Cuando en 1956, septiembre, recorrí por primera vez Roma como estudiante de la Universidad Gregoriana, de lo que más me llamó la atención fue la contemplación de las dos grandiosas columnas de Trajano y de Marco Aurelio, rematadas ahora ya no por ambos grandes Emperadores, sino por dos judíos cristianos y condenados a muerte por el Emperador Nerón: los apóstoles, Pedro y Pablo. ¡Increíble! Los dos encimados sobre los símbolos máximos del triunfo romano. Pero, ¿se cae en la cuenta de que la recién fundada pequeña comunidad cristiana aplicaba a su fundador Cristo títulos al modo imperial, como el de Imperator? Valgan las expresiones del Apocalipsis de S. Juan —tal como resalta el teólogo profesor Eric Peterson (1899-1960) en su libro Cristo como Imperator (1935) al que sintetizamos—.
Antes dos previas observaciones: 1ª. la obra se escribe en pleno auge del nacionalsocialismo contra la exaltación del Führer y la acentuación del Führerprincip (Principio de Caudillaje); 2ª en ella, se resaltan las expresiones del Apocalipsis en cuanto contrapuestas entonces a la máxima exaltación del emperador Domiciano, quien encabezaba sus órdenes con la frase: «El señor nuestro Dios ordena», y mandaba acuñar los títulos «Dios, el Señor» en las monedas. [Precisamente la sombra amenazadora de Domiciano fue la causa principal de la composición de Apocalipsis, c.80 p.C.].
- Cabe señalar en algunos capítulos del Apocalipsis, como hace Peterson, la visión de Cristo, que el apóstol S. Juan establece para el lector cristiano, aplicando a Cristo con sentido cristiano, no político al modo humano, los símbolos que el emperador romano se aplicaba a sí mismo.
Efectivamente, en el Apocalipsis (cap.1,5) Cristo es celebrado como princaeps (en griego, arjôn). Sólo así se explica que "el semejante al Hijo del Hombre” esté, en el cielo, entre candelabros" (1,13),contrapuesto a la imagen del emperador que es representado entre candelabros; y que sus pies brillen como el oro (1,15), porque se les debe pleitesía (proskynesis) como a los pies del emperador. En su mano mantiene 7 estrellas (1,16) como símbolo del poder imperial; su rostro brilla como el sol (ibid.), contrapuesto al imperial roi-sol.
- El paralelismo político entre el emperador terreno y el celestial prosigue en el Ap. cap. 4. El que está sentado en el trono es aclamado con el dignus es —aclamación que procede de los usos políticos, que expresaban la declaración de fidelidad, proferida ante el trono del soberano invisible— contrapuesta al culto al soberano y a la veneración del trono vacío del monarca, (antigua costumbre helénica introducida después en Roma).
- El que se sienta tiene en su diestra un libro (Ap. cap.5,1), que recuerda un tema político: el del emperador que tiene en su mano un rollo sellado que no puede abrir más que el funcionario a quien lo entrega. Cristo hace aquí las veces de funcionario, pero evidentemente es más que funcionario, pues se sienta con Dios en el trono.
Cuando Cristo toma el rollo en sus manos se procede a la proskynesis de los 24 ancianos — un gesto político que acompaña a la entrega del rollo— vista en analogía con un procedimiento político. Al mismo tiempo, los ancianos agitan incensarios de oro, llenos de incienso. Se trata de los turibola que se empleaban en el culto romano al emperador, especialmente en la celebración de triunfos, y en otras ocasiones.
- En el Ap. cap.6, se describen los 4 jinetes escatológicos cuyos colores (blanco, rubio, negro, amarillo) son los colores de los partidos del circo. Pues bien, cada año se celebraba el comienzo de la toma de posesión del consulado imperial con la alusión al triunfo con las carreras del circo. Ahora, la soberanía de Cristo se inaugura con manifestaciones cósmicas, que representan el proemium del fin del mundo.
- En los testimonios patrísticos acerca de la condición imperial de Cristo, destaca también el carácter belicoso de esa imagen. La militia Christi, llevada al combate por el emperador celestial, se bate en los mártires por el poder, combate que hay que entender, en definitiva, desde el carácter escatológico de la predicación cristiana”.
Como concluye Peterson y para mayor paradoja, “La iglesia, que combate con sus mártires, ve a Cristo como imperator [en el mejor sentido] para vencer a este mundo —en que los judíos no tienen rey y los paganos sólo tienen un césar— y para esperar de ese modo el reino del mundo futuro”.
Referencia bibliográfica: ERIK PETERSON, El monoteísmo como problema político [1935; se incluye ahora Cristo como imperator [1936], Prólogo del Prof. de Teología Gabino Uríbarri (Madrid, Trotta 1999).
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Interesantísimo.
Gracias.
Pienso que las pequeñas comunidades cristianas en sus comienzos aplicaban a Cristo, al modo superior, el de Imperator,hecho que resalta el teólogo y profesor alemám Eric Peterson en una de sus obras, probando de una manera sistemática la independencia de la Iglesia de los condicionamientos culturales que han podido afectarla a lo largo de la historia. Recojo algunas de las citas del Apocalipsis:(c.1,5)Jesús el Mesías soberano de los reyes de la tierra;(1,16)en su mano tiene siete estrellas como símbolo del poder imperial...etc...etc.Volviendo al comienzo honrar a Cristo como Imperator es subersivo? No, porque no se cambia el sentido verdadero de Cristo como salvador y liberador universal. Gracias.
Muy curioso, Carlos Corral, el título de Imperator dado a Cristo en la antigüedad y la génesis del Apocalipsis. Yo me quedo con el último título cristológico de Liberador (acorde con la teología de la liberación).
Un cordial saludo
¡Brillante artículo!
Viernes, 17 de febrero
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