El blog de Carlos Corral

BLOG.156. Ante el 70 aniversario del inicio de la II Guerra mundial, actitud de Santa Sede. [BLOG 156]

01.09.09 | 07:51. Archivado en Derecho internacional eclesiástico
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- en colaboración con Antonio Alonso, Prof. Universidad San Pablo-CEU de Madrid -

El 1 de septiembre de 1939 —hace hoy 70 años— el general Karl Rudolf Gerd von Rundstedt ejecuta el plan del Alto Mando Alemán denominado “Caso Blanco” o “Fall Weiss”, con el que el ejército Alemán invade Polonia, mientras la Luftwaffe realiza los primeros bombardeos sobre Varsovia, Cracovia y Lodz, con lo que se anexiona el 2 de septiembre, la Ciudad libre de Dánzig.

Ante tan dramática y mundial catástrofe voluntariamente humana, “Cincuenta años después, tenemos el deber de acordarnos ante de Dios de aquellos hechos dramáticos —nos alertaba Juan Pablo II [1]— para honrar a los muertos y compadecer a todos aquellos que este despliegue de crueldad hirió en el corazón y en el cuerpo, perdonando del todo las ofensas” (n.2).
En aquel entonces se produjeron, entre otras, 2 proclamas Nazis, 2 llamamientos de la Santa Sede y se difundieron 3 ideologías que sirvieron de apoyo a la guerra.

I.- Las 2 proclamas Nazis.

1/. La justificación de la invasión de Polonia por Hitler ante el Reichstag, de 1 de septiembre de 1939.
“El Estado polaco ha rechazado el establecimiento de relaciones pacíficas que yo deseaba, y ha hecho un llamamiento a las armas. Los alemanes en Polonia son perseguidos con un terror sangriento y son arrastrados fuera de sus casas. Una serie de violaciones de nuestras fronteras, intolerable para una gran potencia, prueban que Polonia no desea respetar por más tiempo la frontera del Reich.
Para poner fin a esta locura, no tengo otra alternativa que enfrentar fuerza contra fuerza desde ahora en adelante. El Ejército Alemán luchará la batalla por el honor y los derechos vitales de la renacida Alemania con fuerte determinación. Espero que cada soldado, recordando las grandes tradiciones de la eterna Ejército alemán, permanecerá siempre consciente de que es un representante de la Gran Alemania Nacional-Socialista. ¡Larga vida a nuestro pueblo y a nuestro Reich!”.

2/. Declaración de guerra por Gran Bretaña y Francia, de 3 de septiembre de 1939. A ella responde Hitler con un llamamiento al Pueblo ante el Reichstag:
“Llamamiento al pueblo alemán: Gran Bretaña ha perseguido durante siglos el objetivo de dejar a los pueblos de Europa sin defensas frente a la política británica de conquista mundial invocando el equilibrio de poder, por el que Gran Bretaña reclamaba el derecho de atacar usando cualquier miserable pretexto y destruir aquel Estado de Europa que le pareciera más peligroso en ese momento. Así, en una ocasión, combatió a la potencia mundial de España, después a la holandesa, después a la francesa y, desde el año 1871, a la alemana. […] Los incitadores británicos de la guerra difundieron la mentira antes de la Guerra de que la batalla era sólo contra la Casa de Hohenzollern o el militarismo alemán; que ellos no tenían ninguna aspiración sobre las colonias alemanas; que ellos no tenían ninguna intención en hacerse con la flota mercante alemana. Entonces oprimieron al pueblo alemán a través del Dictado de Versalles, cuyo cumplimiento fiel habría exterminado tarde o temprano a 20 millones de alemanes”.
Estoy más firmemente determinado que nunca para devolver este ataque. Alemania no capitulará de nuevo. No hay ningún sentido en sacrificar una vida tras otra y someterse a un Dictado de Versalles peor aún. […]”.

II.- Los 2 llamamientos a la paz por la Santa Sede.

El primero fue el llamamiento de Pío XII a las Naciones el 3 de marzo. El segundo fue ya en forma de Nota diplomática del Secretario de Estado, la víspera misma del inicio de la guerra mundial, dirigida los gobiernos que podían verse afectados.

1/. El llamamiento frustrado de Pío XII a las Naciones. Lo trae a la memoria Juan Pablo II en su Carta apostólica con ocasión del 50º aniversario de la II Guerra mundial:

“El Papa Pío XII, desde su comienzo, el 2 de marzo de 1939, lanzó un llamamiento a la paz, que todos consideraban seriamente amenazada. Algunos días antes de desencadenarse las hostilidades, el 24 de agosto de 1939, el mismo Papa pronunció unas palabras premonitorias cuyo eco resuena todavía: "He aquí que vuelve a sonar una vez más una grave hora para la gran familia humana (...). El peligro es inminente, pero todavía hay tiempo. Nada se pierde con la paz. Todo puede perderse con la guerra".

Por desgracia, la advertencia de este gran Pontífice no fue escuchada en absoluto y llegó el desastre. La Santa Sede, no habiendo podido contribuir a evitar la guerra, intentó -en la medida de sus posibilidades- limitar su extensión. En ello el Papa y sus colaboradores trabajaron sin descanso, tanto a nivel diplomático como en el campo humanitario, evitando tomar partido en el conflicto que oponía a pueblos de ideologías y religiones diferentes. En este cometido, su preocupación fue también la de no agravar la situación y no comprometer la seguridad de las poblaciones sometidas a pruebas poco comunes. Escuchemos una vez más a Pío XII cuando, a propósito de lo que sucedía en Polonia, declaró: "Tendríamos que pronunciar palabras de fuego contra tales hechos, y lo único que nos lo impide es saber que, si habláramos, haríamos todavía más difícil la situación de esos desdichados".

2/. “Nota del Secretario de Estado, Santa Sede, 31 de agosto 1939, enviada a los gobiernos de Gran Bretaña, Francia e Italia:
“El Papa no tiene la intención de abandonar la esperanza depositada en las negociaciones que podrían llevar a una solución pacífica justa tal por el que el mundo entero continua rezando. Su Santidad, por tanto, en nombre de Dios, suplica a los gobiernos de Alemania y de Polonia a hacer todo lo que esté en su mano para evitar cualquier incidente y que se abstengan de dar cualquier paso que agravara la presente tensión. Su Santidad pide a los gobiernos británicos, francés e italiano que apoyen este llamamiento”.

III.- Las 3 ideologías profundas inspiradoras de guerra denunciadas por la Santa Sede.Esas son el menosprecio del hombre, el racismo y los totalitarismos ateos.

1.- El menosprecio del hombre.
“Pienso particularmente en el destino cruel ocasionado a las poblaciones de las grandes planicies del Este — escribe Juan Pablo II— Yo mismo fui testigo horrorizado de ello al lado del Arzobispo de Cracovia, Monseñor Adam Stefan Sapieha. Las exigencias inhumanas del invasor de entonces afectaron de manera brutal a los opositores y a los sospechosos, mientras que las mujeres, los niños y los ancianos fueron sometidos a constantes humillaciones.
No podemos olvidar el drama causado por el desplazamiento forzado de las poblaciones que fueron echadas por los caminos de Europa, expuestas a todos los peligros, en busca de un refugio y de medios para sobrevivir.
Debe hacerse una mención especial de los prisioneros de guerra que, aislados, ofendidos y humillados, pagaron también, después de las asperezas de los combates, otro pesado tributo. Hay que recordar, por fin, que la creación de gobiernos impuestos por los invasores en los Estados de la Europa central y oriental estuvo acompañada por medidas represivas y también por una multitud de ejecuciones para someter a las poblaciones reacias”.

2.- El racismo y su consecuencia: las persecuciones contra los judíos“Pío XI, había sido claro en su encíclica "Mit brennender Sorge" —según Juan Pablo II—al decir: "Quien eleva la raza o el pueblo, el Estado o una forma determinada del mismo, los representantes del poder o de otros elementos fundamentales de la sociedad humana (...) como suprema norma de todo, aun de los valores religiosos, y los diviniza con culto idolátrico, pervierte y falsifica el orden creado y querido por Dios. […]. Pero de todas estas medidas antihumanas, una de ellas constituye para siempre una vergüenza para la humanidad: la barbarie planificada que se ensañó contra el pueblo judío”.

Los judíos de Polonia, más que otros, vivieron este calvario: las imágenes del cerco de la judería de Varsovia, como lo que se supo sobre los campos de Auschwitz, de Majdanek o de Treblinka superan en horror lo que humanamente se pueda imaginar.
Deseo repetir aquí con fuerza que la hostilidad o el odio hacia el judaísmo están en total contradicción con la visión cristiana de la dignidad de la persona humana (n.5).

3.- Totalitarismos ateos.
“El nuevo paganismo y los sistemas afines se ensañaban, ciertamente, contra los judíos, pero atentaban igualmente contra el cristianismo, cuyas enseñanzas habían formado el alma de Europa. (n.6). “En el fondo, el paganismo nazi así como el dogma marxista tienen en común el ser ideologías totalitarias, con tendencia a transformarse en religiones substitutivas”.

Ya mucho antes de 1939, en algunos sectores de la cultura europea, aparecía una voluntad de borrar a Dios y su imagen del horizonte del hombre. Se empezaba a adoctrinar en este sentido a los niños, desde su más tierna edad” (n.7).

IV.- Los trágicos hechos bélicos.

Al final, desgrciadamente, la guerra no se pudo parar. Participaron Fuerzas Armadas de más de 70 países. Contra el Eje (Alemania-Japón-Italia) se enfrentaron los Aliados (EE.UU., Reino Unido, Francia, URSS, China y 60 países más de Europa, Asia, África y América). La cruenta contienda produjo alrededor de 60 millones de muertos (casi un 2% de la población mundial del momento), entre caídos en el frente y civiles en sus ciudades. Se hicieron prisioneros, hubo violaciones, deportaciones masivas y, entre otros horrores, una posguerra deprimente. De entre las víctimas, hubo un colectivo afectado por excelencia; tanto que levantó una conciencia mundial sobre la persecución que habían sufrido durante siglos, especialmente en Europa en los últimos 100 años: judíos. Seis millones de los ellos fueron exterminados después de haber sido maltratados por la Alemania nazi y conducidos a campos de concentración, de trabajo o de exterminio.

Conclusión.
Es necesario una vez más recordar hoy aquel drama y nunca jamás olvidar las ideologías que le sirvieron de base. “Pero lo que es verdad para el hombre lo es también para los pueblos—recalcaba el Papa— Conmemorar los acontecimientos de 1939 es recordar, además, que el último conflicto mundial tuvo por causa la destrucción de los derechos de los pueblos así como de las personas” (n.8).

Referencia bibliográfica: ttp://avalon.law.yale.edu/subject_menus/blbkmenu.asp; “Carta apostólica de Juan Pablo II con ocasión del 50º aniversario de la II Guerra mundial” [cuyos párrafos citamos indicando con (n.) el número afectado]: www.vatican.va; traducción propia de los documentos; sobre la cifra exacta de víctimas, los más famosos son F. W. Putzger, Historischer Weltatlas ( ed. Velhagen & Klasing 1969); y W. van Mourik, Bilanz des Krieges (Ed. Lekturama, Rótterdam 1978).

1 comentario


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Comentarios
  • Comentario por i.n. 04.09.09 | 22:12

    Recojo las actuaciones de la Iglesia C. ante el cataclismo mundial que supuso la II G.M; Pío XII- 2.3.1939: "Suena una grave hora para la familia humana, el peligro es inminente"...El 31-8-1939 "el Papa no pierde la esperanza de llegar a soluciones pacificas, suplico a los gobernantes de Alemania y Polonia que hagan todo lo que este en su mano para eliminar tensiones, y que los gobernantes británicos, franceses,e italianos apoyen este llamamiento"...No era facil porque había muchas heridas, que aun hoy, despues de 70 años no han cicatrizado. El programa de Hitler ya le conocemos... Consecuencias:Crimenes de guerra,fue un abuso de poder claris, exterminio de civiles, de judios, de políticos, bombardeos indiscriminados, millones de muertos... comienza por la ocupación de Polonia y termina con la bomba atómica en Japón. Un testimonio A. Einstein: La Iglesia Católica fue la única que levanto la voz contra el asalto llevado a cabo por los nazis, expreso mi aprecio por esta Iglesia que luchó...

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