“El calibre de los insultos es directamente proporcional a la falta de formación e inversamente, a la elegancia del insultante”, mi señoría dixit.
Vean si no, vuesarcedes, cómo se puede insultar con tanta finura que hasta se llegue a aplaudir a quien se cisque en nuestros más empingorotados ascendientes.
La anécdota, que mi señoría ya la ha relatado en alguna otra ocasión, es la mar de sencilla. Ocurrió “in illo tempore”, en una clase de la Facultad de Derecho, de Sevilla, en la que, mientras el Catedrático, paciente él de una hipoacusia profunda, “uséase” sordo como una tapia, estando un día explicando la lección correspondiente, mientras el Profe escribía en la pizarra, llamó el bedel a la puerta lateral, que daba acceso al estrado de la cátedra y, al no obtener respuesta, entró, sin más, cruzando la tarima hasta llegar a la mesa, y dejó sobre ésta el enorme montón de libros que llevaba, y se fue por donde había venido sin que el Cátedro advirtiera lo acontecido. Pero claro, al volverse éste de la pizarra y ver aquel montón de libros sobre la mesa, preguntó:
-¿Y estos libros?
Los alumnos, al comprobar el despiste del Profesor y conocedores de "lo teniente" que era prorrumpieron en un estrepitoso y dilatado aplauso. Y el maestro, dudando si aquello era premio por lo que acababa de explicar o castigo o burla por su despiste, engolando la voz, les dijo:
-"Si vuestras palmas son premio merecido a mis palabras, yo os lo agradezco. Pero si son de bufa, mofa, befa o más vulgarmente cachondeo, yo relaciono la más alta rama de vuestro árbol genealógico con la más ínfima de mis funciones digestivas".
Y entonces los alumnos no tuvieron más remedio que redoblar su aplauso.
¿Ven vuesarcedes cómo hasta para insultar hay que tener categoría y elegancia? ¡Qué diferencia entre “El Alcalde de Zalamea”, aquél que “tenía por política discreta jurar con aquél que jura y rezar con aquél que reza” y otros ediles de la periferia de Madrid que insultan a lo bestia, aunque luego “casi” se disculpen...! ¿O no?
5-12-2008.
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Rufino. Y es que, hasta para insultar hay que tener clase. Puede que el interfecto estaba de vacaciones... y por eso no tenía clase.
Pero de dimitir, nanay que se ha muerto el Pichi. Aquí no dimite ni el pupas. El sillón y las prebendas correspondientes, más gabelas, dietas, viajes y lo que afanare, es intocable. Hay que recurrir al agua caliente y a veces a la Guardia Cívil. Qué tropa!!
Cuídate. Rafael
¡Abuelo! Como puedes observar, me he dado una vuelta por tu blog, y la verdad es que me ha triunfado tu artículo de hoy.
¡Qué razón tienes!¡Qué elegancia!¡Qué porte!
Sólo un erudito como tú puede apreciar sutilezas tales como ésta...
Sólo tengo halagos para ti, ya lo sabes.
Un besito! Te quiero mucho.
Domingo, 27 de mayo
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Manuel Molares do Val
Pedro Fernández Barbadillo
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel
Josep Carles Laínez
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
José Pómez