Una Teología Política, ¿es actualmente posible? [Blog 102]
17.06.08 @ 09:30:00. Archivado en Derecho internacional eclesiástico

- En colaboración con DALMACIO NEGRO PAVÓN, Catedrático de la Universidad Complutense y de la Universidad San Pablo-CEU, de Madrid -
Cuestión, al parecer, tan, simple es, en el fondo, compleja, por lo que debe descompone en tres. Primera, ¿es posible hoy una Teología Política? Segunda, aun siéndolo, ¿resultaría oportuna? Tercera, ¿pero de verdad va a ser factible?
1ª.- ¿Es posible hoy una Teología Política?
Hablar de teología política es plantear un grave problema intelectual, a saber y en concreto: si la teología política es teología o es política. La raíz está en que la concepción contemporánea de la teología política se ha originado en la política y no en la teología, de tal manera que ha resultado propuesta en primer lugar por escritores políticos y, de forma especialmente llamativa, como es sabido, por Carl Schmitt, en relación con el problema de la secularización tanto del mundo como de la teología misma. En otros términos, fue planteada como tema político e histórico, y no teológico; y aun esto, desde el punto de vista político.
En cualquier caso, no cabe duda que la teología política se desprende, como una consecuencia posible, de las relaciones entre la religión y la política.
2ª.- ¿Resultaría oportuna una Teología Política?
Desde hace algunos años, se vuelve a prestar cada vez más atención a la influencia de las ideas religiosas en el acontecer histórico y, más recientemente aún, se percibe un auge en la investigación de las formas e ideas políticas en función de la teología política —en gran parte bajo la influencia de Schmitt— pero también a la vista del estado de la teología en su relación con las realidades mundanas, así como del sesgo de la “nueva” teología política.
La razón está —al decir de Metz en su breve prólogo al libro dedicado “a los amigos y seguidores de la teología política”— en que “la nueva teología política ha intentado más bien detectar sus raíces histórico-sociales y someter a crítica la peculiar ceguera política de la teología y del cristianismo, puesto que ni el cristianismo ni la teología pueden, sin autoengaño o impostura, considerarse políticamente inocentes y neutrales”
3ª.- ¿Pero de verdad va a ser factible?
Lo decisivo es la legitimidad y facticidad de una teología política propiamente dicha. Su reconocimiento no parece presentar problemas específicos en el ámbito protestante, donde, en cierto modo, es casi una exigencia. No así en el ámbito católico, en el que la teología es — o lo quiere ser— más rigurosa y está preocupada por la amalgama (en el pensamiento moderno de lo político y lo religioso) de la tradición bíblica con nuevas mitologías.
La tarea pues, de la nueva teología política estribaría en tratar de “definir de nuevo la relación entre la religión y la sociedad, entre la Iglesia y el dominio público social, entre la fe escatológica y la práctica social”. Aún así y dentro de estos parámetros, parece posible construir una teología política como disciplina autónoma dentro de la teología con dos finalidades principales.
Primera finalidad, desmitificar todo aquello en lo que se ha amalgamado o pueda amalgamarse la teología con las realidades mundanales, ante todo y sobre todo, en relación con el Estado monopolizador de la política y del futuro, entendiéndolo no en el sentido equívoco de la expresión, referido a toda forma de lo Político, sino como la forma política moderna que se afirmó a mediados del siglo XVI y, por tanto, no definitivamente. Así, por ejemplo, no es equiparable el caso del constantinismo, que tanto se invoca, al del Estado.
La segunda finalidad consistiría en ordenar un cuerpo de doctrina teológico-política que sirviera de orientación a los creyentes y en el que debiera aprovecharse la llamada doctrina social de la Iglesia, demasiado lastrada por su dependencia de estructuras (por ejemplo, el Estado) y de ideas modernas (por ejemplo, la separación entre el Estado y la Sociedad, propia de una época ya agotada) y equívocas (como la incomprensión de la naturaleza de la estatalización), y escasamente sistemática.
* Como constatación conclusiva, la realidad es que todavía no existe una teología política sistemática. No obstante, desde el punto de vista católico y siguiendo la propuesta de ALVARO D’ORS, creemos que no hay una barrera infranqueable para una teología política. Por ello nos hemos propuesto esa tarea tan arriscada como compleja de acometer, siquiera, una aproximación a una Teoría general de Teología política desde la Teología cristiana como tal. Audaces fortuna iuvat.
Referencia bibliográfica: más ampliamente DALMACIO NEGRO Y CARLOS CORRAL, “¿Es de verdad posible hoy una Teología Política?”: Revista General de Derecho Canónico y Derecho Eclesiástico del Estado-IUSTEL, Nº 17 (MAYO 2008); y DALMACIO NEGRO PAVÓN, “En torno a la Teología Política”: Revista Colección, nº 10 (2000) 319-360.
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Comentarios:
: "la Ley la dicta Dios", tanto en Hammurabi como en Sinaí como en Trento, como en la Casa Blanca. Y además, se dicta como "estatuto perpetuo" según dice el Antiguo Pacto, y "para siempre", según dice Mateo 5.
Sin embargo, Dios nunca tuvo que ver con la Ley, pues bien es sabido para el entendido que si hay algo que en la sociedad humana evolucione es, ciertamente, el precepto legal.
Así las cosas, Jesucristo viene para 'otro' propósito que el establecer un estatuto definidor de un modelo de sociedad, que es lo que indica a aquel Nicodemo: nacer al Espíritu, cosa que no tiene que ver ni con el rito, el mandamiento, la ley, o César. Asunto de Dios y el alma.
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Carlos Corral
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