Si alguien -como yo he hecho en artículos anteriores- cuestiona la doctrina de la Iglesia, suele encontrarse con dos argumentaciones opuestas. Una dice: en el cristianismo no hay sino una doctrina, la del amor. Cualquier otra ha sido en la historia un instrumento de dominación, de condenas, de guerras y muertes. La otra argumenta: en la Biblia y en el Magisterio hay una doctrina a la que hay que asentir, salvo que se renuncie a ser cristiano o al menos católico.
Modestamente y muy en resumen, quiero exponer lo siguiente: quien niega la doctrina debe pensar que incluso el mandato del amor sugiere preguntas: ¿por qué amar? ¿hasta dar la vida? ¿en virtud de qué autoridad lo impone Jesús?... Contestar a esas y otras cuestiones es ya enunciar una doctrina.
Pero quien no relativiza la doctrina deberá abstenerse de comer morcilla (lo manda el Espíritu Santo en Act 15, 29) o sostener que las mujeres callen en las reuniones (1 Cor 14, 34). Y en lo que respecta al Magisterio, tendrá que defender que el Espíritu Santo está de acuerdo en quemar a los herejes, porque León X dijo en 1520 que sostener lo contrario es herético y escandaloso.
Pero dejando ya los ejemplos, querría llegar a lo que me parece el fundamento de la reflexión que llevamos entre manos. Uno de los pilares del cristianismo, algo que le distingue radicalmente de otras religiones, es la afirmación de que Dios se ha hecho hombre y ha plantado su tienda entre nosotros. Asentada esta doctrina en nuestra tradición religiosa, transmitida en nuestro acervo cultural, hemos perdido de vista su carácter escandaloso, la enormidad de su afirmación. A Dios nadie le ha visto nunca, es el que habita en una luz inaccesible, está más allá de nuestras ideas y representaciones, pero uno de nosotros, un sujeto de nuestra raza humana ha sido Dios.
Tratando de explicarlo en alguna reunión y utilizando una argumentación casera, he puesto en ocasiones el ejemplo siguiente. Supongamos que alguien nos dice: “¿Ves ese repartidor de pizzas? Pues es Dios”. ¿Qué contestaríamos? “Pero cómo se te ocurre semejante blasfemia. Es sólo un chaval y además lo conozco desde pequeño, vive en el barrio cerca de mi casa”. Justamente lo que decían los vecinos de Jesús, y eso que se trataba únicamente de si aquella persona era el mesías, no de si era Dios.
El resurgimiento de la cristología y la abundancia de reflexiones en los últimos años viene producida en gran medida por la toma de conciencia de que para los cristianos Dios es Jesús. En la vida y las palabras de ese habitante de Nazaret hemos conocido quién y cómo es Dios. Proclamar esta convicción significa confesar el designio de Dios de vaciarse de sí mismo y compartir la existencia de los humanos. “Cristo, aun siendo de naturaleza divina... se despojó de ella y, tomando la forma de siervo, se hizo semejante a los hombres y apareció como un verdadero hombre” (Fil 2, 5,s) Es el amor de Dios por los humanos que lleva a la total identificación con ellos. Este aspecto ha sido glosado suficientemente por la teología y la espiritualidad.
En cambio quizá hasta ahora no se ha reparado suficientemente en que esa encarnación lleva a Dios, el infinito, a participar de la finitud humana. Y por tanto de su carácter relativo, de su ambigüedad. Jesús es Dios pero es un hombre; por su boca habla Dios pero con palabras humanas, en un lenguaje humano, con elementos de la cultura judía de su tiempo; vive una vida humana y muere una muerte humana.
Por decirlo en una sola frase: aunque transida de absoluto, la figura de Jesús es relativa. Mucho más lo son lo que su vida y su palabra han ido produciendo en la historia. También la doctrina. Decir que la doctrina es relativa no tiene ningún acento peyorativo. Como todo lo humano tiene sin duda un valor, pero es relativa, no puede absolutizarse porque hacerlo sería comunicarle una cualidad divina. Por desgracia, así se ha hecho muchas veces a lo largo de la historia y eso ha producido -como antes señalábamos-autoritarismo, persecuciones, guerras y muertes. Nadie seguramente quiere volver a ello pero para que eso ocurra hay que atreverse a afirmar que la doctrina de la Iglesia es relativa. Y por tanto repensable. Y por tanto revisable. ¿Cómo? ¿por quién? De todo eso hay que seguir hablando.
30 mayo 2012
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No solo no es extemporáneo, sino que al final quedará claro que esa era la postura de los cristianos de la primera generación, los judíos discípulos de Jesús. Eso de que Jesús es "de la sustancia del Padre..." es pura filosofía griega que los judíos-y el mismo Jesús- rechazarían. Y desde luego hoy no significa nada para lamgente de este siglo.
Es difícil saber quién ha dicho más embustes sobre el origen del cristianismo. Nos han hecho creer desde hace mucho tiempo que todo el cristianismo era homogéneo y que el credo de Nicea era lo que creían aquellos cristianos. Nada más lejos de la realidad. Ya he dicho que no espero que José Carlos entienda esos razonamientos, como así ha demostrado. La historia se puede escribir de muchas maneras. Por suerte hoy sabemos mucho más.
...desde los orígenes. Se dice en él que Jesucristo es «de la substancia del Padre, Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado no hecho, homoousios tou Patrou (consustancial al Padre)». Todos los Padres Conciliares, excepto dos obispos, ratificaron ese Credo, el Símbolo Niceno, el 19 de junio del año 325.
Amigo Félix, quizá resulta algo extemporáneo intentar resucitar la herejía arriana diecisiete siglos después.
En cualquier caso sobre el concilio de Nicea y el papel del emperador últimamente se han dicho muchos embustes.
La realidad es que los partidarios de Arrio, contaban con las simpatías del emperador Constantino, y pensaban que en cuanto expusieran sus puntos de vista la asamblea les daría la razón. Sin embargo, cuando Eusebio de Nicomedia tomó la palabra para decir que Jesucristo no era más que una criatura, aunque muy excelsa y eminente, y que no era de naturaleza divina, la inmensa mayoría de los asistentes notaron en seguida que esa doctrina traicionaba la fe recibida de los Apóstoles. Para evitar tan graves confusiones los Padres Conciliares decidieron redactar, sobre la base del credo bautismal de la iglesia de Cesarea, un símbolo de fe que reflejara de modo sintético y claro la confesión genuina de la fe recibida y admitida por los cristianos desde los oríge...
Para los romanos era fácil divinizar al emperador. Pero el concepto moderno de Dios no era el de los griegos y romanos. Jesús Hijo de dios no es lo mismo que el Dios Hijo de Nicea. Hoy sabemos que se corrió demasiado deprisa en hacer Dios a Jesús en Nicea porque le convenía al emperador Constantino. Hay muchísimos cristianos-seguidores de Jesús de Nazaret - que no creen que Jesús fuera igual a Dios. creen algo que es más cercano a Arrio, afirmar la humanidad de Jesús que nos ayuda a descubrir a Dios como padre, por eso Jesús es uno de nosotros. pero si es Dios no tenemos nada en común y al hombre moderno le repugna esa contradicción de términos como dijo Espinoza.
me gustaría que el blogger analizara lo que he dicho. Y no acepto que se me diga que es un MISTERIO...
pd. No espero que el amigo José Carlos entienda esos razonamientos. Por más que le pese, estos están más cerca de la realidad del Jesús histórico que las construcciones cristológicas, trinitarias de los primero...
leo en el libro de torres Queiruga "Confesar hoy a Jesús como el Cristo": "La acusación de la filosfía analítica radical no dice que los enunciados religiosos sean falsos, sino que carecen de sentido, o sea, que bajo apariencias gramaticales correctas en realidad no dicen nada. Decir que Dios se hizo hombre, quiere decir que antes era Dios y ahora es hombre. Esto mno es ni puede ser así. 8y cita a Espinoza)n"Dios tomó forma humana es lo que quieren decir; afirmar eso no parece menos absurdo que decir EL CIRCULO TOMÓ LA FORMA DE CUADRADO".
Hace tiempo que se sabe que el lenguaje bíblico es esencialmente metafórico, analógico. La sabiduría es un atributo divino, no es igual a Dios. El logos del evangelio de Juan era una tributo divino, no era igual a Dios. fue en Nicea que lo metafórico se hizo metafísico, ontológico, siguiendo la filosofía griega. Se hizo a Jesús igual a Dios Padre. No cayeron en la cuenta del salto del finito al infinito. Para los romanos era fácil divinizar al...
He leido el artículo anterior:" renunciar a la doctrina tal como es ahora". "La invitación de Jesús no era creer en eso...sino aseguirlo". "Nuestras formulaciones son siempre relativas". Bien, conformes, estoy de acuerdo. Ahora vuelvo al tema de hoy "Una doctrina relativa" y leo: "Uno de los pilares del criatianismo es que DIOS SE HA HECHO HOMBRE"..."DIOS ES JESUS"..."LA ENCARNACIÓN LLEVA A DIOS, EL INFINITO A PARTICIPAR EN LA FINITUD HUMANA"..."JESUS ES DIOS, PERO ES UN HOMBRE..." Y me ha asaltado la confusión ¿en qué quedamos? En los evangelios (sinópticos, porque Juan no es aceptable cuando inventa palabras como dichas por el mismo Jesús), nunca afirman que Jesús dijo que era igual a Dios (como judío no era posible decirlo). Los judeocristianos, entre ello Pedro, no afirman que Jesús sea igual a Dios, más bien es un hombre extraordinario exaltado por Dios... Es a partir de Pablo y los cristianos helenistas posteriores que se afirma la divinidad de Jesús.
Al final del texto preguntas cómo y quién puede interpretar la doctrina de la Iglesia.
El Concilio Vaticano II da una respuesta muy clara:
"El oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios escrita o transmitida ha sido confiado ÚNICAMENTE al Magisterio vivo de la Iglesia, cuya autoridad se ejerce en el nombre de Jesucristo"
(Constitución Dogmática Dei Verbum, 10)
Ahora un comentario personal: es bueno encontrar razones para nuestra Fe, pero no hay que olvidar que la Fe es una virtud sobrenatural y no todo se puede racionalizar. Llegamos muchas veces a estadios en que dejamos de pensar racionalmente y entramos en el ámbito de lo sobrenatural.
Miércoles, 19 de junio
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