Parece una perogrullada, harto sabida, pero es una verdad patente con grandes repercusiones en el caminar de la Iglesia, tanto a nivel institucional como en la realidad básica de la acción evangelizadora: toda pastoral tiene detrás de sí, consciente o inconscientemente, una visión teológica determinada, en los diversos aspectos del Misterio cristiano. Y esto es verdad, tanto en la dimensión profética del anuncio del mensaje evangélico, como a la hora de celebrar la fe, como en la forma de animar y conducir las diferentes comunidades cristianas.
Por ejemplo, todos los agentes saben que hay que evangelizar, anunciar el mensaje de Jesucristo; pero no todos interpretan la evangelización de la misma forma. Mientras unos ponen el acento en aspectos dogmáticos y puramente espirituales, otros conciben la evangelización como“anunciar y realizar la salvación de Jesucristo, que proclama y realiza el Reino de Dios. Reino de justicia, amor, libertad, paz y santidad. Reino de comunión y conciliación del hombre con el hombre y del hombre con Dios”.(F. Urbina) Unos mirarán la catequesis como un aprender y memorizar nociones y conocimientos,(que los hay), mientras que otros, la mayoría, tratarán de ayudar a las personas a conectar vitalmente con el Dios de Jesucristo, y a crecer en el compromiso con Jesucristo y a llevar a cabo su mensaje en medio de la vicisitudes de la vida.
En la liturgia y administración de sacramentos, unos se fijan más en cumplir bien todas las normas litúrgicas, mientras que otros están más preocupados por acercar los signos y símbolos litúrgicos al pueblo llano, unir la vida y problemas reales de las gentes a las celebraciones, y así ayudar a vivir y comprender mejor el misterio de salvación celebrado.
A la hora de animar parroquias y grupos, en unos sitios la voz directiva y decisiva la tienen siempre los curas, mientras que en otros, los menos, dan cada día más participación y responsabilidad a los laicos. Han comprendido que todos los cristianos tienen un sacerdocio común, una igualdad básica por nuestro bautismo que nos hace iguales y corresponsables de esta Iglesia, y que el ministerio jerárquico es necesario como servicio a la comunión del pueblo de Dios.
Por lo que se ve en la práctica, falta una honda actualización teológica y el haber asumido las grandes líneas pastorales del Vaticano II. Pero no basta con saber teóricamente los conceptos teológicos y pastorales. Hace falta, además, asumirlos vitalmente, comprometerse con ellos, llevarlos a la práctica, porque solo en la práctica se verifican los convencimientos. No todo está tan claro ni a nivel teórico, y menos aún a nivel de práctica pastoral. Creo que no se toma conciencia de la realidad histórica en la que vivimos: Si en muchos sitios nos hay más que un 15% de practicantes, es que estamos en país de misión, y que en función de esta realidad y, dada la escasez de sacerdotes, habría que reestructurar toda la pastoral. Si de verdad creemos en el papel de los laicos, esto no se adecua con la falta de protagonismo y corresponsabilidad real de los mismos. Prevalece lo cultual casi como única forma de atender pastoralmente a los pueblos. De esta forma no se fundamente el porvenir de la Iglesia.
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La desclericalización es un fenómeno ya imposible de parar en las sociedades avanzadas. Personajes muy versados y autenticamente cristianos lo profetizaron a raíz del Vaticano II. Por ejemplo, Ivan Illich desde su Centro de Cuernavaca, ya en los años 60. "No queremos una larga agonía. Déjennos morir. Resucitaremos. No necesitamos clero. El pueblo cristiano sabrá conservar su fe". Jesús nunca quiso un clero, una casta con poder, ni unos "templos". El movimiento de Jesús va por otra dirección. Puede que, finalmente, estemos acercándonos al recto camino. Un pueblo democrático y culto será el caldo de cultivo para una revolución cristiana que nos aleje de la magia y de los variados poderes religiosos. Lo verán nuestros descendientes.
Domingo, 27 de mayo
Asoc. Humanismo sin Credos
JC Rodríguez, A Eisman
Josemari Lorenzo Amelibia
Movimiento Rural Cristiano
Julián Moreno Mestre
Angel Moreno
Francisco Margallo
Antonio Aradillas
Jose Gallardo Alberni
Martín Gelabert Ballester