El blog de Carlos Blanco

Comte y la ley de los tres estadios

28.11.07 | 13:01. Archivado en Sobre Carlos Blanco
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El filósofo francés del siglo XIX Auguste Comte, uno de los padres de la sociología, propuso una famosa ley que explicaría, según él, la evolución de la conciencia humana a lo largo de la Historia.

Para Comte, la Humanidad habría pasado por tres etapas sucesivas. En su nivel inicial de progreso, la Humanidad estaría dominada por la mentalidad teológico-religiosa. Seguidamente, se pasaría a un estadio filosófico-metafísico, que finalmente dejaría paso al estadio definitivo, el estadio positivo, regido por la racionalidad positiva, empírica y factual, donde la Ciencia lograría convertirse en rectora de los seres humanos.

Creo que en la mente humana coexisten, simultáneamente, esos tres estadios que Comte vio como etapas sucesivas del progreso humano. En el individuo y en la sociedad conviven lo científico-positivo, cercano a lo pragmático, con lo filosófico-metafísico, especulativo y humanístico, y lo religioso. Los tres estadios responden justamente a las tres grandes dimensiones que, a grandes rasgos, pueden identificarse en la mente humana: la proyección objetiva, que busca la certeza y la reproductibilidad, y que impera en el método científico, capaz de ofrecernos una descripción aproximada y siempre mejorable del mundo material; la proyección subjetiva, que responde al universo de nuestras propias creaciones, al mundo de la cultura y de la originalidad humana, donde el ser humano no se limita a observar y explicar la realidad externa a él, sino que es artífice de su propia realidad. Y, en último término, el ansia de infinitud, el sentimiento que nos hace depender de una realidad absoluta, más allá de las realidades objetiva y subjetiva, y que se plasma en la conciencia religiosa que de una u otra forma ha acompañado al ser humano a lo largo de su historia.

Los tres estadios constituyen planos diferenciados, que es preciso distinguir. El ámbito de lo científico-positivo no es el de lo filosófico-metafísico. De hecho, cuando lo que en un principio se tenía por filosófico-metafísico se ha ido constituyendo en disciplina separada, ha acabado asimilándose a las ciencias naturales en cuanto a metodología y procedimientos. Por ejemplo, en la historiografía crítica, en la filología o en la sociología, antes sujetas al discurso de los metafísicos, se ha logrado establecer una metodología positiva que las convierte en auténticas ciencias, aunque lógicamente no estudien los mismos ámbitos que las ciencias naturales y no posean una arquitectura matemática comparable. El verdadero espacio de lo filosófico y de lo metafísico pertenece a la creatividad de cada autor, a su subjetividad, a su aportación propia. Lógicamente, el pensador se servirá de razones que él considere universalmente válidas para ser propuestas a otros, y tratará, en cierta medida, de adecuarse al paradigma positivo. Pero, en el fondo, que escoja una u otra vía de pensamiento no siempre se podrá explicar por motivaciones estrictamente racionales, lógicas y apodícticas, sino más bien por factores subjetivos e históricos que le inclinaron por esa forma de pensar. Y, finalmente, el estadio de lo teológico-religioso nos habla de ese deseo humano de superación, de trascendencia, de ruptura de barreras y de límites para abrirse a horizontes más amplios. Subsiste en el ser humano esa nostalgia de infinito, de absoluto, que no parece satisfacer en la Historia, aunque sea justamente en la Historia donde encuentre los modos y los cauces de expresar ese sentimiento de apertura hacia la realidad absoluta, porque percibimos que nos encontramos en un mundo de finitud y de contingencia, y por otra parte nos sentimos capaces de lo infinito, infinito que en las grandes religiones acaba manifestándose como Amor Supremo y donación pura, justamente porque en el pensamiento no hay nada más omniabarcante y universal.

Las tres esferas son legítimas, porque las tres esferas son profundamente humanas. El ser humano quiere conocer y dominar el mundo que le rodea, al igual que quiere conocerse a sí mismo y contribuir con su propia subjetividad al “crecimiento” de sí mismo, del mundo y de la sociedad. Y también desea la plenitud, que en no pocas ocasiones le sirve como impulso para seguir existiendo y como marco desde el que entender su vida y lugar en el mundo.

Lo importante, en consecuencia, es que las tres esferas sepan reconocer sus ámbitos respectivos, que sólo la experiencia histórica va revelando. Costó mucho separar el razonamiento metafísico del científico, al igual que la intromisión del discurso teológico en el científico o viceversa. Pero conforme progresamos, vamos adquiriendo una mayor conciencia de esos ámbitos, nos vamos poniendo “por encima” de ellos porque nos vamos conociendo a nosotros mismos y vamos entendiendo cómo y con qué categorías opera nuestra mente.

Y más importante aún es que aprendan a dialogar sin confundir. Lo positivo no puede pretender ofrecer, por ejemplo, un modelo de sociedad, porque las sociedades no sólo se han gestado en base a hechos empíricos y constatados, sino en base a concepciones distintas que han ido surgiendo en el seno de la subjetividad humana, concepciones que, de hecho, luego se van examinando a la luz de sus resultados positivos. Análogamente, de las religiones no se deducen necesariamente modelos de sociedad, sino principios que intentan ayudar al ser humano a articular su existencia terrena con su mirada a lo absoluto, como tampoco pueden ofrecer una explicación sobre los procesos positivos que explica la Ciencia. Ni la Ciencia puede arrogarse la capacidad de saciar los anhelos de infinitud que hay en el ser humano. Y, aunque son ámbitos separados con sus espacios propios, interactúan constantemente y de manera recíproca: el discurso positivo no es igual al discurso ético-moral, pero con frecuencia hay que juzgar lo científico-positivo éticamente y, a la inversa, el valor de una determinada concepción ética desde sus frutos reales.

Ignoro si la Humanidad ha pasado, verdaderamente, por etapas sucesivas. Pero prefiero pensar que, más que etapas sucesivas, lo que realmente se da es una coexistencia de esferas, que fundamentalmente se reducen a tres ámbitos. Hay épocas en las que predomina más la una que la otra, pero en el fondo siempre acaban coexistiendo.


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Comentarios
  • Comentario por Grecia 19.02.11 | 04:48

    Me encanto este blog. Es muy buena la informacion espeo seguir encontrando más de esta calidad!


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