
Con la participación de 2.500 delegados católicos, ortodoxos y protestantes en torno al lema “¡La luz de Cristo ilumina a todos!”, se ha celebrado, del 6/9-8-7, la “III Asamblea Ecuménica Europea” en Sibiu (=Hermannstadt), la vieja ciudad fundada en el siglo XII y situada en el corazón de Transilvania, en la región de “Siebenbürgen” (=Siete ciudades), Rumania, hoy de mayoría ortodoxa. Siendo una asamblea de orden espiritual e intereclesial, pero de ámbito europeo (1), no ha podido menos de aportar su contribución en pro del proceso de construcción de la U.E. (2).
1.- Mensaje y significado de la III Asamblea Ecuménica Europea [1].
Su celebración arranca de las iniciativas emprendidas en los años ochenta por la “Conferencia de Iglesias Europeas (KEK)” [a la que pertenecen la mayoría de las Iglesias ortodoxas, reformadas, anglicanas, libres y vétero-católicas en Europa] y el “Consejo de Conferencias Episcopales Europeas”, [del que forman parte las Conferencias Episcopales católico-romanas].
Un comité mixto de ambas instituciones logró organizar y planear la I Asamblea de los cristianos de toda Europa desde el cisma de 1054 en la ciudad suiza de Basilea, en 1989. Ocho años después, en 1997, tuvo lugar en la ciudad austriaca de Graz la II Asamblea que produjo el documento ecuménico más significativo para la causa de la unidad en el marco del continente europeo, cual fue la Carta ecuménica[2] firmada en Estrasburgo (2001).Tan es así que ha constituido el texto de referencia para la III Asamblea celebrada en Sibiu.
Ya la misma elección de estas ciudades encierra un profundo significado simbólico, pues vienen a representar a las tres grandes familias confesionales del cristianismo. En efecto, Basilea representa un lugar de la Reforma protestante; Graz se ubica en un país de mayoría católica; Sibiu, es al presente una ciudad de mayoría ortodoxa.
Al presente, la coyuntura histórica de Europa a la altura del año 2007, difiere notablemente de la que había constituido el marco vital de Basilea y de Graz. La I Asamblea Ecuménica Europea en mayo de 1989 fue expresión de la voluntad de las Iglesias de Europa occidental de entrar en un proceso de compromiso mutuo con la justicia, la paz y la conservación de la creación, adoptando como lema “Paz y justicia”. A los pocos meses, en noviembre, se producía el derrumbamiento del muro de Berlín. Tan profundos cambios no pudieron menos de afectar de lleno al proceso ecuménico que cristalizaría en la II Asamblea de Graz, celebrada en junio de 1997 bajo el lema “Reconciliación: don de Dios y fuente de vida nueva”. En ella se hizo posible que muchos cristianos de Europa Oriental y sus Iglesias se encontraran por primera vez con gentes de otros contextos y confesiones. La mencionada Carta ecuménica quería ser expresión de ese deseo.
Por ello, la III Asamblea Ecuménica Europea, haciendo suyos los nuevos retos que experimenta esta Europa que es encrucijada de culturas y de religiones, se perfila como expresión del compromiso de la gran comunidad cristiana en el proceso nada fácil de la unificación europea.
B.- El Mensaje final de III Asamblea de Sibiu.
En realidad, la III Asamblea Ecuménica había comenzado antes en 2006 en Roma y había proseguido en 2007 en Wittemberg, habiéndose organizado paralelamente numerosos encuentros regionales, además del de las Iglesias ortodoxas en Rodas y el de jóvenes en St. Maurice. Como guía directriz y unificadora se había adoptado dicha Charta Oecumenica.
De ahí que en el Preámbulo del Mensaje final se afirme que “Nuestro testimonio a favor de la esperanza y de la unidad por Europa y por el mundo será creíble sólo si proseguimos nuestro camino hacia la unidad visible. Unidad no significa uniformidad. Existe un enorme valor al volver a experimentar esa koinonia y en el intercambio de esos dones espirituales que han dado fuerza al movimiento ecuménico desde el principio”.
Dentro de ese espíritu es como vienen enunciadas las diez Recomendaciones (que reproducimos casi por entero), de las que unas son ad intra de las iglesias concernidas y de sus fieles, y otras ad extra.
A.- Recomendaciones ad intra: 1ª,2ª,3ª,4ª y 6ª.
“Primera recomendación: Recomendamos renovar nuestra misión como individuos creyentes y como Iglesias para proclamar a Cristo como la Luz y el Salvador del mundo.
Segunda recomendación: Recomendamos proseguir el debate sobre el reconocimiento recíproco del bautismo, teniendo en cuenta los importantes resultados sobre este tema en diversos países y siendo conscientes de que la cuestión está profundamente conectada con una comprensión de la Eucaristía, del ministerio y de la eclesiología en general.
Tercera recomendación: Recomendamos encontrar los modos de experimentar las actividades que nos unan: la oración del uno por el otro y por la unidad, peregrinaciones ecuménicas, formación teológica y estudio en común, iniciativas sociales y diaconales, proyectos culturales, sostener la vida de la sociedad basada en los valores cristianos
Cuarta recomendación: Recomendamos la participación completa de todo el pueblo de Dios y, en esta Asamblea en particular, a prestar atención al llamamiento de los jóvenes, de los ancianos, de las minorías étnicas, de los discapacitados.
Sexta recomendación: Recomendamos desarrollar la Carta Ecuménica como directriz capaz de estimular nuestro camino ecuménico en Europa.
Séptima recomendación: Exhortamos a todos los cristianos europeos a sostener firmemente los Objetivos de Desarrollo del Milenio de las Naciones Unidas como medida práctica urgente para aliviar la pobreza”.
B.- Recomendaciones ad extra: 5ª,8ª,9ª y 10ª.
*Quinta recomendación: [relativa a los inmigrantes cristianos: véase entera infra]
*Octava recomendación: [relativa a la justicia ecológica, globalización, minorías étnicas y África: véase entera infra]
Novena recomendación: Recomendamos sostener las iniciativas para la cancelación de la deuda y la promoción del comercio equitativo y solidario. […]
Décima recomendación: Recomendamos que el período entre el 1 de septiembre y el 4 de octubre se dedique a orar por la protección de la creación y a la promoción de estilos de vida sostenibles para contribuir a invertir la tendencia del cambio climático. […]
2.- La aportación de la III Asamblea a la construcción de la Unión Europea.
Se hizo sentir esta en el segundo día, 5, [tomando como tema oracional la “Transfiguración del Señor en el monte Tabor” (Mt 17, 2ss)], al encomendarse la alocución principal de la mañana al Presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso. Hizo este apelación a la famosa imagen utilizada por el Papa Juan Pablo II, en su discurso de 13-11-1980, en el que habló de los dos pulmones de Europa, para recordar que los cristianos y los católicos hemos de respirar desde la tradición ortodoxa-bizantina y la tradición latina-occidental [4]. Ante la diversidad cultural, étnica, lingüística, religiosa reconciliada en una Europa unida trajo a la memoria la aportación de las Iglesias cristianas en el proceso de unificación europea.
Aludiendo a las raíces culturales de Europa, citaba al poeta Paul Valéry quien había definido el espíritu de la identidad europea como el resultado de una triple herencia referida simbólicamente a Atenas, Roma y Jerusalén, al legado de la filosofía, del derecho y de la moral. No puede funcionar una unión europea —añadía— que se reduzca a las dimensiones geográficas y económicas. Sólo la participación profunda y plena en valores comunes típicamente europeos, como la dignidad humana, la libertad, la solidaridad, la tolerancia, la justicia social y el estado de derecho, puede garantizar y cimentar esa unidad en la diversidad reconciliada.
Los sub-temas de los foros de la tarde estuvieron guiados por estas inquietudes, concentradas en el encuentro entre las religiones que se está produciendo en Europa con motivo de las migraciones y reflejadas en las cuidadas recomendaciones del Mensaje final. Al respecto sobresalen la quinta (migraciones) y la octava (globalización).
*“Quinta recomendación: Recomendamos que nuestras iglesia reconozcan que los inmigrantes cristianos no son simples destinatarios de atención religiosa, sino que pueden desempeñar un papel completo y activo en la vida de la Iglesia y de la sociedad; que ofrezcan una mejor atención pastoral para los migrantes, los demandantes de asilo y los refugiados; que promuevan los derechos de las minorías étnicas en Europa, en particular del pueblo gitano.
Muchos de nosotros estamos agradecidos por haber podido experimentar profundos cambios en Europa en las últimas décadas. Europa es más que la Unión Europea.
Como cristianos compartimos la responsabilidad de plasmar Europa como un continente de paz, solidaridad, participación y sostenibilidad. Apreciamos el empeño de las instituciones europeas: la UE, el Consejo de Europa y la OSCE por un diálogo abierto, transparente y regular con las Iglesias de Europa. Los más altos representantes nos han honrado con su presencia y han expresado en tal modo un fuerte interés en nuestro trabajo. Debemos afrontar el desafío de llevar energía espiritual a este diálogo. Europa nació como un proyecto político para garantizar la paz y ahora debe transformarse en una Europa de los pueblos, más que en un espacio económico”.
*“Octava recomendación: Recomendamos que, por parte del CCEE y de la CEC, junto a las Iglesias de Europa y a las Iglesias de los demás continentes, se ponga en marcha un proyecto consultivo que afronte las problemáticas de la responsabilidad europea respecto a la justicia ecológica, ante la amenaza de los cambios climáticos; la responsabilidad europea en relación con un adecuado planteamiento de la globalización, así como respecto al pueblo gitano y las demás minorías étnicas europeas.
Hoy más que nunca reconocemos que África, un continente ya íntimamente unido con nuestra historia y con nuestro futuro, experimenta niveles de pobreza ante los cuales no podemos permanecer indiferentes e inactivos. Las heridas de África han conmovido el corazón de nuestra Asamblea”.
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Ante el enorme esfuerzo organizativo, económico, y de todo tipo, desplegado para lograr una asamblea tales dimensiones podemos concluir con unas palabras de Kart Rahner, pronunciadas al terminar los trabajos del Concilio Vaticano II: “ocurre como con la obtención del radio; hay que remover toneladas de pechblenda para obtener unos pocos gramos de radio. […]. Se obtiene ese radio, si una asamblea de cristianos sirve para poner en el corazón de los europeos un poco de fe, de esperanza y de caridad, signo invisible pero eficaz del Espíritu que impulsa el movimiento ecuménico” [1].
Referencia bibliográfica: [1] SANTIAGO MADRIGAL —Decano de la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia “Comillas” de Madrid y delegado a la — “Tercera Asamblea Ecuménica”: Razón y Fe 256 (2007), a quien seguimos; [2] Charta oecumenica, Guidleines for the Growing Cooperation among the Churches in Europe " Glory be to the Father, and to the Son,and to the Holy Spirit"; [3] ZENIT.org; [4] CORRAL, C. (ed.), La construcción de la casa común europea (Madrid 1993)
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Sólo sabía que en el siglo XI se habían separado los ortodoxos,y que en el siglo XVI, los protestantes. No conocía ninguna de las tres asambleas ecuménicas recogidas en ciudades tan significativas como Basilea, Graz y Sibiu, esta 6/9 de julio del 2007. y pienso que los que lo han coordinado han sido unos artistas.Quiero comentar la cita de K.R." ocurre como en la obtención del radio que hacen falta toneladas de pechblenda para obtener unos gramos. Se obtiene ese radio, si una asamblea de cristianos sirve para poner en el corazon de los hombres un poco de fe, esperanza y caridad,signo del Espiritu que impulsa el m. ecumenico. ¡Gracias!
Domingo, 27 de mayo
Asoc. Humanismo sin Credos
JC Rodríguez, A Eisman
Josemari Lorenzo Amelibia
Movimiento Rural Cristiano
Julián Moreno Mestre
Angel Moreno
Francisco Margallo
Antonio Aradillas
Jose Gallardo Alberni
Martín Gelabert Ballester