Me atrevería a decir que Amartya Sen es uno de los intelectuales más sobresalientes de nuestro tiempo.
Sus numerosas contribuciones al conocimiento, particularmente en los campos de la economía y de la filosofía, reflejadas en una extensa y prolífica obra (siendo su libro más reciente The Idea of Justice), el reconocimiento internacional recibido (que culmina en la concesión del premio Nobel de Economía en 1998) y su participación directa en los intentos por mejorar el bienestar colectivo de la humanidad a través de sus aportaciones al índice de desarrollo humano, lo convierten en uno de los grandes intelectuales de nuestro tiempo.
Amartya Sen ha revitalizado la consideración de las cuestiones éticas en la ciencia económica, abordando temas como las desigualdades de género, la pobreza, las hambrunas o la teoría del desarrollo. Ha dividido su carrera entre tres países: su India natal, el Reino Unido (donde llegó a ser Master de Trinity College, en la Universidad de Cambridge) y Estados Unidos. Actualmente es “Thomas W. Lamont University Professor” en Harvard, uno de los veintidós university professors de este centro académico, distinción que se confiere a quienes han llevado a cabo una investigación que ha trascendido las fronteras de sus disciplinas específicas para afectar a otras áreas del saber.
Creo que una de sus ideas más relevantes (en cuya teorización ha colaborado con la pensadora de la Universidad de Chicago Martha Nussbaum) es la importancia de las capacidades (capabilities) para la economía del bienestar. La libertad no se mide exclusivamente por lo que Isaiah Berlín llamaría libertad negativa (la no interferencia), sino que para ser libertad real, debe convertirse en libertad positiva, en libertad que efectivamente puede ejercerse: libertad para hacer algo. Como Sen ha analizado en su libro Development as Freedom, el desarrollo se traduce en la extensión de la posibilidad de ejercitar la propia libertad, pero para ello es necesario proporcionar una serie de facilidades básicas en ámbitos como la sanidad o la educación que permitan a todos disponer de su auténtico potencial. El crecimiento de una sociedad, en definitiva, no se mide sólo por el incremento del producto interior bruto, o de otras magnitudes macroeconómicas: el signo privilegiado del crecimiento de una sociedad es, para Amartya Sen, el fomento de las capacidades de todos sus miembros.
Además de sus logros intelectuales, me parece que hay que destacar otra faceta del profesor Amartya Sen. Tuve la oportunidad de conocerlo personalmente después de una conferencia hace unos meses, junto a su mujer, la profesora de historia económica Emma Rothschild, y lo que más me sorprendió fue, sin duda, su cortesía, su amabilidad y su sencillez. Las personas más sabias, como Amartya Sen, son también las más humildes y accesibles. Quizás sea ésta la enseñanza más importante que se puede aprender de él.
Domingo, 27 de mayo
Julián Moreno Mestre
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Atticus-444
Juan Granados
José Andrés Prieto
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Chris Gonzalez -Mora
José Pómez
Javier Orrico
Juan Carrasco de las Heras
David Felipe Arranz