(o “Que el inglés nos pinte la fachada”).
Así como el “hecho cinegético” parece ser eximente de deslices judiciales, en lo que a la caza mayor de muflones y captura de venados se refiere, hasta el punto que pueden abatirse fieras de esa calaña sin incurrir en falta alguna (“nemine discrepante”), “manque” no se tenga licencia para cazar; así también, cuando uno está dormido como un tronco, es decir, sumido se halla en un “hecho onírico” (¡ahí va eso…!), también vale todo y, por ende, si se infringen las leyes, no pasa nada. Es más, el infractor, en un presunto alarde de cinismo puede incluso regodearse, burlarse, refocilarse, recochinearse en fin de los que le financiamos sus “aficiones delictivas” y salir de la sede parlamentaria, entre aplausos de sus prosélitos, con aires de matador de toros, que no de cazador de muflones y venados, mientras los tales prosélitos le animan con los gritos de ¡torero!, ¡torero!, ¡torero!, y él responde, con cachondeo y gesto de complicidad, como si se tratase de tal.
Bien, vayamos al grano. Mis fieles lectores saben que mi señoría ha tenido siempre, políticamente hablando, una gran ilusión: la de ser el Toparca Mayor de Quesolandia, cuya capital está ubicada en la muy noble y leal aldea (o pueblo, que ya ni se sabe) de Puerto Hurraco. Y a veces, cuando uno duerme, sueña con que ya está ejerciendo el cargo de referencia, siendo así que todavía no se ha creado la toparquía en cuestión, y uno se teme que, desde que se cree hasta que de verdad se consolide y los políticos podamos vivir de ella, seguro que faltan aún muchos años, porque nuestro Tribunal Constitucional, que Dios guarde, es de los que cree y vive el aforismo italiano de que “chi va piano va lontano” y así pasa lo que pasa. ¿Cuánto tiempo lleva con lo del Estatut of Catalonia (Catalonia ist not Spain), pregunta mi señoría con esa retranca que le caracteriza, en manos de esas doctas personas, "miembras" y miembros del susodicho Tribunal, y que… “si quieres arroz, Catalina” o, dicho en spanglish, que saben vuesarcedes que lo domino, “…that if you want rice, Catherine?”? Pues eso…
De cualquier forma, vayamos al grano, porque como mi señoría empiece a ser víctima del "efecto persiana" (eso, lo de "enrollarme" a lo que tan proclive soy) tampoco acabamos nunca. Consideren los hechos. Ha ocurrido que esta última noche, mi señoría ha soñado la siguiente escena: Estaba ya el titi ejerciendo de hecho mi mandato "toparcacense", y como uno sabe que para ser buen político hay que crear problemas, se me ocurrió la idea de que había que pintar la fachada del Edificio en que está la sede nuestro Ente. Y llamando por walkee-talkie (sí, utilizando las nuevas tecnologías) al Ujier Mayor de la Casa, ordenele que convocara un Concurso, entre los mejores pintores del planeta, para llevar a cabo el adecentamiento y “tuneado” de la fachada de referencia, y que nos enviasen urgentemente los presupuestos económicos correspondientes, para que se pudiese elegir quién iba a realizar la obra, según mi sabio entender, porque aquello más que una democracia es una monocracia, mi señoría es quien decide y … punto. ¿Pasa algo? ¡Ah, bueno…!
El Ujier Mayor, que es un paniaguado de mi señoría, se puso en marcha y, rebasando todos los límites de velocidad establecidos por la Conserjería (sí, de Conserje; no de Consejero) de Tráfico -, pero que no importa, porque él tiene bula permanente para ir a la velocidad que le dé la gana, que para algo es paniaguado de mi señoría ilustrísima -; pues el Ujier Mayor logró que, en pocos días, se recibieran tres presupuestos, tres: uno de un pintor inglés, otro de un francés y el tercero de un español.
El del inglés ascendía a 3 millones de euros, el del alemán a 6 y el del español a 9 millones. Ante tales diferencias, se entrevista mi señoría con los pintores, por separado, para que justifiquen sus respectivas estimaciones del costo de la obra.
El inglés dice que él usa pintura acrílica para exteriores, en dos capas, y que esa pintura cuesta 1 millón de euros; que en andamios, brochas, equipos y seguros se va otro millón, y el otro millón restante es el coste de la mano de obra.
El alemán justifica su presupuesto diciendo que él es el mejor pintor “do mundo”, que usa pintura de poliuretano con tres capas, cuyo costo asciende a 3 millones. En andamios, otros materiales, equipos y seguros se gastan otros 2 millones, y el millón restante es de la mano de obra.
El último es el que finalmente gana la licitación, ya que el Toparca Mayor, o sea, mi menda, asegura que es el presupuesto “mejor justificado”, porque este artista español me dijo, sin más circunloquios, rodeos, ambages, ni otras tonterías por el estilo:
-Mire, Toparca: según mi presupuesto, 3 millones de euros son para usted; otros 3, para mí; y los 3 restantes se los damos al inglés para que nos pinte la fachada.
Y fue el pintor español quien realizó la obra, no porque mi señoría sea un corrupto, sino porque estaba dormido como un tronco, es decir, estaba sumido en un “hecho onírico” de “toma pan y moja”. Porque de corrupto, lo justo. ¿O no?
P.D. ¡¡¡CUALQUIER PARECIDO CON LA ACTITUD DE LOS POLÍTICOS DEL LUGAR DE RESIDENCIA DE VUESARCEDES, ES PURA COINCIDENCIA..!!!!
21-02-2009.
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Rufino. Espero que Quesolandia funcione pronto, porque donde estamos cada día pinta (no se quién lo hará más barato) peor. A ningún político le importa la crisis, ellos comen todos los días, y eso de los parados, seguro que la prensa canallesca suma mal (por detrás estarán Bush y Aznar)Lo importante son los votos y seguir en el sillón.
Espero que habrá más seriedad en Puerto Hurraco
Cuídate. Rafael
Domingo, 27 de mayo
Antonio Cabrera
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Manuel Molares do Val
Pedro Fernández Barbadillo
Vicente A. C. M.
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel
Josep Carles Laínez
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
José Pómez