El hoy Arzobispo Emérito de Mérida-Badajoz, Antonio MONTERO, en cambio, daba el título de “El martirio de las cosas” al capítulo XXV de su excelente Historia de la persecución religiosa en España 1936-1939 (Madrid, B.A.C 1961) [a quien aquí seguimos]. Y lo justificaba: “Resulta, sin embargo, que el tal recuento de destrucciones materiales descubre exactamente el costado espiritual de la persecución religiosa. Y ello por dos motivos: porque las cosas son siempre más ‘inocentes’ que las personas y porque, cuando esos objetos son de algún modo sagrados, su aniquilamiento descubre una saña contra el mundo religioso mucho más significativa que si los aniquilados son hombres de carne y hueso”.
Con todo, por tratarse de templos, iglesias, ermitas, capillas, retablos, estatuas, imágenes, cuadros, custodias, cálices y demás objetos para el culto, que son, además, bienes de interés cultural, sea por su valor artístico, sea por su valor histórico o por la conjunción de ambos, preferimos cambiar el título por este otro de “Martirio de los monumentos histórico-artísticos”.
He aquí cómo de forma nada menos que oficial lo describe el Ministro sin cartera de la República bajo el gobierno de Largo Caballero, el nacionalista vasco católico Manuel de IRUJO Y OLLO, en un Memorandum presentado a su propio gobierno, el 9 de enero de 1937, en Valencia [M. REVUELTA, El anticlericalismo español en sus documentos (Barcelona 1999) n.49].
“La situación de hecho de la Iglesia, a partir de julio pasado, en todo el territorio leal, excepto el vasco, es la siguiente:
a) Todos los altares, imágenes y objetos de culto, salvo muy contadas excepciones, han sido destruidos, los más con vilipendio.
b) Todas las iglesias se han cerrado al culto, el cual ha quedado total y absolutamente suspendido.
c) Una gran parte de los templos, en Cataluña con carácter de normalidad, se incendiaron.
d) Los parques y organismos oficiales recibieron campanas, cálices, custodias, candelabros y otros objetos de culto, los han fundido y aun han aprovechado para la guerra o para fines industriales sus materiales.
e) En las iglesias han sido instalados depósitos de todas clases, mercados, garajes, cuadras, cuarteles, refugios y otros modos de ocupación diversos, llevando a cabo -los organismos oficiales que los han ocupado- en su edificación obras de carácter permanente, instalaciones de agua, cubiertas ,de azulejos para suelos y mostradores, puertas, ventanas, básculas, firmes especiales para rodaje, rótulos insertos para obras de fábrica y otras actividades.
f) Todos los conventos han sido desalojados y suspendida la vida religiosa en los mismos. Sus edificios, objetos de culto y bienes de todas clases fueron incendiados, saqueados, ocupados o derruidos.
g) Sacerdotes y religiosos han sido detenidos, sometidos a prisión y fusilados sin formación de causa por miles; hechos que, si bien amenguados, continúan aún, no tan sólo en la población rural, donde se les ha dado caza y muerte de modo salvaje, sino en las capitales. Madrid y Barcelona y las restantes grandes ciudades suman por cientos los presos en sus cárceles sin otra causa conocida que su carácter de sacerdote o religioso.
h) Se ha llegado a la prohibición absoluta de retención privada de imágenes y objetos de culto. La policía que practica registros domiciliarios, buscando en el interior de las habitaciones la vida íntima personal o familiar, destruye con escarnio y, violencia imágenes, estampas, libros religiosos y cuanto con el culto se relaciona o lo recuerda”.
Pero como verdadero complemento vayan sólo unos cuantos datos entresacados de la mencionada Historia de Montero, quien como balance de conjunto aduce la de “unas 20.000 iglesias destruidas o totalmente saqueadas”, (citando la carta colectiva del Episcopado español de julio de 1937). Ya en concreto y con referencia a una diócesis, añade: “He aquí la ficha escueta de Santander: iglesias y ermitas destruidas, 102; iglesias desmanteladas, 175; retablos quemados, o totalmente destruidos, 765; imágenes quemadas o de otro modo inutilizadas, 3.217. Así, a golpes de piqueta o de hacha, o simplemente dejando de hacer a la gasolina incendiaria, se llegó a efectos muy parecidos, hoy perfectamente contabilizados, en diócesis como Vitoria, Murcia, Ibiza, Jaén, Málaga, Huelva, Badajoz, y Toledo y muchas otras” [p.636]. De paso, ya que mencionamos a Murcia y sólo a imágenes (supra letra a), en Lorca fueron quemadas más de 300 imágenes de escultura, entre ellas, 20 debidas a Salcillo: Vírgenes de las Angustias, del Socorro, de la Leche, de la Divina Pastora, de la Aurora, de la Amargura…
Respecto a Cataluña (letra c), - Iglesias parroquiales: destruidas por fuego u otras causas, 18; incendiadas, no destruidas, notablemente mutiladas, 141; ligeramente mutiladas o deterioradas, 191; conservadas enteras, pero no intactas, 33; absolutamente intactas, 0. - Iglesias, oratorios públicos no parroquiales: destruidos totalmente por fuego u otras causas, 40; incendiados, no destruidos, mutilados notablemente por otros medios, 4; conservados enteros, no intactos, 20; absolutamente intactos, 1. - Iglesias y oratorios de comunidades religiosas: destruidos totalmente por fuego u otras causas, 7; incendiados, no destruidos, 17; ligeramente mutilados o deteriorados, 79; conservadas enteros, pero no intactos, 19; absolutamente intactos, 3. En concreto, en Vic siete de sus 246 parroquias quedaron completamente arrasadas, ocho salieron muy deterioradas, y las restantes fueron mutiladas y completamente saqueadas…Entre la pérdidas artísticas, destacan las telas magníficas de José Maria Sert. (De paso y si van de viaje, p.e., hacia Gerona, no dejen de visitar todas sus catedrales perfectamente restauradas y descender, dentro de ellas, a las criptas para leer los nombres de los cientos de sacerdotes inmolados por causa de la fe).
“La ejecución material de tan vastos atropellos, lo mismo en la capital de la nación que en las ciudades y aldeas de provincias, fue mitad organizadas, mitad anárquica, a veces estrictamente oficial y en ocasiones desbordando al poder constituido” [p. 635].
Con todo, quiero acabar con el párrafo final con el que concluye A. Montero. “Cristo está muy acostumbrado a que le traten así, física y moralmente, desde hace veinte siglos. […] La historia de la persecución religiosa en España es, como la de todas las persecuciones, una página luminosa de la vida de la Iglesia”.
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Estoy totalmente de acuerdo con todo lo dicho en el libro de D. Antonio Montero pero al referirse a "La ejecución material de tan vastos atropellos, lo mismo en la capital de la nación que en las ..." se da la paradoja que hubo alguien que no recuerdo el nombre ( Chueca Goitia muy jovenalgo intervino)que salvó el interior de la mayoría de las iglesias del casco de Madrid: La Encarnación, Caballero de Gracia, Las Calatravas, Las Trinitarias, Las Góngoras, etc. Quemaron Sta. Isabel, S. Isidro, la Ermita del Santo y otras. Pues bien, Las Trinitarias y Las Góngoras milagrosamente conservadas de todos los avatares históricos han sido recientemente restauradas pero han sufrido hace pocos años ciertos fanatismos litúrgicos que en Roma, cuyo obispo es el Papa, no los sufren. Puedo aportar un artículo documentado sobre esto titulado, creo que reformaré el título, "Madrid está de enhorabuena". El espacio me limita decir muchas más cosas. Francisco Javier Lorente Páramo
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