El blog de Carlos Alberto Alvarado

La indiferencia frente al ébola

15.10.14 | 22:35. Archivado en Problemática

Después de leer, pensar y compartir creo que tengo que pronunciarme al respecto de un tema que me preocupa. En sí la realidad me impacta y no deja de suscitar en mí una reflexión sobre todo lo que estamos viviendo respecto al tema Ébola. Después de todo, en nuestras aulas es donde se puede medir la temperatura de una nación.

Por una parte me causa cierta aprensión pensar en la poca capacidad de análisis que existe en la actualidad entre algunos de nuestros jóvenes. Por otra, me consterna la escala de valores que se vive en la sociedad actual: los perros en concreto, pero luego todos los animales y las demás especies salvajes tienen mayor importancia que los seres humanos que mueren diariamente por distintas causas, no solo por el ébola (como enfermedad que está de moda) sino por la pobreza, el hambre o la falta de educación, como causas que se aúnan a la más crónica de todas: la indiferencia ante el sufrimiento del otro.

Me explico ya que después de todo hay que justificar ambas afirmaciones.

Respecto a lo primero, el otro día en mi clase surgió el problema del ébola, amparado por el miedo a un contagio masivo. Mis alumnos querían hablar de ellos. Entiendo que quisieran hacer catarsis de lo que estaba sucediendo. Entre comentarios sueltos y aportaciones inconclusas lo cierto es que se plantearon todo tipo de causas menos una que hiciese referencia a la base del problema. Tras todo ese extravío de aportaciones decidí cerrar el debate, no creo que nos llevara a nada. Sin embargo, me quede con la impresión lo impactante que resulta el como el temor y el adoptar una posición cómoda de mero espectador implica el perder la capacidad de ver más allá de los propios prejuicios. Más aún la búsqueda de soluciones fue una búsqueda de exclusión y de anquilosamiento en las propias fronteras o estructuras de seguridad ya elaboradas. Por lo tanto, la empatía hizo acto de ausencia y la apatía nos fue cautivando a todos. La capacidad de elaborar un juicio crítico, de profundizar en el problema, de buscar entre todos unas soluciones positivas y constructivas fueron tres elementos que descollaron por su silencio. Eso sí, no quedé entristecido. Me quedé sobrecogido y con las ganas de empujarles a ver más allá. ¿Lo lograré? No lo sé.

Hago la salvedad: no todos son así. Algunos son capaces de investigar e informarse acerca de lo que sucede. Más aún, a partir de ese primer acercamiento son capaces de elaborar un pensamiento crítico al respecto. Claro, puede equivocarse, como lo hacemos todos, pero se aventurar en el sendero del pensamiento y de la reflexión. Son capaces de romper con las barreras tópicas de su contexto sociocultural y sobrepasar los estereotipos. Con jóvenes así podemos comenzar a cambiar el mundo a la vez que convencer a otros muchos de romper con su comodidad para ir más allá de sus seguridades.

Ahora bien, respecto a lo segundo. El otro día, en los medios de comunicación se informaba acerca de las múltiples manifestaciones por el famoso perro Excálibur. Sé que ya se ha dicho en otros foros y espacios; y lo cierto es que no tengo nada contra los animales y la defensa de sus “derechos”. Sin embargo, lo cierto es que pregunté en una clase también de chavales de 4ºESO, ¿por qué ha habido manifestaciones por la defensa de Excálibur y no las ha habido por la muerte de los “perros africanos” que llamamos humanos? El silencio se apoderó del aula y las únicas respuestas fueron: “porque se nos queda muy lejos y no nos afecta” o “porque los africanos no aportan nada al mundo occidental”. Consternante, sí. Porque en el fondo guardamos silencio ante la muerte de tantos. Nuestra comodidad impide que salgamos a exigir respuestas. Nuestra tranquilidad impide recaudar más de los 500000 euros que se han enviado de España para paliar este problema.

Nuestra seguridad nos hace dudar cuando damos ayuda o nos impulsa a cerrar fronteras. Nuestro temor nos impulsa a cambiar la mirada o a dejar de mirar a los que sufren, a no ser que sea un animal en nuestro patio. Claro, incluso en España, mientras muchos mueren de hambre, otros se ríen a sus espaldas. Mi pregunta es: ¿hasta cuándo?


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