A pesar de haberse terminado las múltiples solemnidades del LX Aniversario de la Declaración de los derechos del hombre (de 10-12-8), todavía se comprueba que estos no son hoy realidad en el mundo entero. Ni siquiera el que históricamente fue el primero en el orden internacional, por muy balbuciente que naciera, cual es el Derecho Fundamental de Libertad religiosa.
Anteponer la defensa de la vida como valor superior es lo que ha realizado el presidente de Uruguay, Ramón Tabaré Vázquez— elegido el 31-10-4, extendiéndose su mandato hasta el 1-3-10)— oncólogo radioterapeuta, al vetar la ley que despenalizaba el aborto. Y lo ha llevado a término a pesar del riesgo de fracturar su partido —como no han dejado de resaltar los medios de comunicación— el Frente Amplio, que es una coalición de varios grupos de izquierda, y del coste que le supondrá a él.
Polémicamente fue calumniado —no raras veces acríticamente— por sus enemigos de ser negador del imperio de los Reyes. Acusación que el propio Las Casas rechaza expresamente en su tratado titulado Treinta proposiciones muy jurídicas y responde así: “algunos émulos de la verdad, que pretendían poner excusa y colores a obras nefandísimas, queriéndolo calumniar …imponiéndole que contenía negar el título o señorío de aquel orbe que en él tienen los reyes de Castilla”… Desta ocasión tuvieron las siguientes proposiciones su origen y principio”. Pues bien, en la proposición XXX y última es —concluye—“donde parecerá fundado, probado y corroborado el título que los reyes de Castilla y León —como matiza— tienen al imperio universal y soberano del orbe nuevo de las océanas Indias” [(1) p.249-257].
- por Rafael Mª Sanz de Diego, SJ, Prof. Universidad Pontificia Comillas de Madrid, a invitación nuestra -
Se celebra el 10 de diciembre el LX aniversario de la Declaración de los Derechos Humanos (=DD.HH.). Buena ocasión para aclarar la postura de la Iglesia ante ella. Uno de los autores de la Declaración René Cassin comparó el Documento de la ONU con el pórtico de un Templo:
Se parte —nótese bien— de la vigente Constitución de 1988, que asegura "por una parte la sana laicidad del estado, y por otra, garantiza el libre ejercicio de las actividades de la Iglesia en todos los ámbitos de su misión". Se ha dejado atrás la Constitución de 1824 que imprimía al Imperio brasileño un carácter "netamente confesional" con las sucesivas Cartas fundacionales.
Domingo, 27 de mayo
Asoc. Humanismo sin Credos
JC Rodríguez, A Eisman
Josemari Lorenzo Amelibia
Movimiento Rural Cristiano
Julián Moreno Mestre
Angel Moreno
Francisco Margallo
Antonio Aradillas
Jose Gallardo Alberni
Martín Gelabert Ballester