“Durante gran parte del siglo XX, la religión y la política caminaron más separadas que nunca en la Historia. Sin embargo, en un determinado momento de sus décadas finales, se produjo una espectacular inversión —como en amplio y documentado sostiene SANTIAGO PETSCHEN [1]— La política y la religión volvieron a unirse con una fuerza poco antes impensable”. Con todo, pensando en el Occidente, la exposición se restringe a sólo tres religiones: judaísmo, cristianismo e islam.
I.- Pero, ¿cuáles son las causas de tal insurgencia y convergencia de la religión y religiones? Como principales vienen señaladas tres.
1ª.- La búsqueda y la revitalización de las identidades más profundas. Sin embargo, si bien la religión es factor importante de identidad, no es el único. Junto a él se dan también, muchas veces como más importantes, el peso de la historia, la lengua y el medio geográfico.
2ª.- La vinculación de las civilizaciones al hecho histórico concreto del cambio de soberanía del territorio y de los lugares sagrados judíos e islámicos, de Israel/Palestina. Mas, desde el punto de vista de lo factual, el hecho histórico tiene una importancia extraordinaria debido a su poderosa influencia como lugar de memoria religiosa en situación de disputa.
3ª.- La utilización de lo religioso como pretexto para justificar y potenciar la fuerza de las partes opuestas en los conflictos. Pero “el retorno de lo religioso es un importantísimo fenómeno político que — según Georges Corm— de religioso sólo tiene el nombre”.
II.- Panorámica de las religiones en el mundo: unidad, diversidad e intercambio
Junto a las tres religiones mencionadas, la panorámica ofrece otros grandes sistemas religiosos: hinduismo, budismo, confucionismo y taoísmo, que a su vez se dividen en múltiples religiones diferentes surgidas de diversos troncos. Sin embargo, tal diversidad y multitud no se oponen a la unidad, pues las religiones superiores no sólo enseñan el camino que lleva a Dios, sino también el que conduce al prójimo. Tan es así que las tres grandes corrientes religiosas supraindividuales, internacionales y transculturales, con sus respectivas áreas de influencia, su particular génesis y morfología” se han clasificado en:
1ª.- Religiones de procedencia india: de orientación mística; tienden a la unidad; la intercomunicación es su característica fundamental. Son el budismo y el hinduismo.
2ª.- Religiones de tradición china: sapienciales; buscan la armonía. Son el confucionismo y el taoísmo.
3ª.- Religiones de origen semítico: son de carácter profético; consideran que el hombre es capaz de situarse “cara a cara” frente a Dios; tienen tendencia a la confrontación religiosa. Son el judaísmo, el cristianismo y el islam.
Estas tres religiones semíticas, nacidas de un tronco común, al afirmar poseer una validez definitiva, tienen el peligro de caer en el error de transferir el sentido absoluto propio de lo divino al sistema concreto de fe, que es algo que encierra numerosísimos aspectos contingentes.
III.- El judaísmo: de la secularización al dominio de lo religioso-político
Clave para entender el judaísmo contemporáneo es la lectura del folleto de THEODOR HERZL, El Estado judío, publicado en 1896 para difundir la idea del Sionismo. En él el autor evita cuidadosamente las referencias religiosas y sitúa lo sacro en el lugar común de lo tradicional, si bien reconoce que el factor principal de la identidad nacional judía es la religión. Y marco jurídico que él diseña para la práctica religiosa en el futuro Estado judío es absolutamente aconfesional. Y con esta característica, que se prolongó durante las primeras décadas de su andadura, es como nació el Estado de Israel en 1948 sin predominantes rasgos religiosos. El partido laborista (Meimad) ganaba siempre las elecciones.
Pero a los veinte años de la resolución de la ONU, se produjo un hecho transcedental que cambiaría la actitud de Israel. En 1967, los Estados árabes que rodeaban Israel prepararon sigilosamente una guerra para hacerlo desaparecer del mapa. Fue la guerra de los Seis Días. El ejército judío, reaccionando al ataque inesperado, ocupó territorios vecinos: la ciudad vieja de Jerusalén y toda Cisjordania, los altos del Golán, Gaza y la península del Sinaí. Ocupación que fue vista por muchos judíos como la realización de un plan divino en favor de Israel. Tan es así que Moshé Dayan declaró: “Quien no fuera religioso a partir de hoy, lo es”.
Más aún y a la inversa, la misma hecatombe del Holocausto llegó a interpretarse por algunos como la preparación expiatoria para la recuperación del Eretz Israel con la ciudad de Jerusalén y el Monte del Templo, como un renovado don de Dios.
Aun siendo minoría en el judaísmo, los ortodoxos llamados haredim (temblorosos) —que interpretan la escritura al pie de la letra y son muy rígidos a la hora de cumplir las 613 prescripciones talmúdicas— tienen una fuerza enorme. Debido al deseo de conservar Jerusalén se han agrupado en barrios ciudadanos y en asentamientos en las tierras vecinas. Consiguieron la ampliación del perímetro ciudadano, la expropiación de áreas para la construcción de asentamientos y la eliminación del permiso de residencia a los palestinos. Suprimieron el tráfico rodado en el shabat e instalaron ascensores automáticos en las viviendas de altura para no tener que pulsar los sensores en el día del Señor. Crearon así los eruv (áreas religiosas observantes). Un sistema de vida montado desde una religión de rasgos arcaicos que antepone decididamente a toda norma la convicción de que el Creador de todas las tierras les dio la que ocupan. La voluntad de Dios, para ellos, está por encima del Derecho Internacional, de las resoluciones de las Naciones Unidas y de los derechos que tienen quienes las habitaban como propias antes de la guerra.
IV.- El Islam: del arabismo secular (baass) al islamismo actual
“De Marruecos a Indonesia y de Turquía a Nigeria —según Gilles Kepel— los países que integraban el mundo musulmán a finales de los años sesenta, formaban parte de conjuntos diversos y su referencia común al islam no constituía una baza política importante”.
Pero el cambio que se produjo en el judaísmo se originó a la par en el islam. Los movimientos panarabistas, nacidos en la lucha contra los colonizadores, se debilitaron rápidamente en el año 1967 tras el fracaso de los ejércitos árabes en la guerra de los Seis Días (según Fouad Ajami una especie de Waterloo del panarabismo), que también había tenido carácter secular.
El Rey Faisal de Arabia Saudí interpretó la derrota como un efecto de la mala situación de los musulmanes, por haberse separado del islam. Y difundió la idea de que había que rechazar la secularización y volver al Corán y a la sharía. La recuperación de Palestina debería conseguirse adoptando la aplicación islámica de la yihad y aspirando a la construcción mundial de una unidad política islámica que correspondiera a la umma del profeta. El islamismo de derechas era el que, desde Arabia Saudí, controlaba la Organización de la Conferencia Islámica y se difundía, con el wahabismo, en las zonas del sunismo.
Dada la entidad de los diversos aspectos del Islam, aparece lo que es el islamismo: la ideologización o la politización del Islam. Sobre una base así surge el panislamismo, en expresión gráfica de algún autor, una “especie de internacional musulmana”. Al tomar los islamistas el poder del Estado y aplicar la sharía, se realizaría la unidad de la umma querida por el profeta como unión de creyentes de todos los musulmanes del mundo.
Lo que demuestra la fuerza que tiene el islamismo (unión de política y religión), es el que hayan aparecido, según lugares y circunstancias, diversos tipos de islamismos: uno de derechas y otro de izquierdas y, dentro de ambos marcos, el de los Hermanos Musulmanes, el saudí, el árabe, el libio, el iraní, y también el afroamericano. “Sólo el islam, que unificó a los árabes, dotándoles de una gran civilización –ha escrito Kabunda Badi– puede devolverles el orgullo perdido y los valores comunitarios y de solidaridad”.
Para ello se se crea en 1962 una organización no gubernamental: la Liga Islámica Mundial que agrupa a las comunidades musulmanas que habitan en Estados no islámicos [véase BLOG 34]). Y en paralelo instituye en 1969 una institución internacional de base religiosa: la “Organización de la Conferencia Islámica (OCI)” constituida nada menos que por 57 Estados islámicos [véase BLOG 33].
Años más tarde, la religión conquistó en su caminar evolutivo un importantísimo feudo: Irán. En 1978, el país estaba ya muy secularizado. Pero la revolución de JOMEINI –efecto de la emergencia del islamismo acaecida tras la derrota de 1967– el establecimiento de la República islámica.
Además de dichos movimientos, existe otro de carácter demográfico que se hace muy patente en Europa. Es el resultado de la emigración. En Francia, el número de mezquitas que se construyen es bastante superior al de iglesias. Se prevé que en el año 2050, Europa sea mitad de civilización occidental y mitad de civilización musulmana.
V.- Estados Unidos: de la política separacionista a la formación de la derecha cristiana.
En los Estados Unidos venía operando la política separada de la religión, interpretándose la Constitución bajo la perspectiva de la separación. De ahí que hasta 1980 la mayoría de las sentencias del Tribunal Supremo referentes a las relaciones de la Iglesia y del Estado fueran de carácter separacionista.
Pero llegó un momento en que esa tendencia secularizadora alcanzó a las normas del Estado, como la prohibición por ley en 1962 de la oración en las escuelas públicas, la legalización del aborto en 1973 por el Tribunal Supremo y otras sentencias en sentido análogo. Todo ello provocó una reacción en contra por parte de un sector considerable de la sociedad norteamericana, en la que el 94% declaraba creer en Dios y el 60% decía que la religión era muy importante en su vida y el 24% bastante importante. Y es que la religiosidad forma parte de la identidad de la sociedad estadounidense, como lo hacían destacar, a lo largo de diversos siglos, prestigiosos observadores como Alexis de Tocqueville, James Bryce, Gunnar Myrdal y Paul Jonson. Y, en la actualidad, el porcentaje de cristianos en EEUU es equiparable o superior a la proporción de judíos en Israel, a la de musulmanes en Egipto, a la de hindúes en la India y a la de creyentes ortodoxos en Rusia”
En 1980 los baptistas alcanzaron la cifra de 60 millones y lograron mucho auge los pentecostalistas y los carismáticos. Todos ellos buscaban la “revitalización evangélica”. Pero fue durante la Administración Reagan cuando se produjo el cambio. La presencia de la religión comenzó a ser aceptada en la escena pública. Después de 1980, la mayoría de las sentencias del Supremo con respecto a diversos tipos de actividad religiosa pública fueron acomodaticias.
Se fue valorando la actividad beneficiosa de las Iglesias en muchos campos de la vida social. Eran muchos los que sostenían que las Iglesias realizaban una acción benéfica en relación con la delincuencia (tanto adulta como infantil), la droga, los embarazos de adolescentes y las familias monoparentales. El Tribunal Supremo aprobó una sentencia, por mayoría de cinco a cuatro, de financiar la matriculación de los niños en escuelas de la Iglesia. En 1983 se permitió a los grupos religiosos el uso de las instalaciones en las mismas condiciones que a los grupos laicos. Más adelante, el Congreso autorizó a los Estados a subcontratar a organizaciones religiosas. A partir de 2002, hubo apoyo federal a los programas de dichas organizaciones.
Desde entonces, los candidatos a la presidencia de los Estados Unidos se han mostrado cada vez más, en los medios de comunicación, como creyentes, para que el público los valore como personas de mayor calidad. La llegada al poder del presidente Bush hijo, fortificó dicha característica. La Casa Blanca actual es la más religiosa de la historia de los EEUU. Las reuniones del gabinete comienzan con una oración. Bush está en muy cercana relación con algunos de los más influyentes telepredicadores, como Michael Gerson, Jerry Falwell y Pat Robertson. Tras el 11 de septiembre de 2001, el vocabulario del presidente adquirió el trasfondo religioso más vinculado a la más combativa de las política (a la manera del islamismo): “eje del mal”, “cruzada contra el terror” y “justicia infinita”, piadoso sustitutivo de “venganza infinita”.
VI.- La presencia de la religión en la práctica y en los textos de los Tratados europeos
En los primeros Tratados de las Comunidades Europeas no se halla ninguna referencia a la religión y el carácter decididamente cristiano de varios de los padres de Europa no incidió en los textos jurídicos.
Pero si desde las instituciones de las Comunidades Europeas (Maastricht incluido) no se contempló la religión, las comunidades religiosas sí que vieron y vivieron la necesidad de establecerse cerca de las instituciones de la Unión. El 10 de noviembre de 1970 la Santa Sede estableció relaciones con las Comunidades Europeas acreditando como nuncio al de Bélgica/Luxemburgo. En 1980 nació en Bruselas la COMECE: Comisión de las Conferencias Episcopales de la Comunidad Europea. En 1996 se estableció para las Comunidades Europeas una nunciatura propia y el patriarca ortodoxo abrió una oficina en Bruselas. En la actualidad son más de 40 las oficinas de comunidades religiosas (incluidas, por supuesto, la judía, la musulmana y la budista), funcionando en Bruselas.
Más tarde, en el año 1992 se creó la “célula de prospectiva” –llamada en inglés Forward Studies Unit– como organismo dependiente de la Comisión. Su objetivo era el diálogo con las iglesias y las organizaciones no confesionales. En el año 2001 se produjo una reestructuración de la mencionada célula, que pasó a denominarse Grupo de Consejeros Políticos del Presidente (GOPA). El diálogo con las Iglesias y con las organizaciones no confesionales se estructuró diseñando una asociación con seis miembros destacados (que luego fue ampliada), constituyéndose así el foro de debate entre dichos grupos y las instituciones europeas. Esta asociación tiene el nombre de “Un alma para Europa” y es el interlocutor de la Unión con el GOPA.
Tal como concluye Petschen, “el trabajo para la construcción de la ‘Alianza de Civilizaciones entre la Occidental y la Islámica’ no puede en manera alguna prescindir del elemento religioso. Es el aspecto más original y más genuino de la misma. Si la religión ha entrado en la política, haciéndose dueña de amplios campos, es también la política adecuada y bien dirigida la que debe entrar en los estratos profundos de la religión”.
Referencia bibliográfica: [1] “La Nueva presencia de la religión en la política internacional: una dimensión a tener en cuenta en una alianza de civilizaciones occidental e islámica”: www.realinstitutoelcano.org. Documento de Trabajo (DT nº 46/2007-17/10/2007) en el Real Instituto Elcano, del que por su interés ofrecemos a continuación una síntesis, (remitiendo al original para sus abundantes citas de autores; también CORRAL, C. (ed.), Los fundamentalismos religiosos, hoy, en las relaciones internacionales (Madrid 1994).
Domingo, 27 de mayo
Asoc. Humanismo sin Credos
JC Rodríguez, A Eisman
Josemari Lorenzo Amelibia
Movimiento Rural Cristiano
Julián Moreno Mestre
Angel Moreno
Francisco Margallo
Antonio Aradillas
Jose Gallardo Alberni
Martín Gelabert Ballester