El blog de Carlos Blanco

Dos seres con sistemas perceptivos distintos, ¿podrían alcanzar una misma descripción de la realidad?

25.05.18 | 10:57. Archivado en Sobre Carlos Blanco

Imaginemos que un ser con un sistema perceptivo sustancialmente distinto al nuestro llegara a la Tierra y tratara de interaccionar con nosotros. ¿Lograríamos consensuar una descripción objetiva de la realidad que se alza ante ambos? ¿Qué elementos serían absolutamente objetivos, de manera que ambas especies, pese a sus diferentes cualidades, debieran consensuar una descripción compartida de los fenómenos observados?

Ciertamente, ese ser podría albergar una representación dispar de muchos de los colores que nos resultan más familiares a los humanos. Y, por qué no, podría percibir dimensiones más profundas de la realidad, a las que sólo hemos conseguido acceder gracias al desarrollo de determinados instrumentos tecnológicos. Podría discrepar de nosotros a la hora de juzgar qué es bello o placentero, o grande y pequeño. Sin embargo, es razonable suponer que debería coincidir con nosotros en algunas valoraciones. Por ejemplo, si acordamos una definición de “figura triangular”, es indudable que podríamos ofrecer una descripción plenamente objetiva de su naturaleza, tal que ese ser pudiera reconstruirla y representársela interiormente según los esquemas que le hemos transmitido. El concepto que elaboramos de un objeto geométrico no hace sino partir de definiciones. En el libro I de los Elementos, Euclides, consciente del carácter constructivo y axiomático de la geometría, aporta las definiciones de entidades matemáticas básicas como el punto, la línea y la superficie. Si ese ser aceptara las definiciones propuestas, es lógico pensar que su mente discurriría por una senda esencialmente idéntica a la que recorre el intelecto humano, por lo que desembocaría en conclusiones similares.

Sin embargo, es interesante percatarse de que nuestra tentativa de conquistar un territorio perfectamente objetivo y comunicable a cualquier ente dotado de razón (contemplada como capacidad de fundamentar y enlazar proposiciones) topa aquí con un problema insoslayable. Pues, en efecto, aunque haya definido un punto como “aquello que no tiene partes”, y esta acepción parezca completamente indiscutible, ajena a cualquier atisbo de confusión y oscuridad, si ese ser no entendiera el significado de nociones como la de “parte” me vería obligado a mostrarle físicamente lo que es un punto, o al menos a proporcionarle unas instrucciones muy precisas sobre cómo dibujar un punto –si es que es posible dibujar “lo que no tiene partes”-. Como aún ignoro en qué consiste su sistema perceptivo (¿ese ser ve?; ¿oye?; ¿saborea?; ¿palpa?; ¿huele?; ¿qué modalidad sensorial emplea, y cómo se canalizan sus registros?), prefiero adoptar la posición más parsimoniosa posible. Por ello, me abstengo voluntariamente de imaginarme ninguna forma de sensibilidad que guarde relaciones evidentes con las de mi especie, e insisto en la necesidad de ofrecer una descripción absolutamente objetiva de un punto geométrico. Pero, de nuevo, es altamente probable que haya de apelar a formas de acción concretas que le permitan representarse internamente la naturaleza de ese punto. Es de hecho posible que términos denotativos como “Así” o “aquí” no vayan a ausentarse nunca de mis explicaciones, por mucho que su elucidación exija invocar el contexto específico en que los uso.

He pretendido desde el principio confeccionar una definición enteramente abstracta y universal, válida para cualquier ser que posea un sistema perceptivo (encargado de asimilar de información) y un sistema discursivo (encargado de organizar esa información), pero he cosechado un éxito dudoso en mi empresa. ¿Qué es entonces lo plenamente objetivo, lo indisputable, lo que cualquier intelecto de este universo debería reconocer de forma esencialmente idéntica?

Si cualquier elemento de la realidad o de la subjetividad ha de ser procesado a través de un sistema perceptivo concreto, parece inevitable pensar que sólo existirán dos parcelas totalmente objetivas e indestructibles: las relaciones espacio-temporales y los principios lógicos fundamentales. Es inexorable suponer que ese ser se situaría en el mismo continuo espaciotemporal que nosotros, aunque lo midiera desde marcos de referencia distintos (algo perfectamente saludable desde el punto de vista de la teoría de la relatividad); por tanto, ya compartiríamos una objetividad, un dato inexcusable. Y, además, es inevitable creer que ese ser admitiría al menos dos principios lógicos fundamentales: el de identidad y el de no contradicción. Como corolario, es también razonable conjeturar que la combinación de ambos dominios de objetividad, el físico y el lógico, permitiría a ese ser desarrollar un grado de abstracción simbólica muy similar al nuestro, al menos en lo que respecta a los objetos matemáticos, cuya elaboración sugiere una evocadora síntesis de experiencia sensible y razonamiento lógico.


Domingo, 21 de octubre

BUSCAR

Editado por

Síguenos

Categorías

Hemeroteca

Octubre 2018
LMXJVSD
<<  <   >  >>
1234567
891011121314
15161718192021
22232425262728
293031