El 16 de noviembre de 1989 tuvo lugar un suceso horrible: los jesuitas Ignacio Ellacuría, Ignacio Martín-Baró, Juan Ramón Moreno, Segundo Montes, Amando López y Joaquín López, junto con Julia Elba y Celina, fueron brutalmente asesinados en la sede de la Universidad Centroamericana (UCA) en El Salvador. Su delito: haber denunciado las injusticias sociales y haberse convertido en voz de los sin voz.
Poco puedo añadir al extraordinario discurso que recientemente ha pronunciado el también jesuita y teólogo Jon Sobrino, quien el 16 de noviembre de 1989 se encontraba de viaje en Tailandia, pero que muy probablemente habría sufrido un destino similar al de sus compañeros de El Salvador:
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=95193
Ignacio Ellacuría (1930-1989) fue un brillante discípulo de Zubiri, e hizo contribuciones de gran trascendencia a lo que ha venido llamándose “filosofía de la liberación”. Ellacuría fue un verdadero mártir. Mártir es el que da testimonio de su fe y por eso muere, y Ellacuría tenía una fe inconmovible en Dios y en su poder liberador a través de Jesucristo. Por eso lo mataron, como a Óscar Romero. Su entrega a la causa de los que no tienen voz constituye un motivo de profundo orgullo para la Iglesia y para su país de nacimiento, España.
Ellacuría fue un intelectual que albergó la convicción de que la ciencia tenía que servir para transformar la sociedad en que vivimos, integrando a quienes se encuentran excluidos, a los que viven en la periferia de este mundo, y a los pueblos que, al igual que Jesucristo, están crucificados. Sus asesinos lo sabían perfectamente, y por eso lo mataron disparándole en el cráneo, donde se encuentra el cerebro, el órgano de las facultades mentales. La inteligencia y el pensamiento crítico siempre han sido peligrosos para el poder. Ellacuría era peligroso para las fuerzas reaccionarias de El Salvador, acostumbradas a que el clero estuviese de su lado y se limitase a defender regímenes y órdenes manifiestamente injustos pidiendo, si acaso, un poco de caridad a los verdugos, pero sin cuestionar la existencia misma de verdugos y víctimas.
Recordar a Ignacio Ellacuría y reivindicar la memoria de este disidente intelectual, social y político, que concibió la universidad como un espacio al servicio de los que no tienen voz, comprometido con la consecución de una sociedad más justa y humana, es recordar las palabras que nos transmite el Evangelio de Mateo:
“"Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque suyo es el Reino de los Cielos.
"Bienaventurados cuando os injurien, os persigan y, mintiendo, digan contra vosotros todo tipo de maldad por mi causa” (Mt 5,10-11).
Termino con unas palabras de Jon Sobrino:
“Descansen en paz Ignacio Ellacuría, Segundo Montes, Ignacio Martín-Baró, Amando López, Juan Ramón Moreno, Joaquín López y López, compañeros de Jesús. Descansen en paz Julia Elba y Celina, hijas muy queridas de Dios. Que su paz nos transmita a los vivos la esperanza, y que su recuerdo no nos deje descansar en paz”.
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Lo he encontrado aquí: http://es.wikipedia.org/wiki/Ignacio_Ellacuría
Teología de la liberación [editar]
Las conclusiones principales que Ellacuría extrae para la Teología de la Liberación son:
1. El Jesús histórico, indefenso aunque juzgado, no fue muerto por confusión de sus enemigos (tampoco Ignacio Ellacuría), sino porque era una amenaza contra el orden social establecido.
2. El Jesús histórico no predica un Reino de Dios abstracto o trascendente, en el más allá, sino concreto, en la Realidad, en medio de un mundo estructuralmente contradictorio e injusto.
3. Lo que fue la vida de Jesús (también la de Ignacio) representaba una oposición al mundo y a los poderes de su tiempo. La fe en ese tipo de vida implica seguimiento y compromiso, implica mantener la antorcha del amor y la justicia frente al odio y la opresión.
El padre Martín Descalzo (no precisamente fascista, ultraderechista y demás epítetos) en un artículo escrito para el periódico ABC (24/11/88) titulado "el coche bomba y el jesuita", criticó a Ellacuría por su comprensión y apoyo al terrorismo.
Uno de los comentarios habla de Ricardo de la Cierva. Increible. Que falta de verguenza. Un historiador fascista que no tiene ninguna credibilidad y al que ningun academico profesional toma en serio. Es asombroso que por Internet pululen semejantes reaccionarios. Viva Ignacio Ellacuria! Ni caso, Carlos, a ese grupo de fascistas insoportables que escriben comentarios en tu blog. Intelectualmente son un cero a la izquierda.
Partiendo de la base de que el asesinato es un acto execrable, que nunca, nunca se puede justificar, el padre Ellacuría es todo lo contrario de la imagen que quieres dar de él. Para documentarte lee el libro de Ricardo de la Cierva “La infiltración”, donde dedica un capítulo al padre Ignacio Ellacuría, sobre sus actuaciones subversivas en la universidad y su apoyo a los comandos marxistas, o su admiración por el Che Guevara. El libro explica que hubo jesuitas como Ellacuría que abandonaron a su fundador para entregarse a la internacional socialista y se aplicaron con ardor en el aniquilamiento de la iglesia tradicional, predicando la teología de la liberación. Lo siento chico, pero búscate mejores referentes de los que hablar, porque no das ni una. Por supuesto si no te place mi comentario elimínalo, no me enfadaré.
Sí, lo recuerdo que me enteré porque nos lo dijeron en el Colegio al que iba, son crímenes atroces y abominables, y todavía sigue habiendo mártires que mueren a manos de la gente malvada y con miedo... :¨( Aún se persigue a las personas que desean cambiar el mundo para bien, que luchan por la igualdad, la fraternidad, la justicia, la paz, el amor...
Viernes, 17 de febrero
Chris Gonzalez -Mora
Mª Rosario Aldaz Donamaría
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