(“Mi abuelo no es un anciano / sino un mayor campechano”. Ripioteca propia)
Decía ayer mi señoría (y decía bien, como siempre, porque precisamente a este escribidor le acontece lo que al actual Gobierno del Reino de España, que todo lo hace razonablemente bien, menos salir de la puta crisis que nos aqueja -aunque a algunos no, claro- y tampoco parece acertar en la solución ciertos problemillas livianos en que nos ha metido, como puede ser la manera de distribuir el agua del país; el peliagudo tema de la territorialidad; la exigencia de que todos los españoles -incluidos los de Puerto Hurraco, cuyo topónimo desconoce este autor y suplica a don Pancracio Celdrán que se lo facilite, aunque sea privadamente, hasta que lo incluya en su Diccionario de Topónimos Españoles y sus Gentilicios que ya editara en su momento-; la exigencia, decía, de que todos los españoles sepamos hablar nuestra lengua común; que no hace falta ningún ministerio de Igualdad para que todos sigamos siendo desiguales, por ejemplo, la fortuna del señor Botín y la de mi señoría “respetive” a la pasta teniente o que tenemos; etc., etc., y mil etcs. más, pero que esos son flecos sin importancia apenas. Bagatelas, minucias, naderías.
Bueno, lo que este grafómano decía y aun prometía ayer es que en otro momento, por si no lo conocían, les facilitaría “El Cántico del Anciano”, cuyo no soy autor, pero que lo tomé , allá por el año 2001, de Alfa y Omega, que se distribuía y aún se distribuye todos los jueves con el periódico ABC, pero que a mí señoría le encantó (sólo ponía, al pie: "Fuente: El Pilar") y quiero que lo conozcan, por si a vuesarcedes también les puede satisfacer su lectura. Y todos de acuerdo, porque si hay algunos disidentes, lo defenestramos por los balcones, porque estamos hasta los mismísimos , o sea, hasta las mismísimas gónadas masculinas, de antipatriotas y gentuza a quienes no les gusta mi prosa. Pues que lean otra cosa, coño, que le hacen a uno hasta hablar mal, con lo bien que hablaría mi señoría. El español, por supuesto.
Y, sin más preámbulos, circunloquios, digresiones o rollos macabeos, vean a continuación el generoso rosario de “dichas” para quienes practiquen con nosotros, los abuelos, las actitudes que en cada caso se enumeran. Helas aquí:
-Dichosos los que me miran con simpatía.
-Dichosos los que comprenden mi lento caminar
-Dichosos los que hablan en voz alta para minimizar mi sordera
-Dichosos los que estrechan con calor mis manos temblorosas
-Dichosos los que se interesan por mi lejana juventud.
-Dichosos los que no se cansan de escuchar las historias que con frecuencia repito.
-Dichosos los que comprenden mi falta de cariño.
-Dichosos los que me regalan parte de su tiempo.
-Dichosos los que se acuerdan de mi soledad
-Dichosos los que me acompañan en el sufrimiento.
-Dichosos los que alegran los últimos días de mi vida.
-Dichosos los que me acompañen en el momento del paso.
Cuando entre en la vida sin fin, me acordaré de ellos ante el Señor Jesús.
Ahora tendríamos que plantearnos si todo los abuelos somos ancianos. Y rotundamente: no es así. Vean, si no, el subtitulo de esta colaboración. Pero, de cualquier forma, nuestra fecha de caducidad va inevitablemente aproximándose a la ancianidad, aunque prevalezca también nuestra presunta campechanía. ¿O no?
21-07-8002.
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Rufino: El cajista (ya sé aue no lo hay, pero es bueno poderle echar la culpa a alguien) ha puesto un disgresiones, donde debería ir un digresiones, sin s. No te preocupes, pasa en las mejores familias. Un abrazo. Luis
Oiga, don Rufino, que MAYOR no es palabra para ANCIANO, sino comparativo de 'más'. Como le oiga don Pancracio Celdrán la tenemos.
Me encanta su estilo. De ripioteca nada: son versos estupendos.
Paco Fernandez
Bibliotecario municipal
Rufino. Muy bonito el Cántico del Anciano. Lo malo es que no todos los clasificados como ancianos son abuelos.
A los de Puerto Hurraco, los llamaría "hurraqueños" y sería oficial el español/castellano. Eso sí, no se deberían multar a los comercios que rotulasen en otro idioma, no como otros.
Cuídate. Rafael
...cuidará que las personas mayores vivan los últimos años de su vida en un ambiente agradable y gratificante. Vendrá a ser el JUSTO PREMIO a una vida de trabajo y de dedicación a los demás.
En la biografía de cualquier anciano,por insignificante que pueda parecer, ¡cuántos trabajos bien hechos, cuántos servicios a su familia y a los demás, cuántos momentos de ternura, cuántos tragos amargos, cuánta paciencia, cuántos ratos moderada y razonablemente felices!
Quienes todavía no hemos llegado a la ancianidad y tenemos cerca a algún anciano, hemos de mantener la mirada atenta y el corazón en vilo para que no le falte nada que nosotros le podamos ofrecer, para que su vejez sea lo más digna, lo más sosegada y feliz que imaginarse pueda.
Debemos poner todos los recursos necesarios para que la vejez de nuestros padres, abuelos, y demás seres queridos transcurra llena de felicidad y buenas experiencias.
Todos loa ancianos merecen nuestra consideración y nuestra ternura, aunque los achaques propios de su edad hayan ido menguando su capacidad de mantener el equilibrio necesario y manifiesten conductas contradictorias.
Una sociedad que quiere ser moderna cuida...
Domingo, 27 de mayo
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