El blog de Carlos Corral

En Ratisbona (12-09-06), Benedicto XVI, Manuel II Paleólogo y el Islam: las reacciones provocadas [BLOG.22º].

22.10.06 | 09:11. Archivado en Derecho internacional eclesiástico
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Con fecha del 15 de octubre, el Vaticano aclaraba que no dejará de visitar Turquía del 28 de noviembre al 1 de diciembre. Y eso, después de las reacciones airadas y los conflictos diplomáticos surgidos a consecuencia de un párrafo del discurso de Benedicto XVI dirigido a los académicos en Ratisbona (Regensburg) y divulgado por la cadena katarí de noticias Al Yazira (antes incluso —como anota Navarro Vals [Navarro Vals, R., “El islam no está contra el Papa”: El Mundo 22-9-6]— de que fuera traducido a un idioma comprensible para la personas que salieron de manifestación). De ahí la pregunta, ¿qué discurso y qué párrafo fueron los que motivaron tal polémica? Y ¿cuales fueron las reacciones y contrarreacciones?

1.- El discurso de Benedicto XVI sobre “Fe, razón y Universidad, Recuerdos y reflexiones” en la Universidad de Ratisbona (12-9-2006)
No es un discurso al pueblo, menos aún una homilía. Es una disertación en alemán ante representantes de la ciencia (incluso académicos de origen musulmán), unos 1500, en el Aula Magna de una Universidad, la de Ratisbona, en la que el propio Papa fue catedrático por un tiempo. De ahí que su enfoque sea el de unos “recuerdos y reflexiones” sobre un tema tan caro para él en su doble condición de antiguo profesor y de actual Pontífice, cual es el de la relación “Fe, razón y Universidad”. Por ello recuerda “el hecho de que, incluso ante un escepticismo tan radical, siga siendo necesario y razonable preguntar acerca de Dios mediante la razón y que ello haya de realizarse en el contexto de la tradición de la fe cristiana era, en el conjunto de la universidad, una convicción indiscutida”.
Precisamente por los malentendidos del discurso es por lo que este ha recibido dos redacciones: una primera y provisional carente de notas y una segunda enriquecida de notas aclaratorias añadidas por el propio Papa. He aquí el texto definitivo, subrayando nosotros con negrita los párrafos pontificios y con n egrita y cursiva a la vez el párrafo sacado de texto y divulgado.

***“Recordé todo esto recientemente cuando leí la parte editada por el profesor Theodore Khoury (Münster) del diálogo que el docto emperador bizantino Manuel II Paleólogo, tal vez en los cuarteles de invierno del año 1391 en Ankara, mantuvo con un persa culto sobre el cristianismo y el islam, y sobre la verdad de ambos. Probablemente fue el mismo emperador quien anotó, durante el asedio de Constantinopla entre 1394 y 1402, ese diálogo. Así se explica que sus razonamientos se recojan mucho más detalladamente que las respuestas de su interlocutor persa. El diálogo se extiende a todo el ámbito de las estructuras de la fe contenidas en la Biblia y en el Corán, y se detiene sobre todo en la imagen de Dios y del hombre, pero necesariamente también en la relación entre las "tres Leyes", como se decía, o tres "órdenes de vida": Antiguo Testamento, Nuevo Testamento y Corán. No quiero hablar ahora de eso en este discurso; sólo quisiera aludir a un aspecto —más bien marginal en la estructura de todo el diálogo— que, en el contexto del tema "fe y razón" me ha fascinado y que servirá como punto de partida para mis reflexiones sobre este tema.

En el séptimo coloquio (διάλεξις, controversia) editado por el profesor Khoury, el emperador toca el tema de la "yihad", la guerra santa. Seguramente el emperador sabía que en la sura 2, 256 está escrito: "Ninguna constricción en las cosas de fe". Según dicen los expertos, es una de las suras del período inicial, en el que Mahoma mismo aún no tenía poder y estaba amenazado. Pero, naturalmente, el emperador conocía también las disposiciones, desarrolladas sucesivamente y fijadas en el Corán, acerca de la guerra santa.

Sin detenerse en detalles, como la diferencia de trato entre los que poseen el "Libro" y los "incrédulos", con una sorprendente brusquedad, una brusquedad que nos parece inaceptable, se dirige a su interlocutor con la pregunta central sobre la relación entre religión y violencia en general, diciendo: "Muéstrame también lo que Mahoma ha traído de nuevo, y encontrarás solamente cosas malas e inhumanas, como su directriz de difundir por medio de la espada la fe que predicaba".

El emperador, después de pronunciarse de un modo tan duro, explica luego minuciosamente las razones por las cuales la difusión de la fe mediante la violencia es algo irracional. La violencia está en contraste con la naturaleza de Dios y la naturaleza del alma. "Dios no se complace con la sangre —dice—; no actuar según la razón (σὺν λόγω) es contrario a la naturaleza de Dios. La fe es fruto del alma, no del cuerpo. Por tanto, quien quiere llevar a otra persona a la fe necesita la capacidad de hablar bien y de razonar correctamente, y no recurrir a la violencia ni a las amenazas. (...) Para convencer a un alma razonable no hay que recurrir al propio brazo ni a instrumentos contundentes ni a ningún otro medio con el que se pueda amenazar de muerte a una persona.

En esta argumentación contra la conversión mediante la violencia, la afirmación decisiva es: no actuar según la razón es contrario a la naturaleza de Dios. El editor, Theodore Khoury, comenta: para el emperador, como bizantino educado en la filosofía griega, esta afirmación es evidente. En cambio, para la doctrina musulmana, Dios es absolutamente trascendente. Su voluntad no está vinculada a ninguna de nuestras categorías, ni siquiera a la de la racionalidad. En este contexto Khoury cita una obra del conocido islamista francés R. Arnaldez, quien observa que Ibn Hazm llega a decir que Dios no estaría vinculado ni siquiera por su misma palabra y que nada le obligaría a revelarnos la verdad. Si fuese su voluntad, el hombre debería practicar incluso la idolatría.
Aquí se abre, en la comprensión de Dios y por tanto en la realización concreta de la religión, un dilema que hoy nos plantea un desafío muy directo. La convicción de que actuar contra la razón está en contradicción con la naturaleza de Dios, ¿es solamente un pensamiento griego o vale siempre y por sí mismo? Pienso que en este punto se manifiesta la profunda concordancia entre lo que es griego en el mejor sentido y lo que es fe en Dios según la Biblia.***

2.- El polémico párrafo con la cita del emperador Manuel Paleólogo.
Es el párrafo tomado del “Diálogo con un musulmán” [que, con este título y con fecha de 16 de octubre, la editorial Áltera acaba de publicar en castellano: MANUEL II. EMPERADOR, Diálogo con un musulmán, -El libro por el que el Islam ataca al Papa, Prólogo de Jon Joaristi-, Madrid 2006,154 pp.], escrito por el emperador Manuel II, quien fue el antepenúltimo emperador de Bizancio y estuvo varias veces en tierras del Imperio otomano, generalmente como rehén. En una de esas estancias mantuvo el diálogo que más tarde publicó, encontrándose en torno a 1390-1391 como rehén en la corte del Sultán Bayaceto I, de la que logró escapar para conseguir ser coronado.
El polémico párrafo se halla en la Séptima Controversia, en la intervención del emperador [apartado sexto in fine. según la traducción prepublicada por entero en el diario ABC-15-10-2006-Suplemento “El Libro”, con unos datos biográficos; véase la controversia entera en http://www.abc.es/informacion/pdf/dialogo.persa.pdf] que precede a la respuesta del persa. Reproducimos el párrafo con las líneas inmediatas que lo proceden y subsiguen: “Nada nuevo se encuentra en ella, sino que las mismas cosas han sido dos veces o, más bien, han sido descaradamente copiadas. Pues muéstrame qué ha instituido Mahoma que sea nuevo: nada encontrarás que no sea malvado e inhumano, como cuando decreta que avance por la espada la creencia que predica. Pero debes explicarme más claramente. Según decías, de tres opciones posibles, una debe necesariamente suceder a los hombres de la tierra: o someterse a la Ley; o pagar tributos y ser reducidos a la esclavitud; o, a falta de la una y de la otra, ser pasados sin consideración por la espada”.
Tras una amplia consideración del emperador, viene la no menos amplia Respuesta del persa quien concluye diciendo: “Pero, por la misma razón, hoy sólo pertenecen al pueblo de Dios quienes siguen esta nueva Ley [de Mahoma portador de la Ley perfecta]. Y así sólo quienes siguen a Mahoma son verdaderamente los discípulos de Cristo y de Moisés. Por el contrario, quienes ponen más celo del debido y por ello han permanecido en las Leyes derogadas, concitan contra sí la cólera de los legisladores y por su locura caminan hacia la perdición”
Por tanto, el polémico párrafo no pertenece al Papa, sino al emperador Manuel II Paleólogo, quien se dirige a su interlocutor con esa brusquedad inaceptable.
Ante los incomprensible malentendidos, vienen añadidas en el texto final oficial del Discurso 13 notas explicativas. De ellas, la que de verdad interesa es la 3ª, aclarando: “Esta citación en el mundo musulmán ha sido considerada desgraciadamente como expresión de mi posición personal, suscitando así una comprensible indignación. Espero que el lector de mi texto pueda captar inmediatamente que esta frase no expresa mi valoración personal frente al Corán, hacia el cual tengo el respeto que es debido al libro sagrado de una gran religión. Citando el texto del Emperador Manuel II intentaba únicamente evidenciar la relación esencial entre Fe y Razón. En este punto estoy de acuerdo con Manuel II, sin hacer mía sin embargo, su polémica”.
Y añadió en la 5ª “Por razón de esta afirmación [“no actuar de acuerdo con la razón es contrario a la naturaleza de Dios”], es por lo que yo cité el Dialogo enre Manuel y su interlocutor persa. En esta afirmación aflora el tema de mis siguientes reflexiones”.
Con acierto escribe Jon Joaristi [“Teología”: diario ABC-24-09-06]: “en el refrito mutilado de la impecable teología de Manuel Paleólogo sacada doblemente de contexto. De su contesto discursivo, la admirable lección de Benedicto XVI; y de su contexto histórico, la Constsantinopla asediada por los guerreros de Alá, tan tolerantes ellos”

3. Reacciones y contrarreacciones3.1.- Desde el mundo islámico, la manifestaciones orales más llamativas han sido las del presidente Erdogan en Turquía, el rey Mohamed VI en Marruecos, el Ministro de Asuntos Exteriores de Pakistán y algún otro dirigente político —escribe Navarro Vals [supra art.cit.]— que se encuentran con problemas internos, así como líderes religiosos dando la impresión de competir por un liderazgo en una religión carente de jerarquía. “Al devoto de la cruz le decimos —así un comunicado en Internet del Consejo de los Muyahidin— que él y Occidente serán derrotados como en Iraq, en Afganistán y en Chechenia”.
En cuanto a las manifestaciones callejeras, “todas la Televisiones han buscado —en vano. resume Navarro Vals, l.c.— imágenes de grandes manifestaciones. [..] dos docenas de manifestantes en Estambul; una manifestación ordenada en Teherán; poca cosa en Indonesia..Ninguna manifestación en Sudán –país duro del Islam— Tampoco en Senegal con mayoría islámica, ni en Nigeria —con una región integrista como Kaduna. Nada en Malasia…”
3.2.- Desde el mundo occidental, salieron a defender la libertad de expresión del Papa, entre otros, la canciller de Alemania, Angela Merkel; el presidente del gobierno español J.L. Rodríguez Zapatero y su ministro de Asuntos Exteriores, Moratinos. Y, por su puesto, entre otros, los cardenales de Nueva York y de Madrid seguidos de multitud de obispos de la Iglesia Católica.
También la Comisión europea, que,según Johannes Latenberger, portavoz del presidente Durao Barroso, expresaba que “las reacciones que son desproporcionadas y atacan la libertad de expresión son inaceptables” para Bruselas que siempre ha defendido el diálogo intercultural y el debate interreligioso. [El Mundo (19-09-06) 28]
4.- Las respuestas solemnes de Benedicto XVI.Más que un ataque al Islam, “lo que emerge claramente de los discursos del Santo Padre es una advertencia, dirigida a la cultura occidental, de evitar ‘el desprecio a Dios y el cinismo que considera la mofa de lo sagrado un ejercicio de libertad’ —observaba el portavoz del Vaticano, el Padre Federico Lombardi, el 14 de septiembre—. Lo que el Papa ha criticado a la cultura moderna es intentar excluir la religión”.
Dos fueron las respuestas solemnes dadas por el propio Benedicto XVI. La primera fue la alocución al pueblo reunido en el Palacio Pontificio de Castelgandolfo el domingo el 17 de septiembre de 2006.
La segunda fue el Discurso del Papa a los exponentes de las comunidades musulmanas en Italia y a los embajadores de los países de mayoría islámica acreditados ante la Santa, previamente invitados, al recibirlos en la residencia pontificia de Castel Gandolfo el 25 de septiembre también en Castelgandolfo.
De los Estados invitados, respondieron, según Nota oficial, Albania, Argelia, Azerbayán, Bosnia-Herzegovina, Costa de Marfil, Egipto, Indonesia, Irán, Iraq, Jordania, Kuwait, Libia, Marruecos, Pakistán, Qatar, Senegal, Siria, Tunecia, Turquía, Yemen y la Liga de Estados Árabes, faltando sólo Sudán, (cuyo embajador lo es también ante Francia y reside en París). Tampoco Arabia Saudí y Afganistán que no tienen relaciones diplomáticas con la Santa Sede. Cinco de los asistentes eran mujeres: las embajadoras de Egipto, Jordania y Pakistán, y la encargada de negocios de Siria y la periodista marroquí Souad Sbai, presidenta de la Asociación de Mujeres Marroquíes en Italia. Por cierto, la cadena Al Yazira retransmitó el acto en directo desde Castelgandolfo y tanto el Osservatore Romano como el Bolletino de la Sala de Prensa publicaron el discurso en árabe.
Del discurso a los embajadores destacamos los párrafos siguientes: ***”Las circunstancias que han suscitado nuestro encuentro son bien conocidas. Ya he tenido la oportunidad de hablar de ello en la semana pasada. En este contexto particular, quisiera hoy volver a expresar toda la estima y el profundo respeto que siento por los creyentes musulmanes, recordando las afirmaciones del Concilio Vaticano II que para la Iglesia católica constituyen la «Charta Magna» del diálogo islámico-cristiano: «La Iglesia mira también con aprecio a los musulmanes que adoran al único Dios, viviente y subsistente, misericordioso y todo poderoso, Creador del cielo y de la tierra, que habló a los hombres, a cuyos ocultos designios procuran someterse con toda el alma como se sometió a Dios Abraham, a quien la fe islámica mira con complacencia» (Declaración «Nostra Aetate», n.3). […]
Como subrayé en Colonia, el año pasado, «el diálogo interreligioso e intercultural entre cristianos y musulmanes no puede reducirse a una opción temporal. En efecto, es una necesidad vital, de la cual depende en gran parte nuestro futuro» (Discurso a los representantes de algunas comunidades musulmanas, 20 de agosto de 2005).
En un mundo caracterizado por el relativismo y que con demasiada frecuencia excluye la trascendencia de la universalidad de la razón necesitamos imperativamente un auténtico diálogo entre las religiones y entre las culturas capaz de ayudarnos a superar juntos todas las tensiones, con un espíritu de colaboración fecunda. […]* **
Como decía Vittorio Messori [“La fuerza del cristianismo”: periódico El Mundo19-09-06, p.29.], la lección universitaria no fue más que un pretexto. Pero, “se echa de menos—como puntualiza Gustavo de Arístegui [“Yihad contra Yihad”: periódico El Mundo, 20-09-06, p.4], más declaraciones de apoyo a los asaltados y atacados y conviene recordar que hay una importante minoría cristiana en el mundo árabe”.
Concluimos con unas observaciones del Cardenal Walter Kasper, Presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad entre los Cristianos [en una entrevista publicada el 18 de septiembre por “Spiegel Online”] de que los conflictos con el islam son una parte de la historia de Europa, que era a lo que el Papa se refería en su discurso. Pero hay una alternativa al conflicto – el diálogo – que es a lo que está a favor el Papa.


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