- en colaboración con GRACIA ABAD, Doctª UCM -
* Así es como Turquía se define explícitamente a sí misma en su Constitución (de 7-11-1982, enmendada por Ley de 23-7-1995[1]), “Parte I Principios generales” (art.2): “La República de Turquía es un Estado democrático, laico y social de Derecho; que tiene presentes las ideas de paz pública, solidaridad nacional y justicia; que respeta los derechos humanos; es leal al nacionalismo de Atatürk y se basa en los principios fundamentales expuestos en el Preámbulo”.
Y uno de estos principios es precisamente el principio de laicidad, tal como viene enunciado en el Preámbulo [párrafo cuarto], al declarar que “Esta Constitución […] será entendida, interpretada y desarrollada […] en la determinación de que no pueda ampararse ningún pensamiento o consideración contraria a los intereses nacionales de Turquía, al principio de integridad indivisible de la existencia de Turquía con su estado y territorio, los valores morales e históricos y modernización de Atatürk y de que, tal como exige el principio de laicidad, no se permita, en modo alguno, que los sagrados sentimientos religiosos puedan interferir con los asuntos estatales y políticos”.
Y, como consecuencia inmediata, deduce la igualdad y no discriminación prescribiendo que (art.10): “Todos los individuos son iguales, sin discriminación alguna ante la ley, con independencia de su lengua, raza, color, sexo, opinión política, creencia filosófica, religión y grupo religioso o cualquier otra consideración de ese tipo”. Por ello, al expresar la garantía de “Los derechos y deberes del individuo” en el Capítulo II, prescribe (art.24): “Todos tiene derecho a la libertad de conciencia, convicción y creencia religiosa.
Se celebrarán libremente los actos de culto, servicios religiosos y ceremonias, siempre que no violen las disposiciones del art.14.
Nadie será obligado a dar culto o participar en ritos y ceremonias religiosas, a revelar sus creencias y convicciones religiosas, ni será culpado o acusado a causa de sus creencias y convicciones religiosas. La educación y la enseñanza ética y religiosa se llevarán a cabo bajo la supervisión y control del Estado.
La enseñanza de la cultura religiosa y la educación moral será obligatoria en los planes de estudio de la escuela primaria y secundaria. Cualquier otra educación e instrucción religiosa estará sujeta al deseo del propio individuo y, en el caso de menores, a la petición de sus representantes legales.
No se permitirá a nadie servirse o abusar den la religión o de los sentimientos religiosas, o de cosas declaradas sagradas por la religión, de ninguna manera que así sea, con el propósito de influencia personal o política o con el propósito de apoyar, incluso parcialmente, el orden fundamental, social, económico, político y legal del Estado en los principios religiosos”.
No obstante, Turquía [2], al prescribir (en el párrafo tercero) como obligatoria “la educación y enseñanza ética y religiosa en los planes de estudio de la escuelas primaria y secundaria”, resulta que, al ser musulmana el 99% de la población, se obliga a los niños cristianos y judíos a recibir la educación religiosa Sunnita en las escuelas. Esto a su vez constituye un problema para los Turcos Musulmanes Alawitas que son cerca de un 15% de la población y para los Cristianos Sirios (que no son considerados minoría protegida por el Tratado de Lausana de 1923, mientras que sí lo son los Armenios y los Griegos).
Otra contradicción en un Estado laico como Turquía es la existencia de la institución “Dirección de Asuntos religiosos”, adscrita a uno de los Ministerios del Estado. Dirección que se crea en sustitución del antiguo Ministerio de Religión con la finalidad de ocuparse de los asuntos religiosos y, en principio, sin contacto con los asuntos políticos [3] y que regula la vida religiosa de los musulmanes que viven en el País. En concreto, el destino de los funcionarios religiosos, incluyendo los “imanes” y la administración de 70.000 (o más) mezquitas, está organizado por dicha Dirección.
La razón es que el sistema turco de laicidad adoptó el sistema francés, pero en sincretismo con la tradición del Imperio otomano que escogió, para el control de la vida religiosa a través del “Islam- Sejúlcida”, los jeques (sheiks) musulmanes. Control que constituía a la par apoyo a la política estatal, siguiendo el precedente modelo del Imperio Bizantino.
** Pasando a las comunidades minoritarias, comenzando por las comunidades cristianas, el Patriarcado Ecuménico de Constantinopla (primus inter pares) no es aceptado por el Estado. Sin embargo, desde la visita del presidente Clinton (diciembre de 1999) y la posterior aceptación de Turquía como candidato a la U.E., el gobierno ha tomado nuevas disposiciones (entre otras, la creación del Departamento de Teología Cristiana en la Facultad de Teología de la Universidad de Estambul). Y aun la misma Presidencia planificó la celebración del 2000 aniversario del nacimiento de Cristo. No se olvide que la presencia católica es percibida como “contrapuesta” al nacionalismo.
En la actualidad, a lo largo de la visita de Benedicto XVI a Turquía, quedaron claramente entrelazados y vertebrados por la llamada reiterada del Pontífice al respeto de la libertad religiosa que quedó claramente establecida como una exigencia, como una necesidad irrenunciable en tanto que “expresión fundamental de la libertad humana” [“Discurso al Cuerpo Diplomático en Ankara, 28 -11-2006”] y “prueba y fundamento de toda otra libertad” [“Declaración común del Papa Benedicto XVI y del Patriarca Ecuménico Bartolomé I, 30-11-06”]
Y de forma general, las comunidades religiosas no musulmanas no tienen derecho a asociarse con el fin de promocionar su religión, algo coherente con la tradicional persecución musulmana de quienes hacen proselitismo de otra religión [4]. Por ello, la aplicación del derecho fundamental a la libertad religiosa resulta absolutamente inadecuada e incompleta.
Si formalmente, esto es, bajo el aspecto jurídico constitucional, Turquía es un Estado laico; en cambio, bajo el aspecto material, esto es, sociológicamente, es un Estado musulmán, pues la realidad es que el 51% de los turcos se identifican a sí mismos, primero, como musulmanes y, después, como turcos Asimismo, un 69% considera que sería negativo que las religiones no musulmanas proliferaran en su país; el 44% simpatiza con Hamas y el 43% apoya a Irán [5]. Todo ello se agravaría, si el islamismo y el nacionalismo por boca de sus partidos se siguieran afianzando cada vez más, sin ocultar su recusación de ingresar en la Unión Europea.
En este sentido, la llegada al poder del actual Primer Ministro, Recep Tayyip Erdogan y de su partido, el Partido de la Justicia y el Desarrollo, (Adalet ve kalkinma partisi) ha supuesto una verdadera revolución, como demuestra el cambio experimentado por la política exterior, que en los últimos tiempos ha girado claramente hacia la intensificación de las relaciones con los países musulmanes de Oriente Medio, reduciendo al mismo tiempo de manera drástica su actividad exterior con Estados Unidos e Israel.
Unos cambios que podrían agudizarse si en las próximas elecciones presidenciales de mayo de este año resultara elegido el candidato del Partido de la Justicia que, bien podría ser el actual Ministro de Estado Abdüllatif Sener, pues desaparecería el efecto moderador que ha podido tener la cohabitación en el poder ejecutivo del Primer Ministro Erdogan con un Presidente como el actual Ahmet Necdet Sezer.
Por otra parte, otro de los puntos más controvertidos de la Turquía actual es el artículo 301 del Código Penal turco (2005), donde se hace referencia a los insultos a la “Turquicidad” y al “Kemalismo”. En los últimos años cinco han sido los periodistas acusados mediante la invocación de este artículo. De estos cinco destacan sobremanera tres. La primera es la periodista Elif Safak, autora de la novela el Bastardo de Estambul en la que se admitía el Genocidio Armenio. La novelista turca vio como se iniciaba un proceso contra ella que finalmente no ha prosperado.
El segundo de estos periodistas es el Premio Nóbel de la Paz Orhan Pamuk quien afirmó en una entrevista concedida a un diario suizo que se había dado muerte a 30.000 kurdos y a más de un millón de armenios. Estas declaraciones le llevaron a verse envuelto en un proceso judicial del que a la postre también saldría libre.
El tercero es el malogrado periodista de origen armenio Hrant Dink, asesinado en la puerta del periódico turco-armenio Argos, en el distrito de Sisli. Hrant Dink había sido suspendido durante seis meses al amparo del artículo 301 del Código Penal turco. Este hecho llevó a Orhan Pamuk a decir que todos aquellos que habían defendido el citado precepto son en buena medida responsables de este asesinato. En la actualidad se ha exiliado en los Estados Unidos por miedo a los grupos ultranacionalistas turcos.
Otros periodistas condenados al amparo del artículo 301 son Perihan Magden o Murat Belge que cumple una pena de 10 años en prisión por “insultar al Kemalismo”.
El mes pasado, el 19-1-6, Benedicto XVI recibía las cartas credenciales del nuevo embajador de Turquía y le recordaba que su viaje a Turquía le permitió “constatar las buenas relaciones que se mantienen desde hace mucho tiempo entre su país y la Santa Sede. En mis diferentes encuentros con las autoridades políticas—añadía— reafirmé el arraigo de la Iglesia católica en la sociedad turca, gracias a la prestigiosa herencia de las primeras comunidades cristianas de Asia menor y a la contribución insustituible de los primeros concilios ecuménicos a la vida de la Iglesia universal, pero también gracias a la existencia de las comunidades cristianas actuales, ciertamente minoritarias, pero apegadas a su país y al bien común de toda la sociedad, que desean aportar su contribución a la edificación de la nación”. Pero no dejó de expresarle que “La Iglesia católica, gozando de la libertad religiosa garantizada a todos los creyentes por la Constitución turca, desea poder beneficiarse de un estatuto jurídico reconocido y de la creación de una instancia de diálogo oficial entre la Conferencia episcopal y las autoridades del Estado, para afrontar los diferentes problemas que puedan plantearse y proseguir las buenas relaciones entre las dos partes. No dudo de que su Gobierno hará todo lo posible para avanzar en este sentido”.
Finalmente, no se olvide que Turquía es uno de los 57 Estados islámicos miembros de la Organización de la Conferencia Islámica (O.C.I.), correspondiéndole su presidencia en la persona de EKMELODU ISHANOSANOGLI desde 2005.
[Notas: 1.- A.Mª Vega (cord.), Religión y libertades fundamentales en los países de Naciones Unidas: textos constitucionales (Granada 2003) 1205ss; 2.- Nyazi ÓKTEM, “Religion in Turkey”, en Le statut des confessions religieuses des États candidats à l’Uion Européenne (Milán 2002) 251-275; 3.-Ver FERNÁNDEZ, LAURA “El desarrollo del islamismo político en Turquía: ¿Un modelo de democracia o un obstáculo para la adhesión a la Unión Europea?” en UNISCI Discussion Papers Nº9, Octubre de 2005; 4.- Ver Balet Robinson, Pilar “La cuestión de la identidad europea en el proceso de adhesión de Turquía” en UNISCI Discussion Papers Nº10, Enero de 2006; 5.- Ver BEKDIL, RAK “Directionless Turkey: Quo Vadis? En Turkish Policy Quarterly Vol. 5, Nº 3, Otoño 2006, pp 45-53].
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Muy bueno Prof Corral y Prof Abad. Muy apropiado para el momento
Veo difícil una integración de Turquía en Europa, precisamente por este tema: la diferencia entre lo que allí está legislado, y lo que la opinión común de los turcos expresa y vive. Además para un buen número de países europeos, viene a ser como una condición previa que se reconozca el genocidio armenio.
Felicito al Prof. Corral por este ilustrativo e interesantísimo artículo. Me parece esencial destacar el importante papel que tienen las religiones en el mundo atual desde un punto de vista espiritual y pacificador. Resulta cada vez más necesario superar las tensiones religiosas y favorecer la paz entre los pueblos. Las religiones tienen, en este sentido, un gran reto para este nuevo siglo XXI.
Domingo, 19 de febrero
Juan Fernandez Krohn
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