El blog de Carlos Blanco

Sentir como cercano a quien no se conoce

22.06.10 | 16:42. Archivado en Sobre Carlos Blanco
  • enviar a un amigo
  • Imprimir contenido

La magia de la literatura está ahí: cuando nos sumergimos en lo que un libro nos cuenta, si verdaderamente llega a nuestro interior, si verdaderamente nos dice algo suscite en nosotros una reflexión profunda, una mirada evocadora a la vida, llegamos a sentir al escritor y a los personajes de su obra como seres cercanos, casi como familiares, como si nos hubiéramos conocido siempre.

Es algo que he experimentado en numerosas ocasiones. Recientemente, me ha pasado al escuchar la triste noticia de la muerte de José Saramago. Aún recuerdo el verano en que leí su Memorial de Convento. Los diálogos entre Baltasar y Blimunda, y sobre todo el poder introspectivo de esta última, que parecía de una procedencia cuasi divina, como si alguien omnisciente le dictara, a través de tan bellas palabras, el secreto de la vida y de la muerte, y la solución al enigma de la historia, dejaron una honda huella en mí. Soñé que algún día yo también sería capaz de crear unos diálogos semejantes, unos diálogos que llegaran tan hondo en nuestra capacidad de reflexionar.
Lo cierto es que sentí a Saramago como un amigo. Nunca tuve el honor de conocerle, pero leer sus líneas, sus entrevistas, sus declaraciones…, era como si lo tuviera cerca de mí, aquí y ahora, y pudiera consultarle mis dudas, mis proyectos, mis ansias, mis preocupaciones. La grandeza de la humanidad es que es capaz de producir referentes que inspiran a las generaciones de un momento dado. Es algo hermosísimo. Los santos que las religiones proclaman después de muertos también se anticipan en figuras de hombres y mujeres que nos impactan por su integridad, por su talento, por su compromiso.

La literatura crea mundos, nos saca de la rutina o nos devuelve aún con mayor intensidad a ella, pero lo cierto es que nos permite relativizarnos a nosotros mismos, pensar más allá de nosotros y sentirnos dueños de un destino que nos brinda la oportunidad de legar al mundo una obra, un algo nuevo que ponemos nosotros y que no nos viene dado en la naturaleza. Con cada verso sublime, con cada página imborrable de una gran novela o con cada línea maestra de un tratado de pensamiento, la humanidad crece, se hace a sí misma, toma las riendas de su historia, si es que esto es posible, y se hace más humana.

Qué es ser humano no nos ha sido revelado, sino que es algo que descubrimos en el arduo, pero a la vez fascinante, caminar sobre en la historia. Y hay personas, como los grandes escritores, que nos dan pistas, que amplían nuestra visión, que nos hacen ver a través de una especie de telescopio que nos facilita otear el horizonte y examinar las posibilidades que tenemos ante nosotros y las que todavía podemos construir. Célebre es la frase de Goethe: “toda teoría es gris, querido amigo, y verde es el dorado árbol de la vida”. La literatura puede parecer teoría que niega la vida, pero la auténtica literatura es fruto de la más intensa de las vidas y cobija tanto o más que el más verde y frondoso de los árboles, pues surge de la más poderosa de las pasiones, y si, al decir de Hegel, “nada se ha hecho en la historia sin pasión”, también cabe decir que nada grande se ha escrito sin desprender ese fuego que llevamos dentro y que exige inexorablemente una expresión.

¡Oh, Saramago, te nos has ido…, y siento que te me has ido! Repito que nunca te conocí, pero nunca nadie sabrá cuánto te admiré. En ti encontré un referente inigualable, una luna llena nocturna que traía luz infinita en un mundo a veces tan oscuro. No nos dejes, te pido, no nos dejemos como humanidad solos los unos a los otros. Todavía tenemos muchas luchas por las que combatir. Dijiste que Dios era el silencio del universo, y el hombre el grito que daba sentido a ese silencio, pero yo no puedo soportar solo el silencio. Tú nos dabas fuerza e inspiración, aún eras capaz de soñar con mundos en los que pocos creen, y nunca cesaste en el empeño de defender las causas perdidas, ni desististe en la creencia en la fuerza de la solidaridad.. Decías que había que desterrar el término utopía de nuestro vocabulario, pero es que tú personificabas la utopía, decías sin miedo lo que pensabas y eras para muchos un símbolo privilegiado de la libertad a la que tantos aspiran.

No nos dejes, Saramago. No sé si existe otra vida, ni sé hacia dónde vamos ni de dónde venimos. Pero sé que personas como tú, con tu literatura y con tu compromiso, nos han dulcificado el presente. ¡Y quiero más presentes dulces! ¡Y no sé dónde encontrar a otro Saramago!

¡Oh, Dios mío, u oh humanidad, que ya no sé a quién clamar…! Como a Pascal, el silencio eterno de estos espacios infinitos me aterra, y tú pusiste una voz preciosa, imperecedera, descomunal en medio del sosiego que reina en el universo. Tú gritaste más alto que los demás hombres y mujeres, y tu estrépito no pasaré en balde. Y has alzado tu voz porque has sido el más humano de los humanos, y sentiste que no podías esconder tu clamor.


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios

Aún no hay Comentarios para este post...

    Domingo, 27 de mayo

    BUSCAR

    Editado por

    Los mejores videos

    Síguenos

    Categorías

    Hemeroteca

    Abril 2012
    LMXJVSD
    <<  <   >  >>
          1
    2345678
    9101112131415
    16171819202122
    23242526272829
    30

    Sindicación