(“Lo de hablarles de estos vagos / el próximo día se lo hago, que hoy el ´efecto persiana´,/ por enrollarme como ellas, / desvió mi flecha ufana / y no dió en la diana aquella. Si esto se llevara a Europa / como va a hacer Ibarretxe, / veríamos a quién le toca / recibir alguna ´leche´" . Ripioteca propia).
Como “casi” todo el mundo sabe, los síndromes son conjuntos de fenómenos que caracterizan una situación (otros dicen una enfermedad) determinada. No, mi señoría ya conoce la precaria situación intelectual de algunos de sus leedores, y lo malo es que quizá sea el caso de parte de vuesarcedes. Por eso dice lo del “casi”.
A propósito de este adverbio, “casi”, les voy a reproducir una anécdota que “casi” nadie conoce, y que mi señoría ha leído en estas “jornadas vacacionales estivales” -lenguaje ministerial éste- y que estima que les satisfará conocerla. Escribiola don Alfonso, no Guerra sino Ussía, que es distinto, entre otras cosas, en lo que a masa auricular o envergadura de órganos externos de audición se refiere, según tiene confesado paladinamente el segundo personaje citado. E hízolo (lo de escribir la mentada anécdota) en un libro intitulado “ZAPATERO, A TUS ZAPATOS”, con el subtítulo “Historia del arte de la rectificación”, cuya autoría pertenece a los señores Mingote and Ussía, ambos inclusive (y tanto monta, monta tanto...), que publicado han en Ediciones B, S.A. Y mi señoría no puede enrollarse más (¡no, al efecto persiana!) , porque si no, no habrá lugar para hablar de los síndromes, que es a do llegar quería en esta chirigota. Claro que el titi (o sea, yo mismo) siempre dispondrá de la facultad de que esta presunta jarana tenga dos parte en lugar de una, con lo que, además, no flaco sino orondo favor haríase a la higiene mental de los leedores, tan escasos de neuronas como quien pergeña estas líneas, más por edad que por imbecilidad innata. De esta forma, además, un cieneurista virtual, por supuesto, cobrará dos centenares de euros, siempre, ¡cómo no!, virtuales, por el paquete de las dos cuchufletas, con lo que la hipotética contraprestación económica duplícase, aunque, ni aun así, su valor-cash superará al de un cuesco de polluelo de colibrí, que es, según los científicos -como se dirá líneas abajo- lo más parecido a “casi” nada.
(Tiempo para reflexionar y... optar. ¡Segundos fuera!).
Decidido pues: dos partes. Hoy, la anécdota de referencia: a “cortar” y “pegar”. Y tomorrow, la monografía exhaustiva, científica, cuántica y... ¡olé! de los síndromes pre- y post-vacacionales, para aleccionamiento de ese atajo de vagos que lo que quieren es no dar puto golpe ni antes, ni durante, ni después de las (para ellos inmerecidas) vacaciones o épocas de holganza.
Y ahí va la anécdota:
“...Con quien tiene que analizar Zapatero - dice Ussía - los primeros cien días de Gobierno es con el Jefe de la Oposición, porque Llamazares, por muy bien que analice, que no analiza, representa un cachito de soberanía popular, y al paso que va, el cachito se va a convertir en un cachitito, y el cachitito , en pocos años, en un cuesco de polluelo de colibrí, que es, según los científicos , lo más parecido a "casi" nada. Con Llamazares lo mejor que puede hacerse es recurrir al "casi". "Casi" reunirse, "casi" conversar, "casi" llegar a un acuerdo y "casi" despedirlo "casi" sonriendo. Como en el epigrama de Rubén Darío, escrito en Metapa en plena juventud del poeta y en homenaje a un amor que "casi" lo fue:
“Casi, casi me quisiste/ casi, casi, te he querido, / si no es por lo del casi, casi, / casi me caso contigo”. (Cfr. “ZAPATERO, A TUS ZAPATOS”, de A. Mingote y A. Ussía, 1ª edic., pág. 239).
Y así acaba la dosis hodierna, en aras de nuestra adecuada higiene mental de ancianos. Otro día, lo de los síndromes. ¿O no?
2-09-2008.
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Rufino. Yo tampoco hablo del post-vacacional, porque tengo la teoría, que vacaciones, sólo las pueden tener los/as que trabajan, Y yo, ya no estoy en esos menesteres. Porque los "embolados" caseros son un rollo, pero no justifican un sindrome y además no los "permitirían"...
Cuídate. Rafael
Querido amigo, sabio Rufino: resulta curioso que tu nombre aluda a aquello que tiende hacia lo rojo, siendo su merced tan azul como el cielo de Castilla. Nada tiene que ver el nombre con el hombre, decían los antiguos. Con Rufino tiene que ver la gracia en la palabra y lo atinado de la aplicación de sus sabios y ripiosos versos.
Un abrazo, don Rufino, y que las criaturas internéticas se enteren por fin de que existe una página inteligente: la tuya.
Con aprecio.
Pancracio Celdrán
Autor de El Gran Libro de los Insultos, de lo que hago mención aquí por si alguno pica y lo compra.
Dije.
Domingo, 27 de mayo
Antonio Cabrera
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Manuel Molares do Val
Pedro Fernández Barbadillo
Vicente A. C. M.
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel
Josep Carles Laínez
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
José Pómez