El blog de Carlos Blanco

Sir Michael Atiyah

14.01.19 | 19:42. Archivado en Sobre Carlos Blanco

El pasado 11 de enero nos llegaba la triste noticia del fallecimiento de Sir Michael Atiyah, una de las grandes mentes matemáticas y científicas de nuestro tiempo. Quienes tuvimos el inmenso honor de conocerle y de conversar con él sobre una pléyade de temas (filosofía, matemáticas, lógica, física, activismo, historia, poesía...) jamás olvidaremos que Sir Michael, además de una gran mente, era una gran alma; Mahatma, como dicen en la India. Irradiaba luz, alegría y generosidad. Reveladoramente humilde, jamás de envanecía de ninguno de sus asombrosos logros intelectuales, que le hicieron ganar los más prestigiosos premios matemáticos (como la medalla Fields en 1966 y el premio Abel en 2004), pertenecer a la Orden del Mérito, presidir la Royal Society de Londres, ser Master de Trinity College en Cambridge y presidente de las conferencias Pugwash (galardonadas con el premio Nobel de la Paz en 1995) entre 1997 y 2002.

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Presentación del libro "Lo que creo saber", de Diego Hidalgo Schnur

22.12.18 | 12:20. Archivado en Sobre Carlos Blanco

(Madrid, Instituto Internacional, 17 de diciembre de 2018)

He de reconocer que cuando Diego Hidalgo me pidió que interviniera en la presentación de su libro sentí gran curiosidad por la manera en que un hombre con una experiencia tan dilatada y tan fecunda, tan imbuida de algunos de los ideales más nobles y elevados del espíritu, como la solidaridad y la tolerancia, habría destilado de sus vivencias lecciones universales.

La lectura de Lo que creo saber no me ha defraudado. Para empezar, el título es transparente, un reflejo de la verdadera sabiduría, que duda de lo que cree saber y está permanentemente abierta al cuestionamiento y a la corrección de sus puntos de partida. En esta obra resplandece una síntesis de toda una vida, un intento de condensar la riqueza de tantas experiencias valiosas en las que podemos encontrar profundas enseñanzas para nuestro tiempo.

Diego Hidalgo ha tenido la oportunidad de contribuir a muchas causas buenas. Ha sido un internacionalista convencido, un firme defensor de una arquitectura global justa, un entusiasta de las Naciones Unidas y de la apertura de la mente a otras culturas y cosmovisiones; alguien que ha tratado con los grandes de la escala internacional, de Mikhail Gorbachev a Kofi Annan, de Jimmy Carter a Martin Ahtisaari, y alguien en quien confluyen múltiples herencias, como la judía.

¿Qué expresan las lecciones de este libro? Una sabiduría muy humana, muy profunda, muy nítida, pegada a la Tierra. Una sabiduría inductiva, que transita desde lo concreto hasta lo general, pero sin perder de vista los grandes valores rectores en los que Diego Hidalgo ha creído toda su vida. Y, más aún, la obra parece iluminada constantemente por una conciencia honda e inspiradora de los grandes problemas globales que a día de hoy afronta la humanidad.

Sin duda, una de las enseñanzas omnipresentes que Diego Hidalgo quiere brindarnos se refiere a la necesidad de huir del miedo. El miedo es el peor enemigo del ser humano. Es la antítesis del idealismo, cuya bandera él ha enarbolado a lo largo de tantas décadas repletas de proyectos. Diego Hidalgo es un hombre que no ha tenido miedo. En una entrevista llegó a decir que “nada sustituye al idealismo”, y él ha sido uno de los grandes idealistas de España, un filántropo con una genuina conciencia de la justicia y de la equidad. Ha puesto en marcha iniciativas de calado internacional y ha sabido asumir –a diferencia de lo que suele ocurrir en nuestro país- un espíritu inequívocamente internacionalista y universal.

Nuestro autor sostiene que no ha deseado construir una filosofía de vida, una especie de axiomática de valores insertada en un sistema lógico perfectamente hilvanado. Sin embargo, de los valores que nutren este libro emerge una filosofía ética sólida y humanizadora, que gravita en torno a valores como la autoestima, el amor, la generosidad, el perdón, el espíritu constructivo…

En una sociedad como la nuestra, donde tantas veces sucumbimos a la superficialidad de juzgar cosas intrascendentes, apariencias, vidas privadas…, lo importante es saber cómo piensa un ser humano, qué ideales atesora, qué valores mueven su obrar y se constituyen en espejo de su alma. Y Diego Hidalgo posee lo que los filósofos llaman un “alma bella”, humilde, sabia a la hora de escuchar y prudente a la hora de hablar. No tiene reparo en mostrar sus fuentes, convencido de que la verdadera sabiduría no es patrimonio de nadie, ni un descubrimiento fortuito, sino el resultado de una reflexión madura en la que nos sentimos unidos a infinidad de hombres y mujeres, a la humanidad.

Por todo ello, ¡qué fácil es verse reflejado en estos consejos! Y a Diego Hidalgo podríamos decirle: ¡qué suerte has tenido! Una suerte trabajada, pero suerte al fin y al cabo. Por tu libro desfilan estadistas, escritores de la talla de Jorge Luis Borges, a quien tan bien llegaste a conocer, ex secretarios generales de las Naciones Unidas… Un enorme privilegio. Pienso que con este libro, y con tantas otras iniciativas que has llevado a cabo, no has hecho sino entonar un “Gracias” constante a la sociedad por todo lo que te ha dado, por tantas oportunidades. Es algo que tú has querido devolverle, pero no desde el paternalismo, sino desde una preocupación honesta por la justicia social y la equidad.

Creo que este espíritu, solidario, constructivo y audaz (y estas tres características me parece que describen la personalidad de Diego Hidalgo), es el secreto que te ha permitido crear instituciones como el Centro Internacional Toledo para la Paz, cuya labor es hoy más necesaria que nunca, ante la escalada continua de tensión que se vive en Oriente Medio. Y bien sé que tú no te rindes, y que aún crees en la viabilidad de una solución pacífica a este conflicto desgarrador. De hecho, vuestra contribución a los acuerdos de paz en Colombia, suscritos hace escasos años, es buena prueba del inmenso potencial que poseen muchas de tus iniciativas.

Todo lo que has hecho entronca con una convicción insoslayable, presente en este y en otros libros tuyos: hay que pensar en grande. ¡Ojalá hubiera más Diegos Hidalgos en España, y en el mundo! Pues ¿no estamos habituados a pensar en pequeño, según cálculos cortoplacistas? Pero ¿qué gran obra del intelecto o de la acción se habría completado si sus artífices hubieran pensado en pequeño, o se hubieran visto atrapados por toda clase de temores y reparos? Ambición y audacia, sanas aspiraciones que tú quieres transmitir a las generaciones venideras. De hecho, en el libro afirmas que la pasión es la ventaja comparativa más importante para enfrentarse a un mundo tan competitivo como el nuestro. Pasión es lo que Diego Hidalgo muestra. Pasión conjugada con humildad y honestidad. Y pueden llamarme idealista (¡lo agradezco!), pero creo que esta mezcla es infalible.

Diego Hidalgo: eres un humanista.

Aconsejo, por tanto, la lectura de este libro, sobre todo a los jóvenes. Entonces comprenderán por qué tanta gente quiere, queremos, a Diego Hidalgo.


La quinta conferencia Altius en Oxford, "Educating for the future"

11.10.18 | 16:41. Archivado en Sobre Carlos Blanco

Como en años anteriores, en la Altius Society hemos organizado una conferencia internacional en la célebre Oxford Union, la histórica sociedad de debates oxoniense. El tema de este año ha sido “Educating for the Future”.

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El valor de la filosofía (La Tercera, Abc, 29 de septiembre de 2018)

05.10.18 | 12:26. Archivado en Sobre Carlos Blanco

¿Para qué sirve la filosofía? ¿Acaso asistimos a su ocaso irreversible? ¿Tiene aún hoy algo que decir sobre los grandes desafíos científicos, sociales y tecnológicos de nuestro tiempo, como las crecientes desigualdades económicas, la creación de una conciencia artificial o la mejora de la educación?

La pregunta puede parecer mal formulada si pensamos que el valor de la actividad intelectual (sobre todo en su faceta más abstracta) no se subordina a su utilidad práctica, sino a la dignidad y belleza que dimanan del propio ejercicio de nuestras capacidades cognitivas. Comparto esta opinión, y siempre defenderé vigorosamente la grandeza del pensamiento y del saber como fines en sí mismos. Sin embargo, creo también que las actividades intelectuales más profundas y elevadas son al mismo tiempo las más aptas para iluminarnos sobre los grandes desafíos del presente y del futuro próximo.

Nuestro mundo rebosa de conocimiento científico y de avances técnicos. Cómo usarlos, cómo articular medios y fines y, más aún, qué concepto del ser humano emerge de todas estas posibilidades deparadas por la ciencia se alzan como preguntas abiertas e inaplazables. Precisamente la filosofía puede ayudarnos a abrir la mente, a desterrar prejuicios, a superar dogmas religiosos e ideológicos, a cuestionar lo que parece evidente. De hecho, la crítica audaz de unos principios aparentemente incontestables suele constituir la antesala de las grandes revoluciones en el pensamiento.

Además, estoy convencido de que la filosofía posee una vocación eminentemente integradora, sintetizadora; más que contenidos propios, inasequibles a otra disciplina, su cometido estribaría entonces en reflexionar sobre los fundamentos del conocimiento y los vínculos entre las parcelas del saber, buscando también aplicaciones para construir un mundo mejor. A día de hoy, la ciencia no necesita de la filosofía para progresar, pero la filosofía puede contribuir a plantear preguntas más sistemáticas para articular una “lógica de la ciencia” y, más aún, desarrollar una “integración del conocimiento”. Puede ayudar, en efecto, a identificar el alfabeto básico de categorías y presupuestos que vertebran las grandes ramas del saber humano, la vasta trama racional que, desde unas premisas y unas reglas de inferencia, construye un sistema formal en el que es posible introducir la mayor cantidad de información sobre el universo.

Junto a esta dimensión de la filosofía, más cercana a las ciencias naturales y sociales, existe otra que, a mi juicio, goza de una importancia incluso mayor: no tanto la reflexión sobre los contenidos de la ciencia como la interpretación creativa de la realidad, de la actividad humana a lo largo de la historia. En este ámbito, es ingente el número de interrogantes que hoy no puede eludir la filosofía. Uno de los más acuciantes viene dado por la posibilidad de construir una conciencia artificial, que nos conminaría a replantearnos el sentido de la especie humana en la Tierra. Sin temor a exagerar, creo que este desafío representa una nueva y apasionante aventura para el pensamiento humano, a la que la filosofía no puede y no debe ser ajena, pues nos obligará a relativizar muchos de nuestros conceptos tradicionales sobre la mente, la inteligencia y la evolución.

En esta época, repleta de posibilidades pero también de peligros, es esencial que todos reflexionemos sobre cómo educar la mente humana, sobre cómo educarla para el futuro. No me refiero únicamente al porvenir de nuestros sistemas educativos, sino a la necesidad de plantearnos qué tipo de mentes necesitamos para abordar los inmensos y apremiantes desafíos suscitados por el progreso tecnológico. Por fortuna, hoy gozamos de más recursos cognitivos que nunca. Podemos propiciar un auténtico renacimiento del pensamiento humano, de la racionalidad crítica, de la imaginación volcada al futuro: una fusión de las ciencias, las artes y las humanidades para ayudarnos a responder creativamente a estos retos. La filosofía está llamada a desempeñar un papel privilegiado en semejante proyecto, porque las grandes tradiciones culturales y filosóficas de la humanidad pueden contribuir a este debate con categorías y formas de pensamiento inspiradoras.
Nos aguarda, por tanto, un horizonte fascinante, una piedra de toque para la responsabilidad humana y para la capacidad de nuestra especie de superar, como tantas otras veces en su breve pero densa andadura histórica, los mayores desafíos.

Es inútil buscar una respuesta definitiva a los interrogantes más ambiciosos que alimentan la labor filosófica y que también hoy nos inquietan. Vivir es preguntar. Es sondear nuevas posibilidades. Siempre podríamos cuestionar cualquier respuesta, pues siempre podríamos buscar un fundamento aún más profundo e inusitado. Nunca agotaríamos todas las respuestas porque nunca podríamos agotar todas las preguntas. Es preciso cuestionarlo todo, incluso el cuestionarse mismo, porque todo abre horizontes. Todo nos renueva e invita a buscar incesantemente. Preguntar, de hecho, es tanto o más necesario que responder. No habría respuestas si nadie se hubiera cuestionado nada. Sólo quien se despoja de todo temor a preguntar, a desafiar incluso lo evidente, las categorías asumidas de manera tácita y dotadas de aparente robustez, aquéllas que se nos antojan inquebrantables, puede experimentar el don único de la búsqueda. Lo importante es entonces abrirse al espíritu de la duda, de la pregunta, pero también esforzarse en conocer y en conquistar respuestas que, pese a su parcialidad, poseen un valor innegable para verter luz sobre ciertos misterios del mundo y de la vida. Y lo más gozoso se da en el proceso de búsqueda, porque nos ayuda a descubrirnos, a explorar nuestras capacidades, a adquirir confianza en nosotros mismos. Es el mejor antídoto contra el miedo. Esta hilera infinita de preguntas y respuestas potenciales es signo de libertad, de creatividad; es oportunidad para que las generaciones venideras participen también en la gran empresa del conocimiento. Es la belleza de la apertura, de la indefinición intrínseca.

No me cabe duda de que la filosofía posee, aún hoy, la fuerza necesaria para plantear preguntas profundas y universales que nos ayuden a explorar las posibilidades de la mente humana a la hora de adquirir conocimiento y mejorar el mundo. La filosofía, en resumen, nos inspira universalidad, visión amplia y profunda, cuestionamiento de los principios y convergencia de los conocimientos. Reivindica al unísono el poder de la razón y de la imaginación como facultades no opuestas, sino complementarias. En este proceso puede también ayudarnos a fomentar un espíritu de tolerancia que nos rescate del horizonte tan sumamente angosto en el que con frecuencia navegamos. Y, sobre todo, nos permite expandir el radio de nuestra reflexión, al concebir preguntas nuevas y posibilidades inéditas.

Por todo ello, no es utópico creer que la filosofía puede arrojar grandes luces a esta empresa irrenunciable de abrir la mente y desarrollar una tensión creadora entre la certeza y la duda.


Nuevo libro, "Ensayos filosóficos y artísticos"

19.06.18 | 16:35. Archivado en Sobre Carlos Blanco

https://www.dykinson.com/libros/ensayos-filosoficos-y-artisticos/9788491486008/

Esta colección de ensayos reúne, por un lado, textos redactados en 2017 (con alguna excepción) y, por otro, artículos escritos entre los años 2001 y 2009. Versan sobre temas sumamente heterogéneos, y algunos constituyen meros fragmentos de lo que posteriormente inspiraría una obra más sistemática y detallada. En la primera sección figuran artículos como "¿Por qué existe el arte?", "El dilema del cristianismo" y "Principios de una teoría social"; entre los ensayos más antiguos cabe mencionar "Proyecto de Summa Universalis", "Esbozo de la teoría de la superforma" y "Hacia una cultura de la fraternidad". Reconozco que mis opiniones han cambiado sustancialmente en la mayoría de los temas que abordo en los escritos más tempranos. A día de hoy soy mucho más crítico con la metafísica, con el poder de la razón humana para alcanzar conocimientos que trasciendan la experiencia, con las religiones y con la teología natural. Sin embargo, me ha parecido más honesto preservar los textos tal y como los redacté entonces, sin introducir modificaciones (salvo que hubiera detectado errores tipográficos nítidos, pues aunque ya no comparta muchas de las tesis principales en metafísica, historia de las religiones y teología, siempre he considerado iluminador contemplarnos en el espejo de nuestra propia evolución intelectual. Sólo así es posible percatarse de que quizás, sin haber asumido esas visiones de las que ahora claramente discrepamos, jamás hubiéramos desarrollado las ideas ulteriores que hoy definen nuestro pensamiento.

ÍNDICE

I. Ensayos recientes

¿Por qué existe el arte? (2017)
El horizonte infinito del cuestionamiento (2017)
El dilema del cristianismo (2017)
Una mirada esperanzada al futuro (2017)
Mi experiencia en el sistema educativo español (2017)
Principios de una teoría social (2017)
Albert Einstein, lo sagrado y lo misterioso (2015)

II. Ensayos escritos entre 2002 y 2009

Proyecto de Summa Universalis (2002)
Esbozo de la teoría de la superforma (2003)
Las dimensiones de la dialéctica naturaleza-gracia (2003)
La vida del arte (2005)
En busca del humanismo (2005)
Ascetismo para el siglo XXI (2005)
Hacia una cultura de la fraternidad (2005)
Teoría de los espacios teológicos (2005)
David Hume y la crítica empirista de la teología natural (2005)
Buda, Jesús y Marx (2005)
Humanizar y racionalizar la propiedad privada (2005)
Karl Marx (2005)
Mozart o la encarnación de lo sublime (2006)
Dios habla a los humildes y limpios de corazón (2006)
Solus Iesus (2006)
El diseño inteligente no es una teoría científica (2006)
El rapto del serrallo (2006)
Ser progresista hoy (2006)
El mundo quiere un salvador (2007)
El dilema del conocimiento (2007)
¿Adónde mira el Cristo de El Greco? (2007)
Dios como pregunta (2007)
La cultura del olvido (2007)
El estado del bienestar como síntesis de libertad e igualdad (2007)
¿Se puede hacer poesía después de Auschwitz? (2007)
La educación de los superdotados: un desafío a nuestro concepto de inteligencia (2007)
El cielo estrellado sobre mí, la ley moral en mí (2008)
Lévi-Strauss, el estructuralismo y la comunicación como esencia del ser humano (2008)
Hacia una definición hegeliana del arte (2008)
Compasión y esperanza (2008)
Comte y la ley de los tres estadios (2008)
El cuarto estadio (2008)
El superhombre (2009)
Fines en un reino universal de fines (2009)
Dios en L’Aquila (2009)
El espíritu de Europa (2009)
La tolerancia como base de la sociedad (2009)
Dios y la historia (2009)


Dos seres con sistemas perceptivos distintos, ¿podrían alcanzar una misma descripción de la realidad?

25.05.18 | 10:57. Archivado en Sobre Carlos Blanco

Imaginemos que un ser con un sistema perceptivo sustancialmente distinto al nuestro llegara a la Tierra y tratara de interaccionar con nosotros. ¿Lograríamos consensuar una descripción objetiva de la realidad que se alza ante ambos? ¿Qué elementos serían absolutamente objetivos, de manera que ambas especies, pese a sus diferentes cualidades, debieran consensuar una descripción compartida de los fenómenos observados?

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Nuevo libro, "La integración del conocimiento"

23.03.18 | 11:41. Archivado en Sobre Carlos Blanco

https://www.edicionesevohe.com/products-page/evohe-didaska/la-integracion-del-conocimiento-carlos-blanco/

Este libro tiene como propósito abordar un proyecto que podría denominarse, como bien dice su título, «la integración del conocimiento».

Se trata de una empresa eminentemente filosófica, pues consiste en sistematizar las herramientas conceptuales básicas de una ontología y una epistemología capaces de integrar adecuadamente el conocimiento, tanto de las ciencias naturales como de las disciplinas que estudian el mundo humano.

Por tanto, este trabajo puede contemplarse como un intento de explorar las categorías fundamentales de la razón en su empeño por organizar los resultados de las distintas ramas del saber, insertándolos en un marco más amplio. Desde una perspectiva filosófica, sería legítimo sostener que este proyecto aspira a mostrar la continuidad entre todos los niveles de la realidad y del conocimiento.

En el desarrollo de los instrumentos formales apropiados para acometer esta tarea, hemos adoptado la siguiente secuencia expositiva: discutiremos primero las condiciones del conocimiento, sección que gravita en torno al análisis de la racionalidad, el pensamiento y el conocimiento como procesos mentales que conducen a la adquisición y justificación de nuevas informaciones. En segundo lugar, abordaremos el objeto del conocimiento (los mundos natural y humano), para finalmente reflexionar sobre la naturaleza de la mente que alcanza ese conocimiento y su sentido para el hombre. Así pues, partiremos de la mente (en su dimensión formalizadora) para regresar a la mente (en su faceta de objeto natural).

*Nota: en la página 91 del libro hay un error de dicción, pues la segunda alusión al 'modus ponens' en realidad se refiere al 'modus tollens'.


Al ingenio humano

07.03.18 | 19:23. Archivado en Sobre Carlos Blanco

El genio de la humanidad siempre ha brillado cuando ha tenido que enfrentarse a los mayores desafíos. Ya fuera la construcción de una pirámide o el diseño de una catedral gótica, ningún impedimento natural ha sido un obstáculo infranqueable para el empeño humano por crear y trascender las aparentes limitaciones físicas que se ciernen sobre nosotros. Podemos multiplicarnos a través de genes, obras materiales e ideas que resisten el paso del tiempo y nos proyectan a una esfera universal, válida para cualquier época y cualquier cultura. Lo que parece destinado a sucumbir como elemento efímero puede sin embargo adquirir visos de permanencia gracias al poder del intelecto. Es la mente la que logra sobreponerse a las barreras de la naturaleza. Es el ingenio que palpita en el acto del pensamiento lo que consigue valerse de las mismas fuerzas de la naturaleza para burlarlas y edificar lo más excelso. Es la suma de una lógica que comprende las conexiones entre los fenómenos y de una imaginación que se atreve a sondear vínculos alternativos, posibilidades inusitadas, con la claridad que bendice a los espíritus más profundos.

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La educación y la esperanza de la humanidad

19.02.18 | 15:54. Archivado en Sobre Carlos Blanco

(Artículo escrito en 2008 para la revista editada con motivo del aniversario del colegio público Pablo Neruda)

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Una mirada esperanzada al futuro

05.01.18 | 09:39. Archivado en Sobre Carlos Blanco

Cuando asimilamos el desarrollo del conocimiento científico, fácilmente advertimos que muchas de nuestras ideas preconcebidas carecen de fundamento. Una intensa angustia puede entonces invadirnos, por ejemplo si pensábamos que los ideales más elevados del espíritu humano gozaban de realidad, en vez de brotar de ese suelo tan fértil como intrigante que es la evolución biológica. Pensar que aspiraciones tan enaltecedoras como la búsqueda del amor auténtico, de la verdad plena o de la belleza pura quizás se expliquen por mecanismos neurobiológicos puede sin duda sumirnos en el desconcierto.

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¿Por qué existe el arte?

12.12.17 | 16:48. Archivado en Sobre Carlos Blanco

Para responder a la pregunta que encabeza este texto, ante todo es necesario consensuar una definición de "arte". Se trata, sin embargo, de una tarea rayana en lo imposible. Cuanto más rigor queremos aplicar en el concepto, menor es el número de fenómenos que quedan comprendidos en él. Si buscamos una definición excesivamente estricta del arte, sucumbiremos a todo tipo de paradojas e incluso de arbitrariedades. Por ejemplo, si decimos que la esencia del arte radica en la creación de obras bellas, deberemos explicar en qué consiste la belleza, y por qué trabajos que probablemente no suscitarían entusiasmo estético pueden englobarse bajo la categoría de arte.

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El horizonte infinito del cuestionamiento

08.11.17 | 17:09. Archivado en Sobre Carlos Blanco

La historia ha sido testigo de importantes progresos en la capacidad del pensamiento humano para concebir lo que parecía inconcebible: el descubrimiento del número cero, la invención de nuevas familias de números más allá de los naturales, el hallazgo de la fuerza de gravitación universal, el desarrollo de la idea de derechos humanos inalienables, la formulación de nuevas clases de geometría, la relativización de nuestras nociones tradicionales sobre el infinito…

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