Cajón de sastre

En evitación de cuernos y palos.

30.05.08 | 00:31. Archivado en Sobre el autor
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Mi señoría, a sus setenta y diez años de edad, empieza a estar ligeramente deteriorado. Por eso, ni a lo que dice ver, oír, oler, gustar o tocar hay que darle demasiado crédito, pero con motivo de la crisis inmobiliaria -¿se le puede llamar crisis ya?- le ha llegado la noticia de que un ciudadano de Madrid, ante la imposibilidad de hacer frente a la mensualidad de la hipoteca que firmo en su día para comprarse un piso, ha decidido sortearlo. Para ello, ha puesto en circulación 64.000 papeletas, de cinco euros cada una y habrá hecho los trámites necesarios, ha anunciado el negocio por Internet (www.elpisodeloscincoeuros.es), las bases del sorteo están depositadas ante notario y los interesados en probar su suerte tienen 90 días para adquirir las papeletas correspondientes. La noticia dice que ha vendido ya más de 16.000, pero añade que la Comunidad de Madrid estudia si la rifa es lícita o no, y es aquí donde puede estar el talón de Aquiles de esta operación. ¿Puede un ciudadano meterse en un berenjenal de éstos, sin rellenar un montón de instancias, solicitudes, peticiones de permisos, etc., etc., y someterse a una serie de obligaciones legales, económicas, etc., etc.? Esto, a un profano en la materia como es mi señoría, se le antoja análogo a otro tipo de sorteos, muy utilizados en radio, televisión, etc., en los que los oyentes, televidentes, etc., participan llamando a un número de teléfono ora fijo, ora móvil, ora... pro nobis, y, en teoría, puede ocurrir que la emisora del mensaje publicitario que sea, saque además un pastón, porque en connivencia con la compañía telefónica que corresponda, se repartan las cantidades que ésta le facture al participante como precio de su llamada. Es decir, que además de darle el coñazo de la publicidad al oyente o espectador raso, los tíos hacen negocio. Es el “encima de cornudos, apaleados”, del clásico refrán.

Mi señoría lamenta no poder aleccionar a sus escasos lectores de una forma adecuada al respecto, porque aunque en su día escribió “cosas” acerca de este tema concreto, por más que ha hecho indagaciones de búsqueda no ha podido encontrar el “incunable” en cuestión para haberlo “aggiornado” y habérselo ofrecido a vuesarcedes para que fueran captando el intríngulis de estos negocios exprés, no tanto para timar al prójimo cuanto para no ser timados por él, cuestión ésta de indudable interés general para todo ciudadano raso. ¿O no?

30-05-2008.

1 comentario


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Comentarios
  • Comentario por Rafael 30.05.08 | 11:25

    Rufino. Temo que ese desgraciado que quiere sortear su piso, tendrá problemas. Rresultará que incumple montones de disposiciones, nacionales, autonómicas, municipales, tradicionales y reales cedúlas de Carlos III.
    Si en vez de un piso fuese una propiedad de 5.000 millones de euros, sería un personaje, un rey de la ingeniería financiera, envidia de propios y extraños
    Vamos lo de siempre.
    Cuídate. rafael

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