Cuando en 1956, septiembre, recorrí por primera vez Roma como estudiante de la Universidad Gregoriana, de lo que más me llamó la atención fue la contemplación de las dos grandiosas columnas de Trajano y de Marco Aurelio, rematadas ahora ya no por ambos grandes Emperadores, sino por dos judíos cristianos y condenados a muerte por el Emperador Nerón: los apóstoles, Pedro y Pablo. ¡Increíble! Los dos encimados sobre los símbolos máximos del triunfo romano. Pero, ¿se cae en la cuenta de que la recién fundada pequeña comunidad cristiana aplicaba a su fundador Cristo títulos al modo imperial, como el de Imperator? Valgan las expresiones del Apocalipsis de S. Juan —tal como resalta el teólogo profesor Eric Peterson (1899-1960) en su libro Cristo como Imperator (1935) al que sintetizamos—.
Domingo, 27 de mayo
Asoc. Humanismo sin Credos
JC Rodríguez, A Eisman
Josemari Lorenzo Amelibia
Movimiento Rural Cristiano
Julián Moreno Mestre
Angel Moreno
Francisco Margallo
Antonio Aradillas
Jose Gallardo Alberni
Martín Gelabert Ballester