(o “Este año menos pasta que el anterior, pero más que el que viene”).
Los puntos suspensivos suponen, para mi señoría, o una duda o la contención de no decir algo presuntamente incorrecto, que te lo callas, al menos de momento , aunque luego, a renglón seguido, se suelte la patochada con toda su incorrección. Aprecien, si no, como paradigmático, este simple sintagma que uno considera intuitivo hasta las cachas: “Las pasamos… de pena (o fatal), por no decir putas, que siempre resulta como más basto”.
Pues bien, los puntos suspensivos del primer epígrafe, título o frontispicio que trata de captar lectores para esta inmejorable columna (cariátide, que diría un escultor enterado); pues bien, los puntos suspensivos, digo por tercera vez, ponen de manifiesto una duda, porque a punto ha estado mi señoría de escribir “La medalla del odio”, pero como no creemos que el motivo de la disminución o merma de la percepción neta que se nos está reintegrando este año a los pensionistas sea porque se nos odie y no por favorece a otros (presuntas víctimas del franquismo, por ejemplo, como si no hubiera o hubiese también víctimas de la izquierda -Paracuellos, etc.-. Hay que tener cara… ); de ahí que uno hable sólo de desamor.
Todo lo precedente viene a cuento porque este decrépito anciano ha tenido la original idea de proponer que se le sugiera al ministro Corbacho, que lo es de Trabajo e Inmigración, ambos inclusive, del Gobierno de España, y si no es a él, a quien proceda; la original idea, digo, de proponer que se le sugiera, al haber menguado nuestra soldada, y pues que los enamorados celebran mañana “su día” y muchos se regalan entre ellos la medalla del amor, cuya cariñosa inscripción reza -con perdón, señores aconfesionales-: así propone sugerirle -“tripito”- este decrépito anciano, o sea, mi señoría, a quien corresponda, que sería bueno que mandara o mandase diseñar y luego fabricar sendas medallas para cada uno de los viejos que hemos perdido poder adquisitivo, con objeto de obsequiarnos con ella para resarcirnos del deterioro que hemos sufrido en nuestras remuneraciones netas. No importa que sea de plomo -"la medalla del desamor", claro-, que no está la cosa para metales nobles, pero eso sí, que lleve grabada una inscripción, paralela a la citada “ut supra” de la medalla del amor, que proclame: “Hogaño te reintegro menos pasta que el año anterior, pero más que el que viene”.
Mi ingeniosísima señoría confía en que todos los afectados por la merma de las pensiones de referencia manifiesten su adhesión inquebrantable a que la propuesta de dicha sugerencia se eleve a quien proceda, enviando para ello comentarios “ad hoc”, desde donde se indica, al final de esta cuchufleta, chanza, burla o chirigota. Y todos de acuerdo. ¿O no?
13-02-2010.
Domingo, 27 de mayo
Antonio Cabrera
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Manuel Molares do Val
Pedro Fernández Barbadillo
Vicente A. C. M.
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel
Josep Carles Laínez
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
José Pómez