El blog de Carlos Blanco

El cielo estrellado sobre mí, la ley moral en mí

30.12.08 | 18:16. Archivado en Sobre Carlos Blanco
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“Dos cosas llenan el ánimo de admiración y respeto, siempre nuevos y crecientes, cuanto con más frecuencia y aplicación se ocupa de ellos la reflexión: el cielo estrellado sobre mí y la ley moral en mí”

(Immanuel Kant, 1724-1804)

La historia de conocimiento manifiesta la fascinación constante del ser humano por todo cuanto le rodea. Cada respuesta siempre ha inaugurado un nuevo y vívido interrogante, cada logro ha abierto un desafío no presagiado y cada sistema de pensamiento ha suscitado visiones del mundo hasta entonces ignotas. Pero la perplejidad ante el mundo, la historia y el hombre persiste. Y no creo que nadie haya sido capaz de resumir en qué consiste esa sutil mezcla de admiración y de crítica mejor que Kant: estriba en mirar a lo alto y divisar un cielo estrellado sobre nosotros, y en atisbar lo profundo y contemplar una ley moral en nosotros. Las estrellas brillan, centelleantes, sobre nuestros frágiles cuerpos, al igual que la llama de la moral arde en nuestro pujante interior. El anhelo de entender el fulgor de esos astros rutilantes nos ha hecho crear las ciencias de la naturaleza, y la briosa antorcha de la moral nos conduce a la filosofía, la ética y la reflexión social, así como al arte como espejo de cuanto deseamos.

Kant personifica la quintaesencia del proyecto de la Ilustración, caracterizado por la confianza en la racionalidad humana, la noble ambición de difundir el conocimiento y la tolerancia.La ética del imperativo categórico constituye una de las construcciones más bellas que ha legado el genio humano: actuar siempre de tal modo que la máxima de nuestras obras pueda convertirse en una ley universal en un reino universal de fines. Un canto a la esperanza en la fraternidad humana, un himno a la solidaridad y una denuncia permanente del egoísmo. Una ética, en definitiva, de lo universal por encima de lo particular. Una ética en la que el ser humano no puede menos que aspirar a ser siempre tratado como un fin y nunca como un medio, como un legislador supremo en el reino eterno de los fines.

Y junto con esa sublime reflexión moral, que no ha podido dejar indiferentes a las generaciones posteriores al filósofo de Königsberg, la sorpresa ante el cielo estrellado se traduce en Kant en una fe enhiesta en la capacidad de las ciencias por desentrañar los misterios del mundo. Su pensamiento parte de la honda admiración ante los éxitos de la empresa científica de la humanidad, ante los triunfos de Galileo y de Newton, y estoy seguro de que, de haber vivido Kant en nuestros días, su filosofía habría comenzado con una apreciación análoga de los hitos jalonados por Einstein y por Heisenberg, por Darwin y por Mendel, por desentrañar la estructura del ADN y por obtener la secuenciación del genoma humano. No hay ingenuidad ni utopismo vago en el sueño ilustrado de Kant, que gravita en torno a la primacía del conocimiento, de la razón y del amor entre los seres humanos por encima de las pasiones que separen y no unan, que esclavicen y no liberen. Hay un profundo realismo en lo que verdaderamente nos configura como seres humanos: el diálogo, la tolerancia, la infinita apetencia de aprendizaje. Con la ciencia, la humanidad ha configurado un mundo de esperanza y ha mejorado las vidas de millones de personas. Con la ética, nuestra estirpe ha sentado las bases para que el progreso que propician las ciencias sea auténticamente humano. Si con la ciencia nos hemos aventurado a escrutar lo que nos es externo, lo que trasciende nuestra subjetividad y se nos presenta como una realidad distinta y ajena (el mundo físico, la biología humana, el universo de las formas matemáticas…), con la ética, y con todo lo que de ella se nutre o a ella alimenta, el ser humano se ha fijado el sempiterno cometido de humanización del mundo natural y del orbe social. Todo conocimiento representa un acto de humanización: interpretamos la realidad según las categorías exigidas por la inteligencia humana; adecuamos lo objetivo al horizonte de nuestra subjetividad. De esta manera, no nos hemos limitado a asumir sin más los contenidos procedentes de las ciencias naturales, sino que hemos pretendido integrarlos dentro de un proyecto de expansión de la vida y de la condición humana. Una humanización, en definitiva, dde la naturaleza y de la sociedad, para que puedan aflorar, irrestricta, vigorosa y resueltamente, nuestras auténticas posibilidades.

La frontera entre lo trascendente, entre el cielo estrellado que relumbra apasionadamente sobre nosotros, allá en la alturas abovedadas, y lo inmanente, entre la ley moral que clama, intempestiva, dentro de nuestros corazones, viene dada por el poder humano de conocer y de amar: nos es dado conocer y amar lo que subsiste sobre nosotros y lo que yace dentro de nosotros. Con el conocimiento unimos, inextricablemente, el mundo de la exterioridad y el de la interioridad. Con el amor convertimos cuanto nos rodea, así como lo que reside en nosotros, en enunciado fraternal. La divisoria, en suma, entre lo trascendente y lo inmanente es la esperanza humana en lograr ese reino universal de fines en el que convergen naturaleza y libertad. Es el destino de la historia como encaminamiento hacia una progresiva, gradualmente acrecentada, conciencia de nuestras aptitudes, de nuestra autonomía y de nuestro entendimiento. Conforme avanza la historia apreciamos, ciertamente, contradicciones aparentemente infranqueables, sus virtualidades y sus carencias más que flagrantes, pero seguimos elevando nuestra irredenta imaginación al cielo estrellado sobre nosotros, y no desistimos de escuchar la interpelación de la ley moral que en nosotros vibra arrebatadoramente. Nos afanamos en buscar la respuesta al improrrogable interrogante por nuestro lugar en el universo y por el porqué de las cosas, y con el diálogo, la reflexión y la permanente inquietud intelectual y ética nos vamos haciendo más humanos, más libres y fraternos. Ojalá sea siempre así, y nunca se canse, agobiada por la agónica lasitud que impone la evidencia del inexpugnable mal, de la áspera injusticia y del amargo sinsentido, el hombre de ser hombre, sino que tenga siempre presente la perspectiva de un orbe distinto y de una humanidad más humana, capaz de extasiarse indefinidamente al contemplar el irisado cielo estrellado y al oír el incontenible estrépito de la reveladora voz de su conciencia moral.

6 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por Katia 29.08.10 | 23:46

    Bosco, permíteme decirte que con tu comentario demuestras un nivel de moral muy bajo. Si Carlos miente o no respecto de su CI (que estoy casi segura de que no lo hace puesto que su gran inteligencia le permite poseer a la vez un alto grado de Ética) no deberías mencionarlo en lo que sería un espacio para opinar sobre sus artículos. Lo único que demuestras con esta actitud es no saber canalizar las emociones más irracionales del hombre y más perjudiciales para el conjunto de la humanidad como son la envidia o el egoísmo. Quizás deberías cambiar esa actitud y transformarla en admiración. También me pregunto porque cuando se "opina" sobre los artículos de este genio, en vez de decir: estoy de acuerdo o no, la mayoría de las veces salen cuestiones sobre su CI...
    Para acabar y como siempre un gran articulo de Carlos, que es capaz de entrelazar la sabiduría con el sentimiento. Felicidades

  • Comentario por ana 12.03.09 | 14:42

    El fin de la moral es la felicidad de todos para todos/as.

  • Comentario por ana 01.01.09 | 13:16

    Soy muy pesadilla, eprdo es que he encontrado aquí la ética de Kant, que está genial...

    1. " Obra sólo según una máxima tal, que puedas querer al mismo tiempo que se torne en ley universal."
    2. " Obra de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la de cualquier otro, siempre como un fin y nunca meramente como un medio."
    3. " El ser es un fín en sí mismo. Tiene dignidad"

  • Comentario por ana 01.01.09 | 13:13

    Al contemplar el cielo estrellado nos sentimos más humildes frente a tantísima e infinita inmensidad.
    La ley moral es la principal de todas, y que debemos seguir todo el mundo, y encontrar las respuestas de por qué hay personas que no la siguen, sigo sin explicármelo... Pero la mayoría e la gente sí iene sentimientos, porque si no fuese así se terminaría la Humanidad para siempre... Ante todo, que haya Justicia en todo el mundo y haya paz, igualdad y fraternidad...
    Feliz Año Nuevo!!!!!!!!!!!!!!!!

  • Comentario por ana 01.01.09 | 13:11

    Al contemplar el cielo estrellado nos sentimos más humildes frente a tantísima e infinita inmensidad.
    La ley moral es la principal de todas, y que debemos seguir todo el mundo, y encontrar las respuestas de por qué hay personas que no la siguen, sigo sin explicármelo...
    Feliz Año Nuevo!!!!!!!!!!!!!!!!

  • Comentario por Nothing 31.12.08 | 12:57

    He leído el texto y tienen un transfondo poético que lo hace agradable al leer. Te doy la enhorabuena por esto, pero no olvidemos que el ser humano no es algo divino, especial o diferenciable de la naturaleza común de la que parte, y tampoco tan evolucionado que marque ni siquiera una distinción particular desde el punto de vista de la inteligencia. Por decir, ni siquiera somos poseedores de las capacidades que conscientemente vamos conociendo a través del pensamiento o la técnica; queremos vernos como seres superiores pero realmente actuamos de una forma que no se diferencia al restos de especies, donde podriamos encontrar ejemplos de comportamiento de muchos caracteres humanos, por supuesto con nuestras singularidades. Así que podemos seguir imaginando esa virtualidad de la que hablas, soñar para no invertir y no reconocernos. Que tengas feliz entrada de año.

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