El número de muertos asciende ya a 290 como consecuencia del terremoto y de las réplicas del seísmo que ha tenido lugar e la región de L’Áquila, en Italia. Pero más allá de las cifras y de las imágenes de muerte, de destrucción y de sufrimiento, creo que es necesario retomar una pregunta siempre vigente: ¿dónde estaba Dios?
Esta pregunta no puede ser considerada una blasfemia. Brota de lo más hondo de los sentimientos humanos, de la más profunda ansia de comprensión ante lo que a día de hoy nos resulta inexplicable. Millones de personas en todo el mundo creen, de una u otra forma, en la existencia de un Dios omnipotente que ha creado el mundo con sabiduría y con admirable designio, que todo lo ha hecho con “orden, peso y medida”, y sin embargo, la aplicación inexorable de las leyes de la naturaleza continúa generando caos y dolor. Cierto es que, en no pocas ocasiones, esas mismas leyes benefician al género humano, y con todo, cierto es también que históricamente han sido fuente de aniquilación, de llanto y de lamento.
No puedo evitar retomar la pregunta que se hacía Voltaire a raíz del terremoto que asoló la ciudad de Lisboa en la festividad de Todos los Santos de 1755: ¿dónde está Dios? ¿Dónde está el Dios sabio y providente de las religiones monoteístas? Un Dios personal, de existir, debe escuchar al ser humano y sentirse interpelado por el grito que le dirige una humanidad doliente: ¿dónde estás? ¿Dónde tu poder? ¿Dónde tu sabiduría? ¿Dónde tu misericordia?
Con frecuencia diluimos la pregunta, y esquivamos su fuerza refugiándonos en la culpabilidad humana. Ya lo hizo Rousseau en su polémica con Voltaire: el mal está dentro de nosotros y no fuera de nosotros. Dios, argumentaba Rousseau, no era el responsable de haber construido casas apiladas en Lisboa que cayeron presas de las terribles olas suscitadas por el maremoto. Dios no era el responsable de que la humanidad se hubiese agrupado en grandes urbes que, de producirse un seísmo, caerían rápido bajo sus devastadores efectos. El hombre es el responsable, y no Dios. Pero entonces, ¿qué papel juega Dios? ¿Podemos todavía exculpar a Dios de todos los males, convirtiéndolo en el “eterno exonerado”, como denunciaba Feuerbach, que se apropia de los éxitos de la humanidad y rehuye sus fracasos, un Dios al que sólo se le puede atribuir lo bueno y del que nunca puede predicarse nada malo? ¿Acaso hemos de ser cautivos de un concepto tan elevado, tan sumo, tan hierático de la deidad personal de las religiones monoteístas que nos impida incluso plantearle lo más humano que podemos plantearle: la pregunta por el sentido del sufrimiento? Porque nada es tan humano como hacer preguntas, ya que “la pregunta es la piedad del pensamiento” (Heidegger).
¿Dónde estaba Dios? ¿Dónde estaba Dios en L’Áquila o dónde estaba Dios en el tsunami de 2004? La teología perdería su razón de ser si ahogase el poder de la pregunta, y se escondiese en cómodas fórmulas para salir al paso. La teología no puede mirar hacia otro lado. Debe ser consecuente con lo que se deriva de creer en un Dios personal y omnipotente que todo lo ha creado para su mayor gloria. ¿Contribuye el terremoto de L’Áquila a glorificar a Dios? Extraño modo de dar gloria al Ser Supremo, sin duda.
Las leyes de la naturaleza no son ni justas ni injustas: son ciegas. Unas veces nos favorecen y otras nos perjudican, como unas veces favorecen a determinados animales o plantas y otras les perjudican (porque también sufren cuando experimentan este tipo de catástrofes). Las tragedias naturales siempre se ceban sobre los más débiles, sobre los más pobres, sobre los más vulnerables. Los ricos y poderosos siempre disponen de resortes para protegerse de las inclemencias de una naturaleza en ocasiones hostil, aunque con frecuencia también viven en sus propias carnes sus efectos destructivos, como la enfermedad.
La naturaleza no conoce la justicia. La justicia es algo que pertenece al mundo humano, un mundo mediado por la reflexión sobre los medios y los fines. Con el paso de los siglos, el ingente esfuerzo de tantos hombres y mujeres ha aliviado, aun ligeramente, la pesada carga de la injusticia. Pero todavía hoy, el niño o la niña que nace en un país de África es menos afortunado que el niño o la niña que nace en Europa. Podrá ser feliz, claro está, porque la felicidad no es sólo objetiva, sino que también responde a la subjetividad humana, al estado de ánimo, a las motivaciones que logremos identificar, al entusiasmo y la esperanza con que nos enfrentemos a la vida. Pero, objetivamente, su calidad de vida será peor.
Con la razón y con el sentimiento de solidaridad, con el conocimiento y el amor, la humanidad ha ido edificando un mundo con la esperanza de construir una mayor justicia, de manera que todos, independientemente del lugar en que nazcan, puedan disfrutar del tesoro de ciencia, de arte y de bienestar material que ha labrado la incesante búsqueda humana durante milenios.
La poca justicia que hay en el mundo sigue siendo obra exclusiva de los seres humanos. Ningún dios puede reivindicar para sí lo que tanto esfuerzo ha costado, cuesta y seguirá costando a la humanidad. La naturaleza, tan sacralizada por las religiones antiguas, nos lleva, en el fondo, a la injusticia. Los débiles siempre pierden en la lucha por la vida. El análogo de la naturaleza en el mundo humano es la inercia de las fuerzas del mercado y del ansia de poder. Afortunadamente, la racionalidad humana ha sido capaz de controlar esa inercia que siempre acaba favoreciendo a los mismos. Con instrumentos como el Estado, la democracia o las instituciones hemos podido controlar la inercia injusta, y en tantas ocasiones deshumanizadora y voraz, del mercado, y hemos hecho que, progresivamente aunque a paso muy lento, los ricos no sigan siendo cada vez más ricos y los pobres más pobres. Y frente a la arbitrariedad de la beneficencia y de la limosna, que ocultan los verdaderos problemas estructurales y sistémicos, con la razón y con el Estado como unión del interés particular y general hemos objetivado la solidaridad en justicia, de tal manera que la cooperación entre seres humanos deje de ser el terreno del privilegio para transformarse en un derecho.
Pero sigue persistiendo una injusticia fundamental difícilmente corregible: la injusticia de una naturaleza ciega que, como en L’Áquila, cercena los afanes humanos. Y esa furia de la naturaleza se manifiesta como nunca en la muerte. La muerte es lo más democrático que existe en la Tierra, ya que afecta a todos por igual: pobres y ricos, ignorantes y sabios, débiles y fuertes. Una muerte que renueva el mundo y que es por ello también creativa, y no sólo destructora. Con todo, se trata de una muerte que sume nuestra individualidad, nuestra identidad, nuestra conciencia, en el océano de lo desconocido. Como Unamuno, me es inevitable preguntarme por el destino de mi yo: ¿qué le pasa a mi yo? Porque sigue vigente el interrogante de Kant: ¿qué me está permitido esperar? ¿Para qué vivir y morir?
Existen en el mundo seres distintos y antagónicos. La armonía absoluta, la convergencia plena entre todos los seres (inertes o vivos, irracionales o racionales…) exigiría, precisamente, anular su individualidad y su diferenciación específica. Habría paz absoluta en el mundo si no hubiese intereses diversos. Pero para que no hubiese intereses diversos, fines diversos y en ocasiones mutuamente contradictorios, tendría que dejar de haber seres distintos. Todo tendría que ser una unidad profunda, admirable y fascinante. El cristianismo proyecta esta unidad definitiva al final de los tiempos, a la consumación escatológica de la historia, al Reino de Dios. Entonces, será verdadero que Dios sea “todo en todos” y que nuestra individualidad se halle plenamente integrada en la totalidad de la naturaleza y de la historia.
Hay mal en el mundo, en todos los niveles (físico, ético y metafísico, por asumir la distinción de Leibniz) porque hay seres distintos, intereses distintos, existencias distintas. Estoy convencido, como Teilhard de Chardin, de que por extraño que parezca, con el avance del conocimiento tendemos hacia una unidad cada vez más profunda, hacia un Punto Omega en el que también entra la naturaleza, que hemos aprendido a valorar como uno de nuestros tesoros más valiosos, y como nuestro lugar de procedencia. Pero esa convergencia sólo podrá ser definitiva en el Reino de Dios. Esto es terreno de la fe, no de la razón. La razón sigue perpleja ante la furia de la naturaleza y ante la cólera del egoísmo humano. Pero la fe se mantiene firme en la esperanza de un Reino definitivo. Sólo entonces el sufrimiento de la naturaleza y de la humanidad a lo largo del tiempo encontrará un sentido, si es que lo tiene más allá de ser la consecuencia de la existencia de seres distintos con intereses distintos.
¿Dónde estaba Dios en L’Áquila? No puedo si quiera concebir que Dios se ausentase. Pero tampoco puedo concebir a un Dios ya presente, a un Dios que comparezca constantemente en la autonomía del mundo. Ein Gott, den gibt es, gibt es nicht, sentenció lapidariamente el teólogo-mártir Dietrich Bonhoeffer. Y, en efecto, un Dios que “estuviese” en el mundo no puede existir. Dios tiene que ser lo que desafía al mundo, el Totalmente-Otro (Das ganz Andere) al mundo, lo que contradice la contingencia y finitud del mundo. Y hacia ese Totalmente-Otro sólo caben la nostalgia y el deseo, como en el último Horkheimer.
La autonomía del mundo, para bien y para mal, es nuestro destino. Y la autonomía exige el tiempo. Sin tiempo no hay posibilidad de que existan seres distintos. En la eternidad todo es único y convergente, no hay divergencia porque no hay cambio. En el tiempo surge la diferencia y la oposición. El precio de la autonomía es el tiempo, y el precio de la autonomía es también el dolor, la negación y la carencia. Sólo si se supera el tiempo, si todo se reincorpora a un Reino de Dios infinito, donde la balanza de la justicia pueda equilibrarse definitivamente, como pedía Kant, y donde se instaure el espacio de lo incondicionado, podremos hablar de ausencia de mal, de dolor y de enfrentamiento. Entre tanto, hay un conflicto entre las aspiraciones del ser humano por lo absoluto e incondicionado, y la facticidad del mundo natural. El Dios de la Biblia no es ajeno a esa batalla, como ha puesto de relieve Jon D. Levenson, profesor de estudios judíos en la Universidad de Harvard, en su libro Creation and the Persistence of Evil. The Jewish Drama of Divine Omnipotente. Sólo cuando se venza el poder de la negación, del mal y de la contradicción, se hará presente el Reino de Dios. Para ello hay que superar el tiempo y la contingencia, trayendo al mundo lo que es eterno y permanente: el conocimiento, el amor, la belleza y la compasión.
Pero esto es un misterio. Con el pensamiento y con la religión nos acercamos a un misterio, “tremendo y fascinante”, como lo describió Rudolf Otto; un misterio que nos embriaga y atemoriza. Un misterio inexplicable, porque si Dios no existe, hay todavía menos esperanza para la humanidad. Yo, como Rousseau, necesito creer, y necesito creer en un poder soberano, inmenso y majestuoso que no tiemble ante la muerte, sino que lo oriente todo hacia la vida plena y definitiva. No puedo creer que Jesús de Nazaret, Aquél que tanto habló del Reino de Dios, sucumbiese ante la nada y el vacío. Dios tuvo que acogerlo. Pero, como Boecio, sigo preguntándome: Si Deus est, unde mala; si Deus non est, unde bona?
me ha gustado mucho el comentario de winston smith. Yo tambien estoy orgulllosa de que Carlos sea español, Carlos no hagas caso a las criticas todo lo que te digan es por envidia de tu enorme inteligencia.
A todos los que dicen que Dios no existe: mostrarme con pruebas cientificas lo que es el amor,la desperacion,la amistad y el odio. Entonces os mostrare cientificamente a Dios. Y me rio yo de los progres liberales que se jactan de tolerantes y se jactan y mofan de las convicciones mas intimas de una persona.Dios no se maniesta a traves de atomos,Dios se manifiesta a traves de la genialidad del niño precoz llamado Mozart,de las sublimes novelas de Julio Verne,o de los paisajes de Austria. Carlos,sigue firme con tus ideas y convicciones,expresate libremente sin temor a la opinion de los demas,que para eso vivimos en una Democracia. Estoy orgulloso de seas español y de que tengamos entre nosotros.HE DICHO
ME parece k todos aquellos que insultan a nosotros los creyentes se sienten inseguros, en serio que no creen en DIOS no se como un ser humano puede vivir sin creer en DIOS. piensenlo
dios no es más que un producto humano, como lo es la esperanza.
Libérate de ataduras falsas y manipuladas por organizaciones (santa madre iglesia) que poco o nada tienen que tener con el supuesto espíritu del dios-amor que está por los más necesitados.
dios es real y necesario como lo es el ratoncito pérez o los reyes magos.
Por cierto, exponer mis creencias no es ninguna falta de respeto a los creyentes, como tampoco es una falta de respeto a los no-creyentes que alguien exponga sus creencias religiosas.
¿Por qué no dejas de hacerte el interesante? Parece que por nombrar autores clasicos tus ideas estan legitimadas, pero no es así. Amigo mio, ellos tambien se equivocaban, a igual que tu.
capullo...
en algunos de los comentarios que he leido dan a entender que la gente inteligente no puede creer en Dios yo a los que han escrito diciendo que Dios no existe en ningún momento los he insultado, así pues pido que no digan ustedes que por ser inteligente no se puede creer en Dios ya que es un insulto a todos los católicos.
LE DARE UNA RESPUESTA. CUANDo SE SINTIo UN SER MoRTAL.
LE HARE LA SIGUIENTE PREGUNTA. ¿ PERo ESTA USTED SEGURo DE SER UN SER MoRTAL ?
PASE A LA SIGUIENTE PREGUNTA. ¿ CUANDo NECESITo USTED A DIoS ?
Y haga el favor de contestar en el blog a las cuestiones que se le plantean, que es muy bonito eso de tirar la piedra (exponer un tema) y esconder la mano (evitar la distyuntiva).
No salgo de mi asombro ... ¿Pero usted, un ser el cual pasa por ser unas de las mentes mas privilegiadas de esta dimension, cree en dios? ¿Porque recurrimos a la teoria del todopoderoso creador para aliviar nuestra angustia hacia lo inexplicable? ¿Porque ha de ser la razon de que todo exista? ¿Comodidad? ¿Miedo?
Amigo mio, no hay dios, ni vida detras de la muerte, ni final feliz en este agrio lozadal que es nuestra existencia.Sus ojos se cerraran y el inmenso vacio es todo lo que espera para el resto de la eternidad.Mas no tema, no habra paroximo sensitivo, no se enterera de nada ... el crepitar de su carne sera el ultimo vestigio de su existencia ... sencillamente, estara ... muerto.
En respusta al señor Luis Saez las hambrunas, las guerras... No son causadas por Dios.
Acaso Dios creó los látigos ,las armas de destrucción masiva ,las armas de fuego...Usted conoce la respuesta igual que yo:NO.El hombre que el el único ser vivo dotado de razón y de libertad.Así pues todo a sido creado por la codicia del hombre.Dios nos hizo libres y cada uno hace lo que quiere.
Creo q Dios esta en toda la creación (Alfa y Omega), desde la primera partícula hasta terminar en Omega, pasando por el hombre y otros grados de evolución superiores. Es decir en todas las letras y nosotros estamos en una de ellas.
Creo q esa creación, SIENDO LIBRE, experimenta, y en sus ensayos se equivoca y acierta y así evoluciona, al igual q el hombre.
Creo q el Dios de nuestra letra no es el Dios acabado (Omega) sino q es un Dios q sufre y llora y rie y espera con el hombre en el q está. Nuestra esperanza está en q al igual q Jesús podemos pedir al Padre (Omega).
Creo en un Dios en evolución q no estará acabado hasta q toda la creación este en Él.
Ante la pregunta de Carlos, yo creo q Dios estaba allí.
¿Y donde esta Dios cuando miles y miles de personas mueren a causa del hambre??
¿Por qué no escribes un artículo sobre eso Carlos Blanco??
¿O es que eso no le importa a nadie??????????
Que patetico
dios no estaba porque dios no existe y si eres tan listo deberiaas saberlo :)
No te leo porque me aburres y porque eres pedante; pero no te lo tomes a mal, no es nada personal.Como persona te digo como dice Gallardón te veo, te admiro, eres el mejor.
Bueno, la pregunta es ¿dónde estaba el Papa? Porque el hombre se ha tomado su tiempo para visitar L'Áquila. Cuando no hay tembleques es cuando ha ido. ¡Vamos que tan lejos no le pilla del Vaticano!
Quizás si no hubieran virus, placas tectónicas y demás desastres no tendríamos la oportunidad de valorar lo bello y verdaderamente valioso de la vida.
Enric, nadie ha dicho que Dios se tuviese que presentar en L'Aquila a parar el terremoto, la cuestión es ¿Por qué Dios creó un planeta con placas tectónicas en movimiento que originan erupciones volcánicas, terremotos y tsunamis?¿porque creó Dios virus que ocasionan enfermedades mortales y dolorosas? ¿porque se producen en la tierra lluvias torrenciales y huracanes devastadores? No es que dios tenga que venir a evitar esos desastres, es que según su diseño inteligente no tendrian porque ocurrir nunca. Como bien dice el post, basta ya de que Dios sea el responsable de nuestros logros y no tenga nada que ver con nuestros fracasos o desgracias. Lo bueno y lo malo que hacemos es responsabilidad únicamente nuestra, basta de escudarse en un Dios imaginario. Dios no existe.
http://despredicador.blogspot.com
Soy católica y considero que la naturaleza es parte de Dios y viceversa, por lo tanto Dios está en todo hecho que pasa en la Tierra. Sinceramente estoy poco instruida en el tema pero creo que muchos de los desastres naturales en la actualidad han sido la causa de siglos de explotación de los recursos, de la contaminación ambiental (mucho de esto causado a su vez por la avaricia y el egoísmo del hombre). Con esto quiero decir que lo que pasa en el mundo es parte de un Plan Divino, de una justicia que está por encima de la justicia humana; ésa es la de Dios.
Una vez escuche que "su mano alivia, aunque parezca herir"
Mi humilde opinión.
Gracias por publicar tus artículos, espero que no lo dejes de hacer.
Que Dios te bendiga!
Saludos desde México.
"Si Dios se apareciese en esos momentos, salvando a los hombres, parando el terremoto y todos le viesemos, inmediatamente dejaríamos de ser libres. He dicho."
Entonces seamos libres y olvidemos al dios de los esclavos. ¿O es que si no le seguimos, seremos “malos”? Evidentemente, esa sería una tremenda visión negativa y pesimista acerca de los humanos. Habrá que considerar entonces seriamente los traumas y resentimientos que nos inducen a creer…
No estoy en defensa ni de la ciencia ni de las religiones (que por otra parte se defienden ellas mismas por sus frutos y por el aprovechamiento de sus efectos). La ciencia sólo abarca interacciones físicas, así como la religión solo debiera alcanzar la moral. Con lo cual, el religioso que acuse a la ciencia de pretender dar respuesta a cuestiones trascendentales, está conviviendo con el mismo error en su postura. No hay pues argumentos que pueda esgrimir en contra de los científicos que filosofan, puesto que su actitud es un ejemplo de permisividad en su caso. ¿O es que la búsqueda de la trascendencia tiene copyright y está patentada? El hecho de que los religiosos se erijan como poseedores del "único camino", claro, firme y preciso para alcanzar la divinidad, es el único argumento que les da legitimidad, siempre que se les crea, claro está. Y para eso siempre habrá nincho de mercado, puesto que los atajos siempre han estado valorados, y siempre habrá quien quiera saber LA VERDAD.
Comentario por kolbe 15.04.09 | 19:45
No puedo más que decir Amen y Aleluya.
La Palabra dice que "El justo (el que es justificado por Cristo) por la fe vivirá". No dice creerá, dice vivira.
La ciencia, el metodo cientifico, fué implantado y desarrollado por los deistas. Frente a los platonistas que creian en un mundo corrupto y decadente, los creyentes pensaron que como obra creada era interesante ser estudiada.
Los ateistas y derivados, ahora prtetenden que la Ciencia sea una religión o sacerdotisa de una religión. Olvidan que la ciencia es un metodo, un instrumento de trabajo, basada en la causalidad y la continuidad, por lo que esta limitada a las causas segundas, siendo inutil para las causas primeras o singulares.
Otro defecto en el que caen quienes no utilizan bien el metodo logico aristotelico, es que confunden ciencia, con opiniones filosoficas de cientificos.
Si Dios se apareciese en esos momentos, salvando a los hombres, parando el terremoto y todos le viesemos, inmediatamente dejaríamos de ser libres. He dicho.
Por eso entre otras cosas, tanto rechazo de los sectores religiosos hacia la ciencia... porque suponen una competencia, la de ser quien trate de dar soluciones a los males que afligen el mundo.
Jajaj, gracias... yo no sé como pudiste leer todo lo que escribí, porque a veces luego ni yo mismo lo entiendo del todo, pero gracias :-D Y estoy de acuerdo en que podríamos habernos ceñido más al tema propuesto por Carlos. Sobre este tema, pienso que el mismo endulzamiento que él hace de la trascendencia de la vida mediante la fe, es lo que desemboca luego en desencanto. Si consideráramos el universo como un constante diálogo entre construcción y destrucción (del mismo modo en que vemos un hormiguero inundarse y no nos afecta demasiado), entonces podríamos sentir mucha pena, lástima y apiadamiento por las víctimas de L'Aquila, pero no desencanto espiritual. Es lo que tiene apostar tan alto: después tiende a bajar. Ya lo decía el Tao con lo de que todo lo que se llena termina vaciándose... La espiritualidad occidental judaico-cristiana-ortodoxa respira, paradójicamente, la misma necesidad de controlarlo todo, como librarse del sufrimiento y vida eterna) que el oficio de la ciencia.
El conocimiento, el amor, la belleza y la compasión tienen la misma "eternidad "que la ignorancia, el odio, la fealdad y la crueldad, puesto que unas existen al existir las otras, no son independientes son coexistentes.
Si Dios está en la eternidad y ésta es la ausencia de autonomia, de tiempo, de cambio...de contradiccion, dolor, bien o mal...Dios está en la nada.
Carlos,
Quizás te he entendido mal pero la conclusión que saco de tu artículo es que Dios no está entre nosotros, que sólo lo encontraremos cuando muramos. Al margen de que eso no es lo que la tradición cristiana católica me ha enseñado a mí, ésta no es mi experiencia. Dios está aquí entre nosotros, en las penas y en las alegrías en las adversidades y en los tiempos de bonanza. Si lo tratas, lo notas, lo sientes y lo vives, aquí, en la tierra. No entro en los milagros que se dan cada día, aunque también eso son signos de Su presencia, pero sí creo que Él nos lleva de la mano si se la damos. Eso es la Fe vivida y esa es mi experiencia, la de un tipo normal, laico, pecador como el que más, pero con unas ganas infinitas de cumplir bien con los demás y con Él para llegar de su mano al Cielo, aunque sea como consecuencia de un terremoto en L´a Áquila...
A ver si Carlos lee esto (no sé si llega a hacerlo) y se anima algún día a "bajar al pueblo" y comentarnos algo, aunque sea regalarnos una sola línea. Así se desmitificaría un poquito la idea de "persona conocida que escribe un Blog, pero no se involucra, que sólo expone pero no interactúa" (vamos, si considera que nuestras dudas espirituales tienen algo interesante.. que no lo sé).
Tal vez así su Blog estaría más vivo que nunca, y su tarea más cercana. Un saludo a todos (Musa, Gedeón, Ana, Carlos, y todos los que intervengan)
Que digamos que alguien (Carlos Blanco) nos da pena porque no piensa como nosotros. Y en ese juego admito que hemos caído los dos: tanto usted queriéndole rectificar para “ser un buen instrumento”, como yo rebatiéndole sus teologismos. Sí señor, ¿de qué nos sirve posicionarnos, si al final no nos comprendemos?
Pero por el final de su comentario que he leído, estoy con usted, y considero muy interesante la conversación que hemos mantenido. Al menos que se vea que no todo es rechazo entre agnósticos y creyentes, sino también encuentro. Que le vaya bien también, y disculpe si he hecho alusiones demasiado personales o algún prejuicio.. que es mi defecto. Compartir e intercambiar es salud... los dogmas un distanciamiento.
Es entonces cuando me parece que se apropia de algo que también es nuestro (de los agnósticos con profundas experiencias y sentimientos), y que decir que el suyo es “el único camino” lo considero un totalitarismo. No creo que haya que ser radical para amar intensamente. Creo que ese ideal de lo extremo, surgió a raíz de la manipulación socio-política de los estamentos religiosos, que poco tenían ya que ver con la llama de Jesús. El “bien” y el “mal”, “sigue este camino y no el otro”, “irás al cielo no al infierno” o “ésta es la única verdad” han promovido que nos dividamos, o temamos (como usted dice que hay que temer a Dios), o nos confrontemos.
Un camino y una verdad que no tienen por qué ser exclusivos de los creyentes seguidores de Jesucristo, ya que no solo nos representaba a nosotros, sino que él mismo era nosotros. Cuando dijo “soy el camino y la verdad”, interpreto que nos animó a que descubriéramos en nosotros mismos ese Jesucristo que todos tenemos. No me imagino a Jesús considerándose líder, ni superior, ni único poseedor de una verdad que nos revela, sino como transmisor de un mensaje profundo, procedente de aquello que para cada cual podrá tener un nombre distinto (Dios, trascendencia o universo insondable infinito). No estoy para negarle nada de lo que con todo derecho, quiera vivir o sentir, pero sí que debo hablar cuando con sus palabras parece insinuar que sin su forma hacer, no podríamos llegar a parecidos resultados espirituales. (sigue)
3º
Enric:
Cuando digo que a una persona inteligente lo que escribo le puede ayudar, me referia a usted o tu.
Claro que puedo aprender cosas de ti, estoy seguro.
Bueno creo que ya he dicho todo lo que queria decir. Reele desde el principio.
Hasta la proxima, no quiero acaparar un blog que no es mio. Cuuando escriba otro articulo el blog, dejaré mi pensamiento.
Y que el Señor te bendiga a ti y a tu familia.
Estoy convencido que tu intelecto y tu corazón estan buscando a Dios (Amor, Verdad, Sabiduria, Gozo, justicia), cuando te rindas a él y mueras a ti mismo, habrás hallado la meta.
Y si no que te vaya todo bien.
...y el que no lo quiera aceptar pués, bajo mi punto de vista, se pierde algo bueno, pero no pasa nada. Seguiré amandolo y ayudandole en lo que me demande y siendo el mejor compañero de trabajo, el mejor vecino y y el mejor contertulio que pueda. Pero siempre sin suicidarme intelectualmente.
Pretender que no habrá mal, ni daño, ni errores, ni injusticia solo por imaginarlo y hablar, y que ceda unicamente el que piensa que hay justicia e injusticia, dolor y placer, obediencia y desobediencia, etc y sobre todo que existe gozo de vivir sirviendo y obedeciendo a Cristo, me parece erroneo.
Yo y millones de personas hemos experimentado un encuentro con Cristo y nos ha convencido y cambiado. Los pensamientos del mundo los conocemos todos.
Carlos dijo que era cristiano y sin embargo no ha experimentado a Dios y menos le cree a Dios, y por eso escribo, porque a una persona inteligente le puede ayudar lo que escribo en la busqueda de la Verdad.
1º
Enric, Enric, Enric, pretender que yo no piense lo que pienso, sienta lo que siento y viva lo que vivo, es totalitarismo. Cuando menos una falta de respeto a la diversidad.
No se exactamente lo que pretendes con tu discurso, que a mi me parece cargado de juicios y fantasias. Si fueras un compañero de trabajo, o un vecino, o cualquier persona con la que me encontrará; yo trataria de ayudarte en lo que demandarás de mi. Mi Camino es el Amor, pero si lo que pretendes es que deje de vivir como vivo, sentir como siento y o pensar como pienso, vida llena de gozo y muy querida, no puedo hacerlo y no entiendo que satisfacción podria darte.
Da la casualidad que yo sigo a quien declaro de si mismo que era "El camino, la VERDAD y la vida. Era un radical. No dijo "Yo sigo un camino, que me parece tan acertado como otros y me entretengo mientras pasan los dias".
Y si anuncio a Cristo y su Palabra es porque creo que es un chollo para el que lo quiera aceptar y...
Porque puede que al final sea el propio creyente quien necesite la existencia de dos bandos (el de creyentes y no creyentes)... para justificar la burbuja donde se siente protegido. Respeto su opinión, pero la respetaría aún más si estuviéramos dispuestos a dialogar y aprender el uno del otro. De lo contrario, sigan dividendo el mundo.
Pero como siempre se sacan de debajo de la manga el recurso de que hay ángel y demonio, bueno y malo, cielo e infierno... me dirá que hay actitudes que no hay que escuchar o esforzarse por comprender, y gracias a ese convencimiento se quedará tranquilo, seguro y protegido dentro de su caparazón blindado. Esa división primordial que establecen (el bien y mal, el cielo y el infierno, etc) es justamente uno de los mayores promotores para que el mundo siga dividiéndose. Permite que no se valoraren los problemas en toda su dimensión, siendo un buen coladero para prejuzgar. Y convierte a ese supuesto "buenismo de santidad" en una arma silenciosa, con la cual nunca nos sanaremos. Siempre habrán quienes digan que su posición es innegociable, y que por lo tanto nunca nos integraremos. Me gustaría saber qué necesidad de alejarse, de separarse, de singularizarse del resto con aquello de "muchos nos criticarán" ... subyace en la psicología del creyente.
Pienso que Jesús estaría muy enojado con el uso que hacemos del espíritu de sus enseñanzas... que lejos de pretender enarbolar una verdad, debieran ser un baño del alma por la caridad, la fraternidad, el acercamiento, la voluntad de entendimiento y la compasión. Como cita el mismo autor de este blog, Carlos Blanco:
"El sabio verdadero es riguroso consigo mismo, y amable con los demás".
Nosotros, con la exaltación de lo que es únicamente la manifestación en palabras de algo profundo, hemos banalizado su mensaje. El mensaje debiera simplemente LA ACTITUD DE "TE ESCUCHO Y ME ESFUERZO POR COMPRENDERTE".
Usted siempre podrá enmascarar su totalitarismo con la demonización del relativismo, que es sin duda una mala forma llamarle y de entender la libertad de pensamiento y sentido crítico. Todos los que no piensen como usted serán relativistas, porque soberbiamente, su posición es el eje central de todo lo que por contraste, es la relatividad. Y así, negando la posibildad de compartir ideas con quienes difieren de ustedes (por miedo a la igualación) engordarán sin quererlo los niveles de totalitarismo de una creencia que, por cierto, enarbola la bandera de la humildad, del acercamiento, de la compasión, de la humanidad y de la sencillez. "Innegociable" es su forma de decir que no le cambiarán. Y en el fondo de estas actitudes, existen y permanecen gran parte de los conflictos que asolan el mundo. Sin tan solo aplicáramos algunos de nuestros ideales mediante pequeños detalles, el mundo se tornaría mejor, que con todas la fuerzas sobrenaturales de las religiones habidas y por haber.
Pero el problema es la legitimidad. Usted no considera legítimos aquellos que, según su clasificación, se pierden en la nebulosa de la razón, la ciencia o el conocimiento. Tampoco aceptaría ningún consejo de alguien que se considerara ateo, como seguramente no lo haría de alguien que no estuviera de acuerdo con su posición ideológica. Y en cambio sí considera legítimos todos los preceptos que se acercan a lo que ya cree, es decir, se convierte en un recipiente blindado con las mismas ideas del momento en el que se cerró (quien sabe donde estará la llave), y que se regenera siempre con los mismos pensamientos a oídos sordos de los "ilegítimos". Si usted considera que la solución, en lugar de comunicarnos los dos, abrazarnos e integrarnos, deba ser el de que finalmente todo el mundo alcance su iluminación... será que yo confundo los términos, pero ESO sí que es la definición de totalitarismo. Diseminar un cuerpo de ideas para que todos sean un buen instrumento de sus ideales divinos.
Como dije en otro comentario, esa forma de verlo respira a defensión, es decir, un modo de caminar por la vida en el que se necesita discriminar los buenos de los malos, para defender su posición. Podría decirse incluso, que hay un dolor ancestral, inconsciente y subterráneo, por el cual el pasado se manifiesta actualmente en esa forma de concebir el mundo y luchar en él. En otras palabras, que los males que hicieron ciertos hombres en el pasado, se encarna en ese resentimiento actual. Y por ello también me explico que el sr. Gedeón desconfíe de mí, de mi interés por escucharnos mútutamente, de enriquecernos, etc. Con todos los respetos, como aquel can maltratado que al ofrecimiento de pan, ladra rabiosamente. (Y no lo digo porque solo yo pudiera darle pan, sino tanto él a mí como yo a él). Casi todas las personas pueden ayudarnos o enriquecernos. Incluso aquella que nos parece extraña a nosotros, conociéndola bien puede llegar a transmitirnos e influirnos positivamente.
Lunes, 9 de noviembre
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Carlos Blanco
Julián Moreno Mestre
Juan Luis Recio
Juan Granados
Ángel Sáez García
Antonio García Fuentes
Siro López
Marie-José Martin Delic Karavelic
Alicia Antolín de la Hoz