El blog de Carlos Corral

El Cristianismo en Europa: ¿lastre o herencia? [BLOG 88]

26.02.08 | 07:54. Archivado en Derecho internacional eclesiástico
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La ampliación constante de la Unión Europea a una con su reciente consolidación mediante el “Tratado sobre el funcionamiento de la Unión Europea”, de 13 de diciembre de 2007 (o “Tratado de Lisboa que modifica el Tratado sobre la Unión Europea y el Tratado que instituye la Comunidad Europea”) requiere una vez más una reflexión profunda y serena sobre si el Cristianismo en Europa es lastre o herencia, tal como desde una perspectiva teológica realiza el Prof. de la Universidad Pontificia Comillas de Madrid, Ángel Cordobilla [1]. De ella se ofrece una concisa síntesis.

Previamente, unos conceptos que eviten equívocos. Se entiende el Cristianismo como una realidad teológica (cristianismo) configurada históricamente (cristiandad) y que es principio de vida personal (cristianía). Y Europa como una realidad geográfica configurada histórica y culturalmente desde la tradición clásica (Grecia y Roma), el hecho bíblico (judeo-cristianismo) y la modernidad (Ilustración, Revolución francesa, ciencia, movimientos sociales, revoluciones industriales, etc.). Por esta razón más que un espacio geográfico, Europa es un espacio vital que actúa como horizonte de comprensión e interpretación del mundo.

Cierto que Europa no es el Cristianismo y el Cristianismo no es Europa, pero en la fecunda relación entre ambas realidades ha surgido un cristianismo europeo y una Europa cristiana; un hecho que ya es imposible ignorar tanto para Europa como para el Cristianismo. Y para mostrar esta relación, se dirigirá una triple mirada: 1. a la historia; 2. a la reflexión teológica de cinco grandes teólogos; y 3 a una reflexión personal con indicación de pautas de futuro.

I.- Un Cristianismo europeo y una Europa cristiana: su larga relación histórica.
Relación histórica que debe contemplarse desde cinco etapas fundamentales: encuentro; mediación creadora; configuración; fragmentación y extensión; distancia crítica.

1. Encuentro.
El encuentro en diálogo y confrontación del Cristianismo nacido en un contexto judío ante la razón griega y la cultura romana constituye la primera etapa. Los nombres de Justino, Ireneo, Clemente de Alejandría, Tertuliano, Orígenes, Cipriano, etc., entre los más destacados, son expresión cualificada de esta fecunda relación que se realizó, por un lado, con la clara conciencia de la identidad y novedad del Cristianismo ante la cultura circundante, pero, por otro, con la convicción de la profunda sintonía que existía con ella.
Pero dentro de esta etapa no puede olvidarse un hecho crucial: el Cristianismo pasa de ser una religión perseguida y minoritaria a convertirse en la religión del Estado favorecido por la atmósfera social.

2. Mediación creadora.
El Cristianismo, en una segunda etapa, se convierte en vehículo de transmisión de la herencia clásica. La decadencia y la caída del Imperio Romano como religión y estado que configura la vida pública, va a situar a la nueva administración eclesiástica como el lugar donde perdure y se transmita el legado anterior. Aquí tiene que mencionarse especialmente la vida monástica, como heredera y transmisora de forma creativa del mejor humanismo clásico. Tres nombres serán decisivos para la historia posterior en el Occidente latino. El primero es Agustín de Hipona (354-430), quien en su magna obra La ciudad de Dios elabora una teología de la historia en la que justifica que el Cristianismo no es la causa de la decadencia del imperio y que, a su vez, no depende de ningún régimen político determinado. El segundo es Benito de Nursia (480-547), quien al retirarse a la soledad de Subiaco, cuando el imperio estaba en proceso de desintegración, fue capaz de transmitir a través de sus comunidades monásticas lo mejor de la herencia humanista clásica (Grecia y Roma) desde una forma de vida que tendrá una influencia decisiva en la Europa naciente. El tercero es el papa Gelasio I (+496), quien con su teoría de la separación de los dos poderes (secular y eclesiástico) va a establecer la forma fundamental de la relación entre ambos en los siglos posteriores

Fiel a su forma de diálogo, el Cristianismo asumirá además lo mejor de esa cultura purificándola de sus deficiencias a la luz de su cosmovisión (revelación), para devolvérsela al hombre de forma nueva y trasfigurada. Conceptos como singularidad, individuo, relación, unidad, pluralidad que el Cristianismo asume de sistemas filosóficos y esfuerzos humanos anteriores, van a adquirir desde él un sentido singular y renovado que determinará la historia posterior de Occidente.

3. Configuración.
El Cristianismo se convierte —tercera etapa— en principio de configuración de la sociedad y del Estado, entrando ya en la Europa medieval, etapa donde se va a dar la mayor simbiosis entre Europa y el Cristianismo.

4. Fragmentación y extensión.
Un hecho decisivo para Europa lo constituye —cuarta etapa— la ruptura dentro del Cristianismo y la nueva relación que se instaura con las «europas» diferentes. Primero con el cisma de Oriente (1054) y después con el cisma de Occidente (1521). A partir de ahora la relación entre el Cristianismo y Europa se realizará de una manera diversificada en diferentes confesiones que remiten a diversas latitudes (sin exclusividad): la Ortodoxia, sobre todo en el este de Europa, el Protestantismo en el norte y el Catolicismo en el sur. El Cristianismo deja así de ser un elemento unificador, como lo fue desde la época de Constantino, para convertirse en un elemento que justifica la diversidad e incluso el conflicto.

5. Distancia crítica.
En una quinta etapa, aparece el Cristianismo secularizado y contestado. Si la relación entre ambas realidades nunca ha sido pacífica, con la Ilustración y la Revolución Francesa, la religión cristiana comienza a ser una realidad públicamente contestada.
Surge así una Europa poscristiana. Sin embargo, más dificultades de diálogo se encuentra en la actualidad, en lo que algunos autores han denominado como poscristianismo.
Este consistiría, grosso modo, en que la sociedad actual, especialmente la europea, hereda y asume valores, categorías y realidades que han nacido en el Cristianismo, pero los arranca de su matriz originaria, transfiriéndolos a otro sentido y otorgándoles un nuevo fundamento (o ninguno).

II.- Crisis de la misma idea de Europa y a la vez asentamiento de las bases de lo que hoy llamamos Unión Europea.
No es de extrañar que en la actualidad cohabiten en Europa férreos defensores de su identidad y de su proyecto económico y político, así como acérrimos detractores del mismo desde un escepticismo radical. En este proceso de interpretación de sí misma y de diseño de futuro el Cristianismo no ha estado ausente, incluso se puede decir que tuvo en sus padres fundadores en el Tratado de Roma un impulso decisivo. A dar su propia interpretación han concurrido cinco grandes teólogos del siglo XX-XXI.

1. La reconstrucción espiritual de Europa: la anchura de mirada
En primer lugar hay que referirnos al teólogo suizo Hans Urs von Balthasar (1904-1988). Éste sabio del siglo XX no nos ha ofrecido de forma explícita una reflexión teórica sobre la relación entre Europa y el Cristianismo. Sin embargo, su propia vida y actividad intelectual son la mejor expresión de cómo la ha entendido. Él parte de un hecho y de una convicción profunda.

El hecho son los tres mil años de historia de una relación fecunda. La convicción es que el Cristianismo, por la gracia de Cristo y el don del Espíritu, tiene una capacidad dentro de sí de hacer nuevas todas las cosas (Is 43, 19 y Ap 21, 5).

2. La tarea de Europa: el poder como servicio.
El pensador germano-italiano Romano Guardini (1885-1968) dejó una bella y profunda reflexión sobre Europa con motivo de la recepción del prestigioso premio Erasmus en 1962. El título es muy conocido ya que no sólo ha sido abundantemente citado, sino que ha servido como modelo para otros autores: Europa, realidad y tarea.. Su reflexión está en estrecha relación con aquella que una década antes había realizado sobre el poder. Según Guardini, lo que define al hombre moderno es el poder comprendido como dominio del hombre sobre la naturaleza.

3. Europa en la providencia divina.
El teólogo de Friburgo Karl Rahner (1904-1984) ha realizado una admirable profundización de la idea y de la realidad de Europa desde una filosofía y teología de la historia. El teólogo alemán intenta comprender la función y validez permanentes que ha tenido Europa en la historia de la salvación. Europa es una cultura comprendida como dimensión histórica y concreta del Cristianismo, una dimensión histórica que puede ser entendida tanto como presupuesto o condición de posibilidad del Cristianismo, como, a su vez, fruto de él.

4. La aceptación humilde de sí misma: clave de su futuro.
También el teólogo alemán J. Ratzinger (1927), hoy el máximo representante de la Iglesia católica, ha pensado con profundidad (y a veces con cierta polémica) la historia de esta relación. Como cristiano se dirige en primer lugar a los cristianos, afirmando que Europa es una herencia que les obliga. Él mismo se ha tomado en serio esta afirmación y así nos ha dejado su visión de Europa intentando responder a las cuestiones más apremiantes que la cultura europea ha ido proponiendo al Cristianismo en los últimos decenios.
Muestra, por otro lado, la fecundidad de este diálogo, así como el peligro que tiene especialmente para Europa querer anular el otro polo de la relación, asumiendo su sustancia fundamental, pero eliminando sus raíces.

De esta forma se ha pensado esta alianza en tres campos diversos, aunque íntimamente relacionados. En primer lugar, en la relación entre la fraternidad cristiana y su posterior secularización mediante la ilustración y el marxismo. En segundo lugar, en la relación que se instaura al comprender la verdad como fundamento último y necesario de la libertad del hombre y de la justicia en la sociedad. Finalmente, en la relación entre la fe y la razón, recordando que la expansión y fecundidad del Cristianismo en sus orígenes fue posible por su simplicidad a la hora de lograr unir en una profunda relación fe, verdad y vida.

5. Europa y el Cristianismo en reciprocidad de destino.
El teólogo español O. González de Cardedal (1934) ha definido esta relación entre Europa y Cristianismo como reciprocidad de destino. No en el sentido que postula G. Vattimo —al entender esta relación como identidad— ya que según el filósofo italiano Occidente (Europa) no es más que la expresión del Cristianismo secularizado, vaciado de su contenido dogmático, de su estructura eclesiástica y de su práctica moral ; sino como expresión de la necesidad de esa mutua relación, sin que cada uno de los polos pierda su naturaleza específica y su verdadera identidad. Europa ha recibido un legado cultural en su diálogo y convivencia con el Cristianismo que ya es irrenunciable .

III.- Dos aspectos esenciales para esta nueva relación en el futuro.

1. Fuentes y raíces: una decisión para el futuro.
El consenso a la hora de exponer de forma histórica los pilares fundamentales sobre los que se ha construido y sostenido la casa que llamamos Europa se torna en apasionada discusión a la hora de establecer su actual y verdadera identidad, ya que, al clarificar ésta, se está afirmando de forma implícita cuáles son las realidades que hay que tener en cuenta, para que Europa siga siendo y existiendo como tal en el futuro.

Desde aquí se tiene que entender el debate en torno a la cuestión de si el Cristianismo pertenece a la identidad de esa realidad cultural, histórica y geográfica que llamamos Europa, o no. ¿Podemos considerar al Cristianismo como una realidad histórica, institucional y personal, que sigue siendo raíz vital y suelo nutricio desde donde se alimenta Europa en el presente y como uno de sus necesarios impulsos vitales en el futuro?

2. Nuevo diálogo desde la libertad (Europa) y la gratuidad(Cristianismo).
Hay historia de pecado y de gracia en ambos lados. Y las dos historias son difíciles de delimitar, contando además que entre ambas realidades hay una fontalidad recíproca. Desde el punto de vista del Prof. Cordovilla, se trata más bien de volver a pensar esta relación en términos de libertad y de gratuidad.

***En conclusión, si Europa quiere seguir gozando de ellas con sentido y valor real en el futuro, tiene que atender y respetar la fuente y la raíz desde donde se sostiene y alimenta: que no es otra que el misterio incomprensible de Dios encarnado como verdad del mundo (Logos) y amor gratuito para la vida humana (Pneuma).

Referencia bibliográfica: [1] “El Cristianismo en Europa: ¿lastre o herencia?” Vida Nueva (2008) nº 2.596, Pliego, 23-30pp.

1 comentario


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios
  • Comentario por Natividad Fernández Sola 28.02.08 | 16:40

    Me parecen acertadas las observaciones que se realizan en este estudio y el itinerario seguido para las mismas.
    Mi comentario quiere incidir sobre una realidad nítidamente europea y que constituye hoy en día la esencia de nuestros principios y fundamento de actuación tanto de los Estados como de la propia Unión Europea: los derechos humanos y su base ontológica última, la dignidad humana.
    El Tratado de Lisboa, depuración última de la non-nata Constitución Europea y de los vigentes TUE y TCE declara nada más comenzar que "La Unión se fundamenta en los vlares de respeto de la dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, Estado de Derecho y respeto de los derechos humanos, incluidos ls derechos de las personas pertenecientes a minoríars. Estos valores son cumenes a los Estados miembros en una sociedad caracterizada por el pluralismo, la no discriminación, la tolerancia, la justicia, la solidaridad y la igualdad entre hombres y mujeres".
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