DARWIN: ¿Ateo o agnóstico? [BLOG.168]
24.11.09 @ 08:26:43. Archivado en Derecho internacional eclesiástico
Desde la aparición en 1874 del libro de John William Draper Historia de los conflictos entre la religión y la ciencia —libro que tuvo una amplia repercusión en los ambientes culturales de América, Europa y de España— la referencia a una difícil inteligen¬cia entre la ciencia y la religión, suele ser un tópico común, que por muy manido que esté —escribe Ignacio Núñez de Castro a quien aquí sintetizamos [1]— aún tiene vigencia siempre que se intenta un diálogo entre la ciencia y la fe.
Han pasado años y el proceso de decantación, que el tiempo siempre propicia, nos permite hoy el diálogo abierto, que el mismo Concilio Vaticano II fomentó. Exponente de esa "nueva visión" es la postura del Papa Juan Pablo II queriendo saldar para siempre el conflicto de Galileo. Precisamente uno de los componentes del darwinismo —que llega hasta nuestros días— es "la noción de que los fenómenos naturales pueden explicarse como consecuencias de leyes inmanentes sin necesidad de postular agentes sobrenaturales".
I.- Darwin prefirió llamarse agnóstico a llamarse ateo.
Es necesario bucear en la Autobiografía —en la edición no censurada por la familia— y en la colección de cartas de Darwin para sacar algunas conclusiones sobre su pensamiento en materia religiosa. La esposa de Darwin, en concreto, censuró aquellos párrafos de la Autobio¬grafía que de alguna manera podían herir la sensibilidad religiosa de la burguesía inglesa de finales del siglo XIX.
Darwin siempre afirmó el contenido científico de su obra, a la que no consideró una obra ni siquiera de filosofía natural; mucho menos pensó en las implicaciones teológicas de la misma. "Hasta cierto punto no me siento inclinado a pronunciarme públicamente sobre temas religiosos, pues no creo haberlos meditado con suficiente profundi¬dad que justifique la divulgación de mis ideas". En una carta posterior de 16 de Noviembre de 1871, ante la presión del Doctor Abbott de que escribiera algo para el Index, Darwin repite las mismas ideas. "En ningún momento soy un pensador o escritor rápido: cuanto haya hecho en ciencia se ha debido exclusivamente a largas reflexiones, paciencia y laboriosidad. Por lo demás, nunca he meditado mucho de una forma sistemática sobre la religión en relación con la ciencia, ni sobre moral en relación con la sociedad”.
A pesar de la resistencia de Darwin en no hacer confesiones de su religiosidad o de sus sentimientos religiosos, en la Autobiografía y epistolario aparece frecuentemente la confesión de su intimi¬dad religiosa, problema del que nunca se separó. Darwin se nos describe a sí mismo como un "agnóstico" (agnostic), nunca como un ateo. "No puedo pretender aclarar en lo más mínimo estos abstrusos problemas. El misterio del principio de todas las cosas es insoluble para nosotros, y yo, al menos, debo contentarme con seguir siendo un agnóstico".
Y solamente tres años antes de su muerte, en una carta escrita en 1879 a Mr. J. Fordyle y publicada por éste en 1883 en sus Aspects of scepti¬cism, nos vuelve a repetir Darwin su actitud espiritual: "en mis fluctuacio¬nes más extremas, jamás he sido ateo en el sentido de negar la existencia de un Dios. Creo que en términos generales (y cada vez más, a medida que me voy haciendo más viejo), aunque no siempre, agnóstico sería la descripción más correcta de mi actitud espiri¬tual”.
II.- Dudas y perplejidades de Darwin.
¿Cuáles fueron esas dudas y perplejidades en materia religiosa a las que tan a menudo se refiere Darwin? Hay una anécdota muy curiosa en la vida de Darwin que él mismo nos cuenta y que ha sido publicada en la Autobiografía censurada. Su padre fue ciertamente incrédulo, según refiere el mismo Darwin, pero, antes de casarse, su padre le aconsejó que nunca le mostrara a su mujer las dudas religiosas para salvar la paz matrimonial.
1ª.- la interpretación literal de los textos bíblicos del Antiguo Testamento. "Por este tiempo, -(son los tiempo de juventud, del viaje a bordo del Beagle)- gradualmente llegué a considerar que el Antiguo Testamento por su manifiestamente falsa historia del mundo, con la torre de Babel, el arco iris, como una señal, etc. etc. y por atribuir a Dios los sentimientos de un tirano vengativo, no era más verdadero que los libros sagrados de los Hindúes o las creencias de cualquier bárbaro".
2ª.- la desconfianza en los textos de los evangélicos de las narraciones de los milagros que parecen contrade¬cir las leyes naturales y sobre todo lo que hoy llamaríamos la crítica textual.
3ª.- el castigo eterno que se desprende de una lectura primaria (plain language) de los textos, para aquellos que no creen, entre los que Darwin colocaba a su padre, sus hermanos y muchos de sus amigos. Una doctrina tal merece para Darwin un fuerte calificativo "detestable" (damnable).
4ª.- el problema del sufrimiento y del mal en el mundo.
5ª.-El tema de la predeterminación también inquietó a Charles Darwin, tal como manifestaba en una carta al Doctor Gray en Julio de 1860.
III.- La búsqueda de sentido.
Podemos preguntarnos, a pesar de estos escándalos, analizados —que le hicieron perder la fe en el cristianismo— ¿qué mantenía el espíritu religioso de Darwin en profunda duda? El que Darwin recurra varias veces en su Autobiografía y en su epistolario al problema religioso planteándoselo con toda seriedad, nos revela que el problema le preocupaba, que no le era ajeno y, también, que no lo tenía resuelto. A sus amigos confesaba: "Estoy y siempre permaneceré en una perplejidad sin esperanza" Sin ninguna duda, fue el llamado argumento teleológico sobre la existen¬cia de Dios el que no le dejaba la conciencia en paz, a pesar de haberse esfumado su fe religiosa, como él mismo confesó
El mismo Darwin —y resulta interesante hacerlo notar aquí— no vio contradic¬ción ninguna, ni dificultad, desde el punto de vista teórico entre la creencia en Dios y la teoría de la evolución por selección natural— que él había propuesto como explicación al hecho biológico del origen de las especies—. Baste este testimonio. Un estudian¬te alemán escribió a Darwin para que le diera su opinión sobre la posibilidad de compaginar la teoría de la evolución y la creencia en Dios. Contesta su hijo por enfermedad de Darwin: "Él (Darwin) considera que la teoría de la evolución es bastante compatible con la creencia en un Dios; pero que usted debe recordar que cada persona tiene un concepto diferente de lo que entiende por Dios”.
Una vez más la honestidad de Darwin y su pasión por la verdad aparece en las contradiccio¬nes internas reflejadas en sus cartas y Autobiografía. "Otra fuente de convicción de la existen¬cia de Dios relacionada con la razón y no con los sentimientos me parece de mucho más peso. Es la que se deduce de la extrema dificultad o más bien de la imposibi¬lidad de concebir este inmenso y maravillo¬so universo, incluyendo al hombre con su capacidad de reflexionar sobre el pasado y el futuro como un resultado del ciego azar o de la necesidad”.
Concluimos con Núñez de Castro: “Al final de sus días, a los 74 años, tranquilo, sin ningún remordi¬miento, se enfrentó a la muerte: "no tengo ningún miedo a morir" pudo decir. Dadas las dimensiones de nuestro trabajo nos hemos limitado a estudiar la crisis religiosa personal de Darwin y sus intentos de solución. Queda por estudiar en profundidad la influencia de la teología de la época en la formulación del paradigma evolucionista, tentativa realizada en parte por Michael Ruse: "por lo tanto está claro que la evolución, y aún la selección natural, se originaron tanto gracias a la teología de la época como a pesar de la misma”.
Referencia bibliográfica: IGNACIO NÚÑEZ DE CASTRO, “Ateísmo o agnosticismo de Charles Darwin”: Proyección 43 (1996) 251-264; idem, El rostro de Dios en la era de la Biología, Cuadernos FyS (Sal Terrae, Santander 1996); CHARLES DARWIN, Autobiografía, Selección de Francis Darwin, Tomo I (Alianza Editorial, Madrid 1977).
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Carlos Corral
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