Pertenece al intrínseco modo de ser de hombre su condición de misterio. Y ello “es debido a su procedencia de quien es, absolutamente y bajo cualquier clase de consideración, infinito en sí mismo y por si mismo”. Al respecto, valga la frase de Salvador de MADARIAGA en su Retrato de un hombre de pie: “No así el hombre. Su postura erguida le incita a un anhelo ascendente, condenado a perpetua insatisfacción”. De ahí el título El animal infinito* que el Prof. CABADA Castro da a su libro, si bien bajo el subtítulo descriptivo de Una visión antropológica y filosóficas del comportamiento religioso.
Dada la profundidad del escrito, nos fijamos sólo en dos puntos (cap. XI y XII).
I.- La paradoja de la finita infinitud del ser humano.
El misterio de la infinitud divina no se detiene en ella misma, sino que se refleja también de algún modo en cuanto de ella procede, tal como no sólo desde instancias filosóficas, sino incluso científicas ha sido en no pocos momentos puesto de relieve, entre otros, por el físico matemático R. PENROSE al afirmar: “El mundo físico que conocemos es extremadamente misterioso, y, mientras más escarbamos en sus fundamentos, más misterioso se vuelve. Esto no significa que el mundo que conocemos es irracional —que no es susceptible de ser comprendido por la ciencia— pero nos obliga aceptar el misterio”.
Ya S. AGUSTÍN hablaba acerca de la estructura de fondo ‘infinita’ de la por él denominada ‘memoria’ mental humana (que de hecho se identifica en él con el propio ‘yo’, con la propia persona). Tal estructura “infinita” de la memoria agustiniana será luego más directamente aplicada por el gran medieval TOMÁS DE AQUINO al entendimiento humano, el cual “en su entender, se extiende al infinito”. Y aplicada por DESCARTEs a la libertad del hombre (identificada con la voluntad), esta será considerada como “no circunscrita por límites algunos”, es decir, como “infinita”, asemejándose a sí misma en cierto modo a la divinidad”.
Pero es en LEIBNIZ y, sobre todo, en HEGEL, en quienes esta visión de lo mental como inevitablemente estructurado en sí mismo por la infinitud adquiere especial relevancia. En efecto, “la razón humana es, pues, una razón que, no dejando de ser finita —como matiza el Prof. CABADA da— es asimismo paradójicamente en cierto modo infinita, participando humanamente en consecuencia de la absoluta infinitud de la divinidad”.
En este sentido, H. DE LUBAC insistirá una y otra vez, al referirse al modo como entra en relación el espíritu humano con la divinidad, en la precedencia de esta, es decir, de una experiencia o de su “idea”, respecto del mismo, pues “la idea de Dios está en nosotros, misteriosamente, desde el origen”. De ahí la identificación expresada por Zubiri entre religación y religión, entendiendo esta como algo constitutivo del existir humano (185,1).
La verdad es que “la posición del Infinito en la indigencia de la cogitatio libera a ésta de su finitud —según J. MANZANA— no porque ella capte o ‘coja’ al Infinito, sino por que ella es ‘sobrecogida’ por el Infinito. La palabra ‘sobre-cogimiento’ exprersa del modo más acertado lo peculiar de esta intuición”.
II.- La pervivencia de lo religioso en la nueva religión “no-religiosa”.
Se da hoy día un doble y paralelo movimiento, mutuamente compensador, el de la “humanización de lo divino” y el de “divinización de lo humano”. La hominización de lo divino se inició ya hace dos siglos en las orientaciones humanísticas del pensamiento europeo; pero este movimiento va generando en sí mismo poco a poco el de la “divinización de lo humano” —que se realiza sobre la base previamente adquirida del humanismo—. En este proceso, la “trascendencia”, sin desaparecer, se hace ahora inmanente u horizontal, derivándose de ello, en consecuencia, un nuevo espacio sagrado. Todo ese proceso de movimientos “hace problemático en el más grado el diagnóstico a tenor del cual asistiríamos pura y simplemente a la erosión de la trascendencia bajo todas sus formas”.
De ahí la importante función del símbolo o lo simbólico en el ámbito del comportamiento religioso. Pues el símbolo ahonda ya, en efecto, a su manera, hacia el sentido total de la realidad, expresando limitada y concretamente la ilimitación y profundidad de la realidad en la que está inmerso el ser humano.”El símbolo —como recuerda L. DUCH– es la muestra más clara de la situación paradójica del ser humano, como Ens finitum capax infiniti, es decir, como ser que a menudo, sufre dolorosamente —y lo expresa de variadísimas expresiones— su inadaptación a los límites de la mera cualidad de criatura espacial y temporal”.
Entre esas expresiones vienen expuestas las nueve más estudiadas, como son 1. el “Señor de los animales”; 2. el “Dios celeste”; 3. la Occisión de la divinidad, Dioses “demas” y sacrificios humanos; 4. la representación animal: el “Dios-toro”; 5. el fuego divino; 6. divinidades femeninas; 7. el “Dios ocioso” 8. los Demiurgos; 9. el aniconismo de lo divino” (Cap.VIII).
“La disolución o la reducción de la teología a la antropología —como matiza el Prof. CABADA — no pretende ser, en la intención de FEUERBACH, un proceso nivelador o ‘vulgarizador’ de lo teológico —que se identifica de este modo con un hombre limitado y recortado en sí mismo— sino que el proceso reductor tiene una contrapartida elevadora de lo antropológico a una categoría superior al mismo. He aquí cómo lo dejó formulado el propio FEUERBACH en la Esencia del Cristianismo2: “Si yo rebajo la teología a antropología, no hago sino elevar la antropología a teología, del mismo modo que el cristianismo, al rebajar a Dios al hombre, no ha hecho sino elevar a este hasta Dios”.
Ahora bien, dado que el “allá” al que alude lo simbólico, está, por ello, “más allá” de todo lo que está situado en el marco circunscrito por unas determinadas coordinadas culturales, religiosas, históricas, es posible —y así también es explicable— su permanencia o “persistencia” en el ser humano en medio de las transformaciones a que son sometidas sus expresiones simbólicas a través de los distintos procesos histórico-culturales.
En conclusión con el Prof. CABADA:
- no dejarse “llevar por la falaz impresión de que con la desaparición de los tiempos ‘recios’ de la religiosidad arcaica […] habría desaparecido también sin más cualquier presente o futuro de lo religioso”.
- “Pues, mientras perdure lo humano, subsistirá siempre la plataforma desde la que intentará acceder, con uno u otro instrumental, a lo divino que inevitablemente afecta al ser humano”.
- “El ‘misterio’ [aparece en todo caso] como categoría central de la religión y la absoluta infinitud de la divinidad
Referencia bibliográfica: MANUEL CABADA CASTRO, El animal infinito, Una visión antropológica y filosóficas del comportamiento religioso (Salamanca, SEE 2009); Idem, Recuperar la infinitud. En torno al debate histórico-filosófico sobre la limitación o ilimitación de la realidad (Madrid, Universidad Pontificia Comillas 2008).
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El hombre es un ser complejo y puede ser estudiado desde diferentes puntos de vista, antropológica y filosofica que es lo que hace el P. Cabada Castro en su obra: "El animal infinito" con el subtítulo "Una visión antrop y filo del comportamiento religioso";comenta el cap XI-XII y su trabajo consta de dos partes. Recojo de la 1ªla cita de R. Penrose(no por ser el mas importante sino por ser el que puede estar mas alejado de la idea espiritual)-"El mundo físico que conocemos es muy misterioso y cuanto mas profundizamos mas misterioso se vuelve, pero no por irracional" Jesús de Nazaret, Hijo de Dios, en su vida humana, asumio la naturaleza humana, haciendose verdadero hombre, nosotros tenemos que cultivar nuestra vida sobrenatural con la ayuda de la gracia...El trabajo cita a grandes autores teol. y filo...entre ellos a X.Zubiri que siempre con un estilo cuidado expresa sus ideas y pensamiento con rigor filosófico. Gracias!
Domingo, 27 de mayo
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