CaféDiálogo

¿Dios es para nosotros el eterno Descubrimiento y el eterno Crecimiento?

30.06.17 | 13:51. Archivado en Acerca del autor

Dios no se nos presenta como una Cosa ya totalmente terminada a la que hay que abrazar. Cuanto más creemos comprenderlo, más distinto se nos revela. Cuanto más pensamos aprehenderlo, más retrocede atrayéndonos a las profundidades de Sí mismo. Cuanto más nos acercamos a él por todos los esfuerzos de la naturaleza y de la gracia, más acrecienta, en un mismo movimiento, su atracción sobre nuestras potencias y la receptividad de nuestras potencias con respecto a esta divina atracción. Así, según Teilhard de Chardin, “el punto privilegiado, el punto único en donde puede nacer, para cada ser humano, en cada momento, el Medio Divino, ese punto no es un lugar fijo del Universo. Es un centro móvil que hemos de seguir como los Magos siguieron a su estrella”.
Este astro conduce a cada persona, según su vocación, por un camino o por otro, de manera muy diversa. Pero todas las pistas que nos señala tienen esto en común: que hacen ascender siempre más arriba. En cada existencia, si somos fieles, los deseos mayores suceden a los más chicos; la renuncia prevalece poco a poco sobre los goces; la muerte consuma la vida. “A veces mediante un desasimiento espiritual, a veces mediante uno material, la fidelidad nos lleva a todos, más o menos de prisa, en mayor o menor grado, hacia una misma zona de menor egoísmo y de menor goce, allí donde brilla para la criatura, más extasiada, la luz divina más suficiente y más límpida”. El Mundo se funde y pliega bajo la acción convergente de estos tres rayos: pureza, fe y fidelidad, que dan al Mundo, incluso al material, su última consistencia y su última figura. Son los principios conformadores de la Tierra Nueva.

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¿El azar es tan solo una ilusión para quien cree?

23.06.17 | 14:00. Archivado en Acerca del autor

Para justificar esta afirmación hemos de ver lo que hay debajo de la palabra creer. Siguiendo a Teilhard de Chardin, la fe no es sólo la adhesión intelectual a los dogmas cristianos. En un sentido mucho más rico, “es la creencia en Dios cargada de cuanta confianza en su fuerza bienhechora puede suscitar en nosotros el conocimiento de este Ser adorable. Es la convicción práctica de que el Universo, en manos del Creador, sigue siendo arcilla, cuyas múltiples posibilidades Él modela a su antojo”. En una palabra, la fe evangélica es la virtud más insistentemente recomendada por el Salvador.

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¿Qué pasa con los limpios de corazón?

18.06.17 | 20:46. Archivado en Acerca del autor

En las Bienaventuranzas de Jesús se nos dice que “los limpios de corazón verán a Dios” (Mt 5,8). Se trata de ir adquiriendo una conciencia, una intensidad cada vez mayor de la divina Presencia o Medio Divino en palabras de Teilhard de Chardin, “que es una atmósfera cada vez más luminosa y más cargada de Dios. En, Él y sólo en Él, se realiza el deseo loco de todo amor: perderse en lo que se ama y hundirse cada vez más en ello”.

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¿Es el gran misterio de Dios su Transparencia en el Universo?

12.06.17 | 14:05. Archivado en Acerca del autor

Para un cristiano el Mundo, según Teilhard de Chardin “aparece bañado por una luz interna que intensifica su relieve, su estructura y sus profundidades. Esta luz no es el matiz superficial que puede captar un goce grosero. Tampoco es el brillo brutal que destruye los objetos y ciega la mirada. Es el destello fuerte y reposado, engendrado por la síntesis en Jesús de todos los elementos del Mundo”. Así, el gran misterio del Cristianismo “no es exactamente la Aparición, sino la Transparencia de Dios en el Universo”. No sólo el rayo que roza, sino el rayo que penetra. No la Epifanía de Jesús, sino su diafanía o transparencia, que podemos descubrir, con gran gozo, como el rayo de luz que penetra y no hay poder en el mundo que nos lo pueda impedir, como tampoco hay poder en el mundo que pueda forzar su aparición. Esta percepción de la omnipresencia divina es esencialmente “una visión, un gusto, es decir, una especie de intuición de ciertas cualidades superiores de las cosas”. Es un don que no puede obtenerse directamente mediante ningún razonamiento ni artificio humano. Sentir la atracción de Dios, ser sensible a sus encantos, a la consistencia y a la unidad final del ser, es la más elevada y, a la vez, la más completa de nuestras “pasividades de crecimiento”.(P. TEILHARD DE CHARDIN, El Medi diví, Nova Terra, Barcelona 1968, 151-154)


¿Por qué es tan importante participar de la Eucaristía?

02.06.17 | 09:39. Archivado en Acerca del autor

Dice Teilhard: “A la ofrenda total que se me hace, sólo puedo responder con una total aceptación. Al contacto eucarístico reaccionaré, pues, mediante el esfuerzo entero de mi vida, de mi vida de hoy y de mi vida de mañana, de mi vida individual y de mi vida aliada a todas las demás vidas. En mí, periódicamente, podrán desvanecerse las santas Especies. Cada vez me dejarán un poco más profundamente hundido en las capas de tu Omnipresencia: viviendo y muriendo, en ningún momento dejaré de avanzar en Ti”. Y continúa: “La Eucaristía debe invadir mi vida. Mi vida debe hacerse, gracias al sacramento, un contacto contigo sin límite y sin fin; esta vida que hace unos instantes me había aparecido como un Bautismo contigo en las aguas del Mundo, y que ahora se descubre a mí como una Comunión contigo mediante el Mundo. El Sacramento de la vida. El sacramento de mi vida, de mi vida recibida, de mi vida vivida, de mi vida abandonada…

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Sábado, 16 de diciembre

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