[por RAFAEL Mª SANZ DE DIEGO, SJ. Universidad Pontificia Comillas. Madrid, a invitación nuestra]
Al cumplirse el segundo aniversario de la muerte de Juan Pablo II, es útil recordar una de las características de su pontificado: el impulso que dio a la Doctrina Social de la Iglesia (DSI). Cuantitativamente la enriqueció con más documentos que cualquiera de sus predecesores: tres encíclicas íntegra y exclusivamente sociales, tres instrucciones que, aun no firmadas por él, llevan su impronta, infinidad de discursos y Mensajes y una buena cantidad de escritos que, al menos, “rozan” temas de la DSI. Y en su pontificado han aparecido el Catecismo de la Iglesia Católica en su edición amplia (1992) y reducida (2005) —en las que por vez primera se introduce un tratado de DSI, junto al 7º Mandamiento— y el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia (2004).
Son varios los motivos que hubo en su vida anterior para esta “especialización” en la DSI. No se percibieron inicialmente, pues lo que llamó la atención entonces fue la elección de un Papa no italiano: era la primera vez que ocurría desde Adriano VI en 1522. Y su vigor y juventud. Con todo fueron apareciendo datos que evidenciaban que en el nuevo Papa concurrían una serie de características que le hacían diferente a sus predecesores también en este sentido:
• Karol Wojtyla, a diferencia de sus antecesores, antes de ser Papa, había tenido experiencia directa de la vida real en un mundo capitalista y comunista. Sus antecesores conocían de primera mano el capitalismo, mientras que el mundo comunista lo conocían a través de informes. El Papa polaco conocía directamente lo que dan de sí ambos sistemas. Y esta experiencia se le nota en sus escritos.
• Antes de ser Papa, fue profesor universitario de ética y se interesó por estas realidades sociales, familiares, económicas y políticas a nivel de reflexión académica seria.
• No se quedó en teorías. Apoyó cercanamente a Solidarnosc, el sindicato de L. Walesa, cuya aprobación fue el comienzo del cuarteamiento del sistema comunista en Polonia y Europa.
• Por otra parte, aunque no fuesen muy conocidas, tenía ya previamente ideas muy originales acerca de varios temas de la DSI. Una entrevista que le hicieron en el verano de 1978, meses antes de ser elegido Papa, o las ideas con las que contribuyó a la preparación de GS, siendo obispo de Cracovia, hacen ver que estos temas habían sido objeto de reflexión original por su parte antes de convertirse en Juan Pablo II. Leída tras su pontificado, no es difícil adivinar en ella el programa de lo que ha hecho, ya Papa, respecto a la DSI.
No fue sólo su biografía anterior la que le impulsó a potenciar la DSI. Influyeron, sin duda, dos tipos de factores, intra y extraeclesiales.
* Factores intraeclesiales
La DSI comenzó a cobrar protagonismo en la década de los 60 del siglo XX. Sus documentos básicos hasta entonces eran escasos. En esta década aumentan en número y difusión dentro y fuera de la Iglesia. Incluyendo los documentos conciliares de índole social, en estos diez años aparecen ocho grandes documentos. Creció su número y, especialmente, su difusión e influjo. Se escuchaban con interés las tomas de postura eclesiales que inspiraban puntos de vista, actitudes e intervenciones particulares. Sin embargo, ya en aquellos años y mucho más en los primeros de la década siguiente, cambió radicalmente la actitud ante la voz del magisterio. Cuatro factores lo causaron:
• La duda respecto a la solidez de las afirmaciones de la DSI en comparación con otras enseñanzas eclesiales. Ya León XIII escuchó críticas de liberales y socialistas que le negaban autoridad para hablar de estos temas. La crítica era una muestra de incomodidad ante una enseñanza que obligaba a modificar los propios planteamientos (liberales) o quitaba la exclusiva de las reivindicaciones obreras (socialistas). Los Papas continuaron defendiendo su derecho a hablar de la vertiente moral de estos asuntos y la solidez de sus enseñanzas. Juan XXIII seguía pensando en una Iglesia Madre y Maestra en estos temas. El Concilio fue más sensible a la crítica y prefirió no hablar de doctrina, sino más bien de “principios de justicia y equidad derivados de la recta razón” (GS 63).
• La crítica a la DSI por parte de algunos exponentes de la Teología de la Liberación. A ella me referiré más adelante. Ahora es suficiente recordar que Clodovis Boff, reconociendo que la DSI estaba mejor fundada que las propuestas liberal y marxista, le achacaba falta de garra renovadora. Es una ideología—comentaba con ironía— propia de los militantes de la Acción Católica o de los votantes de la Democracia Cristiana, es decir, de quienes no aspiran a reformar el (des)orden establecido. Y no era la única reticencia expresada desde la Iglesia.
• La contestación al Magisterio eclesiástico a raíz de Humanae Vitae. La escasa recepción de esta encíclica dentro de la Iglesia, incluidos varios episcopados, muchos teólogos y buena parte del pueblo cristiano, se extendió al Magisterio en general.
• El respeto exquisito de Pablo VI por la conciencia del cristiano. Convencido, además, de que los católicos vivían en situaciones muy diversas, pensó que no era misión suya dar una respuesta única a problemas tan distintos (Octogesima Adveniens 4). Por eso — concluía más tarde— una misma fe podía llevar a compromisos diferentes (50).
Parecía claro que, a la vista de estas declaraciones, la DSI dejaba de tener futuro como norma universal. Pero estos factores eclesiales no eran los únicos.
** Factores extraeclesiales
Paralela y no independientemente de lo anterior se habían desarrollado en la sociedad varias convicciones que debilitaban la fuerza de la DSI: la secularización, la convicción de que lo político y lo social debían regirse científicamente y la creencia en la ineficacia de la DSI, concebida como utopía.
Más cercanamente, el hundimiento del marxismo en Europa a partir del 9-11-1989 llevó a Juan Pablo II a prolongar una reflexión que ya había comenzado antes y después de ser Papa. Sin duda, el hecho le afectó de forma especial por su nacionalidad polaca. Como afirma en Centesimus Annus 23, todo comenzó en su Polonia natal, en nombre de la solidaridad. Esto afirmó su convicción anterior de que, fracasado el marxismo como ideología del movimiento obrero, debía tomar el relevo la DSI: así lo expresa en Centesimus Annus 26, donde enuncia también su postura ante la Teología de la Liberación.
Ante la crisis de la Acción Católica y la aparición de la Teología de la Liberación
Ambos fenómenos son consecuencias del Vaticano II. Son casi contemporáneos, aunque el segundo no depende exclusivamente del primero.
— Hacia el final de la década de los 60 se había producido la desarticulación de la Acción Católica especializada, en sus movimientos más comprometidos. El motivo: el pluralismo de opciones que se pueden tomar desde una misma fe. Paralelamente —y unidas a la Teología de la Liberación— habían ido surgiendo en la Iglesia Comunidades de base, que se acercaban a posiciones de signo colectivista. Pablo VI afirmó que es legítima la «variedad de opciones posibles» para el cristiano: «una misma fe cristiana puede llevar a compromisos diferentes».
— Al comienzo de los años 70 había surgido en Sudamérica la Teología de la Liberación (TL). Es heredera de Gaudium et Spes y de la Asamblea de Medellín (1968), organizada por la Conferencia Episcopal Latinoamericana (CELAM). Al ritmo de su propio crecimiento, la TL planteó tres preguntas a la DSI:
• Ante todo, sobre la misma entidad de la DSI. Aun reconociéndole valores, desde el comienzo la TL pretendió ser una alternativa —más radical y comprometida— a la DSI.
• También acerca del uso de la violencia, como medio para acabar con regímenes y situaciones injustos. Como sabemos, Pablo VI abordó la cuestión en Populorum Progressio y el tema fue sucesivamente tratado por él y por Juan Pablo II.
• Finalmente, buena parte de los seguidores de la TL manifestaron una indisimulada simpatía por soluciones de tipo colectivista y algunos emplearon el análisis marxista.
Juan Pablo II aclaró la relación DSI-TL y quiso recoger el reto de Cl. Boff. Para eso, por encargo suyo, J. Ratzinger, Prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe dedicó dos instrucciones a la TL. En la segunda (1986) quiso definir la identidad de la DSI. En síntesis, colocaba a la TL como una corriente dentro de la DSI. Pero, en un segundo momento, potenció y dinamizó la DSI. No sólo volvió a utilizar el nombre de “doctrina” frente a las reticencias conciliares y de Pablo VI. Además le dio un carácter fuertemente teologal, la puso en contacto con los grandes conceptos teológicos y subrayó que es parte esencial del mensaje de la Iglesia y de la nueva evangelización. Todo ello explica la aportación específica, cuantitativa y cualitativa del Papa Wojtyla a la DSI. Se ha podido con justicia hablar de “evangelio social” y de “recuperación”.
*** ¿Sigue vigente esta aportación?
Tras su elección, Benedicto XVI declaró su deseo de no ser documentalmente tan prolífico como su predecesor para que la Iglesia pudiese asimilar su rica herencia magisterial. Pero, sin descender a otras manifestaciones de menor rango, en la única encíclica que ha publicado hasta el momento, dejó bien claro que “la doctrina social de la Iglesia se ha convertido en una indicación fundamental, que propone orientaciones válidas mucho más allá de sus confines” (Deus caritas est, 27), después de haber hecho un elenco de sus documentos básicos. Y en bastantes ocasiones ha retomado algunos temas, fundamentalmente políticos, en concreto la laicidad del Estado.
[Referencia Bibliográfica: más ampliamente R. Sanz de Diego, ¿Sigue vigente la doctrina social de la Iglesia?: Razón y fe (enero 2007) 55-66. Las 3 encíclicas íntegra y exclusivamente sociales son Laborem exercens (1981), Sollicitudo rei socialis (1987) y Centesimus Annus (1991). Pero otros escritos abordan también esta temática: sus discursos en la ONU (1979 y 1995), Familiaris Consortio (1981), la Carta sobre los Derechos de las Familias (1983), Mulieris Dignitatem y Christifideles laici en parte (ambas de 1988), Evangelium Vitae (1995), etc. Las 2 Instrucciones son las dos sobre la Teología de la Liberación (1984 y 1986) de la Congregación para la Doctrina de la Fe; más las Orientaciones para el estudio de la DSI en la formación de los sacerdotes, de la Congregación para la Educación Católica (1988). 2 Intervenciones personales en las Asambleas del CELAM que se celebraron durante su pontificado: Puebla (1979) y Santo Domingo (1984)]
Domingo, 19 de febrero
Juan Fernandez Krohn
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Salvador García Bardón
Alejandro Córdoba
Movimiento Rural Cristiano
Vicente Haya
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Jose Gallardo Alberni