
José Almeida
No les bastaba con los realities y sus miserias. No era suficiente con mantener en antena durante meses patéticos concursos en busca de voces artificiales o hermanos vividores. Durante meses no, durante años. Sin descanso, sin pausa, mostrando impúdicamente aspectos de una intimidad degradada y vendida al mercado y a la fama, en busca no ya de los quince minutos de gloria wharholianos sino en pos de una verdadera carrera en el submundo de la morralla catódica que a tantos aún parece gustar. El homo videns impone la norma social y ante la necesidad de impacto continuo, de llegar más allá, la televisión ha rebuscado entre la basura previa que genera la basura final. Y desgraciadamente ha encontrado un nuevo chollo, una nueva forma de explotar el formato y exprimirlo a coste cero: los castings. ¿Algo menos interesante a priori que conocer el camino de selección de aquellos parias sociales que encuentran como solución a sus problemas personales el presentarse a unas "oposiciones" tan sui generis?
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Miguel Iríbar
Desde hace un tiempo hemos asistido al nacimiento y primeros pasos de otro elemento trasvasado de la prensa rosa al medio catódico, el joven e inefable Gonzalo Miró.
Amamantado por esa locutora de radio que siguió a Gabilondo en el camino hacia la luz, Concha García Campoy, y superprotegido con almohadas de Témpur, Las Mañanas de Cuatro son el mejor refrito de petardeo rosa palo, movimiento piji-progre e informativos pseudoizquierdosos y ligeros que podemos encontrar en la parrilla televisiva.
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Miguel Iríbar
Teresa Viejo descubrió hace tiempo la Gallina de los Huevos de Oro cuando la nombraron abanderada de las causas que parecen machistas o socialmente inaceptables y ella supo poner esa sonrisa de Teletienda en cada una de sus apariciones.
El primer salto significativo lo dio como la nueva Directora de Interviú y defendió lo difícilmente defendible: Interviú no es una publicación destinada a los revisteros de peluquerías prefranquistas, sino una gran apuesta por el periodismo de investigación y el papel de la mujer como protagonista en los primeros albores del siglo veintiuno.
Vale, aceptamos barco como animal de compañía, y además, si lo tenemos a mano, lo ojeamos, qué demonios.
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Daniel Ruiz
Por más vueltas que le doy, no logro recordar un programa que me despierte tanta animadversión y repugnancia como Sorpresa, Sorpresa. Ni siquiera la charcutería del tomate consigue levantarme de ese modo el estómago. Honestamente, pienso que se trata de un espacio nocivo, hiriente para el buen gusto y para la sensibilidad de cualquier espectador mínimamente formado. Resulta repugnante por muchas razones, pero entre ellas destaca especialmente su presentadora, Isabel Gemio, y la forma que tiene de conducirse en plató. Con lo que ha llovido en estos días con el anuncio supuestamente ofensivo y machista de Dolce & Gabanna, no sé cómo las asociaciones de defensa de los televidentes pueden permanecer ajenas a esa exhibición semanal de humillación y trato vejatorio desplegado por la señora Gemio.
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Daniel Ruiz
Tengo que admitir que a veces la televisión logra desconcertarme. Por más que lo veo y reveo, no consigo entender cómo Camera Café, el espacio de humor que sirve de antesala al prime time en Telecinco, ha logrado alcanzar tal nivel de éxito entre la audiencia y, sobre todo, tanto predicamento entre la crítica televisiva nacional. Aunque me lo he propuesto de veras varias veces, con predisposición y talante favorable, no consigo superar el hecho de que este supuesto espacio humorístico no me despierta ni la más remota simpatía.
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Daniel Ruiz
Anoche seguí con una mezcla de sorpresa e interés el regreso de la teleserie de Antena 3 Los Hombres de Paco. Lo cierto es que en sus primeras semanas de emisión ya llamó mi atención, pero después de la primera temporada la serie parece haber ganado en solidez y en complejidad. Ayer me encontré con una propuesta bien elaborada, con un montaje impecable, un guión consistente y unos personajes creíbles y bien compuestos. No es una genialidad, pero resulta esperanzadora por lo que respecta a la salud de la ficción española.
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José Almeida
Sin lugar a dudas Mujeres (una producción de El Deseo, la productora de los hermanos Almodóvar) es una apuesta diferente en el panorama de la televisión española. Aporta una veracidad y un realismo tragicómico que la distingue con claridad de las manidas comedias que llevan años triunfando en este país a base de repetir tópicos y situaciones durante decenas de episodios (que además después las cadenas reemiten sin compasión para terminar de estrujar y destrozar el producto). Aunque la productora de la serie asegura que Almodóvar no tuvo nada que ver en el proceso creativo de la misma (cosa que no hay por qué dudar) lo cierto es que tanto el tema escogido como la manera de enfocar el argumento beben claramente del universo del director manchego, sobre todo de las películas en las que retrata los avatares de los barrios de una gran ciudad y la fortaleza de las mujeres que sobreviven en ellos (¿Qué he hecho yo para merecer esto? y Volver).
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Daniel Ruiz
Patético. No caben más palabras para definir un bodrio como el que ayer estrenó Cuatro en horario de prime time. Nos referimos a la serie “El mundo de Chema”, protagonizada y co-dirigida por Carlos Latre. Una serie mal interpretada, mal dirigida y mal rodada, que sólo tiene un aspecto positivo: el de pensar que cualquiera puede tener la oportunidad de hacer una serie para televisión.
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Daniel Ruiz
Con estupor asisto en estos días a la campaña institucional promovida conjuntamente por el Ministerio del Interior y la cadena de comida rápida MacDonald’s para favorecer el uso del cinturón en los automóviles (“Haz click” es el eslogan). Resulta del todo comprensible y recomendable que la Dirección General de Tráfico lleve a cabo una campaña de concienciación sobre este importante aspecto de la seguridad vial, pero lo que resulta inconcebible es que se preste a hacer el viaje con semejante compañero. En su lucha permanente por lavarse la cara ante los que acusan a la multinacional norteamericana de estar inculcando valores alimenticios insanos entre los más jóvenes, MacDonald’s está en su derecho de recurrir a erigirse en el defensor de la salud pública apelando a uno de los problemas más graves que padece la sociedad española, la elevada mortandad en carretera, pero lo que no puede entenderse es que el Gobierno español permita que su imagen sea utilizada para este programa que no es más que una estrategia velada de marketing empresarial.
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Daniel Ruiz
Si se aprende a ver Marbella como un gran parque temático, la observación de los escándalos y la degradación moral que atenazan a la ciudad malagueña no resulta tan traumática. Es más, resulta hasta divertida. Es lo que pensaba el otro día viendo el lamentable espectáculo de la neumática Yola Berrocal en Salsa Rosa (ahora Sábado Dolce Vita), donde profirió un mitin televisado, ya que, por si no lo sabían, la ex Sex Bomb enganchada a la cirugía ha decidido presentarse a la Alcaldía de Marbella. El discurso no tenía desperdicio, sobre todo algunos pasajes, como el impagable eslogan “una rinoplastia, un voto”, o su promesa de una “semana laboral de seis horas”. En realidad, la candidatura de la Berrocal, que sirvió para el escarnio general de la carroña periodística habitual de este espacio, resulta de lo más razonable y coherente que he visto en el ejercicio político de los últimos años. Y es que en el gran parque temático de la caspa, los maletines y el botox en que se ha convertido Marbella, Yola Berrocal tiene toda la fuerza de un icono corporativo. Si Marbella fuera Disneyworld, la desconcertante muchacha de los senos y los labios inflados ejercería de Mickey Mouse.
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Víctor Muñoz
Recientemente ha sido el 40 aniversario de la Cadena 40 Principales, la cual lo ha festejado con un macroconcierto con alguno de los artistas y grupos musicales que han conseguido ser números uno en su famosa lista de éxitos.
La verdad es que la organización de concierto fue, por lo menos lo que se pudo ver desde la pantalla del televisor, espectacular, desde el elenco de invitados hasta la agilidad del mismo, con más de ocho horas de música en directo.
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José Almeida
Encender el televisor durante la noche del miércoles y zapear entre los dos canales públicos era un tanto esquizofrénico. Por un lado, en la Primera, el loco de la colina extraía lo mejor de sus invitados haciendo lo que mejor sabe hacer: crear un clima de complicidad con ellos. Mientras tanto, en la Dos, emitían el primer programa de Carta blanca, un arriesgada propuesta del ente público que busca la creación de un formato de calidad y original. La primera noche se estrenó con Elvira Lindo ejerciendo de maestra de ceremonias y haciendo lo que parece no saber hacer, entrevistar, en este caso a una serie de personajes relevantes de nuestra sociedad a los que admira y considera amigos. Ninguno de los dos programas es malo. Pero emitirlos el mismo día a la misma hora (prácticamente) en los dos canales no parece lo más inteligente.
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