[BLOG.142] AUMENTO DEL REARME Y RUINA DE LOS POBRES.
28.04.09 @ 12:18:40. Archivado en Derecho internacional eclesiástico

- en colaboración con ANTONIO ALONSO, Profesor de la Universidad San Pablo-CEU -
“Una de las más graves preocupaciones de la Iglesia, hoy —como denuncia el vaticanista G. De Rossa [1]— es la recuperación de la carrera al rearme”. El gasto mundial para el armamento ha aumentado en el 2007 del 6% y alcanzó el 15% en los Estados de Europa Oriental, subiendo a los 1,339 billones de dólares (es decir, 1339 seguido de 9 ceros), con el riesgo de que en 2009 se llegue a los 1,5 billones. Sin que haya declarado formalmente guerra alguna en sentido propio, se han librado nada menos que 14 guerras en el 2007.
El dispendio en gastos militares crece por doquier. Según el Stockholm Research Institute, en los Estados Unidos los gastos militares han sido 547.000 millones de dólares; en Inglaterra, 59.700 ; en China, 58.300; en Francia, 53.600; en Japón, 46.600; Alemania, 36.900; Rusia, 35.400; Arabia Saudita, 33.800; Italia, 33.100; India, 24.200; Corea del Sur, 22.200; Brasil, 15.300; y España 18.609 [presupuesto 2009] Dado el secretismo observado por todos los Estados al respecto, es imposible saber con exactitud las cantidades empleadas. En la realidad, quizás sean el doble de las indicadas.
En América Latina y, más en concreto en Brasil, el gasto militar ya NO está en la compra en el exterior, sino en la propia producción nacional vinculada a la producción de armamento, convirtiéndose Brasil en auténtica potencia militar. Entre los mayores compradores de armas, además de Brasil, están Colombia (5.500 millones); Venezuela (6.700) que ha adquirido armas también de Rusia y Bielorrusia.
La carrera armamentística se alimenta a si misma, pues cada Estado se siente amenazado por el Estado vecino. Así Pakistán mantiene un contrato con China para la adquisición de 250 cazas F17 (poseyendo ya 450); lo que ha constreñido a la India aumentar su flota aérea. El mantenimiento del equilibrio siempre inestable entre Estados Unidos, Rusia y China empuja a la construcción de armas cada vez más sofisticadas. Un ejemplo: el avión sin piloto [drone] ha sido adquirido por Myanmar (Birmania).
Pero lo que resulta más hiriente es el caso de África, que viene emplear todos sus recursos en adquirir armas que están ensangrentando el continente.
Nada extraño, pues, que sobre ello llame la atención Benedicto XVI, como en su Mensaje para la Jornada Mundial de la paz (de 1 enero 2009): “Suscita preocupación el actual nivel global de gastos militares. El dispendio de los recursos humanos para las armas no facilita, sino que obstaculiza seriamente el logro de de los grandes objetivos de desarrollo de la comunidad internacional. Además, un excesivo aumento de los gastos militares corre el riesgo de acelerar la carrera armamentística que provoca bolsas de subdesarrollo y desesperación, trasformándose paradójicamente en factores de inestabilidad, de tensiones y de conflictos”.
La cruel realidad es que desgraciadamente el número de personas que sufren el hambre ha ascendido a mil millones, viviendo la inmensa mayoría de ellos (cerca de 907 millones) en países en vías de desarrollo. De estos, el 65% se encuentran en sólo 7 países: Bangladesh China, Congo (Rep.Democrática), India, Indonesias, Pakistán y Etiopía.
Precisamente a los participantes en el Seminario sobre “Desarme, desarrollo y paz. Prospectivas para un desarme integral”, promovido por el Pontifico Consejo de Justicia y Paz, Benedicto XVI hacía notar, el 10 de abril de 2008, que “en el mundo quedan áreas sin un adecuado nivel de desarrollo humano y material. Incluso en las regiones donde se registra un alto nivel de de bienestar, parecen ensancharse las bolsas de marginación y miseria. En diversas áreas del mundo existen tensiones y guerras y se van propagando sentimientos de pavor y inseguridad”. Grandiosos dispendios militares que vienen substraídos a los proyectos existentes de desarrollo.
En el pasado —es cierto— se hicieron intentos para crear un fondo mundial para financiar el crecimiento de los Países en vías de desarrollo y se fijaron los objetivos que alcanzar en 2015, pero los Países más ricos han contribuido, sí, pero en medida decreciente con lo que posibilidad de alcanzar los “Objetivos del Milenio” resulta cada vez más lejana.
Referencia bibliográfica: DE ROSSA, G., “La corsa agli armamenti rovina i poveri”: Civiltá Cattolica (2009) 492-494, a quien seguimos.
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Carlos Corral
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