El blog de Carlos Blanco

Los nombres de la humanidad

24.02.10 | 21:24. Archivado en Sobre Carlos Blanco
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Anhelaría salvaguardar en mi memoria todos los nombres que ha exhibido la humanidad; onomásticas en su mayoría anónimas, por pocos recordadas, pero que alumbraron bellas esperanzas, se afanaron en vivir, lucharon por encender luces diferentes y sentaron las bases de nuestra historia. Somos sus herederos. Debemos profesarles el más sincero de los agradecimientos. Muchos cometieron errores, y perpetraron gravísimas equivocaciones que tardarán mucho en disiparse, pero creo que la mayoría ansiaba un único bien: la felicidad. Tan sólo buscaba un don que respondiera a su deseo de amar, de conocer, de disfrutar de los placeres, aun perecederos, que envuelven la vida.

Quisiera asumir el peso de la historia, aunque ignoro si mis hombros se revelarían lo suficientemente recios y tenaces como para sobrellevarlo, y hacer justicia a todos los que no descubrieron su grata luz mientras residían en este orbe tan exótico. Convivimos con una interpelante realidad, de la que es vano evadirse: el sufrimiento inexplicable, el mal que rebasa el límite de nuestra frágil comprensión.

¡Qué desesperación la mía, al pensar que tantos nombres que ha adquirido la humanidad se evaporarán, cautivos del inclemente furor de la delicuescencia, obliterados como fugaces huellas de arena que colapsan ante los indóciles soplidos del viento! ¿Dónde se alzan esos nombres? Es mi pregunta, es el grito fragoroso que lanzo a quien pueda escucharme. Y ojalá alguien me oyera; ojalá alguien extendiese, solícitamente, su mano de serenidad, y me otorgara ese mensaje tan codiciado que sanara la desgarradora nesciencia que invade mi espíritu. Me siento tan solo, tan aprisionado en el más sofocante de los ensimismamientos, tan anclado en un no saber que asesina lentamente todo ímpetu, tan impotente ante este vasto océano repleto de dudas inmisericordes… ¿Por qué ha poseído tantos nombres la humanidad? ¿Para qué vivir, si hay que morir? ¿Hasta cuándo persistirá la humanidad en su insondable empeño de adoptar nombres y apelativos tan variopintos, en tantos y tan prolijos enclaves y en tantas y tan álgidas épocas? ¿Dónde la contestación a estos interrogantes que me abruman?
Nuestro mundo no alcanzará la justicia verdadera mientras no preserve, en la dulce morada de la reminiscencia, todos los nombres que ha recibido la humanidad. Sólo cuando fuéramos conscientes de lo acucioso de conmemorar a cuantos nos han precedido, y nos arrogásemos, profética y audazmente, la responsabilidad de portar la antorcha de nuestra memoria colectiva, habríamos edificado un orbe digno de que lo habite el género humano.

Y no palpo mayor justicia que esa luz que nos concede el arte. Con la literatura inmortalizamos, de manera cuasi deífica, la memoria de quienes fallecieron sin haber gozado de la grandeza de la vida. Sus aciagos infortunios se transfiguran en una vibrante semilla de eternidad cuando el fervor estético, la más sublime y angélica de las hermosuras, perpetúa su efigie, su dolor, su sentimiento, en la gloria que coronan esas eximias obras que condensan la belleza universal. Los poetas, los escritores, los pintores…: a todos ellos se les ha encomendado la noble tarea de custodiar el testigo de los nombres que ha tomado la estirpe humana. La memoria de esa anciana que murió tras décadas de padecimiento angustioso y de trabajo incansable, sin percibir recompensa alguna en vida, ha de ser reivindicada por el poder redentor del arte, porque la mayor riqueza de la humanidad resplandece en el áureo brillo de la compasión. A través del arte nos convertimos en partícipes de su amargura, compartimos la mortificante aspereza de su tribulación, y nos consolamos al unísono, juntos en la más hechizante de las compañías, con el hermoso y fúlgido sueño de que mañana construyamos una urbe nueva, un prodigio que desafíe las maravillas que hoy nos fascinan, para liberarnos, con su brío mesiánico, de las sojuzgadoras ataduras que impone el pasado.

No me desprendo de la siguiente utopía. Irradia delirios de fantasía que algún día me asaltaron, y cuyos ecos apremiantes regresan a mí con insistencia, como un espectro que ambicionara secuestrar mi alma y atenazar mi inventiva: en el futuro evocaremos, vívidamente, todos los nombres que ha tenido la humanidad. Ni uno solo caerá rehén del furtivo olvido. Todos los hombres y mujeres anónimos que han cincelado, hijos del esmero, nuestra historia hallarán acogida en la augusta galería de los recuerdos, junto a los grandes científicos, a los músicos ilustres y a los más distinguidos santos, místicos, filántropos y estadistas. Nos enorgulleceremos, honestamente, al experimentar en nuestras carnes la extraordinaria pujanza de la memoria, cuya estela constituye nuestra mejor y más eficaz arma contra la muerte y su indolencia. Despuntará la mayor expresión de solidaridad que el mundo haya conocido. No puedo imaginar una muestra más excelsa de concordia, de unión entre los corazones y las mentes de la humanidad. Nadie será preterido, porque nuestras energías se volcarán hacia el cuidado de la memoria de quienes nos antecedieron en las inescrutables sendas de la vida. Nadie habrá caminado en vano bajo este centelleante firmamento. Todos se internarán en la magna biblioteca de nuestros recuerdos, cuyo tamaño excederá, inconmensurablemente, el de todos los templos sapienciales que hayan divisado nuestros vigilantes ojos. El mendigo que expiró, agónico, en una escondida esquina, sin que ningún rostro de ternura lo auxiliara, dispondrá de un espacio en esos fabulosos anaqueles. Las generaciones venideras acudirán a ella para rememorar, celosamente, a sus antepasados. Los niños y niñas de las escuelas estudiarán en la biblioteca de la humanidad, y rendirán pleitesía a tantas personas, otrora desdeñadas, que sembraron el bien en esta castigada tierra. La compasión adquirirá tales y tan impredecibles dimensiones, y tanto habremos ensanchado las suaves alas de nuestro espíritu y de nuestra magnanimidad, que esparciremos conmiseración también hacia quienes sucumbieron al mal, porque nos entregaremos a la magia del perdón, y la piedad sellará la más bella rúbrica de nuestro linaje humano.

Mi utopía quizás se nos antoje un delirio, una manifestación de profunda y desbocada locura. Quizás lo sea…, pero la locura inspira el arte, exhala el espíritu de la creatividad y nos conmina a abrir, inauguralmente, esa dorada ventana que mira al escenario aún no explorado. Ojalá me arrebatase una locura de tintes divinos, si así lograra vislumbrar tan altas esperanzas, porque vivir es soñar y soñar es vivir, y ningún verso puede declamarse en vano…


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Comentarios
  • Comentario por Cordura 03.08.10 | 22:05

    Excelente reflexión, amigo Carlos. Me recuerda a quienes meditaron acerca de “la memoria de los vencidos”, aunque tú lo extiendes a los “anónimos” en general.

    Sin embargo, yo creo que no es necesario sufrir tanto por todos esos hermanos nuestros. Primero, porque no es honra (“pleitesía”) lo que necesitan (ningún ser humano necesita eso, en realidad, aunque sé que tú hablas de un reconocimiento por su esfuerzo). Y segundo, porque están en la memoria de Dios.

    No, no es cosa de locos... Un saludo muy cordial.

  • Comentario por MARIA 07.04.10 | 19:17

    Si todos sufrimos este sistema debilitante.
    Por ello pienso, que para sentirnos menos frustrados, (quizas no como artesanos), hay que hacer uso de la creatividad en donde la queremos expresar.

  • Comentario por Hombre abrazado a un caballo 07.04.10 | 15:06

    No sólo me refiero a la madurez emocional, MARIA. Por ejemplo la rama materna de mi familia pertenece a una familia de pescadores y cuando mi abuelo ma habla de las técnicas que empleaban para mapear las costas, de la perfecta memoria con la que conocían cada piedra, cada terreno fangoso, cada fondo con suelo firme y su profundidad empleando una piedra atada a una liña y percibiendo por tacto cómo golpeaba la piedra el fondo; las técnicas de predicción del tiempo con un plazo de días escuchando la intensidad y los puntos donde las olas golpeaban con más fuerza la costa... ¡Todo esto ya no antes de los satélites, estamos hablando de antes de tener a su alcance sistemas de ultrasonidos (sónar) o bombonas de oxígeno! Muchos de esos hombres no sabían leer, y eran genios.

    Siento que la cultura del consumismo y la politización está masticando al superhombre y escupiendo al famoso "Homo obesus".

  • Comentario por MARIA 06.04.10 | 23:30

    Es cierto si hay Amor todo es mas facil y tambien para comprometerte con ese amor. Con el paso del tiempo, uno madura, en su manera de ver el amor, y comprometerse con ello es el unico camino hacia uno mismo. Y como bien dices, se puede madurar en el amor y ser analfabeto, pero puedes ser catedratico e inmaduro emocional.
    Amar es el unico y original camino a la creatividad, con lo cual, sin ella, que sabiduria puede haber realmente.

  • Comentario por Hombre abrazado a un caballo 06.04.10 | 22:08

    Amar el esfuerzo, esforzarse en el amor. Ambos, esfuerzo y amor, son los dos pies que ascienden hacia altas cumbres, el uno se apoya en el otro para avanzar.

    Existen sabios analfabetos y catedráticos ignorantes.

  • Comentario por MARIA 29.03.10 | 01:56

    Que es sino la fe, sino locura, la fe en un sueño, que somos sin sueños, no seriamos nada. ¿Entonces, que es la realidad?

  • Comentario por Mery 08.03.10 | 00:22

    Al leer este artículo en tu blog me doy cuenta de que muchas veces he pensado lo mismo.Seguro que tu si que puedes recordarlos con esa mente maravillosa que creo que tienes .
    Yo no podré recordar toda la gente que en mi día a día ,veo tanto en mi entorno como en los medios de comunicación que son para mi unas personas especiales y maravillosas.Alguien que cuida con cariño y paciencia a los enfermos multidependientes, gente que emplea sus ratos de ocio para cuidar a animales indefensos,jóvenes con escasos medios y ayudas se dedican a la investigación.Otra persona a la que admiro es el doctor Cavadas que en sus días libres viaja a otros continentes a operar a niños enfermos de forma altruista…..y así un montón de gente.
    Espero que siga habiendo muchas personas así,hechas de esa pasta especial y que también seamos muchas que como yo nunca dejará de admirarlas y apoyarles.

  • Comentario por ana 26.02.10 | 13:22

    Me encanta el libro de "Mentes maravillosas que cambiaron la Humanidad", desde la Antigüedad hasta nuestros días, está genial, la verdad, me encanta... Pienso que quien o quienesinventaron el habla y la escritura también deberían aparecer sus nombres para siempre, quien o quienes inventaron el fuego, la rueda... Porque aunque no sabemos sus nombres, nos han cambiado la vida a tod@s, el progreso se da gracias a muchísimas personas emprendedoras, que siempre tenían visión de futuro, de ir siempre más allá, y gracias a ell@s que hemos progresado... Es cierto que conocemos a Arquímedes, Galileo, Newton, Édison, Éinstein, Madame Curie, Gandy... Etcétera... Pero hay muchísimos nombres que, por desgracia, NO conocemos, y tal vez nunca llegaremos a saber quiénes fueron en realidad, quiénes en concreto han sido l@s artífices, iniciadores, fundadores... Bueno, en fin, que no sé qué más decir, que ojalá se les haga Justicia a ell@s también algun día... Dicen que cada día ueren personas anónimas d

  • Comentario por Josep Mª Viola 25.02.10 | 18:49

    Ahí estuvo la gran aportación de escuelas como la marxista o la de Annales, y eminentes historiadores como Pierre Vilar o E.P. Thompson. Lejos de los postulados positivistas y románticos decimonónicos (historia de grandes azañas y grandes personajes para justificar, en muchas ocasiones, intereses nacionalistas) se focalizó la atención en los movimientos sociales, en el trabajo de mujeres y niños, en los pobres, y otros sectores de la sociedad antes olvidados. Aunque, no cabe duda (y ahí está "Mentes maravillosas..." de Carlos Blanco) que hay ocasiones en que aparecen genios que cambian el rumbo de la historia con sus acciones y descubrimientos (hay que tener en cuenta el contexto social en el que surgen: no creo que Einstein, siendo el mismo, hubiese llegado muy lejos en un país que careciera de los medios económicos, políticos y culturales adecuados para desarrollar su potencial).
    Como todo en la vida, la ciencia histórica no es en blanco y negro: tiene sus matices.

  • Comentario por ana 25.02.10 | 13:46

    Hay muchas personas anónimas que deberían aparecen en la Historia, porque son héroes/heroínas, así es...

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