Europa posee un cometido histórico, cuyas raíces más profundas se hunden en su intenso y contradictorio pasado: proponer al mundo un paradigma que resuma su convulsa historia en una serie de ideales, capaces de contribuir a la confraternización de todos los pueblos de la tierra.
Hace unos días tuve la oportunidad de conocer personalmente a Adolfo Pérez Esquivel, premio Nobel de la Paz en 1980 por su insobornable compromiso con la defensa de los derechos humanos durante el período de la dictadura militar argentina. Pérez Esquivel es un hombre de una sencillez exquisita, y su trabajo en favor de la justicia social y de la libertad en América Latina y a nivel mundial es un motivo de orgullo para su país, que tantos grandes nombres ha aportado a la ciencia, a las artes y al activismo. Cuando al prestar atención a lo que nos dicen los medios de comunicación parece que en nuestra época sólo priman el egoísmo y el ansia irredenta de poder, personas como Pérez Esquivel, que no han tenido reparo en entregar su vida, aun en peligro de muerte, por el bienestar ajeno, hacen nuestra existencia más llevadera, y consiguen aún insuflar esperanza en nuestras posibilidades para edificar una sociedad más humana y fraterna.
Domingo, 27 de mayo
Julián Moreno Mestre
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Atticus-444
Juan Granados
José Andrés Prieto
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Chris Gonzalez -Mora
José Pómez
Javier Orrico
Juan Carrasco de las Heras
David Felipe Arranz