academia ha contado con varios premios Nobel entre sus miembros, muchos de los cuales fueron nombrados antes de haber recibido este prestigioso premio internacional. Entre ellos figuran: Lord Ernest Rutherford (Premio Nobel de Física, 1908), Guglielmo Marconi (Física, 1909), Alexis Carrel (Fisiología, 1912), Max von Laue (Física, 1914), Max Planck (Física, 1918), Niels Bohr (Física, 1922), Werner Heisenberg (Física, 1932), Paul Dirac (Física, 1933), Erwin Schrödinger (Física, 1933), Sir Alexander Fleming (Fisiología, 1945), Chen Ning Yang (Física, 1957), Rudolf L. Mössbauer (Física, 1961), Max F. Perutz (Química, 1962), John Eccles (Fisiología, 1963), Charles H. Townes (Física, 1964), Manfred Eigen y George Porter (Química, 1967), Har Gobind Khorana y Marshall W. Nirenberg (Fisiología, 1968).
III.- Los discursos institucionales de los Sumos Pontífices a la Academia Pontificia de las Ciencias
- Con ocasión de sus Sesiones Plenarias, o en otras circunstancias, el Papa suele dirigir un discurso a los miembros de la Academia. Algunos de los temas tratados por el Romano Pontífice en esos discursos de los últimos años son: Las posibilidades y límites de la ciencia [Benedicto XVI (06-11-2006)], La ausencia de oposición entre ciencia y fe [Benedicto XVI (31-10-2008)], El respeto y colaboración que muestra la Iglesia ante la Ciencia [Juan Pablo II (10-11-2003)], La ciencia no puede explicarlo todo [Benedicto XVI (06-11-2006)], La ciencia con conciencia se convierte en acto de amor [Benedicto XVI (28-01-2008)], Por una ciencia y una técnica que respeten al hombre [Benedicto XVI (01-04-2006)]
III.- El discurso del Papa del jueves 28 de octubre de 2010: “La herencia científica del siglo XX”.
- En los últimos días de octubre, el Papa Benedicto XVI se ha dirigido a los participantes en la Asamblea Plenaria de la Academia Pontificia de las Ciencias, a quienes recibió en audiencia en la Sala Clementina del Palacio Apostólico. El tema que habían debatido los Académicos fue “La herencia científica del siglo XX”.
- El breve discurso del Papa destaca algunos aspectos de la ciencia que merecen la pena reseñar:
* El primer aspecto destacable es la positiva valoración que hace el Papa de lo que ha sido el trabajo de los científicos durante el siglo XX, aunque puntualiza dos aspectos relativos a la percepción de los logros científicos por el gran público:
La historia de la ciencia en el siglo XX está marcada por indudables logros y avances importantes. Por desgracia, la imagen popular de la ciencia del siglo XX se caracteriza a veces de forma diversa, por dos elementos extremos. Por un lado, la ciencia es considerada por algunos como una panacea, demostrada por los notables logros del siglo pasado. De hecho, sus innumerables avances han sido tan amplios y tan rápidos que parecen confirmar el punto de vista de que la ciencia puede responder a todas las preguntas sobre la existencia del hombre, e incluso sus más altas aspiraciones. Por otro lado, están aquellos que temen a la ciencia y que se distancian de ella, debido a desarrollos preocupantes como la construcción y el terrible uso de las armas nucleares.
1.- Las tareas de la ciencia: “la búsqueda de la verdad”
Pero ¿cuál ha sido la tarea de la ciencia en este siglo?
“Su tarea fue y sigue siendo un paciente y con todo apasionada búsqueda de la verdad sobre el cosmos, la naturaleza y sobre la constitución del ser humano. En esta búsqueda, ha habido muchos éxitos y fracasos, triunfos y reveses. La evolución de la ciencia ha sido a la vez constructiva (como cuando fueron descubiertos la complejidad de la naturaleza y sus fenómenos, superando nuestras expectativas); y reconociendo sus límites (como cuando algunas de las teorías que pensábamos que podían haber explicado los fenómenos de una vez por todas se demostraban solo parciales). Sin embargo, incluso los resultados aún provisionales constituyen una contribución real para revelar la correspondencia entre el intelecto y la realidad natural, en el que las generaciones posteriores pueden basarse para seguir construyendo”.
2.- Contribución de la ciencia a la humanización
En su discurso, el Papa destaca que la ciencia ha cooperado eficazmente a que la humanidad sea consciente de su lugar en el universo y apoya el método de las ciencias:
Los progresos realizados en el conocimiento científico durante el siglo XX, en todas sus diversas disciplinas, ha dado lugar a una mayor toma de conciencia del lugar que el hombre y el planeta ocupan en el universo. En todas las ciencias, el denominador común sigue siendo la idea de la experimentación como un método organizado para la observación de la naturaleza. En el último siglo, el hombre ciertamente avanzado más – aunque no siempre en el conocimiento de sí mismo y de Dios, pero sí ciertamente en su conocimiento del macro y microcosmos – que en toda la historia de la humanidad.
Y continúa, destacando el papel de la filosofía en el desarrollo del pensamiento científico:Nuestro encuentro aquí hoy, queridos amigos, es una prueba de la estima de la Iglesia hacia la investigación científica en curso y de su gratitud por la labor científica, que ella alienta y de la que se beneficia. En nuestros días, los científicos se dan cuenta cada vez más de la necesidad de estar abierto a la filosofía si se quiere descubrir el fundamento lógico y epistemológico de su metodología y sus conclusiones”.
3.- La ciencia puede cooperar a la dimensión espiritual de la humanidad
¿Qué lugar puede ocupar la ciencia en la construcción del futuro? En opinión del Papa, la ciencia puede cooperar a la profundización de la dimensión espiritual de la humanidad:
“Por su parte, la Iglesia está convencida de que la actividad científica en última instancia, se beneficia del reconocimiento de la dimensión espiritual del hombre y de su búsqueda de respuestas definitivas que permitan el reconocimiento de un mundo que existe independientemente de nosotros, que no entienden completamente y que sólo podemos comprender en la medida en que aprehendamos su lógica inherente. Los científicos no crean el mundo, sino que aprenden de él y tratar de imitarlo, a través de las leyes y la inteligibilidad que la naturaleza nos manifiesta”.
4.- La necesidad de trabajo interdisciplinar: la relación ciencia y religiónEsta tarea científica no debe reducirse a un trabajo estrictamente racional. El científico, como ser humano, se pregunta por el sentido de su trabajo y el sentido del mundo. Esto conlleva la necesidad de insistir en un trabajo interdisciplinar. El conocimiento humano es global y no puede fragmentarse en compartimentos estanco:
“La experiencia del científico como ser humano es, pues, la de percibir una constante, una ley, un logos que no ha creado pero que en cambio, ha observado: de hecho, nos lleva a admitir la existencia de una razón todopoderosa, que es distinta de la del hombre, y que sostiene el mundo. Este es el punto de encuentro entre las ciencias naturales y la religión. Como resultado, la ciencia se convierte en un lugar de diálogo, un encuentro entre el hombre y la naturaleza y, potencialmente, incluso entre el hombre y su Creador. Al mirar hacia el siglo XXI, me gustaría proponer dos ideas para una reflexión más profunda. En primer lugar, a medida que el aumento de los logros de las ciencias acrecienta nuestra maravilla frente a la complejidad de la naturaleza, se percibe cada vez más la necesidad de un enfoque interdisciplinario ligado con la reflexión filosófica”.
5.- La ciencia y su contribución a la paz
Según el Papa Benedicto XVI, la ciencia no es sólo una tarea intelectual que se cierra sobre sí misma. Debe contribuir a la construcción de una sociedad más justa, humana y en paz:
“En segundo lugar, los logros científicos en este nuevo siglo deberían ser siempre guiados por el sentido de la fraternidad y la paz, ayudando a resolver los grandes problemas de la humanidad, y dirigir los esfuerzos de todos hacia el verdadero bien del hombre y el desarrollo integral de los pueblos del mundo. El resultado positivo de la ciencia del siglo XXI seguramente dependerá en gran medida de la capacidad del científico de buscar la verdad y de aplicar los descubrimientos de una manera que va de la mano con la búsqueda de lo que es justo y bueno. Con estos sentimientos, os invito a dirigir vuestra mirada hacia Cristo, la Sabiduría increada, y reconocer en su rostro, el Logos del Creador de todas las cosas”.
Concluyendo, Benedicto XVI, al dirigirse a la Academia Pontifica de Ciencia se mantiene la continuidad discursiva de sus antecesores: estima de la tarea de la ciencia y atención a los aspectos humanos y humanizadores del conocimiento científico.
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No está mal que, en las circunstancias penosas de nuestra pobre España, cuando, en nombre de la pseudociencia, personajes de pacotilla y sin ninguna presparación dan lecciones de cualquier cosa a los especialistas, se lean unas páginas tan excepcionales.
Gracias a Benedicto XVI, por su clarividencia y serenidad, por su visita a España y por la humildad y caridad que reparte siempre.
No en vano lleva el anillo del Pescador
Me ha parecido importante la existencia en el Vaticano,(el Estado mas pequeño del mundo), de la Academia Pontificia de las Ciencias, porque la Iglesia no puede permanecer al margen de los adelantos científicos en todas las materias. Los miembros de dicha Academia habían trabajado el tema "Herencia científica del siglo XX"
y el Papa, el jueves 28 de octubre acudio a dicha Asamblea participando con cercanía y sencillez "-queridos amigos-" y les comenta que han sido muchos los logros pero tambien los fracasos, animándoles a participar en la búsqueda de la verdad, teniendo en cuenta que la ciencia supone estar abiertos al pensamiento filosófico si quieren descubrir los métodos del conocimiento científico. Todos esperamos que sigan los decubrimientos biológicos, químicos, médicos, que ayuden a la humanidad.
Domingo, 27 de mayo
Asoc. Humanismo sin Credos
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