El blog de Carlos Blanco

La mejora de la universidad española

19.11.08 | 10:00. Archivado en Sobre Carlos Blanco
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La noticia publicada por distintos medios de comunicación sobre el informe publicado por el Lisbon Council ha dejado en evidencia las carencias, denunciadas por tantos en los últimos años, de la universidad española. Creo que no hay tiempo que perder en lamentos, que por otra parte constituirían una gran injusticia con respecto a las personas (docentes, estudiantes…) que verdaderamente se esfuerzan cada día por mejorar la calidad de la enseñanza y de la investigación en nuestro espacio de educación superior. Es tiempo para buscar soluciones

No podemos negar que España acumula un retraso histórico en el plano educativo en comparación con otros países de la Unión Europea. La cultura científica sólo se ha ido implantando recientemente y a paso ligero, y la cultura humanística, en la que España destacaba algo a nivel internacional, ha ido a peor por unos planes de estudio que no han reconocido el valor absolutamente esencial del currículum humanístico en la formación de nuestros jóvenes. ¿Qué nos ha quedado, después de relegar las humanidades a un segundo plano en aras de una formación supuestamente más técnica? Ni una cosa ni otra. Nos hemos quedado sin educación humanística y sin una formación científico-técnica mínimamente relevante a nivel internacional.

Los problemas de la universidad no comienzan en la universidad. El bajo nivel educativo que tantos critican procede de la educación primaria y secundaria. Es, por tanto, urgente implementar un currículo integral que combine ciencias y humanidades, como se hace en las mejores escuelas y universidades del mundo.

Para no divagar en el vacío, me aventuro a ofrecer algunas ideas (seguramente adelantas por otros) que se refieren explícitamente a la universidad. No entraré a discutir el Tratado de Bolonia, porque el tema se complicaría demasiado, pero me parece que las consideraciones que incluyo a continuación valen en uno u otro caso (es decir, se esté a favor o en contra del nuevo espacio europeo de educación superior):

1) España enseña conocimiento, pero no produce conocimiento. El método de la lección magistral y la actual disposición de los planes educativos transmiten, ciertamente, conocimientos. Pero España nunca está a la vanguardia de la gestación de conocimientos. Existe una especie de miedo escénico a innovar, a concebir un pensamiento propio o una teoría propia. El excesivo énfasis en el estudio, en el aprendizaje de contenidos descubiertos por otros o pensados por otros, ha resultado a la larga paralizante de la creatividad potencial de nuestros jóvenes. Hay que cambiar radicalmente de modelo: no se trata sólo de enseñar lo que ya se sabe, sino de generar una atmósfera que anime a crear conocimiento, como se hace en otros países.

2) Para ello, pueden introducirse prácticas que ya se realizan en las universidades de mayor prestigio de Estados Unidos y de Europa. Por ejemplo, cada asignatura (científica o humanística) debería tener una importante carga de horas de seminario donde se discutiesen artículos científicos de gran nivel, libros, propuestas, etc. Seminarios en grupos reducidos con la presencia de profesores e investigadores para reducir la distancia docente/discente y para configurar una atmósfera de discusión, de intercambio y, en general, de efervescencia intelectual en nuestras universidades. Lo que se palpa cuando alguien pasea por Harvard Yard o por los colleges de Oxford, un ambiente de dinamismo intelectual, de discusión sobre teorías de vanguardia, de propuestas innovadoras, de profesores hablando con sus alumnos sobre lo que están estudiando, de ideas para redactar papers o nuevos libros…, ese mismo ambiente de ebullición intelectual debe poder existir también en los campus de las universidades de España.

3) No es de recibo que exista una asimetría tan grande entre el desarrollo económico de España (octavo país del mundo por PIB) y el estado de sus universidades (en decimoséptima posición según el citado informe). Refleja un desequilibrio evidente: España es un “gigante” con pies de barro, porque su crecimiento no se ha basado en el conocimiento. Pero para que esta denuncia, tan común, no se convierta en un tópico que lleve a la inacción, hay que plantear alternativas realistas. Una de ellas sería el reclutamiento de profesores de gran prestigio a nivel internacional que introdujesen en España metodologías y, sobre todo, atmósfera de investigación y de vanguardia internacional. Por ejemplo, premios Nobel de distintas especialidades (uno de los criterios del ranking de Shanghai de universidades se basa, precisamente, en la presencia de premios Nobel). Lógicamente, esto requeriría de una notable inversión económica: un premio Nobel no se vendría a España de cualquier manera, sino que exigiría una remuneración y unas condiciones muy particulares. Si España es la octava economía mundial puede permitírselo.

4) En la anterior línea, sería interesante llegar a acuerdos con las principales empresas españolas (paradigmáticamente, las que pertenecen al selectivo IBEX-35) para financiar institutos de investigación en ciencias y humanidades. Grandes empresas de este selectivo (Unión Fenosa, Acciona…) han puesto en marcha universidades corporativas, iniciativa enormemente interesante para impulsar la sinergia entre universidad, conocimiento y mundo de la empresa. Esas mismas compañías podrían encargarse de financiar institutos punteros de investigación, lo que elevaría el nivel científico y cultural de España y a la larga (eso sí, a la larga y no de inmediato) repercutiría en su propio beneficio. Claro está que esto exige acabar con la mentalidad cortoplacista que ha inundado con frecuencia la política y la empresa en España.

5) Potenciar las humanidades en todas las carreras y áreas del conocimiento. En otros países no hay nada de extraño en que alguien que estudia, digamos, física, se matricule también en asignaturas como historia del arte. Necesitamos mayor flexibilidad en nuestros currículos y proporcionar a todo el mundo una plataforma básica de cultura humanística. Ideas como un canon de obras literarias y filosóficas, que incluyesen diversas formas de pensamiento y que recogiesen el mejor legado de las grandes civilizaciones, podrían servir para configurar unos conocimientos humanísticos que todo universitario debería poseer, independientemente de su campo de especialización. Hacer, en suma, un currículo humanístico universal consensuado.

6) Es necesario impulsar la detección precoz de altas capacidades y ofrecer currículos académicos flexibles para que personas dotadas de gran inteligencia puedan participar, cuanto antes, en el aprendizaje y en la investigación de alto nivel. De lo contrario, se corre el riesgo de desmotivarlas y de perder un inmenso capital humano.

7) Las universidades españolas podrían transmitir la ilusión por conocer y por realizar contribuciones relevantes al saber desde el principio, organizando jornadas de recepción donde a los jóvenes se les diesen ejemplos concretos de grandes figuras de las humanidades y de las ciencias y se les animase no tanto a imitarlos mecánicamente como a emular sus logros en el mundo actual. Se trata, en definitiva, de crear un ambiente de fascinación por el conocimiento y de deseo real por hacerlo progresar.

8) La solución no estriba en que vaya menos gente a la universidad para así gestionarla con mayor facilidad. Al revés: las estadísticas demuestran que existe una correlación y, con casi toda seguridad, una relación de causa-efecto entre el número de titulados superiores y el nivel de desarrollo de un país. De hecho, faltan alumnos en las carreras de humanidades, debido al prejuicio extendido en muchos ámbitos de que esos estudios no sirven para nada. En los países más avanzados (Estados Unidos, Alemania, Inglaterra…) uno puede estudiar filosofía, ciencias políticas o filología oriental y luego dirigir un gran banco. Lo importante no son tanto los contenidos (que pueden aprenderse on the job) como las destrezas y hábitos de trabajo y de apertura a las nuevas ideas que se hayan podido adquirir en la universidad. Si queremos ser un país avanzado debemos desterrar la división entre estudios útiles e inútiles. Es signo de progreso y de desarrollo que en una universidad existan facultades e institutos de investigación sobre materias aparentemente inútiles para los estándares de una visión reductiva y cortoplacista. Si no, basta con contemplar la organización académica de las mejores universidades del mundo, como Harvard, donde existen sendos departamentos de lenguas orientales, de arqueología, de antropología, etc. Si sólo producimos ingenieros, economistas e informáticos y, lo que es peor, continuamos transmitiendo la idea de que ésas son las únicas profesiones con futuro, seguiremos estando en la retaguardia del conocimiento. Las empresas tienen mucho que hacer en este aspecto: a quién contratan y a quién no en virtud de su titulación puede hacer mucho bien o mucho mal a la educación en España. Por supuesto, en tareas técnicas que exigen una cualificación técnica no tiene sentido contratar a un no-técnico, pero en otros sectores (recursos humanos, estrategia, responsabilidad social corporativa…) debería intentar manifestarse gran amplitud de miras a la hora de reclutar, no prestando atención tanto a los conocimientos concretos que teóricamente se han adquirido en una carrera como a las habilidades, destrezas y hábitos que han podido aprenderse.

9) Es necesario introducir a los alumnos desde muy pronto en la consulta directa de la bibliografía (libros, revistas de referencia…), para así implementar actitudes investigadoras desde el principio. Es la base de la curiosidad intelectual que conduce al avance de la ciencia. En este sentido, la mejora y modernización de las bibliotecas universitarias y la implicación directa de los alumnos en ellas es una herramienta esencial.

10) También sería interesante que todos los alumnos pudiesen recibir unos contenidos mínimos de formación en informática y programación, claves en nuestro mundo, para no quedar rezagados con respecto a otros países.

11) La nota final de una titulación no debería fundamentarse exclusivamente en el número de créditos superados mediante exámenes y clases magistrales, sino en trabajos y artículos. Este procedimiento podría aplicarse a todas las carreras, científicas y humanísticas, analizando un trabajo o publicación del alumno que sería examinado por un tribunal independiente, con miembros de otras universidades. No es descabellado y mucho menos irrealizable. Se asemeja a las antiguas tesis de licenciatura, pero puede ser en un formato más breve, actual y flexible. Lo importante no sería tanto la extensión como la calidad. Por ejemplo, en ciencias se trataría de que el alumno estuviese en condiciones de redactar un artículo publicable en una revista de relativo índice de impacto.

12) En humanidades, el español sigue siendo una lengua de importancia, pero en las ciencias naturales es evidente que el inglés se ha convertido en la lingua franca de la investigación. Por ello, debería exigirse a todo alumno y profesor de estas áreas (y también de las humanísticas) un nivel aceptable de inglés, certificado por exámenes internacionales como el Toefl. Trabajar en dos idiomas, lejos de ser una desventaja, puede proporcionar agilidad mental.

13) Las universidades deberían implicarse más en la vida cultural de las ciudades donde se ubican, creando, por ejemplo, museos en cuya gestión participasen los alumnos, sacando a la luz sus fondos bibliográficos, dando conferencias de cara al público sobre temas de actualidad, etc.

14) Si el estado de la Universidad en España no es bueno, también es cierto que nunca hemos estado en mejores condiciones para enmendar este lastre histórico que ha alejado durante tanto tiempo a España de la vanguardia en la creatividad intelectual. Ahora es el momento. La crisis no puede suponer una excusa para que los agentes públicos y privados eludan sus responsabilidades, porque si no se generaría un círculo vicioso: la educación está mal y la economía está mal; como la economía está mal, no mejoro la educación; al no mejorar la educación, la economía sigue mal. España, pese a su nivel universitario, cuenta con algunas de las mejores escuelas de negocios del mundo (IESE, ESADE, IE…). ¿Acaso lo que se ha conseguido para el ámbito de la formación empresarial no puede lograrse para otras áreas del conocimiento que son las que, a la larga, van a estar detrás de la innovación científica y social?

6 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por Mar 25.04.09 | 09:22

    Me ha parecido excelente tu reflexión sobre la universidad. Me gustaría añadir también como conocimiento mínimos, aparte del aprendizaje de programación e inglés, por ejemplo instruir a los alumnos en materia de autoestima, asertividad, espíritu emprendedor, economía doméstica, cómo hablar en público, y quizá alguna cosa más. Estas herramientas proporcionaría a los jóvenes cómo afrontar una carrera profesional acorde a su personalidad e intereses, y en definitiva de una nueva forma de vivir en este mundo globalizado.

  • Comentario por ana 30.11.08 | 13:29

    www.biblioteca.uclm.es/Archivos/Normativa.pdf -
    Perdón, a ver si me sale...

  • Comentario por ana 30.11.08 | 13:24

    Bueno, he encontrado este enlace, para quien lo quiera... http://www.biblioteca.uclm.es/Archivos/Normativa.pdf -

  • Comentario por anaa 27.11.08 | 13:54

    Y además creo que no hay legislación específica respecto a las bibliotecas universitarias...

  • Comentario por Javier 22.11.08 | 17:22

    Muy acertada, Carlos, tu última entrada. Cada una de tus propuestas muestra una carencia en el sistema de enseñanza superior español. Y digo bien, enseñanza, y no aprendizaje, tal como sucede en las universidades de élite, donde se da una aproximación metodológica en la que la docencia no impide el aprendizaje. Pero lo que más me gusta es el espíritu de crítica constructiva a lo largo de todo el artículo. En nuestra sociedad del "bienestar" en la que las nuevas generaciones movidas bajo la inspiración de la ley del mínimo esfuerzo sólo saben patalear porque se lo han dado siempre todo hecho, ideas y propuestas como las tuyas significan un chorro de aire fresco en nuestra pérfida atmósfera universitaria. Y sí, efectivamente se trata de un problema institucional, ya que la fuga de jóvenes talentos españoles a universidades americanas o alemanas así lo refleja. Otro dato: Humboldt Universität de Berlín, 29 premios Nobel, entre ellos un tal Einstein... ¿Y España? Saludos desde Alemania.

  • Comentario por Daniel 20.11.08 | 07:39

    Una medida indispensable para conseguir y mantener una universidad eficiente y competitiva es eliminar las plazas en propiedad que convierten a los catedráticos en funcionarios omnipotentes en su cátedra. Demostración: ESADE, IESE, IQS, EADA... son universidades privadas que tienen claustros de profesores que se renuevan y cada uno sabe que se juega su continuidad o renovación. Universidades españolas: sólo una (de Barcelona) entre las 200 mejores del mundo y muy lejos de los primeros puestos según se publica. En las universidades norteamericanas (las que tienen más premios Nóbel y son la meca de las mejores inteligencias del mundo) tienen siempre a los mejores en cada especialidad. En España, los que consiguieron la cátedra por oposición (que sólo significa memoria, inteligencia, pero no otras características indispensables). Los colegios profesionales deberían poder evaluar a los catedráticos que formaron a sus miembros. ¿Quién examina al examinador? Nadie. Y así nos va...

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