El blog de Carlos Corral

GUERRA Y PAZ (appeasement, salam) en el contexto del diálogo interreligioso. [Post.32]

01.01.07 | 08:38. Archivado en Derecho internacional eclesiástico
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La víspera de Navidad (24-12-06) escribía el Director de ABC, J.A. ZARZALEJOS: “La frustrada entrevista entre el Presidente del Gobierno y el del Partido Popular da la razón al vocero de Batasuna que afirmó ‘los optimistas están mintiendo’, es decir, que aquellos que depositan –en las actuales circunstancias— esperanza alguna en que el llamado ‘proceso de paz’ prospere hacia el final de la violencia terrorista de ETA, sin pagar por ello precio político, o están confundidos o simulan unas expectativas que sólo pueden ser negativas”.
* Esto me hace traer a colación —y parafrasearlas, séame permitido— las reflexiones recientemente hechas, el 16 de septiembre de 2005, por el que fue Profesor (1962/67) y, antes, estudiante (1967-1981) de la Universidad del Líbano, Saint Joseph, [donde le tocó padecer directamente los bombardeos israelíes por los años 60] y actual General de la Compañía de Jesús, bajo el título de “Guerra y paz en el contexto del diálogo inter-religioso” [Promotio iustitiae nº 89 (2005/4) 11-14]. Como Profesor que fue de Lingüistica general y armenio, escribe “Si examinamos las palabras que aparecen a menudo en el discurso actual sobre la guerra y la paz, encontraremos que la semántica puede arrojar alguna luz sobre la cuestión. En las lenguas semíticas, un nombre representa el campo semántico al que pertenece. Por ejemplo, en árabe la palabra “salam” está relacionada con los conceptos de salud, bienestar, protección, seguridad y paz. El término árabe “yihad” (lucha, batalla) viene del término “yahada”, que se ubica en el campo semántico con los verbos “esforzarse por”, “trabajar por” y molestarse por”. En Túnez el mismo término se traduce ya como ascetismo, ya como “lucha por la justicia”.
“Podemos notar también que en las lenguas indoeuropeas los nombres se utilizan en frases que revelan cómo los campos semánticos de la guerra y la paz están inextricablemente unidos entre sí. La lengua es un signo de cómo una cultura capta la realidad. Por ejemplo, “guerra” se convierte en un modo de proteger algo o alguien. Ya los romanos habían cuando en su literatura la conocida frase “si vis pacem, para bellum”. (si quieres la paz, prepara la guerra”). A partir de Munich 1938, el término “appeasement” ha pasado a significar un modo de hacer concesiones con el fin de evitar la guerra y mantener la paz”.
** Hoy día hay tres perspectivas éticas sobre la guerra y la paz: “ética de la paz”, “ética de la guerra” y la ética más general aplicada a la situación de guerra. Respecto a la “ética de la paz”, todas las religiones han dado origen a movimientos pacifistas, incluso radicales, dando prioridad a la paz sobre la guerra. En cuando a la ética de la guerra, todas las religiones han albergado tendencias guerreras, movimientos belicistas, incluso radicales. Y “un punto de referencia son —matiza KOLVENBACH— las gentes del libro: la Torah, el Evangelio y el Corán. Se ve cómo la guerra formaba parte de la situación normal en el Próximo Oriente (tanto en el antiguo como en el moderno): el Señor combate con su pueblo y, si es necesario, contra su pueblo”.
Hoy día una ética radical de la guerra puede encontrarse en la “teología del terror” proclamada por el movimiento de OSAMA BIN LADEN y por los grupos talibanes o el Hizb al Tamir (Partido Islámica de Libración). Esta está basada—como recuerda en una lectura selectiva de la enseñanza del Corán, según la cual, mientras la ley de Dios no impere en todas partes, especialmente en la tierra del Islam, y, mientras Estados Unidos y sus aliados, musulmanes y no musulmanes, sigan haciendo la guerra contra Dios, todo creyente está obligado a destruir radicalmente el mal, impulsado por un odio ciego e inflexible hacia “Occidente”.
En cuanto a la ética aplicada a la guerra, en el encuentro de Asís en enero de 2002, los representantes de las religiones del mundo reconocieron que nadie puede matar en nombre de Dios. Con esa ocasión, Juan Pablo II, en carta dirigida [el 24-II-2005] a todos los jefes de Estado, expresaba el acuerdo al que habían llegado todos los líderes religiosos. “Nos comprometimos a proclamar nuestra firme convicción de que la violencia y el terrorismo son incompatibles con el auténtico espíritu religioso y, al condenar cualquier recurso a la violencia y al guerra en nombre de Dios o de la religión, nos comprometemos a hacer todo lo posible por eliminar las causas que están en la raíz del terrorismo”.

*** Por ello, según KOLVENBACH, se pueden sacar algunas conclusiones:
“1ª. La ética radical de la guerra debe ser condenada, aun reconociendo que la violencia está presente por doquier. […] Las religiones tiene que reconocer que en su diversidad han dado lugar a conflictos y violencia. En este contexto violento que parece rodear a los seres humanos, la ética de la paz quizá parezca “no realista”, pero eso no significa que las religiones no puedan y deban ser constructoras de paz.

2ª. A pesar de toda la violencia presente en los tres libros sagrados monoteístas, bajo la guía pedagógica de Dios, se da una creciente conciencia de que una ética de la paz puede establecer las condiciones bajo las cuales la guerra sería posible. […] Las religiones pueden construir confianza por medio del diálogo y de la compasión, de la solidaridad y del entendimiento entre las culturas”. […]

3ª. Esta creciente conciencia pacifista anima la reflexión sobre la guerra justa, que puede defender a la humanidad contra acciones bélicas arbitrarias o intencionadas. No sería ético negarse a utilizar medios violentos limitados para ayudar a las personas que corren peligro de muerte. Hay también conciencia de que la paz sin justicia no es paz. […] La religión es una carta que puede jugarse con facilidad para animar a la violencia, aun cuando la religión no tenga nada que ver”.

4ª. Tenemos que recordar que en situaciones de guerra es bienaventurado el que trabaja por la paz (Mt. 5,5). […] Traer la paz en condiciones de guerra es anunciar el mensaje del amor en un mundo violento, con la confianza que nos da la fe pascual de que al final será el amor, y no el odio, el que tenga la última palabra.

Desgraciadamente para España y su gobierno, ese significado del término “appeasement” [de hacer concesiones con el fin de evitar la guerra y mantener la paz] se ha transformado en trágica realidad, el pasado 30 de diciembre, en el Aeropuerto de Madrid. Una vez más, las lecciones de la Historia que, como la de Munich, no se quieren aprender, acaban pagándose cruelmente.


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