Cajón de sastre

De piratas somalíes nunca te fíes.

18.11.09 | 14:44. Archivado en Sobre el autor
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(o “La Justicia, por higiene, cuidará a los dos rehenes”).

Tras entonar, con voz de tenor, el universitario himno del “Gaudeamus igitur”, porque ya están a salvo los 36 tripulantes del Alakrana, mi señoría quiere reflexionar en torno a estos piratas de hoy en día, a los que no les concede demasiada fiabilidad, porque la verdad es que , a su juicio, éstos no tienen ni velero bergantín, ni diez cañones por banda, ni nada de nada. Son como el Gobierno de algunas naciones actuales, que se creen que las cosas se pueden improvisar y así les va. Sí, son somalíes, pero ¿y qué? Lo primero es lo de los cañones. ¿Dónde coño están los diez cañones por banda? ¿Y vuesarcedes creen que sin cañones se puede ser barco pirata hoy en día? Si en tiempos de De Espronceda, don José, ya tenían diez piezas de artillería, diez, de gran longitud respecto a su calibre, destinadas a lanzar balas, metralla o cierta clase de proyectiles huecos, hoy en día ¿qué no tendrán que tener? Y claro, los capitanes piratas iban felices diciendo, por ejemplo o verbi gracia: “Navega, velero mío, / sin temor, / que ni enemigo navío, / ni tormenta, ni bonanza, / tu rumbo a torcer alcanza / ni a sujetar tu valor”. Y añadían hasta con descaro: ”Veinte presas / hemos hecho / a despecho / del inglés, / y han rendido / sus pendones / cien naciones / a mis pies”.

Y cuando pillaban el botín, el capitán de cada barco pirata, justo para que no le acusaran de cohecho, malversación de fondos o blanqueo de capitales, como a los políticos, iba el tío, en plan desinteresado y decía: “En las presas / yo divido / lo cogido / por igual: / sólo quiero/ por riqueza / la belleza / sin rival”. Y se quedaba feliz. Nada de lo que a veces hacen algunos concejales de urbanismo en los Ayuntamientos: “Justo esto es lo que yo pillo, / porque es fruto del ladrillo”.

Y, en aquel tiempo, para mi señoría que no había ni Gabinete de Crisis, ni Vicepresidentes, ni ministros, ni nada… Así se evitaban desavenencias. Pero la pasta había que darla. Eso sí, nada de euros; en maravedíes. Y lo que no se sabía tampoco era el origen de esos fondos que se les daban. ¿Eran del Patrón? ¿De los imbéciles de los contribuyentes -seguramente; más bien sí-? ¿De quién?

Claro que esto le traía sin cuidado al pirata. Oigan vuesarcedes con qué tranquilidad se queda el "sableante", tras dar el sablazo al "pirateado": “Y del trueno / al son violento /y del viento /al rebramar, / yo me duermo / sosegado /arrullado / por el mar”.

Hay que tener cara… ¿O no?

18-11-2009.

1 comentario


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Comentarios
  • Comentario por Zacarías 18.11.09 | 19:52

    Buena chirigota, don Rufino. Le felicito. ¿Ve SS cómo, servidor también sabe halagar cuando se lo merece?. Otras veces le he puesto a parir Qué le vamos a hacer. Los escritores tienen esos gajes.

Domingo, 19 de febrero

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