El blog de Carlos Corral

TARAZONA: Jornadas Nacionales de Patrimonio Cultural (23/27-6-8) y Cartas de Restauro. [Blog 108]

29.07.08 | 09:00. Archivado en Relaciones Iglesia-Estado


- En colaboración con Manuel Íñiguez Ruiz-Clavijo -

Las XXXVIII Jornadas se tuvieron en una ciudad que se conserva, tal como quedó entre el s.XV y el s.XVI, artísticamente maravillosa, cual es Tarazona. ¿Digna quizás de que un día, una vez que se encuentre del todo rehabilitada —y falta todavía mucho: la Catedral de estilo gótico de los siglos XIII-XIV (que se abrirá al culto en 2009), Casas colgadas cuyas fachadas posteriores sobresalen sobre la judería, las numerosas, estrechas y empinadas calles de casas antiguas por restaurar…— sea declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad? El tema de las Jornadas era la “conservación y restauración de los Bienes culturales de la Iglesia. Diálogo entre los profesionales: propuestas y criterios”. Tema que afecta lo mismo al derecho estatal y autonómico que al internacional y que, por muy circunscrito que vaya al Patrimonio de Iglesia, es perfectamente aplicable, en su tanto, al Patrimonio Cultural en general.

Por ello, nada mejor que reproducir aquí bajo el título “Restauración de obras de arte” el “Blog de ayuda intercambio de datos en técnicas de intervención en restauración de obras de arte”, escrito por Antonio Sánchez-Barriga Fernández Antonio Sánchez-Barriga Fernández y repartido a los 120 asistentes a dichas Jornadas en un amplio folleto ciclostilado, conteniendo: las “Cartas de Restauro” de Atenas 1931; Carta del Restauro 1972 [que fue redactada por Cesare Brandi (1906-1988con la colaboración de Guglielmo De Angelis D’Osat]; Convención para la salvaguardia del Patrimonio Arquitectónico de Europa, Convención de Granada (3-10-1985); Carta de 1987 de la conservación y restauración de los objetos de arte y cultura (Málaga, Colegio de Arquitectos 1990); Carta Da Vila Vigoni sobre las Conservación de los Bienes Culturales Eclesiásticos (1994); Carta de Cracovia 2000: Principios para la conservación y restauración del Patrimonio construido.

“Las llamadas cartas del Restauro están editadas en las diferentes ciudades donde se realizaron las reuniones de los países miembros de las organizaciones afines al mundo de la conservación y restauración. De ellas emanaron las llamadas cartas, como la Carta de Atenas (1931), Venecia (1964), París (1972), Roma (1972) o Copenhague (1984), y actualmente Cracovia, como las más importantes. Siguiendo su lectura, los técnicos establecieron de común acuerdo, unas recomendaciones imprescindibles para que las intervenciones en materia de conservación y restauración sean justas y apropiadas.

La Carta más importante por su contenido, y que fue la que verdaderamente inició la base teórica de donde emanan las demás, es la Carta de Roma de 1972. Esta procede de un programa definido por Cesare Brandi y otros historiadores. En ella se detallan artículos muy interesantes que merecen la pena memorizar para que podamos evaluar y discernir el criterio que debe ser aplicado, con sentido crítico para que se ajuste correctamente al contenido estético y conservativo de la obra de arte.

Sabemos que en ella, tanto en Italia como en otros países, nunca ha tenido la fuerza suficiente para adquirir forma de ley, pero sí debemos tenerla en cuenta como principio general, por estar descritos los criterios y la terminología general que actualmente es admitida por todos.

Posteriormente en 1987 se realiza una nueva Carta, que está redactada en Italia y pretende renovar, integrar y sustituir la anterior Carta Italiana del Restauro de 1972, a la que se denomina: Carta de 1987 de la conservación y restauración de los objetos de arte y cultura, [esta carta de 1987 está introducida por Luigi Rossi Bernardi, presidente del CNR, con notas de Corrado Maltese. El grupo de trabajo estaba compuesto por: Umberto Baldini, Franca Del Grano Manganelli, Giovanni Di Geso, Maria Lilli Di Franco, Corrado Maltese, Paolo Mora, Antonio Papa, Giovanni Rizza, Giorgo Tempesti, Ilaria Toesca, todos bajo la coordinación de Paolo Marconi].

En esta carta es digno de significar ciertos puntos, como el del artículo 2, que dice:

Conservación: el conjunto de actuaciones de prevención y salvaguardia encaminadas a asegurar una duración, que pretende ser ilimitada, para la configuración material del objeto estudiado.

Prevención: el conjunto de actuaciones de conservación, al más largo plazo posible, realizados gracias a los exámenes previos, sobre el objeto estudiado y sobre las condiciones ambientales que le rodea.

Salvaguardia: cualquier medida de conservación y prevención que no comprometa a intervenciones directas sobre el objeto estudiado.

Restauración: cualquier intervención que respete los principios de la conservación y con los estudios previos pertinentes, restituya el objeto en los límites de lo posible y necesario, concediéndole una relativa legibilidad.

.Mantenimiento: es el conjunto de programas y acciones interventoras, encaminadas a mantener los objetos de interés cultural en condiciones óptimas de integridad y uso, especialmente si han sufrido actuaciones de conservación y/o restauración.

Aunque esta Carta ya fue cuestionada por algunos teóricos de la restauración, como M. Cordaro, que defendía en su postura a Cesare Brandi como verdadero ideólogo de la Carta del Restauro. Por esto, Cordaro se revuelve ante el hecho incongruente de las nuevas premisas de nuevas cartas, y en un artículo polémico decide titularlo: La inutilidad de una nueva carta de restauración. En resumen, Cordaro decide, y con buenas razones, describir una situación verdaderamente análoga a lo que no estamos encontrando en la actualidad.

El debate que hoy existe se difunde con más intensidad y más rápidamente. Estos particularizan e individualizan la diversidad de cada postura. De un lado la tendencia, cada vez más evidente, hacia la afirmación de una autonomía de criterios y la elección de una metodología de intervención según la tipología de los bienes por los cuales se define y se programa la intervención: se busca, como consecuencia, una presunta individualización de la restauración arquitectónica, arqueológica. archivística, etc., afirmándose principios y normas de absoluta diferenciación.

Una propuesta para una nueva Carta del restauro, que está elaborando un grupo de trabajo, constituido dentro del Consiglio Nazionale delle Ricerche. La articulación de esta propuesta, en su contexto general, no difiere de la Carta Italiana del Restauro de 1972, que ya especifica los términos: renovar, integrar y sustancialmente sustituir. La nueva Carta comienza con una premisa de aclaraciones terminológicas y con individualizaciones en el campo de la aplicación y de los principios metodológicos que se deben seguir. Igual que sucede en la Carta del 72… La semejanza no sucede sólo sucede en la estructura de su formulación, sino también en la sustancia de los principios teóricos y metodológicos individualizados, de tal manera que se asemeja tanto, que parafrasea la “vieja” Carta…

Verdaderamente estoy muy cerca de las ideas muy acertadas de Cordaro. La definición de nuevas cartas ya ampliadas desde las posiciones de Boito en 1883, la Carta de 1931, 1932 y las sucesivas instrucciones de 1938, no han cambiado en general las ideas y principios básicos dentro de las intervenciones de conservación y restauración. Ahora bien, la continuación tradicionista, desde los principios teóricos brandianos, aconsejan que las diversas metodologías de aplicación en las obras de arte sean cada vez más eficaces. Sobre todo, gracias a la sistemática del diagnostico, la técnica, el mantenimiento, la conservación y la restauración.

Podemos proponer algunos puntos-resumen que simplifican los contenidos que están especificados en las diversas Cartas:

1.- Creación de un equipo pluridisciplinar: Arquitecto, Ingeniero, Restaurador, Historiador, Químico, Físico, Fotógrafo y Biólogo.

2.- Elevar un inventario y redactar informes previos de las obras, tanto histórico como de la estructura de todos sus componentes.

3.- Elección de un método eficaz con materiales reversibles, que no alteren ninguno de los componentes constituyentes de la obra de arte y que los resultados sean eficaces a corto y largo plazo, para poder así alargar la vida de la obra de arte.

4.- Realización de pruebas preventivas, una vez elegido el método conservativo.

5.- Elevar un informe después de la restauración con todas las pautas seguidas.

6.- El Conservador-restaurador, que trabaja en solitario sin la unión con las diversas profesiones que le son dependientes y también consultivas, viene abocado al fracaso.

Debemos reconocer que fueron las intervenciones mal propuestas y definidas, las que se convirtieron en enseñanzas, y son ellas las que nos ayudaron a entender lo que significa la palabra conservar obras de arte”.


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