El blog de Carlos Corral

Ante el mundo globalizado: interpelación y compromiso de la Compañía de Jesús hoy (4 marzo 2008). [BLOG 92]

01.04.08 | 06:30. Archivado en Fuerzas religiosas y sociedad internacional
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La globalización es un tema tan actual como desafiante que afecta a todos: a las personas y a las instituciones, a los estados y a las organizaciones, en especial, a las religiones de ámbito y espíritu universalita como cristianismo, Islam y judaísmo. Por lo mismo, afecta a la Iglesia Católica y, dentro de ella, a las instituciones, institutos, asociaciones y congregaciones de ámbito universalista, entre las que se encuentra la Compañía de Jesús con 19.093 miembros, estando implantada en el mundo entero, 80 Estados. De ahí el interés por conocer cuál es la apuesta y actitud de la misma ante el mundo globalizado de hoy.

Nada extraño, por tanto, el interés de Benedicto XVI como el de los anteriores Papas por dirigirse y marcar orientaciones a la Compañía de Jesús aprovechando la ocasión de reunirse en Congregación General (=Asamblea General, de enero a 6 de marzo), para elegir un nuevo General y, a la par, fijar su actitud ante la Iglesia y el mundo globalizado que es el actual. Actitud que se manifiesta bifronte: interna y externa. Interna, hacia sí misma (su peculiar espiritualidad y su propia identidad). Externa, hacia el mundo en el que vive y actúa. Y lo refleja en un acerbo de cinco documentos finales oficiales, denominados “decretos” [todavía no publicados oficialmente]. Aquí —para las relaciones internacionales— nos fijamos en el quinto denominado Decreto sobre Misión: Desafíos para nuestra Misión, hoy, Enviados a las fronteras (=Decreto), en el que se expresa su actitud hacia el mundo a lo largo de seis apartados.

Precisamente el estar y trabajar en las fronteras de la ciencia, del espíritu y de la geografía ha sido lo propio de la Compañía de Jesús desde su fundación. Y esa es la conciencia que la ha inspirado y la debe continuar inspirando. Ahora bien, cambian los contextos, cuál es este hoy (1); qué relaciones se deben establecer en el nuevo contexto mundial globalizado (2); y cuáles son las prioridades que debe afrontar (3).

1.- Cuál es el nuevo contexto en que ha de actuar la Compañía de Jesús (=S.J.).

Así es como se lo describía Benedicto VI en su Alocución a la Congregación General 35a. de la Compañía de Jesús, 21 de febrero de 2008:

“Vuestra Congregación se celebra en un período de profundos cambios sociales, económicos, políticos; de acuciantes problemas éticos, culturales y medioambientales y de conflictos de todo tipo, pero también de comunicaciones más intensas entre los pueblos, de nuevas posibilidades de conocimiento y diálogo, de hondas aspiraciones a la paz. Se trata de situaciones que constituyen un reto importante para la Iglesia Católica y para su capacidad de anunciar a nuestros contemporáneos la palabra de esperanza y de salvación”.

Y la Asamblea General lo asume de la siguiente manera: “La globalización también ha dado a luz una cultura mundial que afecta a todas las otras culturas; ello con frecuencia ha dado lugar a un proceso de homogeneización, y a políticas de asimilación que niegan los derechos de grupos e individuos a vivir y desarrollar sus propias culturas” (Decreto, n.10).

Por ello se afrontan tensiones y paradojas crecientes.”Mientras vivimos en una cultura que privilegia la autonomía y el presente, el mundo aún tiene una gran necesidad de construir un futuro en solidaridad; contamos con mejores medios de comunicación pero experimentamos a menudo la soledad y la exclusión; algunos se han beneficiado enormemente, mientras otros han sido marginados y excluidos; nuestro mundo es cada vez más transnacional, y sin embargo aún necesita afirmar y proteger las identidades locales y particulares; nuestro conocimiento científico alcanza la profundidad de la vida, pero todavía continúan amenazadas la propia dignidad de la vida y el mismo mundo en que vivimos” (n.11)

2.- Qué relaciones justas hay que establecer.

En este mundo global, se quiere profundizar en la “llamada a servir la fe, promover la justicia, y el diálogo con la cultura y otras religiones a la luz de la llamada profética a establecer relaciones justas con Dios, con los demás y con la creación” (n.12).

Es seguir la enseñanza de Jesús que inaugura su ministerio público en la sinagoga de Nazaret cuyo el mensaje del amor y de la compasión de Jesús superan las fronteras físicas y socio-religiosas. Y, además, continuar “La tradición de los jesuitas de construir puentes a través de las fronteras es algo crucial para el mundo de hoy”. Y los construiremos, “sólo si recordamos y vivimos de tres principios ignacianos: el amor de nuestro Dios y Señor, la unión de mentes y corazones ejemplarizada en el vínculo personal de Francisco Javier e Ignacio, y la obediencia que nos envía a todos a la misión en cualquier parte del mundo” (nn.15 y 16).

1ª.- Establecer relaciones justas con Dios.

Y la razón es que “Vivimos en un mundo plurirreligioso y pluricultural. La erosión de las creencias tradicionales y la tendencia a homogeneizar las culturas han fortalecido formas distintas de fundamentalismos religiosos. Algunos usan cada vez más la fe en Dios para dividir pueblos y comunidades y para provocar polarizaciones y tensiones, que quiebran los fundamentos de nuestra vida social. Todos estos cambios nos invitan a ir a las fronteras de la cultura y de la religión. Necesitamos alentar y apoyar a los jesuitas y colaboradores que están implicados activamente en el diálogo interreligioso de vida y acción. Es preciso que prestemos oídos a todos y construyamos puentes entre comunidades con todas las personas de buena voluntad (n.22).

2ª.- Construir relaciones justas unos con otros.

“Nuestra respuesta a estas situaciones ha de brotar de nuestra profunda fe en el Señor, que nos llama a trabajar con otros al servicio del Reino de Dios, para instaurar relaciones justas entre las personas y con la creación. De este modo construimos un futuro nuevo en Cristo para alcanzar una “globalización en la solidaridad, una globalización sin marginación” (n.30).

3ª.- Establecer relaciones justas con la creación.

“Esta Congregación urge a todos los jesuitas y a todos los que comparten nuestra misión, en particular a las universidades y centros de investigación, a seguir promoviendo la investigación y las prácticas enfocadas en las causas de la pobreza y la mejora medioambiental. Debemos encontrar caminos en los cuales nuestra experiencia con los refugiados, los pobres, y los desplazados, por un lado, y los que trabajan en la protección medioambiental, por otro, pudiesen entrar en contacto con las instituciones para que el resultado de las investigaciones y las prácticas de incidencia pública (advocacy) puedan beneficiar efectivamente a la sociedad y al medioambiente. Estos esfuerzos deben también iluminar nuestra respuesta a la llamada del Santo Padre de que los costos deben ser compartidos de un modo justo “tomando en consideración los distintos niveles de desarrollo” (n.35).

3.- Cuáles son las “Prioridades” a las que atender

Las que tienen primacía a nivel universal están las áreas apostólicas que requieren “una atención especial o privilegiada”. Y estas son las señaladas anteriormente por el P. Peter-Hans Kolvenbach (n.39):

(i) “África. Conscientes de las diferencias culturales, sociales y económicas existentes entre los diversos países de África y Madagascar, pero también de las grandes oportunidades y retos que existen, así como de la variedad de ministerios jesuitas, reconocemos la responsabilidad que tiene la Compañía de presentar una visión más integral y humana de este continente”. […]

(ii) “China […] Deseamos continuar nuestro diálogo respetuoso con su pueblo, conscientes de que China es una clave importante para un mundo en paz y de su gran potencial para enriquecer nuestra tradición de fe, ya que muchos de sus habitantes añoran un encuentro espiritual con Dios en Cristo”.

(iii) “El apostolado intelectual ha sido una característica definitoria de la Compañía de Jesús desde sus inicios [Hay dos millones y medio de alumnos en 1.345 instituciones de diversa índole en 68 países: 202 instituciones de educación superior, 444 de secundaria, 123 de primaria, 79 técnicas o profesionales, y 2.603 centros educativos de “Fe y Alegría” (llevados en colaboración en 19 países latinoamericanos)]. Teniendo en cuenta los retos complejos y, al mismo tiempo, interrelacionados que los jesuitas han de afrontar en todos los sectores apostólicos, la Congregación hace una llamada a reforzar y renovar este apostolado”; […].

(iv) La colaboración con las con las casas y obras comunes[=Instituciones interprovinciales] de Roma.

(v) La atención a las necesidades de los migrantes, incluidos los refugiados, los desplazados internos y las víctimas del tráfico de personas (traffiked people).

Conclusión. Para los jesuitas, la profesión de la fe “debe hacerse carne en relaciones de justicia con Dios, con los otros y con la creación [n.42]. Y en el presente contexto global se debe resaltar “el extraordinario potencial que [representa] el carácter de cuerpo internacional y multicultural de la Compañía de Jesús”. Y el actuar consistentemente con este carácter “también puede ser testimonio de reconciliación en solidaridad de todos los hijos de Dios, en un mundo fragmentado y dividido” (n.43).


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