Hoy, siendo las 12 horas a. m. del segundo viernes del año de gracia de dos mil y ocho, bisiesto él, o lo que es lo mismo, la hora 0 p. m. de la misma data, estoy en condiciones de comunicarle, a mi reducido número de leedores, que no, que mi señoría no asistió a la cena que celebró anteanoche S. M. el Rey, no porque no me apeteciera, sino simplemente porque no se me invitó. Y la verdad, este autor colarse de rondón en un ágape al que no se le invita, es algo que no hará nunca jamás. Pero conste que lo de prescindir de mí pareja sentimental y de hecho y de mi señoría entre los invitados no se lo he tomado a mal al monarca fundamentalmente por dos razones:
una, porque al fin y al cabo mi pareja sentimental y mi señoría no somos más que dos "quidam" entre cuarenta y tantos millones de españoles, y a S. M. se le ha podido “ pasar” incluirnos en la lista de esas 500 personalidades que han sido testigos de su fructífero reinado y a las que les dijo : “He querido ser el Rey de todos los españoles” ;
y dos; porque este investigador, a la vista de las reiteradas declaraciones de un eminente político, gallego él por más señas, se ha preguntado que qué entendemos los católicos por “ familia tradicional”, que si es que “la mujer ha de estar en la cocina y con la pata quebrada”. Esta pregunta, que se la hizo el susodicho eminente político, con motivo de la manifestación exaltando a la "familia tradicional", que tuvo lugar el 30 de diciembre último, se la ha formulado de nuevo el martes, 8 de los corrientes, en que, reivindicando su faceta de cristiano ha inquirido al Santo Padre: “Yo, que soy cristiano –afirmó en declaraciones a Antena 3- quisiera que el Papa me explicara qué es eso de la "familia tradicional", igual entiende por ´familia tradicional´ que la mujer se quede en casa y con la pata quebrada”.
Bien. Como queda dicho, lo de que S. M. no haya invitado al ágape en cuestión a la pareja de hecho que constituimos mi santa y el que suscribe, no tiene la menor importancia. Puede haber sido un "lapsus", y punto pelota. Igual ha podido ocurrir también porque mi señoría no es Doctor honoris causa como, por ejemplo, el Exmo. Señor Don Santiago Carrillo, que sí que acudió al evento, porque le vi en la Tele, o porque haya creído el monarca que mi señoría es tenor y tenía que actuar esa noche en algún teatro de país foráneo y no iba a poder acudir, etc., etc., etc. Por tanto, borrón y cuenta nueva. Cuando S. M. vuelva a cumplir otros setenta tacos, él me invitará, mi señoría irá, y aquí “peace” (léase “pis”) y después gloria.
Sin embargo, lo que le preocupa muy seriamente a este escribidor, es el incidente traumático a que aludido ha el referido político eminente líneas arriba. Y más aún, mi temor acerca de las falsas consolidaciones óseas de esas innumeras patas quebradas de tantas féminas... Cuando un señor del prestigio y la valía intelectual y académica del repetidamente citado político eminente repite "oportune et inoportune" lo de fracturas así, de la índole citada, es porque algo patológico (y no hay episodios más patológicos que las lesiones de “las patas” ) generalizado aqueja a un importante porcentaje de las damas del país, o sea, España, porque quiérase o no, en nuestro entorno hay mogollón de “familias tradicionales” y, por ende, de damas presuntamente patiquebradas. ¿Qué se ha de hacer en semejante caso? ¿Igual que con la economía, o sea, decir que va de p. m., mirar para otro lado, repetir lo de la medalla del amor, eso de “hoy mejor que ayer y peor que mañana”?
Mi señoría, ante tanto episodio traumatológico, llamaría a urgencias, aunque ahora estén colapsadas con lo de la gripe, porque como consoliden mal tantas patas quebradas... Pues lo de siempre, ¡coño!: radiografías y a escayolar como locos a toda dama que se mueva... en “familias tradicionales” ¿O no?
11-01-2008.
Domingo, 27 de mayo
Antonio Cabrera
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Manuel Molares do Val
Pedro Fernández Barbadillo
Vicente A. C. M.
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel
Josep Carles Laínez
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
José Pómez