El siglo XX ha sido el siglo del conocimiento. Nunca antes la humanidad había sido capaz de abrir tantos horizontes en tantos campos del saber. Amaneció con la revolución conceptual que suponía la mecánica cuántica, y cuando todavía no se había recuperado de semejante cataclismo intelectual, Albert Einstein asombraba al mundo con una nueva idea del espacio y del tiempo.
Los avances en la comprensión de la naturaleza de la vida culminaron con el descubrimiento de la estructura de la doble hélice del ADN por James Watson y Francis Crick en 1953. En matemáticas, la teoría del caos desafió la racionalidad analítica. La interacción y el intercambio interdisciplinar entre las ciencias experimentales y las ciencias sociales inauguraron nuevas áreas, como las ciencias cognitivas, abriendo perspectivas hasta entonces desconocidas en el estudio del ser humano, de la mente y de la cultura.
Una miríada de grandes científicos, matemáticos, inventores y tecnólogos por un lado, pero también de grandes pensadores, lingüistas, teólogos y un sinfín de creadores intelectuales, nos han situado, en la primera década del siglo XXI, ante una época verdaderamente excepcional y prometedora en todos los sentidos.
La explosión de conocimiento y de innovación intelectual y tecnológica a la que hemos asistido en las últimas décadas ha transformado, a veces de manera paulatina y otras de forma abrupta, todos los estratos de nuestra vida individual y social. El desarrollo y, sobre todo, la progresiva universalización del acceso a Internet, nos han dotado de una capacidad de disponer de las fuentes de conocimiento y de información que ni los ilustrados más utópicos de las Luces habrían podido imaginar. Es como si un gran sueño, ese sueño por conocer, por entender y por descubrir, que nos ha acompañado durante milenios, estuviese superando las expectativas más optimistas de los más soñadores y confidentes en los frutos del progreso humano.
Asistimos no a una reedición de la revolución industrial con tecnologías diferentes, sino a una mutación radical del funcionamiento de las relaciones humanas, que necesariamente se verá reflejado en las estructuras sociales, económicas y políticas. La primacía del conocimiento es tan evidente que hoy en día la autoridad no la da el poder político o económico, sino el reconocimiento social que se deriva de la posesión de conocimiento. Lo que empieza a imponerse no es ya la posesión del capital, que en el sistema económico de libre mercado lleva pareja la posibilidad de controlar el trabajo y la naturaleza, sino la posesión y, sobre todo, la transmisión del conocimiento.
La historia económica del pasado siglo se ha debatido entre tres polos antagónicos: el capital, el trabajo y la naturaleza. Tras el colapso de los sistemas de planificación central de la economía en 1989, el capitalismo, con su énfasis en el capital como agente económico por excelencia, parecía haber salido completamente victorioso. El trabajo quedaba subordinado definitivamente al capital. Sin embargo, los problemas suscitados por la crisis ecológica, que han hecho tambalearse los pilares de la visión antropocéntrica del cosmos que se había venido gestando desde los albores de la modernidad, han potenciado un debate a todos los niveles que ha venido a reconocer la necesidad de que el dinamismo propio del capital se vea subordinado, o limitado al menos, por las exigencias de sostenibilidad que presenta el mundo natural, si no queremos poner en riesgo el bienestar de las generaciones futuras. Pero la asombrosa plasticidad del sistema capitalista le ha hecho incluso capaz de asumir los postulados de la defensa del medio ambiente y de la ecología, integrándolos (como progresivamente está haciendo con la igualdad entre hombres y mujeres, que en un principio suponía una externalidad para el sistema de libre mercado, pero que el propio mercado ha ido adoptando e insertando en sus estructuras) de tal manera que en nuestro tiempo sería el mismo mercado quien castigaría a las empresas y demás agentes económicos que no cumpliesen las demandas ecológicas.
Estoy convencido de que la primacía en el siglo XXI ya no le va a corresponder ni a la naturaleza, ni al trabajo ni al capital. La primacía le va a corresponder al conocimiento. De darse esta situación, estaríamos ante la mayor humanización y democratización de las actividades socioeconómicas de nuestra historia. La legitimidad, el poder o la autoridad ya no vendrían dadas por el control del capital, del trabajo o de la naturaleza, sino por el control del conocimiento, y como el conocimiento nos es y será cada vez más accesible, las oportunidades de participación activa en la economía y, en general, en todas las áreas de la sociedad, serían mayores y más universales. Propongo que el nuevo sistema socioeconómico que se está gestando ya no se llame capitalismo (primacía del capital sobre el trabajo y la naturaleza, que nos retrotrae a una revolución industrial totalmente superada por los nuevos acontecimientos científicos, tecnológicos e intelectuales), sino matematismo (del griego mathema, conocimiento).
El equilibrio necesario entre la naturaleza, el trabajo y el capital sólo se logrará con la primacía del conocimiento. La primacía del capital entraña el enorme peligro de la hegemonía omnímoda de este factor económico, mientras que la primacía del trabajo o de la naturaleza nos devolvería a épocas pasadas de la historia a las que resulta imposible regresar, si somos coherentes con la irreversibilidad que implica el progreso de la ciencia, de la tecnología y de la sociedad. Sólo la emergencia de un nuevo paradigma, a modo de nuevo estadio en la evolución de las sociedades humanas, podría superar antagonismos. Y, además, no podemos olvidar que este nuevo paradigma no es un desideratum o una predicción: se está convirtiendo en un hecho. Jeremy Rifkin, profesor de la Wharton School, ha expresado la idea de que tras la revolución industrial primaron los intercambios de bienes y servicios, pero que tras la revolución tecnológica y cultural de finales del siglo XX, lo que prima es el intercambio de conceptos. Los conceptos están en la base del conocimiento. En ellos nos basamos para explorar nuevos horizontes intelectuales (ya sea desarrollándolos o incluso negándolos), y a ellos llegamos cuando logramos efectuar un descubrimiento o un avance en cualquier campo del saber (un nuevo concepto de espacio, un nuevo concepto de inteligencia, etc.). En el fondo, la lapidaria afirmación de Rifkin no significa otra cosa que la creciente e imparable primacía del conocimiento en las relaciones humanas. En cualquier empresa u organización humana no será ya quien ostente la posesión del capital, sino quien ostente la posesión y la capacidad de generar conocimiento, el esté a la cabeza de la actividad que se desempeñe y pueda liderarla. El liderazgo sólo podrá fundamentarse a partir de ahora en el conocimiento.
Probablemente no exista nada en el mundo que nos libere más de las barreras, prejuicios y cadenas que el conocimiento. Nos pueden quitar la libertad, pero no el conocimiento. Con el conocimiento logramos vencer todo intento de dominio (cultural, económico, religioso…). Con el conocimiento aprendemos a comprender a los demás, a comprender la naturaleza, y a comprendernos a nosotros mismos. Conociendo, ponemos las cosas en su lugar. Relativizamos nuestras posiciones y nos hacemos conscientes de que hay mucho más de lo que piensa nuestra filosofía. Con el conocimiento aprendemos a no resignarnos ante lo que parece inexorable, porque precisamente es la tarea del conocimiento y de la capacidad humana de alumbrar nuevo conocimiento el vencimiento de dificultades, obstáculos y aporías. En el conocimiento, el ser humano se abre a todo y a todos. Decía Aristóteles que el “alma es, de alguna manera, todas las cosas”. Sustituyamos conocimiento por alma y veremos cuánto sentido tiene la frase del Estagirita. El conocimiento es la creación más extraordinaria del ser humano.
Una característica notable del conocimiento es que tiende a difundirse. Rara vez permanece opaco, oculto, escondido, a pesar de los más poderosos intentos por silenciarlo. Todo código se acaba descifrando y todo enigma resolviendo. Todo se acaba sabiendo. Por ello, el conocimiento constituye el vínculo de unión por excelencia entre los seres humanos. El conocimiento atrae al conocimiento, y el deseo de conocer es común a todos: “todos los hombres buscan por naturaleza conocer”, escribe Aristóteles al comienzo de su Metafísica.
El conocimiento es, en definitiva, lo más democrático y democratizador que tiene la humanidad. La riqueza (resultado del capital) ha demostrado ser poco democrática. Tampoco el trabajo, que sólo halla incentivos en la retribución en forma de capital. Por no hablar de la naturaleza, en unos lugares generosa para las necesidades humanas, y en otros escasa y empobrecedora; al mismo tiempo amable y hostil al hombre. En cambio, el conocimiento, máxime en las condiciones actuales de accesibilidad, permite que todos puedan comunicarse con todos. Rompe barreras (sociales, económicas, culturales…) y construye puentes. El conocimiento lleva a su expresión más acabada el ansia humana de amor, relación e intercambio. El conocimiento une, libera y crea. El liderazgo sobre el capital, el trabajo y la naturaleza deben proceder del liderazgo sobre el conocimiento.
No todos tienen las mismas posibilidades, ni internas ni externas, de conocer. Es deber de la sociedad favorecer que todos tengan acceso a las fuentes del conocimiento y de la educación Nadie es libre si vive en la ignorancia y en el desconocimiento. El compromiso de la sociedad debe traducirse en el establecimiento de las condiciones que permitan a todos acceso a las fuentes del conocimiento y de la educación, a la asimilación y a la gestación de conocimiento.
Tampoco todos han sido dotados con las mismas capacidades, ni han manifestado empeño similar por aprender y progresar, ni tienen análoga destreza en los distintos tipos de inteligencia. Es cierto. Hay una primera diferenciación, la genética, que hace que unos tengan mayor inteligencia (capacidad de asimilar y de crear conocimiento) que otros. Poco puede hacerse para solucionarlo, aunque la psicología contemporánea viene mostrando que sólo usamos un pequeña parte del potencial de nuestra mente, y que con motivación (externa pero, sobre todo, interna), todos podemos avanzar. Tenemos que enseñarnos entre nosotros a fascinarnos ante el poder de la mente humana. El conocimiento exige tanta cooperación, intercambio y aprendizaje mutuo que las diferencias entre los seres humanos se irán reduciendo en todas las esferas.
También es cierto que las necesidades humanas se han configurado de tal modo que no todos pueden dedicarse al conocimiento, porque hay tareas que requieren de un gran esfuerzo material, esfuerzo que prácticamente esclaviza a las personas. Sin embargo, tengo la esperanza de que los progresos científicos y tecnológicos permitan que los trabajos más duros y exigentes materialmente los realicen máquinas y así, el ser humano pueda centrarse en el conocimiento. Esta paulatina “intelectualización” del ser humano contribuirá al progreso intelectual, económico y social. Las máquinas harán los trabajos menos humanizadores, sustituyendo al hombre en lo que es menos humano y grato de sus actividades, y el ser humano podrá dedicarse, justamente, a lo que le es más propio: el conocimiento, la creación y el progreso.
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A mayor conocimiento, mayor justicia en el mundo, y viceversa, así es la realidad...
Yo no sé escribir tan bien como los que opinan aqui, pero el artículo me ha encantado, desgraciadamente es algo que veo tremendamente lejos de conseguirse. Lo que describes sería acercarse un poco más a una sociedad ideal, pero es bastante improbable que suceda. Siempre se van a ocultar los grandes descubrimientos y conocimientos para el beneficio de unos pocos, el egoismo y la ambición es algo que siempre llevamos dentro. Es cierto que vamos avanzando muy rápido, pero solo unos pocos. Hay miles de personas que no han escuchado en su vida la palabra Internet y muchos otros que no han visto encenderse un televisor, y lo peor es que a muy pocos gobiernos les interesa que eso cambie, por muchas frases bonitas que digan en la Tv. Nos quedan tantos años para convertirnos en una sociedad parecida a la que describes que dudo mucho que podamos verlo ninguno de los que aqui escribimos.
Un saludo y gracia por esas líneas tan inspiradoras.
Trilinguismo en el el Valle de Arán?
Aran tiene dos idiomas el aranés y el español y otro impuesto, el catalán.
Cada administracion se "publicita" en su idioma y aveces con otro de las dos.
Excepto la Generalitat de Catalunya que exclusivamente se dirige a los araneses y españoles en general en Catalán.
La Generalitat ha contamindo todo,para mal, los turistas que no son de habla catalana se quejan del "anecdota catalán" pero cada vez se resisten más a visitar Arán y a que les vejen.
Y el Joan Tarda de ERC, ha tardado poco en insultar la democracia y los valores civilizados.
Los turistas van o vuelven a Arán la mayoría con una idea y se encuentran con otra y extraña. Dicen no gracias y de regalo una multa si te descuidas de los Mozos de Escuadra, la multa en catalán claro, de solidaridad para su subsistencia dicen algunos simpáticos y con los franceses que se cruzan es cómico y mal educado.
En Aran no s...
Os dejo un pensamiento que leí hace poco, que habla de la escala de valores que rige este confuso mundo.
«Cuando nos encontramos en medio de la niebla es el momento de ser fiel a uno mismo y así tener luz suficiente para no caer por el barranco. La niebla es fruto de la inversión térmica, es decir, de un descoloque de la escala de valores, por eso generando luz se vence a la niebla. La cuestión no es
querer estar en la niebla, sino una vez dentro, vencerla».
(PS. "Luz", "lujo" y "lujuria" son términos que comparten etimología y por tanto es fácil que algunos los confunden, pero son muy diferentes).
"La misión política de Cristo"
http://lacomunidad.elpais.com/periferia06/posts
El Blog de Cordura
Reconozco que no había leído completo tú comentario, pero después de leerlo completo sigo pensando lo mismo. El nuevo enfoque útopico denota más un deseo personal. La proposición que haces del nuevo "paradigma" está totalmente fuera de la realidad, contrario a lo que rige y regirá en el futuro, que será élites de poder pólitico-ecónomico-militar. La ingeniería social determinará de que modo influirá las masas en estos poderes; por ahora parece que la economia es el limitador más importante para el desarrollo de la gente común. La inteligencia no es un factor fundamental. Cuantos hay que siendo muy inteligentes han fracasado por no tener un desarrollo alimenticio, de salud o emocional en las primeras etapas de la vida y en su adolescencia. Seguramente tu visión del futuro seria muy diferente en otras condiciones con los mismo conocimientos e inteligencia. Ten en cuenta que en el ser humano estan tan arraigados los procesos cognitivos como los emocionales
Pero aparte de enumerar hecho sociales que se conocen de más, estan equivocado en muchas de las afirmaciones. Por ejemplo; si antes no ha habido un difusión cultural y de conocimiento es por que Instituciones la han limitado, incluso las han ocultado beneficiandose en su propio provecho.
Carlos,
Tu análisis me parece ciertamente inocente y utópico, aunque elegante, noble y bien formulado.
Sin embargo obvia la cada vez más clara mercantilización del conocimiento que paso a paso se está convirtiendo en moneda de cambio, mesurable y cobijada bajo la cuenta de capital humano.
Si bien es cierto que una amplia gnosis elevará el capital de los equipos directivos y podrá complementar su balance monetario, más nunca podrá sustituir el control (poder) ni la capacidad de actuación (capital).
Ejemplos podemos encontrar en el desarrollo tecnológico contemporáneo donde no siempre la aplicaión tecnológica más brillante y económica resulta triunfadora frente al poder de la imagen.
Creo que la gnosis en el liderazgo será obligatoria en el futuro más no creo que sea definitoria ni causa de prevalencia.
Genial, interesante y entretenido por su fácil lectura y términos sencillamente comprensibles. Sin duda el conocimiento es la base del desarrollo y el progreso en la condición humana .No hay mejor y más noble aspiración, en nuestra especie
que crear, producir, potenciar y redistribuir conocimientos en beneficio de la humanidad.
Una vez más, amigo Carlos gracias por tus conocimientos y gracias por hacernos participes de los mismos.
Esto que pone de párvulos
Necesitaria tanto espacio como el autor.
Pero voy a dejar algo.
¿De que conocimiento habla?, ¿de la tecnologia?.
El conocimiento en sentido biblico va implicito en el hombre, en Genesis 1, no recuerdo el versiculo, ...creced y multiplicaros y SOJUZGAR la tierra... el termino sojuzgar en el original tiene el sentido de conocer intimamente, materialmente, "cientificamente. Y va implicito, sea creyente o no.
El conocimiento material, sin el conocimiento espiritual, sencillamente solo lleva a más tecnologia. Lo mismo una sociedad nazi, que idilica.
Hay que distinguir entre conocimiento, entendimiento y sabiduria.
Y repito del anterior articulo.
"El principio de la sabiduria es el temor de Dios" y "la inteligencia es el conocimiento de Dios"
¡¡¡Chapeau!!!
Todo muy bonito, pero el artículo obvia la parte animal del ser humano, esa que nos ha llevado a depredar el planeta y a depredarnos a nosotros mismos.
Y eso no se soluciona con bellas palabras. Puede que tal vez con la integración del hombre en su entorno natural, con superar la feroz competitividad y los egos inflados que solo desean más y más, pero todo eso no tiene nada que ver con el conocimiento por lo menos como entendemos hoy en día el conocimiento.
Estimado carlos
Hay razones para la esperanza. Por supuesto que si. Internet y el desarrollo de las comunicaciones han provocado un tsunami de información.
La pregunta es si esa información "la gente" la sabe procesar en conocimiento y el conocimiento en innovación. Yo tengo mis reservas ante eso. El conocimiento está al alcance de la mano más que nunca.. pero no todos se ponen a leer a Montaigne o cogen un libro de matemáticas.Más bien pocos. Muy pocos
Un cordial saludo de un amigo antropológicamente pesimista
Apasionante tema, sin duda.
El articulo es un poquito largo, algo autocomplaciente y definitivamente agorero. Pero eso no empaña la refrescante sensacion de encontrar a alguien que se preocupa y reflexiona sobre temas importantes.
Mi opinion es que todo esto llegara, aunque no tan inminentemente como el autor cree, ni por supuesto de manera tan...inmaculada. Hasta que lleguemos a eso seguiremos sufriendo y haciendo sufrir. El ser humano es maravilloso, el conocimiento nos eleva, pero no dejamos de ser hominidos que disfrutan con los revolcones en el fango.
O no.
Domingo, 27 de mayo
Julián Moreno Mestre
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Atticus-444
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