Ante la espléndida celebración del 50º aniversario de la firma de los “Tratados de Roma”, tan sólo me permito una sencilla paráfrasis lo mismo a la Declaración que a las alocuciones pronunciadas tanto por la Canciller en Berlín como por el Papa en Roma, ambos alemanes: nacida ella en la Alemania Oriental y él, en la Alemania occidental.
* La Canciller de Alemania, como Presidenta de turno de la U.E., no podía menos de fijarse en su Berlín. “En un ciudad — decía en el acto celebrativo del domingo 25 de marzo— que hasta mis 18 años aparecía partida por el Muro, las alambradas y mandatos. En ella la escapada hacia la liberrad se ha pagado con sus vidas. Yo crecí en la parte oriental de esta ciudad. En la DDR (República Democrátoca Alemana), cuando la firma de los Tratados de Roma, yo tenía 3 años; y siete años, cuando se levantó el muro. También mi famialia quedó partida. No creía que un día pudiera visitar a mis padres jubilados. Mis paseos se detenían a pocos metros de aquí. Al final, cayó el muro“. Y poco después añadía: 50 años de los Tratados de Roma signfica para mí, dicho breve y sintéticamente, en una frase: Un sueño se ha hecho realidad“.
Felizmente se alcanzó la unanimidad de los 27 en la formulación de la „Declaración de Berln“(Berliner Erklärung) pero, en su representación, la firmaron sólo los Presidentes de las tres instituciones de la U.E: la Canciller Angela Merkel como Presidenta del Consejo Europeo, Hans-Gert Pöttering, como Presidente del Parlamento Europeo y José Manuel Barroso como Presidente de la Comisión, en el Museo de la Historia
** He aquí los puntos principales de la Declaración:
"Durante siglos Europa ha sido una idea, una esperanza de paz y entendimiento. Esta esperanza se ha hecho realidad”. […]Gracias al ansia de libertad de las gentes de Europa Central y Oriental, hoy se ha superado definitivamente la división artificial de Europa. […]
Los ciudadanos y ciudadanas de la Unión Europea, para fortuna nuestra, estamos unidos.
I. En la Unión Europea estamos haciendo realidad nuestros ideales comunes; para nosotros el ser humano es el centro de todas las cosas. Su dignidad es sagrada. Sus derechos son inalienables. Mujeres y hombres tienen los mismos derechos.
Nos esforzamos para alcanzar la paz y la libertad, la democracia y el Estado de Derecho, el respeto mutuo y la responsabilidad recíproca, el bienestar y la seguridad, la tolerancia y la participación, la Justicia y la solidaridad.
En la Unión Europea vivimos y actuamos juntos de manera singular, y esto se manifiesta en la convivencia democrática entre los Estados miembros y las instituciones europeas.
La Unión Europea se funda en la igualdad de derechos y la convivencia solidaria. Así hacemos posible un equilibrio justo entre los intereses de distintos Estados miembros.
En la Unión Europea preservamos la identidad de los Estados miembros y la diversidad de sus tradiciones. Valoramos como una riqueza nuestras fronteras abiertas y la viva diversidad de nuestras lenguas, culturas y regiones.
Hay muchas metas que no podemos alcanzar solos, pero sí juntos. Las tareas se reparten entre la Unión Europea, los Estados miembros, sus regiones y sus municipios.
II. Nos enfrentamos a grandes desafíos que no se detienen en las fronteras nacionales. La Unión Europea es nuestra respuesta a ellos.
Sólo unidos podemos preservar en el futuro nuestro ideal europeo de sociedad, en beneficio de todos los ciudadanos y las ciudadanas de la Unión Europea.
Este modelo europeo aúna el éxito económico y la responsabilidad social. El mercado común y el euro nos hacen fuertes. […]
Vamos a luchar juntos contra el terrorismo, la delincuencia organizada y la inmigración ilegal. Y lo haremos defendiendo las libertades y los derechos ciudadanos incluso en el combate contra sus enemigos. Nunca más debe dejarse una puerta abierta al racismo y a la xenofobia. […]
Queremos llevar juntos la iniciativa en política energética y protección del clima, aportando nuestra contribución para contrarrestar la amenaza mundial del cambio climático.
III. La Unión Europea se nutrirá también en el futuro de su apertura y de la voluntad de sus Estados miembros de consolidar, juntos y acompasadamente, el desarrollo interno de la Unión Europea. […]
Para ello debemos seguir adaptando la estructura política de Europa a la evolución de los tiempos.
Henos aquí, por tanto, cincuenta años después de la firma de los Tratados de Roma, unidos en el empeño de dotar a la Unión Europea de fundamentos comunes renovados de aquí a las elecciones al Parlamento Europeo de 2009.
Porque sabemos que Europa es nuestro futuro común.".
Ante tan enorme desafío de una Europa tan amplia que fortalecer y desarrollar, la Presidenta del Consejo de la U.E. se ha propouesto como meta llegar, cuan pronto sea posible, poner sobre la mesa un nuevo Tratado, a más tardar, en el segundo semestre de 2008, para que pueda estar listo para las elecciones de 2009 al Parlamento europeo.
*** Mientras en Roma, en la víspera del 50ª aniversario, sábado 24, se celebraba el Congreso «Los 50 años de los Tratados de Roma – Valores y perspectivas para la Europa de mañana», organizado por la Comisión de los Episcopados de la Comunidad Europea (COMECE). Dirigiéndose a ellos, les decía Benedicto XVI en su Alocución:
“Desde el mes de marzo de hace cincuenta años, este continente ha recorrido un largo camino, que ha llevado a la reconciliación de los dos «pulmones», oriente y occidente, unidos por una historia común, pero arbitrariamente divididos por una cortina de injusticia. La integración económica ha alentado la política y ha favorecido la búsqueda, que todavía tiene lugar con fatiga, de una estructura institucional adecuada para una Unión Europea que ya cuenta con 27 países y aspira a convertirse en un actor global en el mundo.
Pero hacía dos graves advertencias. Una primera: “Desde el punto de vista demográfico, hay que constatar por desgracia que Europa parece que ha emprendido un camino que podría llevarla al fin de su historia. Además de poner en peligro su crecimiento económico, puede causar también enormes dificultades a la cohesión social y, sobre todo, favorecer un peligroso individualismo, que no tiene en cuenta las consecuencias para el futuro”.
Y formulaba una segunda: “De todo esto se deduce claramente que no se puede pensar en edificar una auténtica «casa común», descuidando la identidad propia de los pueblos de nuestro continente. Se trata, de hecho, de una identidad histórica, cultural y moral, antes que geográfica, económica o política; una identidad constituida por un conjunto de valores universales, que el cristianismo ha contribuido a forjar, desempeñando de este modo un papel no sólo histórico, sino de fundamento para Europa”.
A lo que añadía: “Estos valores, que constituyen el alma del continente, tienen que permanecer en la Europa del tercer milenio como «fermento» de civilización. Si desfallecieran, ¿cómo podría el «viejo» continente seguir desempeñando la función de «levadura» para todo el mundo? […] ¿No es motivo de sorpresa el que la Europa de hoy, mientras quiere presentarse como una comunidad de valores, conteste cada vez más el hecho de que haya valores universales y absolutos? Esta singular forma de «apostasía» de sí misma, antes aún que de Dios, ¿no le lleva quizás a dudar de su misma identidad?” […]
Cuando en este pragmatismo [presentado como equilibrado y realista] se introducen tendencias laicistas o relativistas, se acaba por negar a los cristianos el derecho mismo a intervenir como cristianos en el debate público o, al menos, se descalifica su contribución con la acusación de que buscan defender injustificados privilegios”.
Advertencias que no cayeron en saco roto. La propia Angela Merkel se hizo eco del mensaje pontificio y, al hablar de los valores fundamentales, apostilló: “Y yo añadiría que esa concepción del hombre proviene, a mi entender, también de las raíces judeo-cristianas de Europa”. Y ya en rueda de prensa añadía: “Nosotros debemos admitir que estamos marcados por este pasado judeo-cristiano. La cuestión es en qué tipo de documento se puede inscribir, pero la discusión continuará”.
Esperanzados, habrá que aguardar a ver cómo se desarrollan los acontecimientos y se redactan los textos declarativos y normativos. De todo ello iremos dando cuenta en el momento oportuno.
[Referencias: http://www.eu2007.de/de/News/Press_Releases/ March/0325BPAFestakt.html; abc.internacional.es; ABC.25 y 26-3-7; Alocucion traduc. del original italiano por Zenit ]
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La declaración de Berlín es una señal positiva a toda Europa y a los países terceros que contemplan desde fuera las peripecias post-Constitucionales.
Aunque ha sido duro consensuarla, la determinación de la Canciller alemana ha prevalecido sobre obstáculos; basta ver el resultado de su reciente viaje a Polonia.
Aunque breve, la declaración determina los retos comunes que han de guiar a la UE en su actuación futura. Se trata ciertamente de desafíos a los que los Estados miembros no pueden hacer frente de forma aislada: terrorismo, inmigración, suministro energético, presencia internacional en resolución de conflictos...
Angela Merkel ha demostrado su valía y liderazgo, algo de lo que Europa está muy necesitada. Ahora corresponde a los Estados demostrar que son capaces de trabajar por los intereses comunes y dejar de utilizar a la Unión como coartada de sus decisiones de política doméstica más impopulares.
Domingo, 19 de febrero
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