Quisiera poder guardar en mi memoria todos los nombres que ha tenido la humanidad, en su mayoría anónimos, que pocos recordarán, pero que alumbraron esperanzas, se afanaron en vivir, lucharon por erigir algo diferente, y pusieron las bases de nuestra historia. Nosotros somos sus herederos. Debemos estarles agradecidos. Muchos cometieron errores, gravísimas equivocaciones que tardarán en disiparse, pero creo que la mayor parte de las múltiples onomásticas que ha atesorado la humanidad sólo ansiaba ser feliz, buscando algo que respondiera a su deseo de amar, de conocer, de disfrutar de los placeres, aun perentorios, de la vida.
Quisiera asumir el peso de la historia, aunque ignoro si sería lo suficientemente recio y tenaz como para soportarlo, y hacer justicia a todos los que no la descubrieron mientras residían en este orbe tan extraño y desconcertante. Convivimos con una interpelante realidad de la que es vano evadirse: el sufrimiento inexplicable, el cual siempre rebasa el límite de nuestra frágil comprensión.
Qué desesperación la mía, pensar que tantos nombres que ha tenido la humanidad se desvanecerán, cautivos de la inclemente magia de la delicuescencia, obliterándose como las fugaces huellas en la arena cuando pasa el viento, y nada se sabrá de ellos. ¿Dónde están? Es mi pregunta, es el grito que lanzo a quien pueda escucharme. Y ojalá alguien me oyera, ojalá alguien extendiera, solícitamente, su mano, y me entregase el codiciado mensaje que contuviera el remedio a la desgarradora nesciencia que me invade. Me siento tan solo, tan aprisionado en un sofocante ensimismamiento, tan anclado a un no saber que asesina lentamente todo ímpetu, tan impotente ante este vasto mar de inmisericordes dudas… ¿Por qué ha tenido tantos nombres la humanidad? ¿Para qué vivir si hay que morir? ¿Hasta cuándo proseguirá la humanidad en su insondable empeño de adoptar nombres y apelativos tan variopintos y profusos en tantos y prolijos lugares y en tantas y tan álgidas épocas?
Nuestro mundo no será justo mientras no preserve en la dulce morada de la reminiscencia todos los nombres que ha recibido la humanidad. Sólo cuando fuéramos conscientes de la vívida e inexorable necesidad de recordar a todos cuantos nos precedieron, y nos arrogásemos, profética y audazmente, la vibrante responsabilidad de ser portadores de nuestra memoria colectiva, habríamos creado un orbe digno de ser habitado por la estirpe humana.
Y no veo mayor justicia que la que concede el arte. Con la literatura inmortalizamos, de manera cuasi deífica, la memoria de los que fallecieron sin haber gozado de la grandeza de la vida. Sus aciagos infortunios pueden convertirse en palpitante semilla de eternidad. Los poetas, los escritores, los pintores…, a todos ellos les está encomendada la jubilosa tarea de custodiar el testigo de los nombres que ha tomado la humanidad. Esa mujer anciana que murió tras décadas de angustioso padecimiento y de trabajo incansable, sin percibir recompensa alguna en vida, ha de ser reivindicada por el poder redentor del arte, porque nuestra mayor y más áurea riqueza como humanidad es la compasión. Podemos ser partícipes de su amarga aflicción, compartir la aspereza de su atribulado y mortificante dolor, y consolarnos al unísono, juntos en la más hechizante de las compañías, con el hermoso sueño de que mañana construiremos algo nuevo que desafiará osadamente al presente, liberándonos, con una energía mesiánica, de las sojuzgantes ataduras del inveterado pasado.
No puedo desprenderme de la siguiente utopía. Es un radiante delirio de fantasía que algún día acogí, y regresa a mí insistentemente, como un espectro que ambicionara secuestrar mi alma y mi inventiva: en el futuro evocaremos todos los nombres que ha tenido la humanidad. Ni uno solo será rehén del furtivo olvido. Todos los hombres y mujeres anónimos que han cincelado celosamente nuestra historia se hallarán en la augusta galería de los recuerdos, al lado de los grandes científicos, de los músicos ilustres y de los egregios estadistas. Nos enorgulleceremos irresistiblemente al experimentar la extraordinaria pujanza de la memoria, la cual constituye nuestra mejor y más eficaz arma. Será la mayor expresión de solidaridad que el mundo haya conocido. No puedo imaginar una muestra más excelsa de concordia, de unión entre los corazones y las mentes de la humanidad. Nadie será preterido, porque sólo existirá espacio para el esmerado cuidado de cuanto nos antecedió. Nadie habrá caminado bajo este centelleante firmamento en vano. Todos se internarán en la magna biblioteca de nuestros recuerdos, cuyo tamaño excederá, incomparablemente, el de todas las que los vigilantes ojos de este exorbitante cosmos hayan divisado. El mendigo que expiró, agónico, en una escondida esquina, sin que nadie le prestara atención, dispondrá de un lugar en esos fabulosos y fulgurantes anaqueles. Las generaciones venideras acudirán a ella con frecuencia para rememorar a sus antepasados. Los niños y niñas de las escuelas irán de excursión a la biblioteca de la humanidad, y rendirán pleitesía a tantas personas, otrora ignoradas, que infundieron tanto bien en esta castigada tierra. La compasión adquirirá tales y tan impredecibles dimensiones, y tanto habremos ensanchado las suaves alas de nuestro espíritu y de nuestra magnanimidad, que evocaremos también, conmiseradamente, a los que obraron el mal, porque anhelamos perdonar, y es la condolida piedad la más excelsa rúbrica de nuestro fascinante linaje.
Mi sueño quizás se antoje una apasionada manifestación de profunda y desbocada demencia. Quizás lo sea. ¿Acaso hay algo malo en ello? La locura inspira arte, inculca creación, y conmina a abrir, inauguralmente, la dorada ventana que mira al escenario aún no explorado. Ojalá estuviera divinamente perturbado, si así albergara este tipo de utopías, porque vivir es soñar y soñar es vivir.
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Excelente reflexión, amigo Carlos. Me recuerda a quienes meditaron acerca de “la memoria de los vencidos”, aunque tú lo extiendes a los “anónimos” en general.
Sin embargo, yo creo que no es necesario sufrir tanto por todos esos hermanos nuestros. Primero, porque no es honra (“pleitesía”) lo que necesitan (ningún ser humano necesita eso, en realidad, aunque sé que tú hablas de un reconocimiento por su esfuerzo). Y segundo, porque están en la memoria de Dios.
No, no es cosa de locos... Un saludo muy cordial.
Si todos sufrimos este sistema debilitante.
Por ello pienso, que para sentirnos menos frustrados, (quizas no como artesanos), hay que hacer uso de la creatividad en donde la queremos expresar.
No sólo me refiero a la madurez emocional, MARIA. Por ejemplo la rama materna de mi familia pertenece a una familia de pescadores y cuando mi abuelo ma habla de las técnicas que empleaban para mapear las costas, de la perfecta memoria con la que conocían cada piedra, cada terreno fangoso, cada fondo con suelo firme y su profundidad empleando una piedra atada a una liña y percibiendo por tacto cómo golpeaba la piedra el fondo; las técnicas de predicción del tiempo con un plazo de días escuchando la intensidad y los puntos donde las olas golpeaban con más fuerza la costa... ¡Todo esto ya no antes de los satélites, estamos hablando de antes de tener a su alcance sistemas de ultrasonidos (sónar) o bombonas de oxígeno! Muchos de esos hombres no sabían leer, y eran genios.
Siento que la cultura del consumismo y la politización está masticando al superhombre y escupiendo al famoso "Homo obesus".
Es cierto si hay Amor todo es mas facil y tambien para comprometerte con ese amor. Con el paso del tiempo, uno madura, en su manera de ver el amor, y comprometerse con ello es el unico camino hacia uno mismo. Y como bien dices, se puede madurar en el amor y ser analfabeto, pero puedes ser catedratico e inmaduro emocional.
Amar es el unico y original camino a la creatividad, con lo cual, sin ella, que sabiduria puede haber realmente.
Amar el esfuerzo, esforzarse en el amor. Ambos, esfuerzo y amor, son los dos pies que ascienden hacia altas cumbres, el uno se apoya en el otro para avanzar.
Existen sabios analfabetos y catedráticos ignorantes.
Que es sino la fe, sino locura, la fe en un sueño, que somos sin sueños, no seriamos nada. ¿Entonces, que es la realidad?
Al leer este artículo en tu blog me doy cuenta de que muchas veces he pensado lo mismo.Seguro que tu si que puedes recordarlos con esa mente maravillosa que creo que tienes .
Yo no podré recordar toda la gente que en mi día a día ,veo tanto en mi entorno como en los medios de comunicación que son para mi unas personas especiales y maravillosas.Alguien que cuida con cariño y paciencia a los enfermos multidependientes, gente que emplea sus ratos de ocio para cuidar a animales indefensos,jóvenes con escasos medios y ayudas se dedican a la investigación.Otra persona a la que admiro es el doctor Cavadas que en sus días libres viaja a otros continentes a operar a niños enfermos de forma altruista…..y así un montón de gente.
Espero que siga habiendo muchas personas así,hechas de esa pasta especial y que también seamos muchas que como yo nunca dejará de admirarlas y apoyarles.
Me encanta el libro de "Mentes maravillosas que cambiaron la Humanidad", desde la Antigüedad hasta nuestros días, está genial, la verdad, me encanta... Pienso que quien o quienesinventaron el habla y la escritura también deberían aparecer sus nombres para siempre, quien o quienes inventaron el fuego, la rueda... Porque aunque no sabemos sus nombres, nos han cambiado la vida a tod@s, el progreso se da gracias a muchísimas personas emprendedoras, que siempre tenían visión de futuro, de ir siempre más allá, y gracias a ell@s que hemos progresado... Es cierto que conocemos a Arquímedes, Galileo, Newton, Édison, Éinstein, Madame Curie, Gandy... Etcétera... Pero hay muchísimos nombres que, por desgracia, NO conocemos, y tal vez nunca llegaremos a saber quiénes fueron en realidad, quiénes en concreto han sido l@s artífices, iniciadores, fundadores... Bueno, en fin, que no sé qué más decir, que ojalá se les haga Justicia a ell@s también algun día... Dicen que cada día ueren personas anónimas d
Ahí estuvo la gran aportación de escuelas como la marxista o la de Annales, y eminentes historiadores como Pierre Vilar o E.P. Thompson. Lejos de los postulados positivistas y románticos decimonónicos (historia de grandes azañas y grandes personajes para justificar, en muchas ocasiones, intereses nacionalistas) se focalizó la atención en los movimientos sociales, en el trabajo de mujeres y niños, en los pobres, y otros sectores de la sociedad antes olvidados. Aunque, no cabe duda (y ahí está "Mentes maravillosas..." de Carlos Blanco) que hay ocasiones en que aparecen genios que cambian el rumbo de la historia con sus acciones y descubrimientos (hay que tener en cuenta el contexto social en el que surgen: no creo que Einstein, siendo el mismo, hubiese llegado muy lejos en un país que careciera de los medios económicos, políticos y culturales adecuados para desarrollar su potencial).
Como todo en la vida, la ciencia histórica no es en blanco y negro: tiene sus matices.
Hay muchas personas anónimas que deberían aparecen en la Historia, porque son héroes/heroínas, así es...
Sábado, 11 de febrero
Patricio Peñalver
Chris Gonzalez -Mora
Antonio García Fuentes
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Atticus-444
Padre Fortea
Juan Granados
Juan Luis Recio
Juan Fernandez Krohn
Ángel Sáez García
Carlos Ferrer
José Pómez