El Zar y el Patriarca: relaciones “trono-altar” en Rusia hasta el presente [BLOG 165].
03.11.09 @ 08:15:19. Archivado en Derecho internacional eclesiástico

“La prensa occidental, cuando habla de V. Putin o D. Medved, se pregunta si son demócratas o no. Esto, en realidad —como señala Romano Scalfi— interesa poco al hombre ruso. Al hombre ruso interesa más bien, si sus líderes interpretan la tradición popular”. Pero ¿cuál es esa tradición y cuáles son sus raíces? Para esclarecerlo, acudimos a la espléndida monografía “Lo Zar e il Patriarca” escrita por el Prof. Codevilla [1]
En efecto, se describen sus raíces (“Parte I Desde los orígenes [con la creación de Rusia y del Patriarcado de Moscú] al final del s. XVII”, pasando por la desaparición del Patriarcado (“Parte II El período sinodal”) hasta la ruptura y persecución de la Iglesia con la instauración del comunismo soviético (“Parte III La era soviética”) y el actual renacimiento del Patriarcado y de Rusia (“Parte IV La nueva Rusia”).
Siendo tan interesantes cada una de las cuatro Partes de la monografía, revisten, a mi entender, un interés añadido las dos primeras por hacer más comprensible el presente de los últimos siglos XX y XXI.
I.- Nacimiento de Rusia y creación del Patriarcado de Moscú.
En su origen aparecen, en primer lugar, la autocefalia de la Iglesia Ortodoxa Rusa, y, en segundo lugar, la instauración del Patriarcado de Moscú, llegándose a la creación de la Iglesia Nacional Rusa, bajo la subordinación al Zar de todas las Rusias como “cabeza de la Iglesia”.
En efecto, se produce y vive la “sinfonía de los poderes” [simfonija vlastej] (n.1, p.24s.), o consonantia, o relación armónica entre Sacerdotium e Imperium recibiéndola de la Iglesia bizantina según la formulación expresada por Justiniano en el Prefacio a la Sexta Novella, en la que se declara:
“La más grande bondad del cielo ha otorgado a los humanos dos sublimes dones: el ministerio episcopal y el poder imperial. […] Ambos proceden de la única fuente y constituyen la honra de la humanidad existencia. […] Cuando este ministerio de la oración es cumplido interrumpidamente, con toda pureza y confianza en Dios; y cuando la majestad imperial se empeña en el progreso de los que le están confiados, conforme a derecho y a competencia, se produce una armonía [consonantia] perfecta de la que no puede derivarse sino provecho y bendición para el humano linaje”
Pero con el creciente fortalecimiento del principado moscovita, al tiempo que se afianza este paralelamente la Iglesia rusa alcanza la autonomía (n.4). Culminando el proceso, por una parte, se declara a “Moscú. Tercera Roma” (n.6), siguiendo la enseñanza expresada por el monje Filoteo (en ruso Filofej) en carta dirigida al Gran Príncipe Basilio III (Vasilij), hacia 1524, desde el monasterio Eleazar de Pskov.
Por otra parte, empero, junto al paralelo reconocimiento del Patriarcado de Moscú, se da entrada al “absolutismo autocrático”. La dignidad de zar, conferida a Ivan IV [el Terrible] por el metropolita Macario [Makarij] en 1547 no es reconocida por Polonia, ni por el Sacro Romano Imperio, ni siquiera por Austria y el Papa” (n.10, p.54). Años después, cuando el patriarca de Constantinopla, Josafat (155-1565), solicita ayuda económica al zar, este como contrapartida pide el reconocimiento de su título. Pero Josaf se limita a insertar el nombre de la familia imperial en el Synodikon de la Gran Iglesia (p.54).
No obstante, en el período protagonizado por el patriarca Nicon y el zar Aleksej (cuyas imágenes aparecen reproducidas en la solapa de la cubierta del libro) se va a producir el “gran cisma” [=Raskol] con la consiguiente “fractura de la unidad religiosa”.
II.- Cesaropapismo ilustrado de Pedro el Grande y abolición del Patriarcado
Ante la importancia tanto religiosa como política que iba asumiendo el Patriarca de Moscú, sobre todo si éste era de gran personalidad y valía, el zar Pedro I, para en todo caso soslayarla y así no tener nunca en frente un jerarca de tan enorme influencia, acometió dos empresas.
Primera, decretar la abolición del Patriarcado de Moscú (n.4) y, en su lugar, substituirlo con la institución del Santo Sínodo (n.4), a cuyo frente se pone el Ober-procurator. Con ello, se logra la máxima subordinación de la Iglesia al Estado (n.5), que mantendrán, con sus peculiaridades, los sucesores de Pedro el Grande, en especial, Pedro II y Catalina II.
Segunda, trasladar la capital del Imperio a San Petersburgo.
A pesar de los cambios de zares, se sigue manteniendo la posición de privilegio para la Iglesia Ortodoxa Rusa (n.10) con la secuela de la prohibición de la apostasía y de las normas penales de tutela a favor de la Iglesia Ortodoxa Rusa. Respecto a las demás religiones, unas son reconocidas y toleradas; mientras otras son reconocidas y protegidas (n.12).
Como dato curioso, el hijo de Catalina II y sucesor suyo, Pablo I (1796-1801), aun manteniendo como la madre el carácter autocrático, nutre sentimientos religiosos y, por ello, con ocasión de su coronación en Moscú se autoproclama por la primera vez “Cabeza de la Iglesia” (Manifiesto de la coronación el 4 de enero de1797, p.112).
III.- La era soviética y la persecución de la Iglesia.
La era soviética (P.III) se inaugura con la hostilidad del bolchevismo contra la Iglesia y con la reacción de la Iglesia ortodoxa (n.1). Se llega, incluso, al arresto del Patriarca (n.5) y la posterior liberación del Patriarca Ticon (con su Testamento espiritual). A continuación sobreviene la legislación antieclesiástica de 1929 (n.12).
Le sucede la posterior constitución estaliniana de 1936 (15). Se logra la elección del Patriarca Sergio (n.16) y se produce la eliminación de la Iglesia greco-católica en Ucrania y Transcarpacia (n.18).
Como fruto de la constitución de la Conferencia para la Seguridad y Cooperación en Europa (CSCE/actual OSCE) por el Acta final de Helsinki (1-8-1975) [2], N. Jruschev hace aprobar la Constitución de1977 —que sirvió entonces de modelo a las constituciones que se sucederían en los Países de Europa Oriental— (n.22).
Con M. Gorbachov y su concepción de la “Casa Común Europea”, acompañada de sus ideas sobre la Glasnot (Transparencia) y la Perestroica (Transformación) [3] se consigue una nueva normativa: la “Ley de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas sobre la libertad de conciencia y organizaciones religiosas, de 1 de octubre de 1990” [4]. Con ello se llega al final con el derrumbe del bolchevismo (n.26).
A la caída del comunismo se celebró solemnemente en 1988 por el Gobierno ruso el milenario del cristianismo, conmemorando la fecha en que Vladimir, al contraer matrimonio con la hermana del emperador Basilio II, se bautizó, adoptando oficialmente la religión del Imperio Bizantino como religión estatal para el reino de la Rus.
IV.- La nueva Rusia y el sistema de separación Iglesia-Estado con la laicidad del Estado.
No obstante, al presente, la ortodoxia ¿sigue siendo religión oficial? (n.12). ¿Cómo entonces quedan la libertad religiosa, el proselitismo y la actividad misionera? (n.6). Merece la pena dedicar una reflexión, por ligera que se haga, sobre “Las Prospectivas para el futuro (n.18, p.490-493).
Cierto que, en la historia de Rusia, la concepción bizantina de la “sinfonía de los poderes”, siempre evocada a nivel teórico, encuentra aplicación tan sólo en períodos bastante cortos, dejando espacio a una constante subordinación de la Iglesia al Estado. Mas la verdad es que las etapas fundamentales de la historia rusa no pueden ser comprendidas sin tener presente el factor religioso: desde la idea de Moscú III Roma al absolutismo teocrático de Iván el Terrible; desde la fractura religiosa y cultural con Pedro el Grande, que establece el cesaropapismo, hasta el presente. El prevalecer del poder temporal sobre el poder espiritual llega al paroxismo con el bolchevismo que decide sin más eliminar definitivamente la Iglesia eliminando cualquier referencia a Dios.
Relegada por decenios al íntimo de las conciencias, la ortodoxia rusa ha renacido “en modo del todo imprevisto e imprevisible. Y esto gracias al diseño de la Providencia en cuya virtud las puertas del infierno no prevalecerán contra ella” (Mt16,18).
En conclusión, así es cómo, siguiendo al Prof. Codevilla, se entienden más claramente tan peculiares relaciones entre trono—altar en Rusia a la par que su influencia hasta el presente.
Referencia bibliográfica: [1] Codevilla, Giovanni, Lo Zar e il Patriarca, I rapporti tra trono e altare in Russia dalle origini ai giorni nostri (Milano, Ed. La casa di Matriona 2008) 517p., a quien sintetizamos [2] Corral, C. (ed.), La construcción de la “Casa Común Europea”, La perspectiva y aportación de la Iglesia (Madrid, Universidad Pontificia Comillas 1993) III p.66; [3] Corral, C., La relación entre la Iglesia y la Comunidad política (Madrid, BAC 2003) 408]; [4] Corral, C. (ed.), Libertad religiosa hoy en España (Madrid, Universidad Pontificia Comillas 1992) VII p.190-208.
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Carlos Corral
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